Si se pregunta a cualquier grupo de profesionales "¿Qué hacen los
mejores líderes?", las respuestas suelen ser de la más variada índole.
Los buenos líderes fijan la estrategia; motivan al equipo; desarrollan
una misión; crean una cultura corporativa. Sin embargo cuando se
pregunta "¿Qué deben hacer los mejores lideres?", si el grupo está
compuesto por profesionales experimentados, es probable que la respuesta
sea unánime: la principal misión del líder es conseguir resultados.
Si el "qué", está claro, el "cómo" no lo es tanto. La búsqueda de una
receta mágica que explica lo que los líderes pueden y deben hacer para
impulsar a su gente a dar lo mejor de sí misma es eterna. En los últimos
tiempos, este misterio ha alimentado a un nuevo nicho de mercado:
literalmente miles de "expertos en liderazgo" han desarrollado sus
carreras examinando y capacitando a directivos, todo encaminado a crear
profesionales capaces de alcanzar objetivos retadores - sean
estratégicos, financieros, organizativos o una combinación de los tres.
Aun así, muchas personas y organizaciones no acaban de encontrar el
liderazgo que necesitan. Una razón es que hasta muy recientemente, no
existían investigaciones válidas que demuestren con exactitud los
comportamientos de liderazgo que están ligados a resultados positivos.
Los expertos en liderazgo ofrecen sus consejos basándose en sus
experiencias, conclusiones e instintos. A veces la clave está en estos
consejos; a veces no.
A pesar de todo ello, una nueva investigación hecha por la consultora
Hay/ McBer, basándose en una muestra aleatoria de 3.871 directivos
seleccionados de una base de datos compuesta por más de 20.000
directivos a nivel mundial, ayuda mucho a desvelar el misterio del
liderazgo eficaz. Esta investigación identificó seis estilos de
liderazgo distintos, cada uno teniendo su raíz en un componente distinto
de la inteligencia emocional. Estos estilos, analizados de forma
individual, parecen tener un impacto directo y real sobre el ambiente de
trabajo de la compañía, división o equipo y a su vez sobre sus
resultados financieros. Y quizás el descubrimiento más importante: la
investigación indica que los líderes que obtienen los mejores resultados
no dependen únicamente de un estilo de liderazgo en particular, sino que
tienden a utilizar la mayoría de estos estilos a lo largo de un periodo
determinado - de forma armoniosa y graduado - en función de la situación
del negocio. Se puede entonces plantear el parecido entre los estilos y
los palos de golf que un profesional lleva al campo. A lo largo del
partido, el jugador elige los palos en función de las particularidades
del hoyo. A veces su decisión es más difícil, pero en la mayoría de los
casos es automático. El jugador intuye el reto por venir, rápidamente
saca la herramienta adecuada la emplea con elegancia. Del mismo modo
trabajan los líderes de alto impacto.
¿Cuáles son los seis estilos de liderazgo? Ninguno representa una
sorpresa para personas acostumbradas al día a día del lugar de trabajo.
De hecho, cada estilo, por su nombre y una breve definición, sonará a
cualquiera que lidera, es liderado, o, como en la mayoría de nuestros
casos, hace las dos cosas. Los Líderes Coercitivos demandan conformidad
inmediata. Los Líderes Orientativos movilizan a su gente hacia su
visión. Los Líderes Afiliativos fomentan lazos afectivos y relaciones
armónicas con su gente. Los Líderes Participativos crean consenso a
través de la participación. Los Líderes Imitativos esperan excelencia y
autonomía de su equipo. Y los Líderes Capacitadores desarrollan a su
gente para el futuro.
Pensando un momento, seguramente se le ocurre un colega que utiliza y
simboliza alguno de estos estilos. Seguramente Ud. utiliza por lo menos
uno también. Lo que esta nueva investigación aporta es, entonces,
implicaciones para la acción. Primero, ofrece una explicación
pormenorizada de la forma en que los distintos estilos de liderazgo
afectan el desempeño y los resultados. Segundo, ofrece claras
indicaciones para identificar cuándo y cómo un directivo debe cambiar de
estilo. También destaca la importancia de flexibilidad a la hora de
utilizar distintos estilos. Otra novedad del estudio es la relación de
cada estilo con un componente distinto de la inteligencia emocional.
La Medición del Impacto de los Estilos
Han pasado más de diez años desde que la investigación ligó aspectos de
inteligencia emocional con los resultados de negocio. El ya desaparecido
David McClelland, un conocido psicólogo de Harvard University, descubrió
que los líderes cuyos puntos fuertes de centraban en una base de seis o
más competencias de inteligencia emocional eran más efectivos en su
trabajo que sus compañeros que no las mostraron. Por ejemplo, cuando
analizó el desempeño de directores de división en una compañía
internacional de alimentación y bebidas, descubrió que entre los líderes
que demostraron esta base de competencias, un 87% formaron parte del
tercio que más aumento había percibido en sus bonos anuales, basados en
los resultados de negocio obtenidos. Y lo que es más, sus divisiones
consiguieron, como medio, unos resultados del 15% a 20% por encima de lo
presupuestado. Raramente los directivos que carecían de algún componente
de inteligencia emocional lograron puntuaciones excelentes en las
evaluaciones anuales de desempeño, y sus divisiones no alcanzaron los
resultados esperados, quedándose una media del 20% por debajo del
presupuesto.
Nuestra investigación tenía como objetivo ampliar nuestra visión en
cuanto a la relación entre los conceptos de liderazgo e inteligencia
emocional, clima y desempeño. Un equipo de compañeros de McClelland
liderado por Mary Fontaine y Ruth Jacobs de Hay/ McBer estudiaron datos
sobre miles de directivos, prestando especial interés a comportamientos
específicos y sus efectos sobre el clima. ¿Cómo motivó cada persona a
sus colaboradores directos? ¿Gestionó iniciativas de cambio/ situaciones
de crisis? Fue en una fase posterior de nuestro análisis cuando pudimos
identificar las distintas capacidades de inteligencia emocional que
influyen en cada uno de los seis estilos de liderazgo. ¿Qué nivel de
auto control y habilidades sociales demuestra? ¿El líder demuestra un
alto o bajo nivel de empatía?
El equipo evaluó el círculo de influencia directa de cada directivo para
identificar su clima. "Clima" no es una terminología amorfa.
Originalmente definido por los psicólogos George Litwin y Richard
Stringer y posteriormente redefinido por McCelland y sus colegas, se
refiere a seis factores clave que influyen en el ambiente de trabajo de
una organización: flexibilidad - el grado de libertad que los
colaboradores sienten que se les otorga para innovar sin burocracia; su
sentido de responsabilidad hacia la organización; el nivel de estándares
que se les fijan; la sensación de que el feedback y la evaluación que
reciben sobre su desempeño es adecuado y se les recompensa de forma
justa; la claridad que las personas de la organización tienen a- cerca
de su misión y valores; y finalmente, el nivel de compromiso con un
propósito común.
Descubrimos que los seis estilos de liderazgo tienen un efecto medible
sobre cada variable del clima. (Para más información, ver anexo "Vamos
al Grano: El impacto de los Estilo de Liderazgo sobre los Variables de
Clima"). Más adelante, cuando analizamos el impacto de clima sobre los
resultados financieros - ventas, incremento de los ingresos, eficiencia
y rentabilidad - encontramos una correlación directa entre los dos.
Aquellos líderes que utilizaron estilos que afectaron al clima
positivamente obtuvieron mejores resultados financieros que otros. Por
ello no pretendemos decir que el clima organizativo es el único factor
que influye en el desempeño. Las condiciones económicas y el mercado son
enormemente importantes. Aun así nuestro análisis indica que el clima
puede explicar la tercera parte de los resultados obtenidos y un factor
de tal impacto es simplemente demasiado poderoso como para ignorarlo.
Los Estilos en Detalle
Los directivos utilizan seis estilos de liderazgo, sin embargo solo
cuatro de ellos tienen, consistentemente, un efecto positivo sobre el
clima y los resultados. Vamos a ver cada estilo de liderazgo en detalle
(Para resumen ver el cuadro "Los Seis Estilos de Liderazgo")
El Estilo Coercitivo. La empresa informática estaba en crisis - sus
ventas e ingresos estaban cayendo, sus acciones estaban perdiendo valor
vertiginosamente y los accionistas estaban furiosos. El comité de
dirección contrató a un nuevo presidente cuya reputación le avalaba como
un mago de la recuperación empresarial. Empezó acotando puestos,
vendiendo divisiones y tomando las decisiones duras que debían haberse
tomado hacía años. La compañía estaba a salvo, por lo menos a corto
plazo.
Desde su primer día, el presidente creó un reino del terror,
atemorizando y despreciando a sus directivos, bramando cada vez que
alguno se equivocaba en lo más mínimo. Los primeros niveles de la
empresa se habían reducido al mínimo, no solo por sus despidos erráticos
sino también por las fugas. Los colaboradores directos del presidente,
asustados por su tendencia de "matar al mensajero" no solo dejaron de
transmitirle las noticias negativas sino también todas las novedades de
la empresa. La moral nunca había sido más baja - un hecho que quedó
reflejado en una caída en el negocio poco después de la recuperación.
Finalmente el comité de dirección despidió al presidente.
Es fácil comprender porqué de todos los estilos de liderazgo, el
coercitivo es el menos efectivo en la mayoría de las situaciones.
Consideremos cómo el estilo afecta al clima de la organización. La
flexibilidad es lo primero en sufrir. La toma de decisión desde arriba
hace que las nuevas ideas nunca salgan a la luz. Las personas sienten
que no se las respeta; plantean: "para qué voy a hacer sugerencias si a
final van a pasar de mis ideas". A la vez, el sentido de responsabilidad
desaparece: las personas siendo incapaces de actuar por su propia
iniciativa, no se sienten "dueños" de su trabajo y no perciben que su
desempeño depende de ellos mismo. Las personas pueden llegar a resentir
este hecho tanto que adoptan la actitud "no voy a ayudar a este cabrón".
El liderazgo coercitivo también tiene efectos negativos sobre el sistema
de recompensa. La mayoría de los trabajadores con un buen desempeño son
motivados por algo más a parte del dinero - buscan la satisfacción del
trabajo bien hecho. El estilo coercitivo corroe tal orgullo. Finalmente
el estilo, deshace una de las herramientas básicas del líder: motivar a
las personas demostrándoles como su trabajo encaja en la gran misión que
todos en la organización comparten. La falta de una visión supone la
pérdida de claridad y compromiso y deja a las personas ajenas a su
propio trabajo, preguntándose "¿Qué importa todo esto?"
Dado el impacto del estilo coercitivo, uno puede suponer que nunca debe
ser utilizado. Nuestra investigación, sin embargo, descubrió algunas
situaciones en las que el coercitivo funcionó estupendamente.
Consideremos el caso de un presidente de división que se contrató para
cambiar la orientación de una compañía de alimentación que estaba
perdiendo dinero. Su primera acción fue derribar el salón de actos del
comité ejecutivo. Para este hombre, el salón - con su gran mesa de
mármol se parecía al centro de comando de una nave espacial - era un
símbolo de la tradición de formalidad que estaba paralizando la
compañía. La destrucción del salón, y el traslado subsecuente a un lugar
más pequeño e informal, transmitió un claro mensaje, y la cultura de la
división cambió rápidamente en consecuencia.
Habiendo dicho todo ello, el estilo coercitivo se debe utilizar con
extrema cautela y en las pocas situaciones en que es absolutamente
necesario, como durante una recuperación o cuando una compra hostil está
en el horizonte. Es estos casos, el estilo coercitivo puede ayudar a
romper costumbres perjudiciales para el negocio y producir un shock que
obliga a las personas trabajar de otra forma. Es siempre apropiado
durante auténticas urgencias, tal y como después de un terremoto o un
incendio. Y puede valer en el caso de empleados problemáticos, con
quienes todo lo demás ya haya fracasado. Sin embargo, si un líder
depende únicamente de este estilo o continúa utilizándolo una vez que la
urgencia haya pasado, a largo plazo el impacto de su falta de
sensibilidad en la moral y los sentimientos de su equipo será
desastroso.
El Estilo Orientativo. Tom era vice presidente de marketing de una
cadena nacional de restaurantes especializada en pizzas que no acaba de
despegar. Sin duda, la pobre actuación de la compañía era una gran
preocupación para los gerentes más experimentados, sin embargo no sabían
por donde empezar. Cada lunes se reunían para repasar las ventas,
luchando para idear nuevas soluciones a sus problemas. Para Tom, el
planteamiento no tenía sentido. "Siempre estamos intentando averiguar
por qué las ventas fueron bajas la semana pasada. Teníamos toda la
empresa mirando hacia atrás en vez de estar pensando en lo que debíamos
hacer mañana."
Tom vio la oportunidad de cambiar la forma de pensar de la gente en una
reunión estratégica fuera de la oficina. Allí, la conversación empezó
con generalidades trilladas: la compañía tenía que incrementar el valor
para el accionista y aumentar el retorno sobre activos. Tom creyó que
estas ideas no tenían el poder de impacto necesario para inspirar a un
gerente de restaurante a ser innovador o a hacer su trabajo de forma
excelente.
Así que Tom tomó una decisión drástica. A mitad de la reunión suplicó
apasionadamente a sus colegas que pensaran por un momento desde el punto
de vista de sus clientes. "Los clientes quieren facilidades"- dijo. La
compañía no estaba en el negocio de restauración sino era una empresa de
distribución de un producto de alta calidad y fácil acceso, la pizza.
Esta idea - y nada más - debía impulsar todo que la empresa hacía.
Con su gran entusiasmo y su visión clara - los pilares del estilo
orientativo - Tom llenó el vacío de liderazgo que existía en la empresa.
De hecho, su concepto se convirtió en la base de la nueva misión. Sin
embargo esta rompedora visión era simplemente el principio. Tom se
aseguró de que la misión fuera incorporada en el proceso de
planificación estratégica de la compañía para fijarla como la base de
crecimiento de la compañía. También se aseguró de que se explicara la
visión de tal forma que los gerentes de los restaurantes locales
comprendieran que ellos eran la pieza clave en el éxito de la empresa y
tenían en sus manos la libertad de descubrir nuevas formas de distribuir
pizza.
Los cambios ocurrieron con rapidez. En pocas semanas, muchos gerentes
locales empezaron a garantizar nuevas y más rápidas formas de entregar.
Y lo que es incluso mejor, empezaron a comportarse como empresarios,
encontrando interesantes locales para abrir nuevas tiendas: kioscos en
las esquinas de calles céntricas y en las estaciones de autobús y tren,
incluso desde carritos en aeropuertos y los vestíbulos de hoteles.
El éxito de Tom no fue un accidente. Nuestra investigación indica que de
los seis estilos de liderazgo, el orientativo es el más efectivo,
mejorando todas las variables de clima. Por ejemplo claridad. El líder
orientativo es un visionario; motiva a las personas aclarándoles cómo su
trabajo encaja en la foto completa que contempla la organización. Las
personas que trabajan para líderes con este estilo entienden que su
trabajo importa y saben por qué. El liderazgo orientativo también
maximiza el compromiso hacia los objetivos y la estrategia de la
organización. Al enmarcar las tareas individuales dentro de una gran
visión, el líder orientativo define los estándares que hacen funcionar
en la realidad su visión. Cuando da feedback sobre el desempeño - tanto
positivo como negativo - está determinado si el desempeño de la persona
está ayudando a conseguir la visión. Los estándares de éxito son claros
para todos, así como las recompensas. Finalmente, hay que considerar el
impacto de este estilo sobre la flexibilidad. Un líder orientativo
describe su punto final, pero generalmente deja a las personas mucho
margen para averiguar su propio camino. Los líderes orientativos otorgan
a su gente la libertad para innovar, experimentar y tomar riesgos
calculados.
Dado su impacto positivo, el estilo orientativo funciona bien en casi
cualquier situación. Es particularmente efectivo cuando el negocio se
mueve sin rumbo. Una figura orientativa mira hacia un nuevo horizonte y
vende a su equipo una refrescante visión a largo plazo.
El estilo orientativo, potente como lo es, no funciona en todas las
situaciones. El planteamiento fracasa, por ejemplo, cuando el líder
trabaja con un equipo de expertos o colaterales con más experiencia que
él mismo; pueden percibir al líder como engreído o fuera de onda. Otra
limitación: si un gestor que intenta ser orientativo se excede y actúa
con demasiado protagonismo, puede destruir el espíritu igualitario
necesario en un equipo efectivo. Aun con estos peligros, los líderes
serían inteligentes si se lanzaran a probar el estilo orientativo más a
menudo. No necesariamente asegura un eagle, pero sin duda ayuda para un
drive largo.
El Estilo Afiliativo. Si el líder coercitivo obliga a "haz lo que digo",
y el orientativo pide "ven conmigo", el líder afiliativo dice "las
personas son lo primero". Este estilo de liderazgo gira en torno a las
personas - quienes lo emplean, valoran a los individuos y sus emociones
por encima de las tareas y los objetivos. El líder afiliativo se
esfuerza para que sus empleados estén felices y la relación entre ellos
sea armónica. Gestiona a través del desarrollo de lazos afectivos para
luego recoger los resultados de este planteamiento, principalmente una
fuerte lealtad. El estilo también tiene un efecto muy positivo sobre la
comunicación. Las personas que se encuentran cómodas entre sí hablan
mucho. Comparten ideas e inspiración. El estilo aumenta la flexibilidad;
los amigos se fían unos de otros, permitiendo que los hábitos de
innovación y toma de riesgos se desarrollen. La flexibilidad también
aumenta porque el líder afiliativo, como un padre que ajusta las normas
de la casa para un niño que se hace adolescente, no impone restricciones
no necesarias sobre cómo el empleado ha de hacer su trabajo. El líder da
a las personas la libertad de hacer su trabajo de la forma que a cada
uno le parece más efectiva.
En cuanto al reconocimiento y recompensa para el trabajo bien hecho, el
líder afiliativo ofrece generosamente el feedback positivo. Este tipo de
feedback tiene una fuerza especial en el trabajo porque es poco usual:
aparte de la revisión anual, la mayoría de las personas no suele recibir
feedback sobre sus esfuerzos del día a día, o en todo caso, reciben sólo
feedback negativo. Todo ello hace que las palabras positivas del líder
afiliativo sean muy motivadoras. Finalmente, los líderes afiliativos son
maestros del arte de cultivar el sentido de pertenencia. Tienden, por
ejemplo, a invitar a alguien de su equipo a una comida o copa - uno a
uno -, para ver que tal les va, o traen una tarta para celebrar el éxito
del grupo. Son desarrolladores de relaciones natos.
Joe Torre, el alma del New York Yankees es un clásico ejemplo de líder
afiliativo. Durante la final del World Series del 1999, Torre cuidó con
mimo las mentes de sus jugadores mientras aguantaban la presión de los
últimos partidos. A lo largo de la temporada, tomó un especial interés
en elogiar a Scott Brosius, cuyo padre había fallecido poco antes, para
mantenerle motivado incluso en ese mal momento. En la fiesta después del
último partido, Torre buscó especialmente a Paul O'Neill. Aunque O'Neill
había recibido la noticia de la muerte de su padre la misma mañana,
O'Neill decidió jugar en este partido clave - y al finalizar rompió a
llorar. Torre tomó un momento para reconocer el esfuerzo personal que
había realizado O'Neill, llamándole un "guerrero". Torre también se
aprovechó del momento de la celebración de la victoria para reconocer
específicamente a dos jugadores cuyo regreso al equipo al año siguiente
estaba amenazado por problemas con sus contratos. Al hacer eso, mandó un
mensaje claro al equipo y al dueño del club significando lo mucho que él
valoraba a estos jugadores - demasiado como para perderlos.
A parte de cuidar las emociones de su gente, un líder afiliativo puede
también atender a sus propias necesidades emotivas abiertamente. El año
que el hermano de Torre estaba a punto de morir esperando un transplante
de corazón, él compartió sus preocupaciones con sus jugadores. También
habló sencillamente con el equipo a cerca del tratamiento de su cáncer
de próstata.
El impacto generalmente positivo que el estilo afiliativo tiene lo hace
un buen planteamiento todo terreno, sin embargo los líderes deben
emplearlo en particular cuando intentan fomentar la armonía del equipo,
subir la moral, mejorar la comunicación o crear más confianza. Por
ejemplo, un directivo en nuestro estudio fue contratado para remplazar a
otro líder del equipo que se había mostrado poco escrupuloso. El líder
anterior se había apropiado del éxito del trabajo de los miembros de su
equipo y había intentado crear conflicto entre ellos. Sus esfuerzos
acabaron fracasando, pero dejaron el equipo receloso y cansado. La nueva
directora logró remediar la situación dejando ver sus emociones, creando
una imagen honesta ante su equipo y restableciendo los lazos entre sus
miembros. Algunos meses después, su liderazgo había creado una nueva
sensación de compromiso y energía.
A pesar de sus beneficios, el estilo afiliativo no debe ser utilizado de
forma única. Su enfoque basado en el elogio puede permitir que un
desempeño pobre no se corrija; los empleados pueden percibir que la
mediocridad se tolera. Dado que los líderes afiliativos raramente
ofrecen consejos constructivos para mejorar, los empleados han de
averiguar cómo hacerlo por sí solos. Cuando las personas necesitan
claras directrices para afrontar nuevos retos, el estilo afiliativo les
deja sin timón. Claramente, depender demasiado de este estilo puede
llevar a un grupo al fracaso. Quizás es por eso que muchos líderes
afiliativos, como Torre, utilizan este estilo unido al estilo
orientativo. Los líderes orientativos definen una visión, fijan
estándares y hacen que las personas sepan cómo su trabajo está
contribuyendo a los objetivos del grupo. Si se alterna con un
planteamiento de cuidar y nutrir como el líder afiliativo, es una
combinación potente.
El Estilo Participativo. La Hermana Mary dirige una red de colegios
católicos en una gran cuidad. Uno de los colegios - el único colegio
privado de un barrio pobre - había estado perdiendo dinero durante años
y el arzobispado ya no podía soportar el gasto de mantenerla abierta.
Cuando la Hermana Mary finalmente recibió la orden de cerrarlo, hizo
algo más que simplemente cerrar las puertas. Convocó una reunión de
todos los maestros y personal del colegio y les explicó los detalles de
la crisis financiera - era la primera vez que las personas del colegio
fueron incluidas en la parte más "empresarial" de la institución. Les
pidió sugerencias sobre formas de mantener el colegio abierto y para
gestionar su cierre, si fuera necesario. La Hermana Mary pasó mucho de
su tiempo simplemente escuchando.
Hizo lo mismo en reuniones posteriores para los padres y para la
comunidad y durante una serie de reuniones para los maestros y personal
del colegio. Después de dos meses de reuniones, el consenso estaba
claro: el colegio tendría que cerrar. Se hizo un plan para llevar los
estudiantes a otros colegios del sistema.
El resultado final no fue diferente que si la Hermana Mary hubiera
cerrado el colegio el mismo día que recibió la noticia. Pero al permitir
que las personas que componían el colegio llegasen a la decisión de
forma colectiva, la Hermana Mary evitó enfrentarse a los reproches que
hubieran acompañado tal comunicación. Las personas lamentaron la pérdida
del colegio, pero a la vez entendieron sus causas. Casi nadie tenía
objeciones.
Comparemos esto con las experiencias de un cura en nuestra investigación
que dirigió otro colegio católico. Él también recibió órdenes de
cerrarlo. Y así lo hizo - por decreto. El resultado fue un desastre: los
padres presentaron demandas judiciales, los maestros y padres hicieron
una huelga y los periódicos locales sacaron editoriales atacando su
decisión. Tardó un año en resolver las disputas antes de que finalmente
pudiera cerrar el colegio.
La Hermana Mary es un ejemplo del estilo participativo en acción - y de
sus beneficios. Al invertir tiempo obteniendo las ideas y el apoyo de
las personas, un líder fomenta la confianza, el respecto y el
compromiso. Al dejar que los empleados tengan una voz en las decisiones
que afectan a sus objetivos y a la forma en que hacen su trabajo, el
líder participativo incrementa la flexibilidad y la responsabilidad. Al
escuchar las preocupaciones de los empleados, el líder participativo
aprende lo que hay que hacer para mantener la moral alta. Finalmente,
dado que tienen un voto en la fijación de sus objetivos y los parámetros
para medir su éxito, las personas que trabajan en un entorno
participativo tienden a ser más realistas acerca de qué pueden y que no.
A pesar de ello, el estilo participativo tiene sus inconvenientes, y por
ello no tiene un impacto sobre el clima tan alto como los otros estilos.
Una de las consecuencias más negativas pueden ser las reuniones
interminables donde se dejan reposar ideas, el consenso se resiste y el
único resultado visible es la fijación de fechas de más reuniones.
Algunos líderes participativos utilizan este estilo para evitar la toma
de decisiones cruciales, con la esperanza de que con dándole suficientes
vueltas al tema, acabará por aclararse. En realidad, su gente acaba
sintiéndose confusa y echando en falta un líder. Tal planteamiento puede
incluso acabar empeorando los conflictos.
¿Cuándo funciona este estilo mejor? Este planteamiento es el mejor
cuando el líder tampoco sabe cuál es la mejor forma de proceder y
necesita las ideas y orientación de empleados capaces. E incluso si el
líder tiene una visión clara, el estilo participativo es efectivo para
generar nuevas ideas que ayuden a materializar la visión.
El estilo participativo, como era de esperar, tiene mucho menos sentido
cuando los empleados no están formados o no tienen la información
suficiente para aportar opiniones válidas. No hace falta destacar que en
momentos de crisis no son los adecuados para crear consenso. Vemos por
ejemplo el caso de un Presidente cuya compañía informática estaba siendo
amenazada por serios cambios en el mercado. Siempre buscó el consenso
para definir los próximos pasos. A medida que los competidores le
robaban sus clientes y las necesidades de los clientes iban cambiando,
él seguía organizando comités para analizar la situación. Cuando el
mercado dio un giro brusco debido a una nueva tecnología, él se quedó
paralizado. El Comité de Dirección le remplazó antes de que pudiera
montar otro "task force" para considerar la situación. El nuevo
presidente hizo gala del estilo orientativo durante los primeros meses,
ocasionalmente utilizando los estilos participativo y afiliativo.
El Estilo Imitativo. Como el estilo coercitivo, el estilo imitativo
forma parte del repertorio de líder, aunque se debe moderar su uso. No
esperábamos llegar a esta conclusión cuando empezamos nuestra
investigación. En el fondo, las bases del estilo imitativo parecen
admirables. El líder fija estándares de desempeño extremadamente altos y
los ejemplifica. Su obsesión es hacer todo mejor y más rápido, y exige
que todas las personas de su alrededor cumplan estos criterios.
Rápidamente identifica a las personas con bajos niveles de desempeño y
les exige más. Si no cumplen sus expectativas, los reemplaza con
personas más capaces. A primera vista, parece que tal planteamiento
mejoraría los resultados, pero no es así.
De hecho, el estilo imitativo, destruye el clima de un equipo. Muchos
empleados se sienten abrumados por las exigencias de excelencia del
líder, y su moral cae. Las normas de trabajo deben estar claras para el
líder, pero no las explica con claridad, sino que espera que las
personas sepan lo que deben hacer e incluso piensa "si te lo tengo que
decir, no eres la persona adecuada para este trabajo". El trabajo no es
una cuestión de esforzarse al máximo para conseguir unos objetivos, sino
que se convierte en un ejercicio de adivinación de qué quiere el líder.
Al mismo tiempo, las personas sienten que el líder no confía en ellas
para hacer su trabajo libremente o para tomar iniciativas propias. La
flexibilidad y la responsabilidad desaparecen, y el trabajo se convierte
en una serie de tareas altamente focalizadas y rutinarias que aburren a
los empleados.
En cuanto a las recompensas, el líder imitativo no da feedback sobre el
trabajo sino que se lanza a tomar las riendas cuando le parece que algo
está fallando. Y si el líder se ausenta, las personas sienten que "han
perdido el rumbo" dado que están acostumbrados a trabajar junto a un
experto que fija las normas. Finalmente, el compromiso se evapora bajo
el régimen de un líder imitativo porque las personas no tienen la
sensación de estar trabajando para conseguir un objetivo común.
Como ejemplo del estilo imitativo, tenemos el caso de Sam, un bioquímico
en el área de I+D de una gran empresa farmacéutica. Su alto nivel
técnico hizo de Sam una estrella muy pronto: todos acudían a él para
buscar ayuda. Rápidamente fue promocionado a jefe de equipo para el
desarrollo de un nuevo producto. Los otros científicos que completaban
el equipo eran tan competentes y motivados como Sam. Su enfoque como
líder del equipo consistía en ofrecerse a sí mismo como ejemplo de cómo
hacer el trabajo de su campo con un alto nivel de exigencia bajo una
fuerte presión de tiempo, dando su apoyo especial cuando era necesario.
Su equipo terminó su encargo en un tiempo récord.
Pero entonces a Sam se le dio una nueva responsabilidad: se le
promocionó a director de I+D para toda su división. A medida que sus
tareas se multiplicaban tenía que crear una visión, coordinar diferentes
proyectos, delegar más responsabilidades y ayudar al desarrollo de
otros, y Sam empezó a fallar. No confiaba en las capacidades de sus
subordinados, y empezó a practicar la "microgestión": los detalles del
trabajo se convirtieron en su obsesión y se encargó personalmente del
trabajo de las personas cuyo rendimiento no cubría sus expectativas. En
vez de confiar en que mejorarán con su orientación y un proceso de
desarrollo, Sam se vió trabajando las noches y fines de semana después
de asumir el control de un proyecto de investigación que iba mal.
Finalmente, ante la sugerencia de su propio jefe, y para su
tranquilidad, volvió a su anterior puesto como jefe de equipo de
desarrollo.
Aunque Sam falló, el estilo imitativo no siempre acaba en desastre. El
planteamiento funciona bien cuando todos los empleados están motivados,
son muy competentes y/o necesitan poca dirección y coordinación. Por
ejemplo, puede funcionar para líderes de equipos compuestos por
profesionales altamente formados y motivados, como grupos de I+D o
abogados. Y cuando se trata de liderar un equipo con talento, el estilo
imitativo hace precisamente esto: consigue que se haga el trabajo dentro
o antes que la fecha límite. A pesar de ello, como todos los estilos de
liderazgo, el estilo imitativo nunca debe ser utilizado en exclusividad.
El Estilo Capacitador. Una unidad de producto en una empresa global del
sector tecnológico había comprobado como sus ventas caían de un precio
que doblaba el de la competencia a un precio de la mitad. Así que
Lawrence, el director de la división de producción, decidió cerrar la
unidad y reasignar sus personas y productos. Cuando James, el gerente de
la unidad afectada lo supo, decidió puentear a su jefe y hablar con el
presidente.
¿Qué hizo Lawrence? En vez de echar una bronca a James, le sentó y le
habló no solo de su decisión de cerrar la división sino también del
futuro de James. Le explicó cómo cambiarse a otra división le ayudaría a
desarrollar nuevas habilidades, le convertiría en un mejor líder y le
enseñaría más sobre el negocio de la Compañía.
Al final Lawrence se portó más como un consejero que como un jefe
tradicional. Escuchó a James acerca de sus preocupaciones y Lawrence le
hizo saber las suyas. Explicó que para él, James se había estancado en
su puesto actual, era al fin y al cabo toda la experiencia que tenía en
la empresa. Lawrence expresó su seguridad de que James se desarrollaría
en su nuevo rol.
Luego, la conversación dio un giro hacia temas más prácticos. James aun
no se había reunido con el presidente, la reunión que había exigido
unilateralmente a conocer el plan de cerrar su división. Con esto en
mente, y también con la conciencia de que el presidente le había dado su
apoyo incondicional al cierre de la unidad, Lawrence aprovechó para
darle a James algunas claves para su presentación "no tienes una reunión
con el presidente muy a menudo, " dijo, " vamos a asegurarnos que le
impresionas". Le aconsejó a James que no hablara de su caso particular
sino del de la unidad de negocio. "Si le parece que buscas laureles, te
echará más rápido de lo que pudieras haber salido a pie" y le animó a
escribir sus ideas, cosa que siempre agradecería el presidente.
¿Por qué Lawrence decidió hacer "coaching con James en vez de
reprocharle su conducta"? "James es una buena persona, con mucho talento
y con un futuro prometedor", nos explicó "y no quiero que esto haga daño
a su carrera. Quiero que se quede en la compañía, quiero que funcione,
quiero que aprenda, quiero que se beneficie de esta experiencia y
crezca. Cometer un error una vez no significa que él sea terrible".
Las acciones de Lawrence representan un ejemplo claro de estilo
capacitador. Los líderes capacitadores ayudan a los empleados a
identificar sus puntos fuertes y débiles y los ligan a sus expectativas
personales y de carrera. Animan a sus empleados establecer objetivos a
desarrollar a largo plazo y les ayudan a crear un plan para lograrlos.
Para llevar a cabo estos planes, establecen acuerdos con sus empleados
con respecto a su rol y responsabilidades, y dan mucha orientación y
feedback. Los líderes capacitadores son los mejores delegando, dan a sus
empleados tareas retadoras, incluso sabiendo que las tareas no se harán
con rapidez. Es decir, los líderes capacitadores están dispuestos a
tolerar mayores problemas a corto plazo cuando significa una experiencia
de aprendizaje duradero.
De los seis estilos, nuestra investigación demostró que se utiliza el
estilo capacitador con menos frecuencia que todos los demás. Muchos
líderes nos contaron que no tenían tiempo en un mercado altamente
exigente para realizar una tarea tan lenta y tediosa como enseñar a
otros y ayudarles a crecer. Sin embargo, a partir de la primera sesión,
requiere nada o muy poco tiempo extra. Los líderes que ignoran este
estilo están perdiendo la oportunidad de utilizar una herramienta muy
potente: su impacto sobre el clima y el desempeño es totalmente
positivo.
Hay que reconocer que existe una paradoja entre el efecto positivo que
causa la capacitación o "coaching" en los resultados de negocio, dado
que la capacitación se centra principalmente en el desarrollo personal,
no en tareas directamente ligadas al trabajo. Aun así, el coaching
mejora los resultados. Su razón: requiere llevar a cabo un dialogo
constante, y el dialogo de este tipo afecta todas las variables de clima
positivamente. Por ejemplo, la flexibilidad. Cuando un empleado es
consciente de que su jefe le está observando y que le importa lo que
hace, se siente libre para experimentar. En fin, sabe que va a recibir
feedback inmediato y constructivo. De la misma manera, el dialogo
continuo del "coaching" asegura que las personas saben qué se espera de
ellos y cómo su trabajo contribuye a la visión o estrategia de la
compañía. Por ello, afecta a la responsabilidad y la claridad. En cuanto
al compromiso, la capacitación también ayuda a fomentarlo, porque su
mensaje implícito es "creo en ti, estoy apostando por ti, y espero lo
mejor de ti". No es casual que los empleados entregan a los nuevos retos
en cuerpo y alma.
El estilo capacitador funciona en muchas situaciones de negocio, pero
puede que sea más efectivo cuando las personas del equipo están
"listas". Por ejemplo, el estilo capacitador funciona especialmente bien
cuando los empleados son ya conscientes de sus puntos débiles y tienen
ganas de mejorar su desempeño. También, el estilo va bien cuando los
empleados se dan cuenta de la relación entre el aprendizaje y su propio
progreso. En fin, funciona mejor con empleados que quieren ser ayudados
a desarrollarse.
En contraste, el estilo capacitador no tiene mucho sentido cuando los
empleados, por la razón que sea, se resisten aprender o a cambiar su
forma de actuar. Y es un desastre si al líder le falta la experiencia y
los conocimientos para ayudar a los empleados. Es un hecho real que
muchos gestores no se sienten cómodos con el "coaching" o simplemente no
son capaces de una relación de este tipo, sobre todo cuando se trata de
dar un feedback continuo sobre el desempeño para motivar, en vez de
aterrorizar o crear apatía. Algunas compañías se han dado cuenta del
impacto positivo que tiene este estilo y están intentando hacer de ello
una competencia corporativa. En otras empresas, una parte importante del
bono anual de los directivos está ligado al desarrollo que consiguen de
sus colaboradores. Sin embargo son pocas las organizaciones que
aprovechan este estilo de liderazgo completamente. Aunque la
capacitación no "piensa en resultados", los consigue.
Los Líderes Necesitan Muchos Estilos
Muchos estudios, incluyendo el nuestro, han demostrado que cuantos más
estilos practica el líder, mejor. Los líderes que han dominado cuatro o
más estilos - sobre todo los estilos orientativo, participativo,
afiliativo y capacitador - tienen el mejor clima y el mejor desempeño
medido por los resultados de negocio. Sobre todo, los líderes más
efectivos son capaces de cambiar estilos con flexibilidad y cuando haga
falta. Aunque puede parecer imposible, lo vimos con más frecuencia de la
que esperábamos; tanto en corporaciones grandes como en empresas
pequeñas recién creadas, y tanto en líderes experimentados, capaces de
explicarnos exactamente cómo y por qué utilizan distintos estilos, como
en emprendedores que decían liderar por instinto.
Estos líderes no adaptan de forma automática sus estilos de dirección a
la situación utilizando un "checklist"; trabajan de una forma mucho más
fluida. Tienen una sensibilidad especial para la forma en que sus
acciones influyen en otras personas y ajustan sutilmente su estilo para
lograr los mejores resultados. Es un líder que, por ejemplo, puede
captar, nada más iniciar una conversación, que una persona con talento
que sin embargo no logra los niveles de desempeño fijados, está
desmoralizada por su relación con un jefe autoritario y estricto.
Entiende rápidamente que esta persona simplemente necesita saber cómo su
trabajo cuenta y por ello le motiva preguntándole cuáles son sus
expectativas y buscando formas para hacer su trabajo más retador. Pero
también sabe identificar cuando hay que darle a esta persona un
ultimátum: o mejoras o te vas.
A modo de ejemplo del liderazgo fluido en acción, consideremos a Joan,
la directora general de una división importante en una empresa de
alimentación y bebidas. A Joan se le sugirió a su posición en un momento
de crisis para la división. No había obtenido sus objetivos de
beneficios durante los últimos seis años; el último año de hecho, quedó
por bajo por 50 millones de dólares. Los altos directivos estaban
totalmente desmotivados; el ambiente era de desconfianza y
resentimiento. El objetivo que Joan se puso era claro: dar la vuelta a
la situación de la división.
Joan lo hizo demostrando una capacidad asombrosa de cambiar de un estilo
a otro. Desde el principio, se dio perfecta cuenta de que tenía muy poco
tiempo para demostrar que era capaz de liderar con éxito y crear un
ambiente de confianza y cooperación. También era consciente de que
necesitaba, y de forma urgente, información exacta acerca de lo que no
estaba funcionando, así que marcó como primera tarea escuchar a personas
clave en la división.
Durante su primera semana en el puesto mantuvo comidas y cenas con cada
miembro del equipo directivo. Lo que Joan buscaba era el punto de vista
de cada uno sobre la situación actual. Sin embargo no tenía interés en
el diagnóstico que cada uno le hizo, sino buscaba conocer cada directivo
a un nivel más personal. Para ello Joan empleó el estilo afiliativo: les
preguntó sobre sus vidas, deseos y aspiraciones.
También asumió el rol de "coach", intentando identificar la forma en que
ella podía ayudar a los miembros de su equipo conseguir lo que querían
en sus carreras. Por ejemplo, un directivo a quien todos tachaban de
individualista y de no ser "jugador de equipo", le confesó sus
preocupaciones. Él se veía como un buen miembro del equipo, pero estaba
constantemente plagado de quejas. Joan percibía que tenía talento y era
una persona que aportaba mucho valor a la compañía, así que llegó a un
acuerdo con él para decirle (en privado) cuando sus acciones estaban
impidiendo que los demás le vieran como un jugador más del equipo.
Después de estas conversaciones individuales, convocó una reunión de
tres días fuera del entorno de la oficina. Su objetivo era fomentar el
trabajo en equipo, de manera que todos se sintieran responsables de
todos los problemas que pudieran surgir en el negocio. Su planteamiento
inicial para la reunión era democrático. Animó a todos a expresar sus
frustraciones y quejas abiertamente.
Al día siguiente, Joan pidió al grupo que se tratasen unos problemas
específicos: cada persona hizo tres propuestas concretas de acciones
para mejorar la situación. A medida que Joan agrupaba las sugerencias,
un consenso surgió sobre las prioridades del negocio, reducción de
costes. Dado que fue el grupo quien ideó los planes de acción
específicos, Joan consiguió el compromiso de sus miembros.
Con esta visión firmemente definida, Joan asumió el estilo orientativo,
y asignó áreas de seguimiento a cada uno de los directivos y les hizo
responsables de su cumplimiento. Por ejemplo, había estado bajando los
precios sin conseguir incrementar su volumen. Una solución obvia era de
incrementar los precios, pero el anterior director de ventas no había
actuado y el problema había ido a peor. Ahora, el nuevo responsable de
ventas tenía la responsabilidad de ajustar los precios de modo que el
problema se resolviera.
A lo largo de los siguientes meses, Joan utilizó principalmente el
estilo orientativo. Siguió reforzando la nueva visión del grupo, de
forma que recordaba a cada miembro del equipo como su rol era
imprescindible para conseguir los objetivos. Y, sobre todo durante las
primeras semanas de la implantación del plan, Joan vio que la urgencia
real la crisis que la división estaba viviendo justificó la asunción del
estilo coercitivo cuando alguno del equipo incumplió sus
responsabilidades. Dijo, "Tuve que ponerme dura en cuanto al seguimiento
y asegurarme que lo que habíamos decidido realmente se llevaba a cabo.
Requirió disciplina y concentración."
¿Y los resultados? Todas las variables de clima mejoraron. Las personas
empezaron a innovar. Tenían la costumbre de comentar la visión de la
división y su compromiso a los nuevos y claros objetivos. La prueba
final de la fluidez de Joan en su uso de los estilos de liderazgo quedó
patente en el balance: después de solo seis meses, su división superó en
5 millones su objetivos de beneficio para el año.
Como Ampliar tu Gama de Estilos
Pocos líderes, como es natural, cuentan con los seis estilos en su
repertorio, y menos aún saben cuándo y cómo han de utilizarlos. De
hecho, a medida que hemos presentando nuestra investigación en distintas
organizaciones, la respuesta más común ha sido. "Pero, solo tengo dos de
los seis!" y, "No puedo utilizar todos estos estilos. No sería humano".
Esta sensación es comprensible y, en algunos casos, el antídoto es
sencillo. El líder puede crear equipos cuyos miembros demuestran los
estilos que a él le faltan. Vemos por ejemplo un Director de Producción.
Tuvo éxito gestionando una red de fábricas ubicadas en todo el mundo
utilizando principalmente el estilo afiliativo. Estaba constantemente
viajando, reuniéndose con los directores de fábricas, ayudándoles con
sus problemas y transmitiendo su confianza en ellos como personas. En
cuanto a la concreción de la estrategia de la división - extremadamente
eficaz, se la encargó a un colaborador cercano experto en tecnologías.
Por otra parte delegó en otra colega, cuyo fuerte era el estilo
orientativo, para la transmisión de los estándares de desempeño. También
tenía en su equipo una persona imitativa que siempre le acompañaba a sus
visitas a las fabricas.
Otro planteamiento, y el que yo recomiendo, es que los líderes amplíen
la gama de estilos que utilizan. Por ello, los líderes han de entender
primero las competencias de inteligencia emocional que forman la base de
los estilos de liderazgo que les faltan. Pueden, entonces, hacer
esfuerzos reales para incrementar el grado en que los utilizan.
Por ejemplo, un líder afiliativo puede identificar sus puntos fuertes en
tres competencias de inteligencia emocional: empatía, desarrollo de
relaciones y comunicación. La empatía - intuir como se sienten las
personas en un momento dado - permite al líder afiliativo responder a
sus empleados de una forma que encaja con las emociones de la persona y
por ello fomenta una relación más rica. El líder afiliativo también
demuestra un don natural para el desarrollo de nuevas relaciones,
conociendo a otras personas y cultivando una amistad. Finalmente, un
excelente líder afiliativo domina el arte de la comunicación
interpersonal, en particular la capacidad de decir o hacer lo adecuado
en el momento adecuado.
Así que, si eres un líder imitativo y te gustaría saber utilizar el
estilo afiliativo más a menudo, tendrías que mejorar tu grado de empatía
y, quizás, tu capacidad de desarrollar relaciones o comunicar
efectivamente. Otro ejemplo, un líder orientativo que quiere desarrollar
el estilo participativo puede tener que trabajar sus capacidades de
colaboración y comunicación. Estos consejos para añadir capacidades
parece simplista - "Adelante, cámbiate" - sin embargo el desarrollo de
la inteligencia emocional es más que posible con la práctica. (Para más
indicaciones sobre como mejorar la inteligencia emocional, ver "Hacer
Crecer Tu Inteligencia Emocional".)
Más Ciencia, Menos Arte
Como el ser padre, el liderazgo nunca va a ser una ciencia exacta. Sin
embargo nunca debe verse como un misterio para las personas que lo
ejercen. En los últimos años, la investigación ha servido a los padres
para entender mejor los componentes genéticos, sociológicos y
comportamentales que afectan a su "desempeño en el puesto". Nuestra
nueva investigación nueva también puede aportar a los líderes una "foto"
más clara sobre las características necesarias para liderar de forma
efectiva. Y lo que puede ser más importante aun, puede indicarles cómo
adquirirlas.
El entorno de los negocios es altamente cambiante, y un líder tiene que
responder adecuadamente. Hora a hora, día a día, semana a semana, los
directivos han de ajustar sus estilos de liderazgo como un autentico
profesional - utilizando el estilo justo en el momento justo y en su
justa medida. Su recompensa serán los resultados.
Es el autor de Inteligencia Emocional (Bantam, 1995) y La Practica de la Inteligencia Emocional (Bantam, 1998). Es co- presidente del Consortium for Research on Emotional Intelligence in Organizations, que está basado el Graduate School of Applied Pschology de Rutgers University en Piscataway, New Jersey.
Publicado en www.ganaropciones.com
*Ganar Opciones. www.ganaropciones.com . Asesoramiento y Capacitación en Comunicación Negociación Ventas Servicio al Cliente Marketing Telemarketing. Desde nuestras oficinas de Argentina y México, proveemos a nuestros clientes la capacitación y asesoramiento que les permita identificar, alcanzar y mantener ventajas competitivas sostenibles para sus empresas. Podemos ayudar a usted y su organización a ampliar sus negocios y a vender más, con mayores márgenes de ganancia y satisfacción de sus clientes. En cualquier ciudad de América y España, desde programas completos de entrenamiento, hasta seminarios, talleres, workshops y conferencias, nos dará mucho gusto que conversemos sobre cómo ayudaremos a su organización a obtener beneficios inmediatos y sostenidos a largo plazo en la motivación, fidelización y resultados de su capital humano. Comuníquese ahora con nosotros por cualquiera de estos medios: Por teléfono: Tel/fax 0341 447-0225. Si llama desde fuera de Argentina: +54 341 447-0225. E-mail infoarrobaganaropciones.com
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