En una sola generación el costo de decodificar un gen humano ha
bajado de millones de dólares a unos cien. El costo de almacenar un
megabyte de datos ha bajado de centenares de dólares a prácticamente
cero. La ubicuidad de la Internet ha hecho perder sentido a la
geografía. En esta era una compañía que esté evolucionando
paulatinamente ya se encuentra en camino a la extinción. Nunca fue más
pequeña la distancia entre lo que se puede imaginar y lo que se puede
realizar. Nuestra herencia ya no es nuestro destino.
Hoy lo único que nos limita es nuestra propia imaginación. Los
individuos y las organizaciones que sean incapaces de escapar de la
fuerza de gravedad del pasado verán cerradas las puertas del futuro.
Para realizar totalmente la promesa de la nueva era, cada uno de
nosotros debe convertirse en un soñador, cuya fantasía sean puertas
abiertas a nuevas realidades. Debemos ser más innovadores que los
innovadores. No es fácil aumentar las utilidades con una estrategia que
sea “más de lo mismo”. La capacidad de concebir de otra manera los
negocios existentes a fin de crear nuevo valor para los clientes, ruda
sorpresa para la competencia y nueva riqueza para los inversionistas,
será el nuevo papel a cumplir por todos en las empresas.
Nuestro futuro será de promesas cumplidas. Muchas veces un nuevo modelo
exitoso de negocio se convierte en el único para compañías que no son
capaces de inventar uno propio. La innovación permite elementos
estratégicos de diferenciación. Hágase las siguientes preguntas:
1.- ¿Ha dejado su empresa que otros definan las expectativas de los
clientes?.
2.- ¿Nos ve la competencia más bien como seguidores que como rompedores
de las reglas?.
3.- ¿Ha cambiado nuestra estrategia en alguna forma importante en los
últimos dos años (dos meses para muchas otros estilos de negocios)?.
4.- ¿Ha sufrido erosión la ventaja en precios o costos?.
5.- ¿Se ha dificultado atraer a los mejores talentos?.
El que crea que su actual modelo de negocios le va a seguir dando
utilidades a perpetuidad, o el que no tenga el valor para confesarlo,
tendrá poco incentivo para buscar nuevas oportunidades de crear riqueza,
y mucho menos para adoptar la nueva agenda de la innovación. Tarde o
temprano todo modelo de negocios llega al punto de rendimientos
decrecientes y en estos días más bien temprano que tarde. Cuantas más
elecciones se ofrecen a los clientes, tantas veces más hace éste. La
negación es trágica. La demora mortal.
En la era de la revolución toda compañía tiene que convertirse en un
misil de oportunidades. Debe aprender a ver lo que no es convencional.
Para ello debe aplicar la innovación conceptual, que es la capacidad de
idear conceptos de negocios radicalmente distintos, o nuevas maneras de
diferenciar los existentes. Hoy, es clave para la creación de nueva
riqueza. Ya la competencia no es entre productos o compañías sino entre
modelos de negocio.
La innovación conceptual del negocio más eficaz deja a los competidores
en un terrible dilema: si abandonan su modelo de negocio ya bien
probado, se exponen a sacrificar su negocio básico a cambio de un
segundo lugar en un juego que ellos no inventaron, con reglas que no
entienden; pero si no adoptan el nuevo modelo se privan del futuro. En
esta innovación lo que no sea distinto no es estratégico.
¿Se está exponiendo usted a convertirse en un perpetuo seguidor?...SEA
SU PROPIO VIDENTE.
La meta no es especular sobre lo que pueda suceder sino imaginar lo que
uno puede hacer que suceda. Las predicciones crecientes y progresivas
sobre modelos de negocios estáticos tienen sus días contados. Debemos
desarrollar la capacidad de escapar del puño estrangulador de lo
familiar.
Hoy hay que ser adicto a las novedades. Una gran parte de lo que está
cambiando no se puede ver desde donde uno está sentado. Hay muchas cosas
que obstruyen la vista. Hay que levantarse e ir en busca de nuevas
experiencias, ir a nuevos lugares, aprender cosas nuevas, buscar nuevas
personas. Debemos buscar la manera de sorprendernos continuamente a sí
mismo. Lo que no sabe pero podría saber es mucho más importante que lo
que no sabe y no puede saber.
Los que fueron sorprendidos por el futuro no estaban poniendo atención.
No hay ninguna información patentada sobre el futuro. Lo que uno puede
conocer sobre lo que está cambiando, todos los demás lo pueden conocer.
Así pues, hay que buscar donde otros no están buscando. La mayoría de
las personas en una industria está ciegas de la misma manera, es decir,
que todas están prestando atención a las mismas cosas y desatendiendo
las mismas cosas. Uno tiene que estar perfectamente sintonizado con lo
permanente y con lo que siempre cambia.
La familiaridad es el enemigo. Existe un enorme peligro en ver lo que
está cambiando a través del lente de lo que ya existe. En la era de la
innovación el futuro no es simplemente más del pasado. Si uno quiere
crear lo nuevo, tiene que desmantelar primero todo su sistema existente
de creencias y reducir a cenizas las cosas que no sean eternas y
universalmente verdaderas. La autoridad que más necesita ser cuestionada
es la de sus propias creencias arraigadas. No se puede usar un mapa
anticuado para encontrar tierras nuevas.
A veces el precio de tardar mucho en llegar al mercado suele ser la
liquidación definitiva. Veamos qué están haciendo las mejores compañías
del mundo:
- Objetivos escandalosamente ambiciosos de que no se pueden alcanzar sin
innovación conceptual.
- Trabajar a partir del cliente.
- Una meritocracia de innovación, en la cual las grandes ideas triunfan,
vengan de donde vengan.
- Una definición bastante elástica y en evolución de los servicios que
se ofrecen.
- Rápida experimentación y prototipos que permiten poner a prueba y
definir nuevas ideas con una velocidad que deja a los competidores
tradicionales sin resuello.
- Recordar que en un mundo que cambia rápidamente, aferrarse a una sola
tecnología o a un concepto particular del negocio asfixia la innovación
y al final acaba con la compañía.
Ninguna compañía alcanza más que sus aspiraciones. Debemos crear la
cultura “por qué no”, en vez de “por qué”.
El valor de dejar atrás parte de sí mismo y de avanzar hacia lo
desconocido no proviene de una banal afirmación de que “es bueno
cambiar” sino de devoción a una causa que valga la pena. Hay que mudar
la piel periódicamente, cancelar uno su propio capital intelectual
depreciado.
Nuestros sueños ya no son fantasías sino posibilidades. La innovación no
es todo, pero sí es lo más importante.
Harvard Business School Press
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