E-learning corporativo: herrar o quitar el banco
05 / 2004
Se diría que vivimos, en las grandes empresas, un cierto tránsito
parcial de la tradicional formación continua en aula, a la más novedosa
–el e-learning– servida por ordenador. Se han puesto en funcionamiento
potentes plataformas, se han incorporado los correspondientes cursos on
line, y se ha instado a los individuos a servirse. Pero, observando el
mercado, más que un paso del restaurante tradicional al self service,
podría pensarse a veces que estamos ante la comida rápida, de
cuestionada calidad. Por ejemplo, vemos cómo se promete aprender a
negociar con éxito en apenas 30 minutos on line, o cómo se argumenta
que, en e-learning, no importa la calidad de los contenidos sino la
motivación de los alumnos. Se llega a decir que, en e-learning, el éxito
se mide por las personas que terminan los cursos (end rate), sin
referirse al aprendizaje y la consiguiente mejora del desempeño,
propósito éste que no debería ser objeto de adulteración o corrupción.
¿Qué está pasando con el e-learning corporativo en España?
No consiguiendo, quizá, encarar las expectativas de
calidad de los usuarios, se dice ya que el e-learning debe
complementarse con formación en aula, y se predica el blended learning.
Empero, la cosa no es tan fácil para los responsables de recursos
humanos, porque hay quien sostiene que la mayoría de los proveedores que
son excelentes en e-learning no lo son en formación presencial, y al
revés. Curiosamente, quien esto sostiene, Carlos Pelegrín, director de
formación de Telefónica de España, también dice que, en e-learning, los
mejores resultados se obtienen con contenidos de calidad media, ya que
“los contenidos excelentes no aseguran absolutamente nada, e incluso
pueden conducir al fracaso”. Pero quizá lo de la excelencia, hablando
del e-learning, sea una exageración: los usuarios no parecen mostrarse
muy satisfechos con el tránsito. Se viene además reconociendo en
diferentes foros que el e-learning es mucho más potente de lo que se
está viendo, aunque se añade que hacerlo bien resulta caro.
Reingeniería en marcha
Cogiendo distancia, parece incuestionable que la formación continua
precisaba de una cierta reingeniería que apuntara, sinérgicamente y
entre otros, a algunos objetivos concretos. Este articulista, aunque
introduce lo de la autotelia, no inventa realmente nada, y quizá olvida
algo:
Impulso del autoconocimiento, la autocrítica y la mejora permanente.
Protagonismo y motivación intrínseca de las personas, para un
aprendizaje sólido y autotélico.
Combinación de la formación orientada a la tarea con el desarrollo de
competencias técnicas y personales.
Eficacia de los esfuerzos aplicados, que se traduzca en resultados
empresariales.
Desarrollo estratégico de directivos junior, que asegure la consecución
de los cambios socioculturales pendientes.
Aprovechamiento del avance técnico y metodológico.
Atención al corto, medio y largo plazo.
A esta evolución contribuyeron quizá elementos como el aprendizaje
servido por ordenador, el competency movement, los cambios culturales en
las empresas, la difusión de la serendipitosa Red (Internet), la
necesidad de mejorar la competitividad, postulados como la learning
organization y el knowledge management, etc. En los párrafos que siguen,
si el lector nos acompaña, nos referiremos particularmente al
e-learning, y explicaremos lo del herrador y el banco.
El e-learning corporativo
Ya desde que apareció la Enseñanza Asistida por Ordenador en los años
80, los proveedores mostraron gran confianza en el desarrollo de la
modalidad, y también las grandes empresas del sector de la tecnología
parecieron apostar por ella en nuestro país (Telefónica, Alcatel...). Su
desarrollo, sin embargo, fue discreto cuantitativa y cualitativamente,
hasta que llegó la explosión de Internet para reforzar las expectativas,
y se empezó a ver (finales de los 90) el e-learning como una especie de
imparable avalancha: los proveedores se asociaron (APeL, AEFOL) en 2001
en defensa de sus intereses, las grandes empresas montaron sus
plataformas, y el e-learning constituía ya un sonoro buzzword del
escenario neosecular.
¿Qué ha pasado en el periodo 2000-2003? Pues parece que el e-learning
corporativo no está siendo suficientemente eficaz, y se empieza a
hablar, por ejemplo, de la googlelización del mismo, de que lo bueno son
los simuladores, y de que el e-learning debe combinarse con formación
presencial (blended learning). Ya nos hemos referido a ellas en otros
artículos, pero cabe recordar aquí llamativas declaraciones de José
Ignacio Díez –consejero delegado de FYCSA recientemente elegido
vicepresidente de la Asociación de Proveedores de e-Learning (APeL)– que
identifican el éxito de la formación on line con el start rate y el end
rate, sin aludir a los niveles de Kirkpatrick; y que relativizan la
importancia de los contenidos, recordando que “quien más y quien menos
–aquí el autor alude a la universidad y a los apuntes que tomábamos,
para sostener su argumentación– se ha visto obligado a adquirir
conocimientos complejos con medios precarios”. Aunque FYCSA se dedica a
la creación de contenidos on line, a medida y de catálogo, Díez
recomienda a las empresas que dosifiquen bien su inversión en
contenidos, y apunta a los elementos motivacionales como factor de
“éxito” (es decir, para lograr una elevada participación de las personas
en los programas on line). Este proveedor declara que alcanza, en los
proyectos on line que gestiona, un end rate global del 72,6%, y habla de
éxito en los casos que superan el 75%.
Por otra parte, hay que recordar que la participación de las personas en
los cursos on line se estimula a veces mediante sistemas de puntos o
créditos con recompensa posterior. Uno, que durante años se dedicó al
diseño de cursos off line y on line, y a la función de seguimiento
tutelar en campus virtual, cree que el e-learning requiere motivación
intrínseca y que ha de ser autotélico; cosa bastante distinta de lo que
pasaba en la universidad, en la que, en general, el aprendizaje era más
exotélico y la motivación más extrínseca: estudiábamos, sobre todo, para
aprobar, y quizá no tanto para aprender. Consideramos, pero no
compartimos plenamente, en suma, la analogía de Díez entre la formación
continua y la universidad.
Blended learning
Parece sostenerse, en general y como ya hemos recordado, que, para
mejorar la calidad y eficacia de la formación, el e-learning debe
combinarse, a modo de refuerzo, con sesiones presenciales en aula. Bien,
pero, ¿no sería más (o igualmente) propio hablar de formación presencial
que, para mejorar su rendimiento o rentabilidad, se ayudara de sesiones
individuales on line, como también y según los casos, de lecturas de
interés o de ejercicios individuales y colectivos? Efectivamente, habría
que analizar cada caso, y, cuando necesitemos un ejemplo, nos
referiremos en este artículo al desarrollo de las denominadas soft
skills que, en realidad, son necesarias tanto para directivos como para
knowledge workers y otros colectivos.
Ante la necesidad de desarrollar fortalezas o habilidades como el
pensamiento conceptual, la perspectiva sistémica, la capacidad de
síntesis, la empatía, el liderazgo, la creatividad, la alegación, la
evaluación, la intuición, la expresión oral y escrita, la indagación, la
conciencia organizacional, la integridad, la iniciativa o el
autodominio, cabe preguntarse si ello es posible; y, para responderse,
cabe pensar primero en los riesgos e inconvenientes que su carencia
genera. Efectivamente, se puede avanzar hacia estas metas y otras
parecidas, y además, vale la pena intentarlo. El e-learning, que
apareció concurriendo con el competency movement, parece haberse
mostrado insuficiente para estos propósitos; pero uno duda de si la
insuficiencia está en el propio método, o, más probablemente, en los
contenidos ofrecidos. Nos sumamos a los que piensan que el e-learning
podría dar mucho más de sí, en lo que a eficacia didáctica se refiere,
mediante contenidos de calidad.
Si el e-learning no estuviera contribuyendo al aprendizaje, habría que
cerrar y “quitar el banco”, como si el herrador no herrara; o, dicho de
otro modo, si el e-learning no resultara eficaz, debería despejar el
horizonte y rendirse a la formación en aula, o al desarrollo de otros
métodos eficaces. Una frase discutible (propia): “La formación continua
de los trabajadores y directivos debe encargarse, si es posible, a
profesionales de la docencia en los campos correspondientes, que se
ayudarán de los métodos más idóneos y rentables, atendiendo al
protagonismo de los individuos y a la consecución del aprendizaje y la
mejora del desempeño”. El tono la hace sospechosa, pero viene a decir
que la formación eficaz es cosa de docentes expertos, y no de tecnólogos
o de inexpertos: a veces una perogrullada resulta oportuna, si el lector
me permite pensar en alto.
Tanto el diseño de cursos on line, como el seguimiento tutelar o la
impartición en aula, habrían de ser obra de buenos docentes, y lo digo
porque, desde mi limitada observación, he echado de menos la magia del
buen docente en demasiadas ocasiones, cuando accedía a demos de
e-learning. De hecho, la formulación de pretenciosos objetivos en cursos
on line de apenas un par de horas (o menos) de duración, parece –como
seguramente diría Javier Martínez Aldanondo, prestigioso consultor de
este sector– una trivialización del aprendizaje.
Herrar o quitar el banco
Pues eso: si el e-learning no demostrara su eficacia como método
alternativo e independiente, habría que situarlo, definitivamente, en la
lista de métodos complementarios o dependientes, o de learning aids.
Desde mi modesto punto de vista, el e-learning corporativo tendría que
haber mostrado ya su independencia en no pocos campos y en etapas
específicas, porque la tradicional formación a distancia, o aquella
minoritaria enseñanza programada impresa, han funcionado como métodos
alternativos durante décadas. El e-learning debe hacerlo. El e-learning
debe mostrar su eficacia (conseguida mediante contenidos bien concebidos
por expertos) y rentabilidad en la consecución de objetivos concretos y
realistas.
Pero, si por herrar entendemos poner las herraduras a las caballerías, y
para ello necesitábamos el banco, ¿qué entendemos por e-learning?
Básicamente, el aprendizaje mediante contenidos y servicios que nos
llegan por el ordenador. Naturalmente, un buscador nos puede llevar a
contenidos de interés, pero parece más aconsejable disponerlos ad hoc,
en las plataformas o campus virtuales ya desplegados en las empresas. Ha
habido quizá una tendencia a convertir los cursos on line en escenario
de alardes técnicos multimedia y ostentación de interactividad; no
obstante, según los objetivos a conseguir, un texto lineal (que incluso
se saque por impresora) podría resultar suficiente y satisfactorio:
depende del caso, y sin olvidar consultas a tutor y participación en
foros virtuales y virtuosos. La calidad de los contenidos nos parece
inexcusable, y también nos parece importante disponer un diálogo
usuario-sistema, cuando es necesario y está bien concebido, como en
aquella enseñanza programada impresa. A fin de autoevaluación y refuerzo
didáctico siempre vendría bien el diálogo, a menos que las preguntas o
respuestas del sistema añadieran poco o nulo valor.
En espera de la opinión del lector, uno se decanta por productos de
e-learning, de catálogo o a medida, de sólido y eficaz contenido, con la
necesaria dosis multimedia y de interactividad, que propicien la
consecución de objetivos concretos y edificantes. Hay, seguramente,
objetivos que pueden alcanzarse mediante e-learning, y hay también otros
que quizá demandan otros métodos, únicos o combinados; pero siempre ha
de hacerse un buen uso de cada método, ya que es el contenido lo que da
sentido al continente (otra perogrullada). Son, desde luego, muchas las
voces que apuestan por la eficacia y la calidad.
Preocupados por la calidad y eficacia del e-learning
Las demandas de eficacia y satisfacción de los usuarios son constantes,
y sólo recogemos aquí una pequeña muestra. José Antonio Ortego, de
Oracle, señala que “los programas de formación on line, para que tengan
éxito, deben reunir unos requisitos mínimos de calidad”. Ángela Cruz,
directora de Alcatel University, señala: “El contenido de los cursos es
de máxima importancia para una experiencia positiva”. Antonio Peñalver,
del SCH, se muestra también preocupado por el aspecto pedagógico, y
habla de “conseguir un aprendizaje armónico y sencillo para el usuario”;
y refiriéndose a la fidelización de los usuarios, Peñalver dice: “El
grado de satisfacción del usuario con la oferta formativa hace que se
sienta cada vez más proclive a realizar actividades docentes...”. Los
expertos de la UOC, María Teresa Arbués y Lluís Tarín, parecen
considerar fundamentales los materiales didácticos, y sostienen: “En el
contexto de la formación virtual, la creación, diseño y estructuración
de los materiales y recursos didácticos son etapas de un proceso
fundamental, que se ha de abordar con rigor para asegurar la calidad de
los programas y la facilitación del aprendizaje”. Carlos González, de
Caja Madrid, dice que “...la tecnología es una condición necesaria (...)
pero la suficiencia que puede garantizar el éxito proviene de ofrecer
servicios y contenidos desde una perspectiva cliente-proveedor”.
Seguimos. En la web de Capgemini se lee: “La disponibilidad de
contenidos de calidad, atractivos y eficaces, unido a la utilización de
una plataforma líder de mercado, le permite iniciar los procesos de
e-learning en su empresa, con TODAS LAS GARANTÍAS DE ÉXITO”. Javier
Martínez Aldanondo sostiene: “La razón por la que muy poca gente es
capaz de disfrutar haciendo un curso vía e-learning es porque quien lo
ha diseñado, lo ha hecho pensando en sí mismo, en lo que sabe y en lo
que cree que los demás deben saber”. Marie Christine Jené, de ITACA:
“Pero poca gente se ha parado a pensar en la necesidad de llenar de
contenidos estos potentes soportes, y aún menos de contenidos con
calidad, adaptados a las necesidades del usuario final”.
Y más. Leemos en vnunet.es: “En segundo lugar, la consultora (se refiere
a Forrester) llama la atención sobre los desastrosos efectos del uso de
contenido pobre o aburrido, ya que constituye uno de los principales
enemigos del éxito del e-learning y conduce directamente al rechazo por
parte de sus potenciales usuarios. De acuerdo con Forrester, el
contenido que simplemente responde al requerimiento de poder leerse en
un soporte electrónico no es el que atrae la atención de los usuarios, y
si no responde a las verdaderas necesidades de los alumnos permanecerá
inutilizado. Ante este riesgo es necesario asegurarse de que el
contenido está bien producido desde el punto de vista técnico y que su
diseño atrae a los alumnos, de manera que seleccionar cuidadosamente los
contenidos que necesita cada uno de los empleados para crecer
profesionalmente a largo plazo es mucho más efectivo que limitarse a
adquirir librerías de contenidos con centenares de títulos; sin olvidar
que también resulta fundamental asociar los contenidos seleccionados a
las competencias clave de los empleados de la organización”.
Un ejemplo
Creemos que queda patente la preocupación por la calidad, pero ahora
vamos a ver etapas de desarrollo en que el e-learning podría ser
autosuficiente, sin acompañarse de otros métodos. A menudo, cuando envío
mis textos a las personas que en los mismos cito, me preguntan qué
pretendo con mi artículo, y me sugieren matizaciones que incorporo; en
este texto y modestamente, intento defender la independencia del
e-learning como método, sin perjuicio del blended learning cuando
resulte inexcusable, y siempre con las debidas exigencias de calidad.
Entiéndase bien que defiendo la independencia del e-learning en casos
concretos y no de modo universal, y lo mejor, si el lector sigue
conmigo, es que ponga un ejemplo. Pues eso: por ejemplo, el e-learning
podría resultar independiente (o sea, autosuficiente), como alternativa
al aula, en los tres o cuatro primeros pasos del desarrollo de soft
skills. Veamos los pasos.
1. Pleno conocimiento de la anatomía y dimensiones de la soft skill.
2. Sensibilización sobre el aporte de la misma al desempeño.
3. Estudio de riesgos generados por las carencias correspondientes.
4. Evaluación/autoevaluación del individuo, con feedback si fuera
preciso.
5. Plan de mejora, establecido con tutor (coach).
6. Acciones de desarrollo de cada dimensión de la competencia.
7. Seguimiento tutelar del progreso, a modo de coaching.
8. Reflexión-introspección.
9. Asentamiento e interiorización.
10. Comprobación de la mejora del desempeño y los resultados.
Mi modesta impresión, si se acepta esta secuencia, es que, para no pocas
habilidades cognitivas y emocionales, al menos los tres primeros pasos
podrían resolverse mediante e-learning, como alternativa idónea (por más
rentable y flexible) a otros métodos. Incluso, como ya he postulado en
otros artículos, el desarrollo de soft skills podría emprenderse por
familias. Por referirme a casos concretos, yo recomendaría abordar, en
su caso y en paralelo, el desarrollo del pensamiento conceptual, el
sistémico, el analítico y el sintético; y recomendaría cultivar juntas
la intuición, la creatividad y la serendipidad. Tal vez se verá aquí
algún subyacente intento de exoterizar lo esotérico, y también un
reconocimiento del solape entre competencias.
Concluyo
Con la pretensión de alimentar el debate, he querido argumentar que un
e-learning de calidad puede conseguir metas sólidas y concretas, sin
necesidad de combinarse con otros métodos; pero, naturalmente, si las
metas son ambiciosas y lejanas (por ejemplo, el desarrollo de soft
skills en personal directivo, a lo largo de todos los pasos necesarios),
parece necesaria una coordinada combinación de acciones y métodos.
Claro, si los contenidos del e-learning no resultaran idóneos, habría
que “quitar el banco” y cambiar de método... Lo que yo no veo bien es
que se haga aparecer la formación en aula como mero refuerzo del
e-learning, para neutralizar sus debilidades; dicho sea sin ánimo de
llevar razón.
En suma y aunque sorprende, si verdaderamente los proveedores de
formación se especializan, organizan o asocian por métodos, como está
ocurriendo (APeL, por ejemplo), convendría definir bien las
posibilidades actuales (podrían ser muchas más que las que vemos) del
e-learning: qué campos puede abordar, qué objetivos puede alcanzar, a
qué usuarios se dirige, qué formas adoptan sus contenidos, qué niveles
de calidad son exigibles, qué hay que hacer para alcanzarlos, etc.
Sólidos fundamentos tendrá el director de formación de Telefónica, al
sostener su visión de la calidad ofrecida por los proveedores de
formación, porque esta gran empresa es uno de los principales clientes
del mercado, dispuesta además a invertir 10 millones de euros en
e-learning en 2004, tras proclamarlo previamente; por eso quizá habría
que definir mejor las conexiones objetivos-métodos-contenidos. Se trata
–eso nos parece– de alcanzar un aprendizaje eficaz y autotélico que
mejore los resultados empresariales: este propósito debería imponerse
sobre cualquier asomo de trivialización, adulteración o corrupción del
aprendizaje permanente. De otro modo, no sabríamos de qué estamos
hablando.
Por añadir algo más de propia cosecha, yo recomendaría algo concreto:
que hubiera productos “universales” (y, por tanto, a mejor precio) para
los tres primeros pasos del desarrollo de las principales competencias
cognitivas y emocionales de los directivos y knowledge workers, y que
luego cada empresa emprendiera los siguientes pasos más “a medida”.
Difícilmente se puede entender de manera muy distinta el pensamiento
conceptual, o el sistémico, o la empatía, o la iniciativa, o la
conversación penetrante, o el autocontrol, o el liderazgo, o la
flexibilidad, etc., por diferentes clientes, aunque sus modelos de
competencias no sean coincidentes. Pero seguramente hay otros espacios
en que el e-learning puede resultar eficaz y autosuficiente; y habrá
igualmente otros espacios para una cierta polivalencia de los
contenidos, que mitiguen el coste de lo “a medida”. Lo dejo aquí. Espero
haber contribuido un poquito al debate, y estaré atento a su evolución
(la del debate en el sector); naturalmente, no pretende uno imponer sus
alegaciones, sino apenas nutrir una discusión más penetrante.
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Ing.
José Enebral Fernández
"Consultor
de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y
nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación
continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante
métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información
y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en
diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training &
Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso,
Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red".
enebralarrobainves.es