La situación interna actual presenta cinco elementos distintivos:
A partir de la devaluación / pesificación se ha producido una enorme
variación de los precios relativos con el efecto redistributivo que ello
trae aparejado.
Una situación internacional muy beneficiosa para los precios agropecuarios que afectan positivamente el balance comercial del país.
El déficit fiscal ha tornado en superávit y la economía ha abandonado el ciclo recesivo.
Las autoridades han sido democráticamente elegidas y están haciendo uso pleno de sus poderes.
Existe un acuerdo con el FMI y apoyo de países claves como Estados
Unidos, España y Francia.
La situación externa muestra tres:
Un dólar fuertemente devaluado como consecuencia del triple déficit de
los Estados Unidos: fiscal, comercial y de balanza de pagos.
Una situación diferente a los ´80 y ´90 donde había varios países en default o cercanos al default.
Hoy Argentina es el “único” país en el mundo en tal situación.
Brasil, nuestro socio y principal competidor, ha sido encaminado por el
gobierno de Lula por una senda de mejores perspectivas que la Argentina,
lo cual se evidencia en un riesgo país que ronda los 527 puntos contra
los 5917 de Argentina, 196 de México, y 645 de Venezuela.
Al analizar esta reseña queda claro que la posición de negociación debe
flexibilizarse porque no es lo mismo negociar desde un país desvastado
por una crisis interna y externa que desde otro encaminado por una senda
de recuperación.
La mejora experimentada en la situación interna privilegiada, además,
por el no pago de la deuda durante dos años (con la excepción de
organismos internacionales), genera recursos para el pago.
Esto complica la visión que de nosotros tienen nuestros acreedores:
Porqué no pagamos si estamos mejor.
La situación internacional aísla a la Argentina a negociar sin aliados
dada su condición de “único” país con problemas de default. Origina una
situación de “no necesidad internacional de salvatajes”.
Ahora bien, dado este marco, cabe preguntarse porqué el gobierno insiste
en una posición irreducible de negociación basada en una quita del 75 %.
Debe aclararse que en términos financieros la tasa de interés o la tasa de descuento del mercado, según sea, es una función directa del plazo y del riesgo asumido.
La tasa de interés retribuye al valor prestado y la de descuento nos
permite establecer el valor presente de un valor futuro. Es el concepto
de quita similar al concepto de descuento?
No, la quita esta implicando aceptar un menor valor de la deuda que el
establecido por el mercado ya sea al descontar los valores futuros a una
tasa mayor, o al alargar los plazos de pago, o al no reconocer intereses
impagos, o lisa y llanamente, por cambiar deuda a un valor nominal bajo
la par. O sea, estaríamos definiendo “un premio”.
Porqué un acreedor aceptaría estas condiciones de no mediar un esfuerzo
equitativo de la contraparte? Porqué un deudor debería recibir un premio
anticipado por el no pago de su deuda?.
Obviamente, no parecería haber buenas razones para ello. Si la quita, en
estos términos, implica un esfuerzo presente de los acreedores (aceptar
la misma) contra un esfuerzo futuro del deudor parece haber una
descompensación de esfuerzos al respecto.
Seguramente es así. Por eso la quita debería ser justamente lo
contrario, es decir, parte del premio que recibiría el país por honrar
su deuda en término. O sea, una consecuencia de ese esfuerzo (gran
disciplina fiscal, lucha contra la evasión impositiva, redefinición y
disminución del gasto) y no una condición precedente.
Enfocado de esta manera parecería tener más sentido negociar rebajas
importante en la tasa de interés (incluso tasa cero), un recorte de los
plazos ofrecidos (el mayor plazo representa mayor esfuerzo fiscal en
pagar intereses y no en pagar capital), la renegociación de los
intereses vencidos impagos, o el ofrecimiento de garantías de libre
disponibilidad en el exterior.
Hacer foco únicamente en la “quita” parece mostrar poca decisión de pago
y poca vocación de esfuerzo. Llevarse los puntos sin jugar el partido.
Más que focalizarse sobre una “quita”, parece tener sentido negociar
abiertamente sobre la modificación de condiciones presentes y futuras
que podrían sin lugar a dudas allanar el camino de la renegociación de
la deuda.
Licenciado en Economía en la Universidad Nacional de Rosario; Consultor de Empresas y Bancos especializado en temas de Riesgo. Profesor de los postgrados de Finanzas en Universidad de Belgrano en las cátedras de Evaluación del Riesgo de Crédito y Evaluación de Proyectos de Inversión. Ex Vicepresidente de Riesgos PYME en Citibank
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