Estos son procesos de integración económica formales y legales donde
los países miembros tienden no solo a armonizar sus políticas comunes
sino a favorecer el comercio intra-regional.
Pero existen formas de integración, informal e ilegal, perniciosa y que
atentan contra el libre comercio, ya no a nivel de gobiernos sino de
poderosos grupos de interés, tales como el trafico fronterizo y el liso
y llano contrabando.
Esta práctica comercial que no es exclusiva de Latinoamérica, se la
puede observar en todo país del mundo que imponga barreras al comercio.
De hecho que, tal como otras situaciones anómalas no podrían existir sin
la anuencia, silencio y hasta en ocasiones participación subterránea de
los gobiernos o gobernantes de turno que, generalmente heredan tanto la
situación como el negocio.
Por lo general el contrabando, mas allá de su figura aduanera es un tema
del que no solo no se habla y se trata de tapar con un manto de
ingenuidad, suponiendo que no nos afectará, sino que a veces hasta nos
hacemos cómplices al aprovechar una supuesta oferta conveniente.
Cuando se analiza la situación macro económica buscando nuestros males,
así como cuando pensamos en expandir nuestro comercio de exportación no
consideramos este oculto competidor que nos barre del mercado al jugar
con diferentes reglas de juego que no queremos o podemos utilizar.
Por más que intentemos ignorarlo, el contrabando en toda América Latina
es una realidad.
Si así no fuera, y si no se contase con la anuencia y complicidad de los
gobiernos, Paraguay y Bolivia, solo por dar un ejemplo, no estarían
justamente ahora condonando multas y aceptarían registrar como de
importación legal la tenencia de los llamados autos “chutos” por la cual
un automóvil sustraído y contrabandeado puede ser reconocido como legal,
y así con muchos otros bienes, sin imputabilidad para el tenedor de los
mismos.
Esto no solo ocurre con bienes tan manifiestos como los automóviles,
sino que la cadena ilegal del contrabando alcanza a prácticamente todos
los bienes de consumo, inmediato o duradero y en toda América.
Así textiles, electrónicos, bebidas, relojes y cuanto artículo pueda uno
imaginarse son comercializados ilegalmente en diferentes plazas de
nuestra América.
Ante este cuadro, se nos presentan varias cuestiones.
La primera de ellas es la real aplicabilidad en el campo de los
negocios, de los acuerdos que con toda pompa los gobernantes firman
comprometiéndose a concederse ventajas arancelarias y a propender a la
integración.
La segunda es respecto a que sentido tienen las políticas de exterior
así como planes de exportación “legal” de nuestros empresarios con
destino a esas zonas, que se verán ridiculizados o forzados a cotizar
“en frontera”.
Para que el contrabando sea posible se necesita la participación o
pasividad de al menos dos gobiernos, el de salida o tránsito de las
mercaderías y el de recepción.
Hasta que este mal no pueda ser erradicado, con la vocación y voluntad
de todos los gobiernos será inútil hablar de políticas de exportación,
beneficios y divisas, así como la firma de acuerdos bilaterales de
dudosa posterior aplicación.
Dicho de otra manera, nuestras posibilidades de exportación a muchos
países de la zona no dependen en muchos casos de una eventual diferencia
cambiaria, o de una posición más o menos competitiva del parque
empresarial sino de comprender el accionar de estos impunes grupos de
poder.
Este artículo fue escrito por el Dr. Carlos A. Ledesma, director de Heller Consulting
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