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Se llamen como se llamen, organizaciones inteligentes, innovativas,
vivas, adaptativas, transformativas, las empresas conscientes de su
presente y preocupadas por su futuro intentan aprender para respoder
rápidamente a los cambios externos y para pensar en el futuro de forma
más imaginativa. Y sin embargo, la mayoría de las iniciativas de
aprendizaje y de cambio fracasan.
A comienzos de los años 90, estudios realizados por Arthur D. Little y
MacKinsey demostraron que de los cientos de iniciativa de “Gestión de la
Calidad Total”, aproximadamente dos tercios se paralizan. La
“reingeniería de procesos” no ha tenido mucho más éxito. El eminente
profesor John Kotter publicó en la Harvard Business Review de
marzo-abril de 1995 que de un estudio de cien procesos de cambio
iniciados por los primeros ejecutivos, más de la mitad no pasó de los
primeros pasos. Muy pocas tuvieron muy poco éxito y otras pocas fueron
un fracaso total. La mayoría estaba en la parte inferior de la mediana.
Aún sin estas y otras estadísticas, todos conocemos esta realidad y
sabemos que no es por falta de interés, ni de tiempo ni de recursos
empleados. Y sin embargo necesitamos saber cómo aprender y cómo aprender
a aprender.
Mi modesta contribución a esta tarea, en los quince minutos que me
quedan consistirá en proponerles dos hipótesis, que no certezas, y una
metáfora. Y puesto que son ustedes líderes y directivos, considero mi
obligación referirme a los factores de conocimiento que dependen de
ustedes, aunque no sólo de ustedes.
Si esfuerzos, deseos, recursos y tiempo no bastan para adquirir el
aprendizaje que necesitamos, la primera hipótesis que les propongo es
que quizá ponemos todos nuestros medios racionales, conscientes pero que
nos falta “algo” para aprender.Y este “algo” no puede ser otra cosa que
lo que se nos presenta como menos racional, incluso a veces como
irracional: nuestros sentimientos y emociones, cuestiones subyacentes,
bajo la superficie, que a veces se nos escapan.
No es posible hablar de liderazgo, de dirección de empresas sin
asociarlos con los procesos de cambio. Dirección sin cambio significa
conducir el “status quo”, es decir gestionar algo para que deje de
existir.
Y ya me adentro en tierras movedizas para intentar compartir con ustedes
una primera hipótesis: todo cambio implica ansiedad. Los seres humanos
nos hemos asociado desde siempre en tribus, clanes, religiones, tabúes
culturales, etc.; y uno de los objetivos era defendernos de los miedos y
de las ansiedades. Las organizaciones no pueden ser ajenas a este deseo
profundo de todos los seres humanos porque como han escrito hace unos
años los profesores Goshal y Bartlett en la Harvard Business Review la
empresa está cumpliendo un papel social preeminente por el desprestigio
de otras instituciones sociales, familiares y políticas. Si pueden estar
de acuerdo con lo que acabo de decir, nos encontramos con una primera
paradoja. Frente al cambio exterior que produce miedos e incertidumbres,
la empresa puede proteger a sus componentes con la aparente certidumbre
que proporciona el inmovilismo. Habría una apariencia de contención de
ansiedad a costa de apartarse de la tarea primaria de la empresa que
tiene que llevarle a intentar su supervivencia a través de los
resultados de todo orden.Y perseguir sus objetivos cambiando también
produce ansiedad por lo incierto del camino a recorrer y la inseguridad
de alcanzar los objetivos.Sigo presentándoles hipótesis: en estas
condiciones de ansiedad, el aprendizaje es muy difícil por no decir
imposible.
Si el profesor Marina nos habla de la necesidad de tener y usar un
diccionario de los sentimientos, quizá no sea muy atrevido que yo añada
que algunos somos un poco o bastante analfabetos emocionales.
Me he referido a emociones que tienen connotaciones negativas- insisto
en que son connotaciones- y por ello a veces nos cuesta identificarlas y
reconocerlas. También hay otras con connotaciones positivas, la
necesidad de afecto, de reconocimiento, de estima, de pertenencia, que
las empresas “sanas” pueden proporcionar. Para mí, una empresa “sana” es
aquella que tiene muy clara su tarea primaria y es capaz de entender
primero y de encauzar después las emociones que la desvían de esa tarea;
y ,sobre todo, será y estará muy sana aquélla que, además, o en primer
lugar, estimule esas otras emociones que hemos llamado positivas que le
van a permitir conseguir esa tarea primaria.
En mi experiencia, la empresa moderna está llena de ansiedad generada
por la incertidumbre del entorno; mercados nuevos, competidores,
tecnologías, partícipes o “stakeholders” con nuevas demandas. Ciclos de
vida de productos mucho más cortos. Imposibilidad de planificar a medio
y largo plazo. Fusiones y adquisiciones. Productos sustitutivos que
crean mercados nuevos al tiempo que destruyen los existentes.
Reducciones de plantilla. Las amenazas son tan grandes e imprevisibles
que no sabemos qué será de nosotros, de nuestra empresa en el futuro
próximo.
Sugiero que un primer bloque de aprendizaje directivo fundamental, es
decir, que refuerza e incrementa el conocimiento consiste en entender
estos procesos de ansiedad y en saber contenerlos. Cuando un directivo
se encuentra con una persona que le crea problemas; que le cuestiona;
que continuamente le argumenta, no está ante un individuo
problemático-aunque puede serlo-sino ante aquél en quien todo el grupo
ha proyectado su ansiedad, aunque los demás se muestren nerviosos o
incómodos en la reunión y dando a entender con su mirada o lenguaje
corporal que se disocian, que no coinciden con quien está planteando los
problemas. Es el “canario” de la organización.( Durante los siglos XVIII
y XIX los mineros británicos llevaban a los pozos de la mina una jaula
con un canario. Este pájaro es muy sensible al grisú y moría apenas lo
inhalaba: era la señal para que los mineros abandonaran el tajo porque
el peligro de explosión era inminente).
El líder debe estar convencido y transmitir a los seguidores que los
peligros que acechan a la empresa son externos. Esto significa entender
que ni nuestros subordinados, ni otros directivos, ni otras divisiones o
departamentos de la empresa son las verdaderas amenazas. También los
seguidores tienen que asumir que el riesgo con el que viven no procede,
no le generan sus líderes. Una de las formas en que esta situación de
ansiedad se pone de manifiesto en la organización es negar que la
amenaza procede del entorno, idealizando a determinados líderes o
proyectos. También los directivos pueden alimentar ciertas fantasías de
forma inconsciente. Una de ellas consiste en creer y actuar como si todo
es, puede ser y debe ser previsto, planificado y controlado.
Antes al contrario, sostengo que los directivos no controlan su propio
destino ni mucho menos el de sus organizaciones ni el de sus clientes,
competidores, mercados, etc. tal como generalmente imaginan, fantasean.
El control se ha convertido en artículo de fe. No es casual que cuanto
mayores son los sentimientos de inseguridad, mayor es la necesidad de
creer en elementos de control.
La complejidad que caracterizan los entornos empresariales actuales caos
no tiene gestión ni control absolutos. La propia idea de control es una
ilusión, aunque pueda servir cultural y políticamente y satisfaga
algunas necesidades psicológicas. Cuando los deseos no se pueden
satisfacer en la realidad, la fantasía de lograrlo puede reducir la
ansiedad. Por eso conviene a los subordinados tener esta idea grandiosa
de la gestión de empresas, idealizando a los líderes como super-hombres,
con omnipotencia y omnisciencia. Si los vieran como seres dubitativos,
normales, cuestionarían su capacidad de dirigir y, al tiempo, estaría en
peligro su trabajo, su situación.
La dependencia puede ser cómoda. Ver a los líderes como omnipotentes les
permite seguir transfiriéndoles las imágenes de autoridad y les da una
seguridad dependiente.
Es frecuente que las relaciones de autoridad en la empresa alimenten la
transformación de los riesgos exteriores en amenazas interiores. Las
situaciones peligrosas movilizan nuestras fantasias y nuestros recuerdos
de figuras de autoridad ,y su representación en normas, reglas,
procedimientos y divisiones departamentales.
Frente a las amenazas recurrimos a nuestros sentimientos olvidados de
dependencia de nuestros padres y nuestros profesores.¿Nos
protegerán?;¿Nos harán daño?; ¿Nos dividirán?.Estas fantasías pueden
conformar nuestros intentos de afrontar los riesgos y las amenazas. Por
ejemplo, algunos subordinados o seguidores pueden imaginar que ellos, al
contrario que otros, están protegidos porque tienen una relación
especial con el líder. Los líderes pueden abdicar su autoridad y culpar
a los seguidores del fracaso de la empresa o del proyecto. Los
seguidores pueden odiar a un líder al tiempo que rechazan que las
habilidades del directivo protegen y desarrollan la organización.
A medida que el entorno se hace cada vez más turbulento no podemos
permitir que estos procesos psicológicos condicionen nuestro pensar y
nuestro actuar porque si lo hicieran, la empresa estaría en peligro. Por
el contrario, tenemos que desarrollar una cultura de apertura en la que
los líderes, los seguidores y los iguales se muestren más vulnerables
los unos a los otros como una pre- condición para afrontar los retos
externos. Tienen que reconocer cómo cada uno ha contribuido a los éxitos
y a los fracasos de la empresa al tiempo que movilizan las fortalezas de
cada uno y limitan el efecto negativo de sus debilidades.
Para fomentar una cultura de apertura, las organizaciones deben crear
nuevas relaciones de autoridad. Los líderes tienen que mostrarse más
vulnerables. Tienen que poner en peligro su “autoridad aparente”( la
autoridad que anuncia que son ellos quienes llevan el timón) para
profundizar en su “autoridad sustantiva”( la que se deriva de dirigir un
equipo con alto desempeño).Por su parte, los seguidores tienen que
superar su excesiva dependencia de la autoridad y su hostilidad hacia
ella. Cuando uno acepta la autoridad está aprendiendo a “dirigir como
seguidor”. Puesto que son ustedes líderes pueden preguntarme cómo
conseguir o mejorar la condición de sus seguidores. Y no tengo la
respuesta; en mi trabajo profesional me defino como el consultor del “no
saber”.Pero como facilitador, no puedo estar de acuerdo con que son
únicamente los líderes quienes tienen que “hacer” buenos seguidores.
Estaríamos ante una nueva forma de jerarquía y de autoridad cuya validez
está cuestionada seriamente por nuestra experiencia real. De nuevo tengo
que recurrir a los sentimientos: en un lenguaje sentimentalmente romo
podría decirles que la mutua lealtad y el apoyo son dos de los
requisitos de una buena relación entre líderes y seguidores; permítanme
que mejore mi lenguaje emocional para afirmar que seguramente sólo el
afecto y el amor son capaces de generar buenas relaciones
líderes-seguidores. Tenemos el caso de Marie y Pierre Curie.En la
ficción, de Sherlock Holmes y Watson.En nuestra gran literatura, Don
Quijote y Sancho. Son casos en los que no está clara la relación porque
“liderazgo” y ,permítanme el neologismo, “seguidazgo” se intercambiaban.
La buena relación sería parecida a la de un dueto: cada voz es diferente
y las dos contribuyen por igual a la melodía.Aunque es el seguidor el
responsable de que su voz se haga oir, sólo será posible cuando el líder
acepta sus imperfecciones y límites. He utilizado el verbo aceptar como
un sentimiento que va más allá que la comprensión intelectual de la
vulnerabilidad.
Cuando los líderes y los seguidores no pueden crear estas nuevas
relaciones de autoridad eliminan las necesidades auténticas de ayudar y
de ser ayudados. Al intentar protegerse limitando su vulnerabilidad,
están creando procesos psicológicos encubiertos que los separa de los
demás y de la tarea primaria de la organización. El resultado es que el
trabajo real se resiente.
Un factor fundamental para conseguir un aprendizaje eficaz es la
confianza. Una de sus posibles definiciones es “la mutua seguridad de
que ninguna de las partes de una relación explotará las vulnerabilidades
de los demás”. No podemos mostrar nuestras debilidades sin que exista un
nivel de confianza. Es más, la confianza se solidificará cuando nos
mostramos comprensivos y generosos con quienes se nos muestran
vulnerables. Y eso vale para lo líderes y para los seguidores.
Crear una empresa moderna es aprender a andar sobre el trapecio. Frente
a mayores riesgos exteriores, la empresa pide a sus empleados que sean
más abiertos, más vulnerables ante los demás. Pero la vulnerabilidad
puede incrementar la sensación de riesgo que si se hace excesiva,
provocará que los líderes y los seguidores se alejen de sus roles, que
estén psicológicamente ausentes y que tampoco puedan regresar a sus
roles anteriores que ahora son disfuncionales, sin sentido. Los
individuos cuestionan su propia competencia y su capacidad de actuar
autónomamente. Estas fuerzas de regresión se alimentan por las pérdidas
de puestos de trabajo y de carreras profesionales.
En la transición a la sociedad pos- industrial, la ansiedad en torno a
su futuro profesional, lleva a los individuos a retener la información y
el “know how” que adquieren. Incluso se resisten a ayudarse mútuamente.
Experimentan más su propia vulnerabilidad que la de la empresa. Este
primer bloque de aprendizaje debe consistir en crear una dialéctica
nueva entre una cultura de apertura más adaptativa y el cuestionamiento
permanente de por qué nos creemos invulnerables. Sin ello no se
producirá el aprendizaje que alimenta el conocimiento. Termino ya las
hipótesis de este primer bloque: Para que la organización pueda
aprender, uno de los pre-requisitos, quizá el único, es la redefinición
de la relación líder-seguidor. En resumen, del líder se espera que pueda
crear un estilo de relación que facilite al seguidor su contribución
real a la empresa, a su tarea primaria, que pueda desarrollar y adquirir
capacidades y habilidades. También el seguidor tiene que descubrir su
propia voz, su propia opinión y ser capaz de manifestarla. Necesita
cierto coraje personal para poder expresarse, mayor cuanto mayor es la
jerarquización de la organización
A medida que se desarrolla una nueva relación entre el líder y el
seguidor, éste necesitará menos dosis de valor para expresarse. Estamos
hablando de formas nuevas de colaboración. Colaborar viene de
co-laborare, trabajar juntos. Aunque no soy experto en etimología quizá
la palabra esté también relacionada con “colapso”, desintegración. La
relación líder-seguidor tendrá que afrontar la tensión inevitable de
abordar un proyecto creativo basado en estimular lo diferente y lo
común. Al hacer lo primero se corre el riesgo de cultivar lo que puede
dividir y separar, al tiempo que permite alumbrar posibilidades nuevas,
ser más creativo. Las diferencias emocionales constituyen el núcleo de
la creatividad relacional de la misma forma que el pensamiento
divergente es básico para la creatividad individual. No olvidemos que
las diferencias requerirán que la colaboración pase por etapas de
conflicto, desacuerdo y separación; por la aceptación de la
inevitabilidad del conflicto.
A veces, la rebelión del seguidor es su expresión del grado de
influencia que desea en la relación.
Otras, refleja inconscientemente la opinión del grupo( recuerden el
ejemplo del canario).Al líder le toca gestionar esa rebelión; en primer
lugar sintiéndose cómodo en el reto; a continuación manifestando que
estas expresiones de desacuerdo son necesarias en la evolución de una
relación emocionalmente sana. Sin embargo, habría que abordar el
conflicto de forma diferente si el objetivo de la confrontación fuera la
destrucción de la relación. En este contexto es normal que se produzca
alternacia en los roles. El seguidor puede ser líder en algunas
cuestiones sin que el directivo olvide que este intercambio no puede
socavar el diferencial de autoridad. Ya hemos dicho anteriormente que al
líder le corresponde llevar el timón. Como ven, se trata de “navegar
sobre alambre” de un trapecio.
El segundo bloque de aprendizaje que quiero proponerles es la
utilización del pensamiento sistémico y de la modelización dinámica de
los sistemas.
Dice el gran psicólogo y pedagogo francés Piaget que hay dos formas de
aprender, por estimulación o por acomodación. La primera consiste en
buscar formas de comportamiento nuevas que conduzcan a formas nuevas de
actuar. El aprendizaje por acomodación, la propia palabra lo dice:
aceptación, resignación.
En nuestros entornos, este segundo sistema nos lleva a esperar y a
quedarnos sin tiempo para tomar decisiones, para buscar opciones. Claro
que en esta situación, algunos directivos se encuentran muy a gusto
porque con la urgencia no queda tiempo para pensar, prevalece la
decisión del primer ejecutivo o del equipo directivo al más alto nivel:
la autocracia.
Arie de Geus, en su libro “The living company” ha estudiado las
características de las empresas más longevas de todo el mundo y una de
las conclusiones a las que llega es que la razón de la supervivencia no
debe ser que todas ellas contaron o cuentan con las personas más
preparadas y las mejores posibles. La alternativa- añade de Geus- es que
algunas compañías saben sacar lo mejor de su gente, utilizan mejor la
capacidad mental y todo ello durante periodos de tiempo más largos.En
todas las empresas analizadas había personas capaces de ver con claridad
las opciones disponibles.Estas organizaciones tenían y utilizaban el
conocimiento.
Para que el aprendizaje sea generativo de doble o de triple bucle es
necesario que cambiemos algunos paradigmas organizativos.El más
prevalente en la actualidad está basado en el pensamiento de la época
mecanicista. Cuando los directivos tienen que afrontar problemas o
tareas grandes y complejas, casi siempre tratan de dividirlos, de
descomponerlos en partes más manejables. A continuación intentan ordenar
o reestructurar cada parte de forma que funcione lo mejor posible. A
continuación los resultados de estos esfuerzos separados se ensamblan en
una solución del “todo”.Podemos estar seguros de que la suma de las
mejores soluciones de las partes separadas no será la mejor solución
para el todo.
Desde luego que muchos directivos son conscientes de la existencia de
este conflicto entre las partes y el todo. Por eso una de sus funciones
es la de coordinar el comportamiento de las diferentes partes del
sistema porque se piensa que el desempeño óptimo del todo puede
reducirse a la suma de los desempeños óptimos de cada una de las
partes.Sin embargo, el principio sistémico afirma que esto no es posible
y que se necesitan formas diferentes de organizar y gestionar las
partes.
El pensamiento sistémico parte de la creencia de que en cualquier
empresa que se esfuerce en mejorar y triunfar, las partes que la forman,
aisladamente, tienen poco valor salvo cuando interactúan con las otras.
Este marco de referencia distingue entre datos, información,
conocimiento, comprensión y sabiduría. Es obvio que los empresarios
necesitamos datos e información que se convierten en conocimiento. Pero
no bastan. Seguramente los directivos tenemos más falta de conocimiento
que de información. Y más necesidad de comprensión que de conocimiento.
Pero todos estos componentes son sólo instrumentos. La sabiduría es la
vez instrumental y normativa. Como dice el Profesor Marina, la
inteligencia creativa es la que tiene un proyecto. El conocimiento y la
comprensión pueden hacernos crecer, aumentar en número o en tamaño. La
sabiduría nos lleva al desarrollo entendido como el incremento de la
propia capacidad y deseo de satisfacer las necesidades legítimas propias
y las de los demás. Por lo tanto estamos hablando de valor a corto y a
largo plazo para todos a los que la empresa necesita, con los que se
relaciona, es decir, con sus partícipes.
Si entendemos la empresa como un sistema iremos más allá de los
conceptos de utilización de bases de datos y de gestión del
conocimiento. Necesitaremos herramientas de apoyo a la toma de
decisiones que conviertan los datos, la información, el conocimiento y
sabiduría en una serie de diálogos en red que ocurren continuamente
entre todas las funciones de la empresa y entre ésta y sus alianzas y
entornos, los consumidores finales de sus bienes y servicios.
El aprendizaje debe conducirnos a gestionar anticipándonos al cambio en
lugar de abordarlo cuando llega la crisis pero para ello necesitamos
identificar a tiempo los cambios del entorno. Las corporaciones que
sobreviven a largo plazo muestran que es posible ver las señales de
cambio antes que la mayoría de sus rivales.¿Por qué ,entonces, hay
tantas que no ven lo que ocurre a su alrededor?.La explicación parece
tenerla un neourobiólogo sueco llamado David Ingvar quien en un artículo
titulado “La memoria del futuro” cuenta su investigación en acerca de la
forma en que nuestro cerebro afronta el futuro. Parece que una parte del
cerebro está continuamente dedicada diseñando planes de acción y
programas para el futuro. Estos planes están organizados secuencialmente
(es decir son senderos del futuro temporales o por etapas). Cuanto más
sano está el cerebro, más proyectos de futuro alternativos construye
teniendo en cuenta, además, las condiciones favorables y las
desfavorables. Sorpredentemente, el cerebro almacena también estos
senderos temporales alternativos. Puede ser una contradicción en sus
propios términos pero parece cierto que tenemos también varias memorias
del futuro.
Ingvar presenta varias hipótesis explicativas de estas memorias.
Obviamente, nos ayudan a tomar decisiones cuando llega el momento; pero
la función primordial es filtrar y no dejar pasar la información
irrelevante para que nuestra mente no llene su almacén de información.
Sin embargo,no se ignora cuando le llega información que se corresponde
o está relacionada con uno de los senderos temporales; se percibe el
significado. El mensaje de esta investigación está muy claro: no
percibiremos señales del mundo exterior a menos que sean relevantes para
alguna de las opciones de futuro que hemos diseñado.
A menudo las empresas sólo desarrollan un sendero.Arie de Geus califica
esta situación como la de la “mente corporativa monorail”.En el mundo de
nuestro investigador sueco cuando se tiene una sola via se ve muy poco
porque sólo se ha diseñado una opción de futuro.
En este contexto, la modelización es una herramienta extremadamente
últil en el bien entendido que no se construyen para predecir sino para
aprender.
El primer paso de este proceso de modelización sistémico consiste en
conversar en grupo, en equipo, en el que cada uno aporta relatos
diferentes, visiones desde diferentes segmentos de la realidad.
El segundo, es la necesidad de que todos seamos conscientes e intentemos
entender las razones, las visiones, los modelos mentales de los demás.
El tercero, es que se debe crear el ambiente propicio para que sin temor
cada uno pueda externalizar los modelos mentales propios.
El grupo empieza entonces a ponerse de acuerdo en lo que ve.
A continuación, surge la pregunta: ¿qué pasaría si....?.Empieza la
simulación y nos encontramos con una dificultad: No existe mente humana
capaz de abordar tantas variables como plantea cualquier situación,
cualquier problema de la organización. No se puede simular sólo mediante
la conversación.
Además, el cambio es siempre doloroso, hay miedo a las consecuencias y
ello conduce a la acomodación. Pero el miedo produce dependencia ,la
cual a su vez nos inclina a
Quedarnos en el medio, en un punto o estadio cómodos
No querer aventurarnos
Preferir las fórmulas de éxito ya experimentadas, pero que pueden no
servir en el entorno nuevo.
¿Existe un procedimiento mejor para aprender?
De nuevo recurrimos a los psicólogos quienes aseguran que la mejor forma
de aprender es jugando. El juguete es un objeto transicional que nos
permite experimentar sin riesgo. De hecho los objetos transicionales se
utilizan en muchas disciplinas científicas: cuando se quiere construir
una fábrica de productos químicos se empieza por una pequeña planta
piloto; ningún buque ni avión empiezan a volar sin haber realizado
pruebas en laboratorios, en canales en turbulencias creadas
artificialmente.
Y sin embargo, en el área de la gestión y dirección de empresas no se
utilizan juguetes, objetos transicionales; experimentamos con la
realidad en lugar de con representaciones de la realidad.
Los modelos son objetos transicionales, juguetes, con los que se puede
aprender.
Los modelos se han venido utilizando en muchas actividades industriales
desde los años 60.Su aplicación a cuestiones estratégicas y
organizativas es mucho más reciente. Se la denomina “dinámica de
sistemas”
La dinámica de sistemas proporciona una base común que puede aplicarse
siempre que queramos entender e influenciar cómo las cosas cambian en el
tiempo. El proceso empieza a partir de un problema que se precisa
resolver; una situación que se desea entender mejor; o un comportamiento
no deseado que se quiere evitar o corregir.
El primer paso es capturar toda la riqueza de información que tienen los
individuos en su cabeza. La base de datos mentales es una fuente de
información acerca de las partes de un sistema, sobre la que se dispone
en los diferentes puntos de dicho sistema y en relación con las
políticas que se utilizan en la toma de decisiones. En el pasado, las
ciencias sociales y de la gestión empresarial se limitaban a datos
medidos y no tenían en cuenta el conjunto de información ,mucho más
rico, que proporcionan el conocimiento y la experiencia de quienes están
en el mundo del trabajo.
La dinámica de sistemas utiliza conceptos procedentes del campo del
control de la retroalimentación para organizar la información disponible
por medio de modelos de simulación informáticos. El ordenador realiza la
simulación representando los papeles de los operadores en el sistema
real, revelando las implicaciones conductuales del sistema, tal como ha
sido descrito en el modelo.
En todas partes se habla de sistemas. Sistemas informáticos, de control
del tráfico aéreo, económicos y sociales. Pero pocos son conscientes de
hasta qué punto nos afectan, cómo están enraizados en todo lo que
hacemos; y la influencia que tienen en la gestación de los problemas más
sorprendentes que nos sorprenden.
Cuando se diseñan plantas de ingeniería, por ejemplo una petroquímica,
los técnicos se dan cuenta de que el comportamiento dinámico es complejo
y de que, en consecuencia, no puede basarse sólo en la experiencia ni en
estimaciones.Y sin embargo, cambiamos las leyes, formas de las
organizaciones, políticas y prácticas de personal basados en impresiones
y en reuniones de comités, generalmente sin ningún tipo de análisis
dinámico que pueda prever consecuencias a largo plazo, o no deseadas. En
último término, el pensamiento sistémico consiste en tratar de prever
las consecuencias a largo plazo de nuestras decisiones y para ello es
necesario realizar pruebas, ensayos piloto.
Cuando comparamos los avances en la comprensión de la tecnología con los
logrados en el entendimiento de los sistemas organizativos y
empresariales nos podemos por qué entendemos más los primeros que los
segundos..Quizá la respuesta está en nuestro rechazo a aceptar que los
sistemas sociales, las familias, las empresas, los gobiernos pertenecen
a la misma categoría que las refinerías y los pilotos automáticos; no
queremos admitir que los sistemas humanos y los físicos coinciden en lo
fundamental aunque difieren en el grado de complejidad; no nos gusta
aceptar que si los sistemas humanos son sistemas, nosotros-al menos en
parte- somos engranajes y que respondemos de formas bastante predecibles
ante las acciones de otras partes del sistema, porque ello va en contra
de la ilusión de que todas nuestras decisiones las tomamos con la mayor
libertad posible. Y sin embargo pocos dudamos de que los factores
limitativos implícitos en los modelos sistémicos también son reales en
nuestra vida.
No vivimos en un mundo unidireccional sino más bien en uno continuamente
circular en el que las acciones se basan en las condiciones actuales; a
su vez, las acciones afectan a las condiciones y el cambio de éstas
proporcionan los fundamentos para las acciones siguientes.
Cuando Forrester y Sterman empezaron a trabajar sistémicamente con
empresas clientes, tuvieron algunas sorpresas:
Descubrieron que la mayoría de las dificultades tenían causas internas,
aunque la tendencia, abrumadora, era culpar a las fuerzas exteriores.
En general, las personas deciden creyendo que están solucionando
problemas y en realidad las acciones que adoptan son la causa de los
problemas que se experimentan.
La propia naturaleza de la estructura dinámica retro-alimentada de los
sistemas sociales induce a que las personas actúen de forma inefectiva y
contraproductiva.
Las personas tienen muy claras las razones de las decisiones que se
toman en ámbitos locales o reducidos, saben la información de que
disponen y cómo utilizarla para la acción. Pero a menudo no comprenden
qué comportamiento global ,en todo el sistema, resultará de las
interconexiones complejas entre las acciones locales.
Existe una tendencia en la gestión empresarial que consiste en
identificar una o varias debilidades y a continuación abordar los
síntomas. Pero sería mucho más fundamental insistir en por qué no se
están cumpliendo los objetivos.¿Cómo es el diseño de la organización que
le impide triunfar?. Un asalto frontal a los síntomas estará destinado
al fracaso si no se modifican las causas subyacentes. Las empresas sólo
lograrán sus objetivos cuando los diseños concedan más importancia a
eliminar las causas de los problemas que a contrarrestar los síntomas.
Muchas de las soluciones llegarán cuando los empresarios y los
ejecutivos aprendan a ser “diseñadores de organizaciones”.
Los modelos no son extraños a los seres humanos ni impuestos por esta
disciplina de la Dinámica de Sistemas. Están presentes en todo lo que
hacemos y vemos. Uno no tiene en su cabeza su familia, su empresa, su
país o su región. Lo que sí tiene son observaciones supuestos acerca de
cómo funcionan esos sistemas. Las observaciones y los supuestos son
modelos mentales que pueden utilizarse como punto de partida para la
acción, tal como dice Peter Senge.
En último término el éxito de una investigación de la dinámica de
sistemas depende de una identificación inicial clara y precisa de un
propósito u objetivo importantes. Un modelo de esta naturaleza organiza,
clarifica y unifica el conocimiento. Proporciona una comprensión más
amplia de un sistema relevante que viene mostrando un comportamiento
sorprendente o inexplicable. En general los proyectos de dinámica de
sistemas influyentes son aquéllos capaces de cambiar la forma de pensar
sobre un sistema. La simple confirmación de que las creencias y
políticas actuales son las correctas puede ser muy satisfactorio pero
dudosamente necesario, a menos que surjan diferencias de opinión que
haya que resolver. El cambio y la unificación de los puntos de vista
significa que se están alterando los modelos mentales relevantes. Pero
¿qué modelos mentales hay que influenciar?. Si queremos que impacten
deben acoplarse a las necesidades de una audiencia, de un grupo
objetivo. La buena construcción de modelos debe empezar identificando la
audiencia objetivo del modelo.
La construcción de modelos dinámicos puede ser una herramienta eficaz
porque toma la parte más fiable de nuestra comprensión de sistemas y
refuerza la que lo es menos. Desenmaraña varios hilos que causan
confusión en un debate normal. El proceso de modelación separa los
supuestos subyacentes (estructura, políticas y parámetros) del
comportamiento implícito. Es relativamente fácil ponerse de acuerdo
sobre los supuestos de partida. Sin embargo, es probable que no estemos
de acuerdo o nos sorprenda los resultados del análisis dinámico.¿Serán
correctos los supuestos de partida?. Si lo son ,y el modelo dinámico nos
demuestra resultados insatisfactorios estamos ante una situación de
aprendizaje.
La eficacia del modelo depende de cómo utiliza el gran abanico de
información que surge del sistema que se quiere representar. Para crear
un modelo dinámico la información se utiliza de forma muy diferente a
como es normal en otras áreas del conocimiento. Las diferencias
provienen de que la dinámica de sistemas parte de las declaraciones o
ideas explícitas de las políticas de la organización y de la gran
variedad de fuentes de información utilizadas para crear el modelo.
La ventaja de la modelación sistémica para el diseño estratégico es que
puede combinar aspectos duros, tangibles,”hard”, con otros
intangibles,”soft”.Los modelos estratégicos al uso, en el mejor de los
casos, nos proporcionan un marco de referencia para las decisiones
empresariales anclado y basado en el presente.La modelación dinámica nos
permite prever, para aprender, dónde estaremos si adoptamos unas
decisiones y nos olvidamos de otras.También es fundamental para
comprobar cómo los recursos estratégicos tienen una fuerte
interdependencia. Otra razón para aconsejarles su utilización en
procesos de aprendizaje es que nos permite capturar las dinámicas de la
rivalidad y de los competidores. Finalmente, nos muestra que los
recursos y capacidades con los que cuenta la empresa, o los que necesita
para obtener ventajas competitivas pueden actuar como procesos
reforzadores o debilitadores si no tenemos en cuenta la necesidad de
desarrollarlos armónicamente.Y sobre todo nos hace ser más conscientes
de los efectos de la retro-alimentación reforzadora o destructora.
Voy a leerles algunos extractos de un artículo publicado por Tony
Jackson en The Financial Times, 3 de diciembre de 1998.
A los pudieran pensar que crear valor para el accionista es muy sencillo
en teoría. Todo lo que hay que hacer es disminuir la plantilla, subir
los precios y apretar a los proveedores.¡Hala¡ tus ganancias se
incrementarán, así como el valor de las acciones y sus titulares serán
más felices.
Por supuesto, la vida real no es así. Las cosas se revuelven para
morderte y también las personas.Maltrata a tus clientes y proveedores y
te tratarán con la misma moneda. En la jerga,todos somos partes
interesadas( stakeholders) y ,a largo plazo, nadie continuará con el
juego a menos que reciba más de lo que pone.
Todo ejecutivo que se precie lo sabe e instintivamente y ajusta su
comportamiento. Es instintivo porque la interacción de las variables es
muy compleja y difícil de calcular. Pero ¿tiene que ser así?.¿No es
posible en la era informática construir modelos que predigan cómo
reaccionarán los jugadores?. Algunos opinan que sí y lo llaman
simulación dinámica. En el mundo de la industria se ha venido utilizado
desde los años 60 para diseñar plantas químicas, petroquímicas,
cementeras, eléctricas, etc.
Quienes no están tan convencidos de que esta técnica sea aplicable a la
gestión empresarial aducen que existen elementos “soft”, que no pueden
ser medidos por medio de programas informáticos. Los que defienden la
metodología ponen varios ejemplos. Uno de ellos es el planteamiento de
una congelación salarial. El ahorro de tesorería se puede calcular
rápidamente pero no el de costes porque hay que tener en cuenta, por
ejemplo, el nivel de servicio que dependen de la moral del personal. En
respuesta a una congelación salarial las personas más capacitadas pueden
dejar la compañía que los tendrá que reemplazar con otras sin
experiencia. Los que continúan, desmoralizados, disminuirán su
rendimiento lo cual perjudicará a los ingresos. Pero ¿cuánto?. Cierto
que no se puede medir con precisión el impacto, pero preguntando a los
expertos de la empresa, el Director de Recursos Humanos, por ejemplo, se
puede llegar a tener una idea aproximada. Se puede empezar con el
supuesto de que la congelación salarial incrementará la rotación de
personal del 5% al 6%. Corra el modelo y compruebe si el coste supera al
ahorro. Si la respuesta es que no, aumente el supuesto hasta el máximo
nivel que en su opinión sea factible. Si la respuesta sigue siendo
negativa, puede tenerse la razonable seguridad de que la decisión es
coherente. Lo importante es que esta modelización intenta medir aspectos
“hard” y “soft”. Si sólo construye modelos de lo que está seguro,
acabará describiendo únicamente una pequeña parte de la empresa. El
pensamiento dominante tiende al olvidar los aspectos “soft” y por ello
se tienen poco en cuenta.Como dice el profesor Sterman :“Hacer supuestos
no es malo; la cuestión es si son razonables en relación con el
objetivo. Si el nivel de moral disminuye,es normal que los mejores sean
los primeros en abandonar la empresa, pero no disponemos de datos
numéricos. Si debido a ello no le incluye en el modelo, se le está
atribuyendo un impacto cero. Y este es el efecto que con toda seguridad
es erróneo” Continúa el profesor Sterman afirmando que este campo está
“explotando”.”No se puede imaginar el desarrollo de un avión nuevo-
continúa Sterman- sin utilizar la simulación. Dirigir una empresa es
para sus directivos al menos tan importante como viajar en avión y
rechazarían subir a bordo de uno que no hubiera sido probado
previamente. En el futuro, diseñaremos estructuras organizativas como
diseñamos aviones. En la actualidad los directivos son como los pilotos
que tratan de mantener en el aire su avión aún en condiciones
desfavorables. En el futuro, los ejecutivos no tendrán problemas para
pilotar en buenas o malas condiciones meteorológicas. Cada vez serán más
diseñadores de organizaciones y menos sus pilotos. Y cambiará por
completo la naturaleza del aprendizaje empresarial y organizacional.
Finalmente, quiero proponerles que cambiemos de metáfora. De la empresa
como máquina a la empresa como organismo vivo, como parte de la
naturaleza. El aprendizaje y el cambio desde esta perspectiva no
consisten en suplantar cosas nuevas por cosas viejas. Más bien sería ir
cultivando algo nuevo. En la naturaleza observamos que nada de lo que
nace, de lo que se planta, comienza siendo grande. Todo nace pequeño y
con el tiempo reemplaza a lo viejo. En la naturaleza no hay un único
responsable o motor del nacimiento. El crecimiento es el resultado del
juego interactivo de diversas fuerzas que básicamente se dividen en dos
categorías. Procesos de auto-refuerzo que generan el crecimiento; y
procesos limitadores que le impiden o le paralizan. El resultado natural
es la consecuencia de ambos efectos.
No podemos esperar que el aprendizaje y el cambio en una estructura
natural surjan y se desarrollen de forma diferente a como lo hace la
naturaleza en la que ya hemos dicho que todo nace pequeño. Pues bien, en
la empresa es poco probable que tenga éxito un programa de cambio
general, total. Habrá que comenzar por una semilla, un grupo piloto.
Sabemos que este equipo avanzará muy poco si funciona bajo los
principios de obediencia; y mucho si lo hace desde el compromiso
personal y grupal. En la terminología de Peter Senge el sistema deberá
tener elementos reforzadores. Cuáles son los factores que auto-
refuerzan el aprendizaje y el cambio y cuáles lo limitan. Para que un
equipo piloto puedan enraizar los individuos deben tener un interés
personal y directo en el proceso. A partir de aquí es normal que otros
deseen formar parte de la red de personas comprometidas. También hay un
factor muy pragmático: comprobar que el aprendizaje y el cambio
funcionan y permiten obtener mejores resultados. El factor reforzador
más importante de un programa piloto es oir a sus participantes que han
encontrado formas nuevas de trabajar. La mayoría de nosotros prefiere
trabajar con un grupo en el que hay confianza; la mayoría de nosotros
prefiere acabar una reunión sabiendo que ha resuelto un problema
importante; que se ha divertido. En entusiasmo es el principal factor de
auto-refuerzo.
Tenemos que contar con la existencia de factores limitadores. Uno de
ellos es el tiempo. El aprendizaje necesita tiempo y por eso no podemos
esperar de estos grupos de cambio que sigan desempeñando sus labores
normales y además aborden el trabajo del equipo piloto. Otro factor
limitador es la relevancia. El aprendizaje tiene que importar; estar
relacionado con los intereses y con las preocupaciones reales de la
organización y de sus miembros.
Desde el punto de vista directivo, tenemos que tener claro que el
aprendizaje y el cambio no siempre empiezan por arriba. Es más, está
demostrado que es más eficaz si se inicia en los niveles de “línea”, de
las personas que están más en contacto con el entorno exterior, con los
mercados, con los clientes, con los competidores.
Mi recomendación a los ejecutivos es que enfoquen su tarea más como la
de un biólogo que como la de un directivo tradicional. Somos parte de la
naturaleza y ésta no necesita “ agentes del cambio” ni “impulsadores del
cambio”. Los ejecutivos pueden y deben ser los facilitadores del cambio,
los que proveen elementos nutrientes a la tierra pero no pueden
imponerle el ritmo ni cambiar las estaciones del año.
No me parece una casualidad que el Profesor Marina sea un eminente
filósofo de la inteligencia creadora y un gran aficionado a las plantas
y a las flores tal como yo le veo a través de sus libros.
Otro de los requisitos para aprender es desaprender. Desde el punto de
vista de los ejecutivos quizá tengamos que desaprender funciones de
mecánico y aprender las tareas de un buen jardinero.
Muchas gracias
Facilitador
de procesos de cambio empresariales, ayudando a directivos en el diseño
y ejecución de estrategias. Utilización del pensamiento sistémico en el
análisis estratégico. Entrenador en procesos grupales y de liderazgo.
Formación académica: 1988.- Consultor de Organizaciones modelo Tavistock.Tavistock Clinic. Londres. 1996.- Master of Science in Management. London Business School ,Universidad de Londres Tesis de graduación “ Creative Intelligence, Intra-Firm Ethics and Strategy”. Calificación : Distinction, con la máxima nota, 100 puntos. 1961.- Profesor Mercantil. Escuela Central Superior de Comercio, Madrid. Becario de la Fundación Fulbright en el “Salzburg Seminar in American Studies” 1979 y 1987.- Fellow del Seminario.
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