Estos autores subrayan varias condiciones interesantes que surgen en
esta situación directiva:
1.-Como directivo usted “no puede evitar actuar”.En cada momento de la
reunión usted está actuando. Incluso no intervenir es actuar con efectos
que puede o no puede desear. Por lo tanto, independientemente de su
voluntad, usted está siempre actuando.
2.-Usted no puede dar un paso atrás y reflexionar sobre sus acciones.
Tiene que confiar en sus instintos para reaccionar y actuar en tiempo
real, aunque más tarde puede reflexionar acerca de la reunión y darse
cuenta o desear haber hecho las cosas de manera diferente.
3.-No se puede predecir el efecto de sus acciones. Cada una de ellas
puede llevar a demasiados caminos, por lo que no puede depender siempre
de la planificación racional para encontrar los pasos que le llevarán a
la consecución de los objetivos. No tiene otra opción que la de “fluir
con la situación”.
4.-Usted no dispone de una representación estable de la situación. En la
reunión las cosas evolucionan continuamente. En cualquier momento usted
sólo ve fragmentos. Sólo cuando ha terminado puede discernirse el modelo
o patrón de la reunión.
5.-Toda representación es una interpretación. Incluso después de
terminada la reunión, su descripción de cómo ha ido no será la única.
Alguien la leerá de manera diferente de forma que los hechos siempre se
nos escaparán. Uno trabaja con opiniones e interpretaciones.
6.-El lenguaje es acción. Cada vez que habla, usted no está simplemente
describiendo los hechos; usted está actuando. Está construyendo y
formando activamente una definición de la situación y tratando de
persuadir a los demás de los hechos, tal como usted los ve y de las
acciones que ,según usted, hay que tomar.
Raramente los directivos se encuentran con problemas bien definidos. La
mayor parte de las veces tienen que resolver cuestiones escasamente
definidas y que tienen contornos o límites difusos.
Con anterioridad, aunque de paso, nos hemos referido a la cuestión de
por qué los líderes y directivos con frecuencia no detectan las señales,
los síntomas que indican que la empresa está a punto de fracasar; que
las estrategias que en la actualidad dirigen la gestión cada vez encajan
menos con la realidad actual. Si sólo vemos el lado racional de la toma
de decisiones podríamos decir que simplemente esos ejecutivos se
equivocan; o que ,racionalmente, dan mas credibilidad al pasado que al
futuro; o que son sensatos: prefieren asumir los riesgos de no cambiar
la estrategia a cambiarla cuando no deben.[1]. El lector estará de
acuerdo en que esta explicación racional es inadecuada. Cuando los
directivos toman tales decisiones no están sólo calculando costes y
beneficios; están, también, manejando un complejo de sentimientos.
Desean el éxito, quieren evitar la vergüenza, son conscientes de sus
obligaciones para con sus empleados y accionistas; miden los límites de
su propia capacidad para el trabajo, para desarrollar la empresa, para
innovar. Es sensato asumir que estos procesos emocionales juegan un
papel crítico en cómo los ejecutivos reformulan sus estrategias ante
cambios en los mercados. Cuando aquéllas fracasan no se debe a que los
directivos han cometido errores de juicio racionales.
Pero habiendo capturado el argumento a los racionalistas parecería que
no nos enfrentamos a una cuestión interesante ni difícil. Los ejecutivos
no pueden identificar los cambios porque son desagradables o les
producen ansiedad. Podemos elaborar más la respuesta. Por ejemplo,
añadiendo que en organizaciones triunfadoras los individuos tienden al
“pensamiento grupal”, es decir, el grupo se defiende, y cuestiona la
identificación con el grupo, de quienes plantean preguntas sobre el
rumbo actual de la organización. Pero en el fondo de todo ello yace la
sencilla idea de que los individuos deseamos evitar lo desagradable y
tendemos a evitarlo hasta que es demasiado tarde.
Esta suposición ignora el hecho de que los ejecutivos dedican mucho
tiempo y dinero a analizar y seguir la pista de sus mercados. Encargan
estudios de mercado, buscan información de sus competidores y hablan con
analistas de valores y con especialistas del sector o industria. La
explicación de que el fracaso está enraizado en el deseo de evitar lo
desagradable nos llevaría a presumir que los ejecutivos operan bajo la
regla de que “la falta de noticias son buenas noticias” y dejarían de
prestar atención al mercado. Sin embargo, le dedican muchísima y aún así
no detectan puntos de inflexión.
Estamos frente a la cuestión de cómo interpretan la realidad los
ejecutivos. Los hechos no son verdades, tienen que colocarse en un
contexto y así los interpretamos; decimos “este hecho significa X”.Pero
sabemos por la psicología que para interpretar un hecho usamos nuestro
pensamiento y nuestros sentimientos. Éstos nos ayudan a valorar el
hecho: es “·peligroso”, “excitante”, “preocupante” ,”conocido”,etc.,
mientras que el hecho en cuestión provoca nuestra respuesta, como por
ejemplo “Si entiendo bien los hechos nuestra menor cifra de ventas
significa que esta no es una disminución normal del negocio”.Si nuestro
pensamiento está desordenado o suprimimos nuestros sentimientos, crece
la probabilidad de que no interpretaremos correctamente el hecho, que no
podremos captar su importancia.
De hecho, nunca ha sido tan importante como ahora el proceso de
interpretación. Nos referimos al mercado con palabras que podrían
describir el inconsciente. Encierra misterio; no podemos confundir sus
apariencias con la realidad; apunta hacia procesos contradictorios; es
complejo, cuando le indagamos podemos cambiarle. Es alta la probabilidad
de que si los ejecutivos no integran pensamiento y sentimiento, de forma
que el uno se apoye en el otro, no interpretarán correctamente la
situación y perspectivas de sus organizaciones.
Ya hemos citado anteriormente la cualidad creativa que puede inspirarse
en los juegos y en la ingenuidad infantiles. Volvamos a ello. Examinemos
en primer lugar el papel del símbolo en el proceso de pensamiento.
Piaget sostuvo que en los primeros tres años de su vida los niños
desarrollan la capacidad de usar símbolos como ayuda de su pensamiento.
Cualquier objeto se experimenta primero como presente cuando se le ve,
mientras que objetos posteriores se experimentan como presentes incluso
cuando no son visibles, siempre que formen parte de alguna secuencia de
acciones. Un niño atraido por el destello de una cuchara perderá interés
cuando se la oculten a su vista. Más tarde el niño buscará la cuchara
escondida si está interesado en cogerla o en usarla para golpear un
plato. Finalmente, cuando el niño conoce perfectamente el papel de la
cuchara para comer, puede fingir que come pretendiendo que su dedo es
una cuchara. Así, cuando el niño desarrolla su capacidad de crear y
utilizar símbolos, se libera del mundo de los objetos y puede captar
conceptos sin representación material. Cuando comprende la idea de “ las
abuelas” frente a la persona llamada “abuela”, el niño puede entender la
idea de que “toda abuela fue también hija”.Apropiándose de los símbolos
el niño descubre relaciones y pautas que no están directamente ligadas a
la experiencia física o sensorial. Crece enormemente la capacidad del
niño para aprender.
Sin embargo, cuando los niños aprenden a pensar en abstracto no están
simplemente abandonando su experiencia sensorial, siguen experimentando
el mundo directamente al tiempo que empiezan a aprehenderlo en
abstracto. Un niño que pretende que su dedo es una cuchara tiene en su
mente dos interpretaciones contradictorias. Si lo que pretende es evocar
sentimientos reales, tiene que invertir en su creencia de que el dedo es
una cuchara. Pero si, a la vez, quiere alcanzar la libertad que ofrece
la pretensión, simultáneamente tiene que invertir en la creencia de que
el dedo no es una cuchara.
Cuando los individuos no consiguen sostener esta contradicción dislocan
el símbolo. Veamos la idea de la transferencia según Freud. El paciente
transfiere al analista las ideas y los estados de sentimientos asociados
a su experiencia con su propio padre. Sin embargo, para que el paciente
se beneficie de la transferencia, debe experimentar al analista como
padre y, a la vez, saber que no es su padre. El proceso analítico sufre
cuando el paciente es incapaz de sostener esta contradicción.
Cuando la visión es sólo como padre o sólo como analista se puede
predecir que los sentimientos que acompañan al análisis obstruirán la
creación de significados o la interpretación. Si, por ejemplo, el
paciente ve al analista sólo como analista, un profesional que se gana
la vida oyendo y hablando, el tenor emocional del paciente será plano y
poco inspirador, sin gracia. Del mismo modo, si sólo ve al padre
desafiará la interpretación del analista.¿Por qué hacer caso al padre?
Melanie Klein nos muestra que la ansiedad lleva a dislocar los símbolos.
En el ejemplo anterior el paciente ,abrumado por la relación que tiene
con su padre “Internalizado” ataca la relación privando al símbolo de su
carácter contradictorio.
El analista es sólo un profesional distante o sólo su padre. En el
primer caso, el paciente “clava” al analista con su despacho, no es
visto como una persona que expresa su carácter y los sentimientos y
reacciones de otras personas importantes en la vida del paciente. En el
segundo caso, el analista es el padre, el paciente “clava” el símbolo
del padre a los sentimientos que el padre evoca. La interpretación falla
cuando como respuesta a la ansiedad “clavamos” el símbolo a la realidad
que simboliza. En este contexto deja de simbolizar la realidad para
convertirse en ella. Es así como podemos perder la flexibilidad de
pensamiento que nos facilita el razonamiento simbólico.
A menos que el lector crea que las hipótesis precedentes sólo son
aplicables a situaciones emocionalmente cargadas como una sesión
analítica, considere el ejemplo siguiente. Dirigiéndose a su automóvil
ve usted a un hombre que aparentemente intenta encontrar la llave de su
llavero para abrir la puerta de una casa. Sin darse cuenta, usted
interpretará la situación: el hombre ha perdido la llave; o sin que lo
sepa, han cambiado la cerradura, o está ansioso por entrar en la casa,
etc. Cada una de estas interpretaciones transforma los objetos de la
escena-el hombre, la llave, la puerta, en símbolos de una situación.
Significan algo que no vemos pero que imaginamos o inferimos del
contexto. En términos antropológicos son “marcadores de un contexto” que
sobreponemos a la escena. El contexto nos ayuda a vincular las partes de
la escena de formas diferentes. A su vez, estos vínculos nos permiten
anticipar o predecir lo que ocurrirá a continuación: el hombre pulsará
el timbre, renunciará a entrar o simplemente esperará en la puerta.
Si los contextos particulares significan mucho para usted desde el punto
de vista afectivo, por ejemplo tiene fijada la idea de “rechazo”, puede
concluir apresuradamente que ,sin que lo sepa ,le han cambiado la
cerradura lo que significa que se le rechaza. Puede estar tan seguro de
su interpretación que no captará otros indicios, por ejemplo que aunque
el hombre está buscando la llave su cara aparece relajada. No es que no
los perciba; es que para usted no existen estos indicios. La cuestión
del rechazo y la ansiedad que produce ha “clavado” su interpretación
simbólica de la situación a la situación real. Sólo puede ver lo que
siente y por ello no percibe indicios que no corroboran su estado
emocional.
Esta apropiación errónea de los símbolos ocurre con frecuencia en
procesos empresariales en los que los directivos dependen
considerablemente de informes y de cifras. Imagine que es usted el
director de ventas de una empresa que fabrica productos de consumo y
nota que, aunque las devoluciones de mercancía son altas, lo que indica
clientes no satisfechos, parece que las ventas son también altas. Estos
dos hechos parecen ser contradictorios y esta contradicción provoca
inquietud. Examina las cifras de ventas y llega a la conclusión de que
muestran que las ventas están subiendo y supone que el alto porcentaje
de devoluciones se debe a algún envío defectuoso. Toma nota para hablar
con el director de fábrica pero luego lo olvida. Ha cometido un error
muy frecuente. El estado de ansiedad que le produce la contradicción, a
asumido que las cifras de ventas son las “ventas” en lugar de símbolos
de las ventas. No es infrecuente que algunos vendedores en años malos en
los que las comisiones serán menores, fuercen a los clientes para que
pasen pedidos asegurándoles que pueden anular los pedidos si no venden.
Los dos hechos observados no son contradictorios. Cada uno refleja la
realidad de que los clientes no están satisfechos. Pero la ansiedad
frente a las devoluciones de mercancía le llevó a “clavar” el símbolo de
las ventas- las cifras contables-a la misma venta real.
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Artículos de esta interesante serie:
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - I . La
tarea de los líderes
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - ll. Los líderes ante la nueva realidad estratégica
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - III. El líder como promotor de conversaciones
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - IV. Razón y Emoción en los líderes
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - V . Liderar no es dar soluciones
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Vl. Estrategia, creación e inconsciente
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Vll. El cuidado de los líderes (Coaching)
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 1
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 2: Un caso de "Coaching"
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 2: Un caso de "Coaching"2
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 3: Conversación con Gary Hamel
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo4: "Mirar bajo la superficie"
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 5: La Empresa viva
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[1] Larry Hirsschhorn. “Strategy,Distorted Thinking and the Sense of
Shame”.Simposio anual de ISPSO,1998
Facilitador
de procesos de cambio empresariales, ayudando a directivos en el diseño
y ejecución de estrategias. Utilización del pensamiento sistémico en el
análisis estratégico. Entrenador en procesos grupales y de liderazgo.
Formación académica: 1988.- Consultor de Organizaciones modelo Tavistock.Tavistock Clinic. Londres. 1996.- Master of Science in Management. London Business School ,Universidad de Londres Tesis de graduación “ Creative Intelligence, Intra-Firm Ethics and Strategy”. Calificación : Distinction, con la máxima nota, 100 puntos. 1961.- Profesor Mercantil. Escuela Central Superior de Comercio, Madrid. Becario de la Fundación Fulbright en el “Salzburg Seminar in American Studies” 1979 y 1987.- Fellow del Seminario.
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