Se debate si los líderes nacen o se hacen; los psicólogos evolutivos nos llevan a relacionar las características actuales de los líderes con las que tenían quienes dirigían a los primeros “homo sapiens”; si liderar es una ciencia o un arte; si ser líder es o no diferente de ser un “manager”, un directivo; sobre cuáles son o deberían ser sus características, habilidades y actitudes. Desde la mitad de los años 90 , se estudia y se elabora la “inteligencia emocional” de los líderes y se definen sus competencias esenciales en función de aquélla.
A pesar de la confusión que generan tanta información y tantos puntos
de vista, parece que se está logrando un cierto consenso sobre lo que
son algunas características esenciales de los líderes:[1]
a) Gestionan e inertizan la toxicidad que produce toda organización
humana.
No cabe duda de que en las empresas, como grupos humanos que son, las
relaciones interpersonales y la incertidumbre de los entornos en los que
se trabaja, generan tóxicos, situaciones de estrés, heridas psicológicas
normales del trabajo, que tenemos que reconocer como inevitables;
envidias, rivalidades (hace falta una buena “desintoxicación” para
reconocer que nunca los rivales están dentro de la empresa, siempre
están fuera), prepotencias, posiciones narcisitas, persecutorias, etc.
Desde una perspectiva superficial todo estas manifestaciones pueden
parecer patologías y lo son el alguna medida. Pero desde otra , pueden
verse también como situaciones en las que es posible desarrollar la
creatividad y la mejora de la organización. El líder que sabe gestionar
esta toxicidad y la inertiza, la neutraliza, puede aprovecharla
creativamente.
¿ Quién le desintoxica a él?
b) Revelan sus debilidades.
Se muestran como son, vulnerables como cualquier ser humano. Cuando un
líder muestra sus debilidades se crea una corriente de confianza y ello
ayuda a que sus seguidores se sientan más a gusto, “en el mismo barco”.
Si se mostraran perfectos, invulnerables, no necesitarían a nadie, sus
empleados no le ayudarían. Sin embargo, hace falta mucho coraje, mucha
fortaleza para mostrarse así.
¿Quién ayuda al líder para que desarrolle ese valor, esa confianza en si
mismo?
c) Son sensibles, sensores, sensitivos.
Tienen la capacidad para captar e interpretar datos no numéricos (por
supuesto los numéricos también), poco cuantitativos y muy cualitativos;
leen claves y pistas y sentimientos no expresados. Pueden valorar si las
relaciones interpersonales funcionan o no. Detectan información sutil y
los silencios. Pero ser un sensor también puede crear problemas. Entre
ellos el de “proyectar” sus pensamientos y, con ello, la posibilidad de
distorsionar la verdad. Por poner un ejemplo un poco tosco, un empleado
ve que su jefe está distraido y puede interpretar que su superior no le
tiene en cuenta porque va a despedirle. Es necesario que lo percibido a
través de los sensores se encuadre en la realidad.
¿Quién ayuda al líder a validar sus percepciones?
d) Practican una empatía adulta.
Desgraciadamente, en muchos seminarios actuales se propugna una especie
de empatía infantil en la que hay que “comprender” y “preocuparse” por
los demás. Los líderes auténticos no necesitan que se les hable así.
Saben de sobra que tienen que preocuparse por sus empleados. Quizá se
confunde empatía con simpatía. Ser empático no significa estar de
acuerdo sino más bien entender lo que se dice desde donde se dice:
”Entiendo lo que dices y desde qué posición o supuestos lo haces”. La
empatía adulta consiste en dar a las personas lo que necesitan, no lo
que quieren. Cuando se practica, se tienen en cuenta a la vez tanto las
necesidades personales y grupales como la tarea que la empresa tiene que
cumplir. No es fácil atender los dos aspectos, sobre todo en momentos de
dificultades de la empresa. Quienes practican una empatía adulta son
quienes defienden algo valioso y las personas que actúan así seguramente
se muestran mucho más como son y lo que defienden. No sólo comunicarán
autenticidad sino que mostrarán que están haciendo mucho más que
simplemente desempeñar un papel, un “rol”.
¿Quién es empáticamente adulto con el líder, a la vez comprensivo y
exigente?¿Quién le dirá que él y su función son importantes, que le
comprende y que entiende la necesidad de atender a la tarea empresarial
y a las personas que lidera?
e) Se atreven a ser diferentes.
Capitalizan y se apoyan en lo que tienen de diferentes. Aunque, como ya
hemos indicado anteriormente, revelan sus vulnerabilidades, a la vez han
de mostrarse y actuar de forma diferente a la de los demás, a la de sus
seguidores. Es una forma de que estos últimos sean conscientes de que el
líder, aunque es un ser humano como ellos, tiene un papel insustituible
en la organización. Utilizan su distanciamiento para motivar a otros
para que mejoren sus desempeños. No es que sean maquiavélicos sino que
instintivamente reconocen que los seguidores se esforzarán más si su
líder aparece un poco distante. El peligro es que la diferenciación se
extreme y que se pierda el contacto porque si se distancian en demasía
perderán su capacidad sensora.
¿Quién trabajará con el líder acerca del distanciamiento correcto, para
mostrarse diferente pero no totalmente alejado?¿A quién recurrirá el
líder para compartir la soledad y el frío que se siente cuando se es
diferente o cuando se establecen distancias?
f) Entienden la complejidad de los procesos estratégicos.
En los procesos estratégicos, que son procesos de cambio, podemos
encontrarnos con grupos empresariales que, por una parte, odian al
mercado que, según la elaboración de la empresa, ha preferido productos
o servicios de otros competidores a los nuestros. Al tiempo, se dan
cuenta de que tienen que cambiar pero les cuesta porque siempre es
doloroso hacer el duelo de lo que se está yendo. Lo peor es la
melancolía que enmascara con sentimientos de culpa el odio que tenemos
por lo que se nos muere. Además, lo que se nos muere es “por culpa de
los otros”, del mercado pero también de los miembros de la organización
que no han sabido preservar el producto/servicio.
Si entendemos las empresas como chimeneas funcionales estamos
facilitando la escisión: ellos son los malos, nosotros los buenos. La
burocracia e incluso distintos procedimientos de medición como por
ejemplo, algún modelo de contabilidad de costes, son herramientas que
confirman esa fantasía de escisión. Otra manifestación de este fenómeno
es la afirmación de que “a nosotros nos corresponde pensar y a ellos
trabajar”. Habría que recordar que los líderes necesitan seguidores y
los seguidores líderes.
Desde el punto de vista estratégico, creo que la ansiedad de los
directivos podría entenderse como un sistema de alarma, una anticipación
de la complejidad que se cierne sobre la empresa.
Una de las características de las nuevas organizaciones es su énfasis en
que el “cliente es el rey”. Toda la empresa se fundamenta en dar el
mejor servicio al cliente. Incluso algunas empresas se organizan
internamente desde la perspectiva de clientes y de proveedores internos,
sustituyendo esta metáfora por la organización jerárquica. Se concibe la
supervivencia únicamente como la atención al cliente, de sus necesidades
y demandas, de manera más rápida y mejor. Recientemente una gran empresa
organizó un seminario con el equipo de ventas y pasó la películla “Lo
que queda del día” como un ejemplo de la total subordinación de las
necesidades, de la atención a los deseos de los que servimos,
reconociendo toda la autoridad en sus necesidades. Lo que quedaba del
día, o de la vida, era una persona deprimida, desconectada, que sólo
podía vivir en función de otro.
¿Quién ayuda a líder a entender que la amenaza del mercado no puede ser
entendida como incompetencia o incapacidad?¿Qué es inevitable que sienta
ansiedad ante los procesos estratégicos tan complejos?
g) El líder puede ser narcisista pero no es “El Mago de Oz”.
Dorothy estaba en tierra extraña y quería volver a casa. La Buena Hada
del Norte le aconsejó que visitara al todopoderoso Mago de Oz quien
seguramente podría ayudarla a volver a Kansas. Cuando iba de camino para
visitar al Mago, fue reuniéndose con tres compañeros que también
necesitaban apoyo del gran
Oz: el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León. Después de
muchas aventuras, los cuatro fueron recibidos en audiencia por el Mago
que, luciendo plumas de fuego y hablando con voz tronante, les asustó y,
en lugar de ayudarles, les ordenó que mataran a la Bruja Mala del Oeste.
Les prometió ayuda cuando le sirvieran en bandeja el palo de la escoba
voladora de la Bruja. Contra todo pronóstico, los tres compañeros y
Dorothy la consiguieron. Ésta se enfureció cuando de regreso a la Ciudad
Esmeralda el Mago se retractó e incumplió su promesa. Rugió el León para
asustar al Mago y el rugido afectó mucho más a Toto, el perro de Dorothy
que, aterrado, saltó a través de unas bambalinas que al caerse dejaron
al descubierto a un hombrecito que estaba detrás y que manejaba unos
hilos que pendían de palancas.
Con incredulidad le preguntaron: ”¿Quién eres?”. ”Soy Oz el Grande y
Terrible -contestó con voz temblorosa- pero, por favor, no me hagáis
daño y haré cualquier cosa que me pìdáis”. Dorothy y sus amigos están
estupefactos puesto que le imaginaban como la Gran Cabeza, una Bestia
espantosa, una Bola de Fuego. ”No, estáis equivocados -dijo el
hombrecito con voz mansa- he estado fingiendo; sólo soy un hombre
normal”. Y así nuestros amigos se dan cuenta de que el hombrecito era
ventrílocuo y que ello le permitía usar la voz para utilizarla como un
trueno.
Este momento de conversión personal -cuando una persona sale de detrás
de las bambalinas de la ilusión, cuando desaparecen los signos de poder
(en este caso motivado nada menos que por un perro que arquetípicamente
simboliza la intuición), y cuando se descubre a un hombre normal- quizá
constituya a la vez el sueño y la pesadilla de los líderes. Sueño porque
están deseando “salir del armario” en el que ellos mismos y quizá otros
les han colocado. El armario de la omnipotencia, de la invulnerabilidad,
de la omnisciencia.
Un reciente artículo publicado por Harvard Business Review se titula:
“Los líderes narcisistas. Sus increíbles pros y sus inevitables cons”,
escrito por Michael Maccoby. Michael es un antropólogo y psicoanalista
con su propia consultora en Washington. Defiende Maccoby un narcisismo
necesario cuando es “normal” y destructivo cuando es patológico. A los
que están en la normalidad , los llama narcisistas productivos porque
son estrategas creativos y son capaces de ver los grandes diseños y
darle significados a los arriesgados retos de cambiar el mundo.
El peligro es que, por carecer de un auto-conocimiento y de anclajes
limitadores, los narcisistas se convierten en soñadores irreales.
Alimentan grandes proyectos y tienen la fantasía de que sólo los
enemigos o las circunstancias pueden bloquear su éxito.
Puesto que la mayoría de las empresas están gobernadas por narcisistas,
una de las tareas de esas organizaciones consiste en prevenir la
auto-destrucción de sus líderes o la de la compañía. Necesitan que sus
colegas e incluso terapeutas que les permitan liberarse de sus
limitaciones.
Entre sus fortalezas Maccoby destaca la gran visión. La visión es más
necesaria que nunca en la dirección de las empresas; la otra es la
capacidad que tienen para atraer a muchos seguidores. Esto nos lleva al
liderazgo carismático que a mi me parece que sirve muy poco al
desarrollo de las personas y de los grupos empresariales, porque el
líder de estas características estimula tanto la cercanía, la
aproximación de los demás como el aislamiento. Un líder verdadero, desde
su rol, tiene que gestionar estas distancias.
Entre sus debilidades destaca nuestro autor que son muy sensibles a la
crítica ante lo cual se acorazan frente a sus emociones. El otro punto
débil es que son muy malos oyentes, quizá porque tienen miedo a ser o
sentirse atacados. Carecen de empatía; no les gusta ser asesorados.
¿Quién ayudará al lider a entender que necesita una cierta dosis de
narcisismo, siempre que los proyectos que alimenta sean compartidos con
el resto de la organización , y que un exceso de narcisismo puede ser
extremadamente nocivo?
h) El líder conoce y gestiona para sí y para los demás la inteligencia
emocional.
Quizá la palabra jerarquía tiene mala prensa porque la asociamos con
ideas de control y de supresión. Sin embargo, la jerarquía es
necesaria...... , también para facilitar la delegación. Delegación y
“apoderamiento” de las que se habla mucho y se practica poco porque, en
el fondo, con la delegación el líder es más dependiente de los
seguidores y más vulnerable a los errores de éstos.
Pero cuando los líderes no reconocen e integran su vulnerabilidad
transfieren el centro de su atención del objeto peligroso que genera los
riesgos que experimentan- el entorno competitivo, la incertidumbre
estratégica de la empresa- a las personas que creen que pueden
controlar, influenciar. Sustituyen las personas que cree que puede
controlar por la tecnología y el mercado que no pueden controlar.
¿Hasta qué punto se puede controlar de verdad?¿Cuándo hablamos de
controlar o de ser controlados, es cierto?.¿O se trata de controles
superficiales de cumplimiento o de sometimiento, digamos racionales o
espoleados por el miedo? ¿Desde el punto de vista psicológico quien es
controlado así pierde eficacia, es menos productivo?. ¿Puede ser pasivo
en lugar de activo?.¿Cuál es, si existe, la psicología de la pasividad
en el trabajo?.
Todos sentimos ambigüedad ante la autoridad y generalmente procede de la
relación que hemos tenido durante nuestra infancia con figuras de
autoridad, sobre todo los padres. ¿Cómo se evoluciona –si es que
podemos- desde el resentimiento hacia la gratitud cuando quienes nos
dirigen evocan esas figuras infantiles? Sabemos el impacto que han
tenido y están teniendo los libros de Goleman sobre la inteligencia
emocional. Este autor ha realizado un estudio de competencias en 188
empresas, la mayoría de ellas multinacionales e incluso globales. Agrupó
estas competencias en tres categorias: habilidades técnicas; habilidades
cognitivas como capacidad de razonamiento analítico; y competencias
emocionales tales como la habilidad de trabajar con otros y la eficacia
para liderar los cambios. Su estudio demuestra una alta correlación
entre estas últimas y el éxito de las empresas que dirigen.
Goleman cita la auto-consciencia, la capacidad de entender y trabajar
con las emociones; la autoregulación ,capacidad para controlar y
redirigir impulsos y estados de ánimo; motivación, empatía y habilidades
sociales.
¿Puede el líder aprender todo esto?¿Cómo desarrollar lo emocional?
¿Dónde?¿Con quién?. Desde luego, no en seminarios que en tres días “nos
cambian para siempre”.
Ni mucho menos pretendemos haber abarcado todas las competencias, todas
las habilidades, todas las expectativas que se esperan de y deben tener
los líderes. Sin embargo, sí las meta-competencias, aquéllas de las que
puede emanar un amplio abanico de competencias necesarias en
circunstancias y empresas determinadas. Porque, a fin de cuentas, el
liderazgo como arte y ciencia debe ser situacional: adaptado a las
circunstancias.
Artículos de esta interesante serie:.
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - I . La tarea de los líderes
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - ll. Los líderes ante la nueva realidad estratégica
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - III. El líder como promotor de conversaciones
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - IV. Razón y Emoción en los líderes
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - V . Liderar no es dar soluciones
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Vl. Estrategia, creación e inconsciente
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Vll. El cuidado de los líderes (Coaching)
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 1
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 2: Un caso de "Coaching"
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 2: Un caso de "Coaching"2
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 3: Conversación con Gary Hamel
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo4: "Mirar bajo la superficie"
¿QUIÉN CUIDA DE LOS LÍDERES? - Anexo 5: La Empresa viva
[1] .Ver “Why should anyone be led by you?”.Robert Goffee y Gareth Jones. Harvard Business Review Septiembre-Octubre 2000
Facilitador
de procesos de cambio empresariales, ayudando a directivos en el diseño
y ejecución de estrategias. Utilización del pensamiento sistémico en el
análisis estratégico. Entrenador en procesos grupales y de liderazgo.
Formación académica: 1988.- Consultor de Organizaciones modelo Tavistock.Tavistock Clinic. Londres. 1996.- Master of Science in Management. London Business School ,Universidad de Londres Tesis de graduación “ Creative Intelligence, Intra-Firm Ethics and Strategy”. Calificación : Distinction, con la máxima nota, 100 puntos. 1961.- Profesor Mercantil. Escuela Central Superior de Comercio, Madrid. Becario de la Fundación Fulbright en el “Salzburg Seminar in American Studies” 1979 y 1987.- Fellow del Seminario.
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