Todo lo que ocurre alrededor y dentro de la empresa afecta su
realidad financiera: las políticas gubernamentales, tendencias de los
mercados, la preferencia de los clientes, percepción de la calidad del
producto o servicio, los conflictos armados… etc., y es lógico suponer
que en una economía contraída e inflacionaria la baja del consumo y la
ausencia de inversión son parte de lo antes enumerado, a ello se le suma
la falta de identificación que presentan algunos empleados, los
conflictos laborales, la desmotivación y todos aquellos elementos
propios de la vida organizacional; ante tales variables es difícil
suponer que la existencia de escenarios estables y predecibles que
faciliten la toma de decisiones y la generación de compromisos a mediano
y largo plazo. Es sencillo: en mundo actual reina la incertidumbre.
Sin embargo, frente a esta realidad tan evidente y contemporánea
sobrevive la contratación colectiva como una figura fuertemente
hospedada en la mente de los trabajadores y presente en el día a día de
las empresas, aún cuando la misma no se ajusta al cambiante mundo
moderno y corresponde más a escenarios propios de décadas pasadas donde,
en apariencia, el pasado era la base para predecir el futuro.
Años atrás, cuando la concepción del trabajo estaba asociada más a la
producción, sin detenerse en profundizar y desarrollar la capacidad
individual del trabajador y por ende sus competencias, hablar de
igualdad de condiciones parecía ser un tema pertinente. En esa época la
visión de un "patrono explotador", propia de la era industrial y más
atrás, dominaba la percepción del colectivo y, por supuesto, sobraban
los ejemplos que la justificaban, materializando esa línea invisible que
separaba a los "dueños" de la compañía de sus "trabajadores" a tal grado
que aún hoy se les considera "débiles jurídicos" a estos últimos y por
consecuencia la legislación laboral, en algunos países, suele ser
extremadamente paternalista.
Pareciera que las nuevas tendencias y la actual visión que el contexto
empresarial posee de su Capital Humano ha pasado inadvertida, pues es
notorio que no existe ninguna línea divisoria entre patronos y
trabajadores más allá del aporte del capital y aquella explotación del
hombre por el hombre se observa cada vez con más frecuencia sólo en el
ámbito didáctico.
Pero es un hecho, las Contrataciones Colectivas dominaron buena parte
del siglo XX y su presencia se mantiene vigente como la formula que
garantizará el bienestar de los trabajadores, claro está, observándolos
estrictamente como la masa laboral y extrayéndolos del principio que
supone que la gente es la empresa.
Si bien es cierto que para algunas organizaciones los contratos
colectivos resultan beneficiosos porque han logrado adecuarlos a sus
realidades, no es menos cierto que para otras se transforman en una
suerte de camisas de fuerza que terminan desequilibrando sus finanzas, y
no es para menos, dichos contratos las comprometen a aumentos y
beneficios que habrán de cumplirse independientemente de las condiciones
económicas, lo que se traduce, en algunos casos, en la reducción de la
nómina y cierre de líneas de producción, decisiones que sólo son útiles
para los que logran mantener sus puestos de trabajo.
Los contratos colectivos son elementos rígidos en una realidad flexible,
en ellos se suele dar un tratamiento sin distingo, independientemente
del valor agregado, identificación o esfuerzos que se realice de manera
individual el trabajador. Y es que al celebrarlos usualmente se obvia el
famoso ganar-ganar que popularizara Covey… Acaso es común leer alguna
cláusula que señale: "si la organización no logra generar un X% de
ganancias, los beneficios, aumentos y otros compromisos se verán
afectados de manera proporcional"?.
Al contrario de lo señalado, cuando una cláusula no se cumple la
presencia de conflictos, paralización de la producción, huelgas y
manifestaciones se convierten en la orden del día. Es sencillo entender
tal comportamiento, pues no se termina por entender que "la gente es la
empresa" y en la medida que la "gente" produzca la "empresa" ganará y de
ser así es posible alcanzar los beneficios esperados.
Pero no todo es tan fácil como sumar dos más dos, las empresas tampoco
pueden vender sus productos y servicios en la misma manera que los
genera frente a la contracción económica y a la perdida del poder
adquisitivo, se puede poseer todos los elementos propios de una buena
marca, calidad y precio justo, pero ello de nada sirve si el cliente
cambia sus hábitos de consumo ante una realidad que le es adversa. Muy
bien, la empresa produce igual pero no vende igual ¿cómo puede cumplir
con las obligaciones previstas en la contratación colectiva si sus
ingresos no son los mismos? Es más, en el concepto más básico del
dinero, la empresa recibe la misma cantidad de ingresos pero a causa de
la inflación o devaluación de la moneda el valor real no es el mismo, lo
que impactará significativamente los costos de reposición, entonces
¿debe ceñirse estrictamente a lo que establece un contrato colectivo a
expensas de su salud financiera?.
Es lógico suponer que en algunos casos las empresas han logrado
establecer mecanismos que le impidan arriesgar su lucro e incluso sus
operaciones a causa de contrataciones cuya naturaleza no representen un
margen apropiado de utilidad, pero al final se mantiene la figura de la
contratación colectiva en su carácter de inflexibilidad, como ya se
comentó, lo cual obliga a otras organizaciones a idear artilugios que
permitan la captación de personal de espalda a los compromisos laborales
existentes.
Todo lo anterior permite reflexionar acerca de la necesidad que poseen
las empresas de retener el talento, la naturaleza de los beneficios
relacionados con esa necesidad y acerca del concepto actual de "igualdad
de condiciones" que generó la aparición de las contrataciones colectivas
en el pasado y que pareciera no haberse actualizado a la par de la
visión que Recursos Humanos maneja en el presente.
En la actualidad algunos empresarios han comprendido que las personas no
son una pieza, un número o cualquier otro objeto dentro de las grandes,
medianas y pequeñas corporaciones, la tendencia mundial se orienta a
"volver al hombre" y por lo tanto la preocupación por hacer de su lugar
de trabajo y las condiciones del mismo lo más propicias posibles para
alcanzar los objetivos que originaron su contratación son la meta de la
ahora llamada gestión humana, por lo tanto no se requiere de un contrato
que obligue a las empresas a una u otra cosa, tal y como fue necesario
en el pasado, sino un convenio que se mueva a la par de la realidad
financiera tanto de la empresa como de su entorno y por ende que sea tan
flexible como la economía misma, dando así origen a los kit o combos de
compensación y beneficios que se señalaron en artículos anteriores.
Si una empresa quiere captar y retener talento habrá de ofertar aquellos
beneficios socioeconómicos que se ajusten al perfil deseado, los cuales
tendrán sentido si la contratación genera los resultados esperados. Si
la persona agrega valor ello deberá compensarse de tal manera que se
mantenga el atractivo económico entre la empresa y el empleado, ajustado
debidamente a la realidad de ambas partes, pues en materia social ningún
empleado se parece a otro ya que sus necesidades aunque similares no son
las mismas.
Ahora bien, si las empresas juzgan necesaria la presencia de un contrato
marco que regule sus deberes y derechos con los empleados, este debe ser
lo suficientemente amplio y flexible para ajustarse a los cambios que
pudiera sufrir la empresa en materia económica, lo que se traduciría en
la reducción de los porcentajes acordados si el escenario no es
favorable o el incremento de estos si las condiciones superan las
expectativas. Lo que es igual no es trampa.
No obstante, la tendencia se inclina más a la contratación individual
que a la colectiva, ello genera una competencia sana en la organización
pues garantiza más al que más se esfuerce, hace al individuo dueño de su
futuro dentro de la empresa y a la vez de su propia compensación. En el
caso de la contratación colectiva si el empleado se esfuerza o no al
final recibirá los mismos beneficios, lo que impide el fortalecimiento
de valores como la identificación y la responsabilidad que son
indispensables en las empresas.
No cabe duda que es difícil cuestionar algo que por años pareciera haber
sido de gran utilidad, sin embargo es prudente recordar que gracias al
cuestionamiento se han logrado avances de tal magnitud en las ciencias
físicas, químicas y sociales cuya trascendencia es imposible obviar. La
contratación colectiva tendrá vigencia mientras existan patrones cuya
única visión sea la de generar utilidades a expensas de sus empleados
los cuales recurrirán a ella para garantizar un mínimo de condiciones
ideales durante su permanencia en la empresa; e irá desapareciendo una
vez que ambas partes, empleado y empleador, comprendan que la existencia
de uno depende de la existencia del otro y por lo tanto la comprensión
de sus realidades, necesidades y expectativas generarán los escenarios
propicios para alcanzar las metas que se hayan trazado.
Comprometer a la empresa frente a un colectivo en un ambiente de
incertidumbre pareciera no ser una practica muy responsable, salvo que
se posean elementos suficientes para garantizar el cumplimiento de la
promesa; evaluar los escenarios y ajustarlos a la realidad imperante de
manera individual pudiese ser la decisión más adecuada siempre que ello
signifique una ventaja para la empresa y quienes la dirigen.
Félix
Socorro Magister Scientiarum en Ciencias Gerenciales, mención Recursos
Humanos. Especialista en Gerencia, mención Gestión de Negocios.
Licenciado en Administración mención Recursos Humanos y Técnico Superior
Universitario en Administración mención Gerencia Administrativa
(Graduado con honores). Diplomado en Docencia y en Human Resources
Management (Cornell University). Actualmente cursa un Doctorado en
Ciencias Administrativas en la Universidad Nacional Experimental Simón
Rodríguez. Ha trabajado en el área de Recursos Humanos, conjuntamente
con Investigación y Desarrollo desde 1989.
Ha sido Jefe y Gerente de Administración de Recursos Humanos desde 1995, en empresas Consultoras, de Telecomunicaciones, Consumo Masivo, Educación y Servicios Médicos. Se desempeñó como Director General de Recursos Humanos de la Universidad Gran Mariscal de Ayacucho, en Barcelona, Venezuela, donde también ejerció la docencia.
Actualmente se desempeña como Consultor Independiente, docente e investigador en las áreas de Recursos Humanos, Gerencia y Administración, trabajando en nuevos modelos y nuevas teorías. Es profesor ocasional de Relaciones Laborales y Recursos Humanos en el Postgrado de Servicios de Salud de la Universidad Católica Andrés Bello en Venezuela, donde también realiza tutorías. Ha escrito y publicado varios artículos y trabajos de su autoría en revistas especializadas de corte internacional como: "Conocimiento y Dirección" (C&D) en Argentina, "Pauta" en Panamá, "ARPrensa" en Colombia y "Recursos Humanos" (ANRI) en Venezuela, destacándose entre ellos: El Zeitgeist Gerencial, La Filosofía TEA , El Síndrome de Cronos, la Coestima y la Gerencia Bizarra , e investigaciones y reflexiones tales como La delgada línea mortal del profesional (Selección y Subjetividad), Las Organizaciones Horizontales (1º premio como ensayo), Gerencia por Herencia, Gerencia Emocional. Es colaborador de la Universidad Virtual San Martín de Porres de Perú. Es representante de la Organización Latinoamericana de Administración (OLA) para Venezuela desde Mayo de 2005 Ha obtenido como reconocimiento a su trabajo distinciones de 1º, 2º y 3er lugar en ensayos y Premios a la Excelencia.
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