También es evidente, que pocos son los directivos que tienen
capacidad y voluntad para aplicar esta maravillosa combinación. Como
digo, no es cuestión de disponer de conocimientos teóricos, sino de
voluntad de aplicarlos.
El arte de dirigir no es una cuestión de matemáticas o de aprender como
funciona el Plan General Contable. Dirigir eficientemente implica
voluntad y deseo de aplicar lo aprendido y efectuar un cambio, si cabe,
en nuestros patrones de dirección.
Tener interés por nuestros empleados, interesarnos por sus deseos,
necesidades, aplicar la empatía, ser flexibles, escucharles, motivarles,
etc.. Todo eso, no se podrá conseguir si no tenemos la voluntad de
provocar el cambio, por mucha teoría que conozcamos.
El estilo ideal, es aquel que se adapta a cada empleado. No podemos
aplicar para todos el mismo estilo. El liderazgo situacional; dirigimos
en función del individuo y de la situación.
Y tampoco, deberemos utilizar para un empleado, siempre el mismo estilo.
En alguna ocasión, un trabajador preferirá un estilo democrático y tal
vez, en otras ocasiones tendremos que utilizar un estilo más
paternalista.
Autor del libro: "La Dirección revolucionaria. Preguntas que todo directivo debería formularse para ejercer una dirección eficaz"
Director y profesor de ENAE (Escuela de Negocios y Administración de Empresas) y responsable del portal www.empresarios-as.com
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