La visión.
En los primeros modelos de dirección estratégica no se tenía en cuenta
la visión. En 1991 el Dr. Eugenio Yañez González[6] define la misión
como el primer paso del modelo que diseñó y sitúa la visión después de
realizada la segmentación estratégica, el análisis de las relaciones
internas y externas y de los escenarios, este modelo se convirtió en uno
de los más usuales en Cuba y es seguido y fundamentado en los modelos de
Carlos Lazo Vento, Gliceria Gómez Cevallos y Reynaldo Fernández[7] en su
trabajo dirección estratégica territorial. Tecnología, así como en el
modelo de los Doctores Fermín Orestes Rodríguez y Sonia Alemañy
Ramos[8].
En los últimos años de la década de los 90 autores como el Dr. Angel
Luis Portuondo Velez9 y otros, sitúan la visión en segundo lugar después
de formulada la misión.
En 1997 los autores Joan Goldsmith y keneth Cloke[10], en el modelo de
dirección estratégica que aportan sitúan la visión en primer lugar y en
segundo lugar definen la misión de la organización. En 1999 en el
volumen 1 de la revista La Gestión Estratégica EASDE[11], los autores
sitúan los valores compartidos en el primer lugar y en segundo integran
la misión y la visión de la organización.
Como se aprecia en la década de los 90 ha existido una tendencia en los
autores a ir integrando estos elementos, no obstante, se abordan por
separado como tres pasos independientes, es criterio del autor del
presente trabajo que estos tres elementos deben estar unidos para
expresar los valores finales de la organización.
La visión es un conjunto de valores y definición de un estado deseado
ideal que se pretende alcanzar. La formulación de la visión de las
organizaciones ha evolucionado en cuanto a la posición en los modelos de
dirección estratégica contemporáneos.
La formulación de la visión no puede considerarse un paso más, sino un
paso decisivo, porque con la definición de la visión es que se logra la
definición de lo que debe ser la organización con el estado deseado
mínimo aceptable que se plantea a la entidad, y por tanto es lo que
permite establecer con precisión la definición de un balance objetivo
problema en términos factibles reales y, consiguientemente, conformar la
formulación estratégica de un problema y de su solución a través del
logro de un estado deseado, determinando si con ella existe o no la
posibilidad de culminar una transformación cualitativa del sistema que
logre colocarlo más allá del marco referencial decisorio en que se mueve
el problema y convertirlo en una decisión estratégica mediante la
creación de un nuevo problema que supere no solamente la máxima decisión
operativa esperada sino también el problema operativo mismo, por ello
debe generarse con el corazón pero de forma estrictamente objetiva.
Su principal fuerza no radica en su descripción anticipada del futuro deseado, sino en un proceso colectivo que sustituye el sueño o las indicaciones de una persona para convertirse en los deseos factibles y compartidos de un colectivo. Esta concepción fortalece el liderazgo debido a que el líder logra transmitir y retroalimentar su visión de futuro al colectivo, compartiendo el consenso que exprese los anhelos, deseos e intereses colectivos.
Para la formulación de la visión se recomiendan los siguientes pasos:
Evaluación de la información. Consiste en evaluar toda la información
obtenida en los pasos anteriores, es decir, las fortalezas, debilidades,
amenazas, oportunidades, el esbozo del problema estratégico general, la
solución estratégica general y los escenarios con su variante positiva,
intermedia y negativa.
Definición y validación de la visión. Posterior al análisis de la información se recomienda realizar tormenta de ideas mediante la cual se definirá la expresión de la visión, validándose a través de técnicas para lograr consenso.
Retroalimentación y fijación. Por último es recomendable realizar una retroalimentación misión visión donde se comprueba si el resultado que se desea obtener es compatible con la misión definida, si realmente contribuye a su materialización y si está en manos de la organización su logro.
Principales insuficiencias en la determinación de una visión.
Definir una visión ajena a la misión, es necesario después de generada la visión compatibilizarla con la misión.
Insistir en cifras cuando éstas no aparecen, lo fundamental puede ser cualitativo.
Desarrollar procesos de generación de ideas sin retroalimentación y ajuste.
Énfasis excesivo en elementos externos, pasar de lo que se puede a lo que se quiere.
Establecer una visión sin haber realizado un análisis de las relaciones entre los factores internos y externos.
Los factores claves para el éxito.
Una vez que la organización conoce su razón de ser, la siguiente
pregunta clave a la que se debe dar respuesta es ¿Qué es imprescindible
para cumplir con su objeto social? Es esencial para la empresa saber qué
necesidad espera satisfacer el público objetivo al que se dirige, qué es
lo que valora y qué es lo que no valora, es decir, definir los factores
claves de éxito. Conociendo los factores claves para el éxito, la
empresa puede dirigir sus acciones hacia el logro de los mismos lo que
evidentemente le facilitará alcanzar la satisfacción de las necesidades
de sus clientes y con ello alcanzar rasgos distintivos con respecto a su
competencia, alcanzando la lealtad en sus consumidores y reduciendo la
amenaza de los productos sustitutos.
Las Áreas de resultados Claves.
Las áreas de resultados claves son los departamentos o grupos de la
organización primordialmente responsables de que ésta pueda lograr un
factor clave de éxito determinado. Depende del tipo de factor clave que
se busque para que sean claves unas u otras áreas de la organización.
Las áreas de resultados claves establecen los lugares dónde se van a
situar los recursos y esfuerzos individuales y colectivos.
Los objetivos.
Con la realización de los pasos anteriores se conoce la razón de ser de la organización, es decir, su misión, el estado deseado que se quiere lograr, su posición estratégica, ahora es necesario definir como lograr el tránsito de la misma, del estado actual al estado futuro deseado.
En el siguiente paso se establecen los objetivos estratégicos. Los objetivos constituyen una de las categorías fundamentales de la actividad de dirección, debido a que condicionan las actuaciones de la organización y en especial de sus dirigentes. Un objetivo constituye la expresión de un propósito a obtener.
Los objetivos tienen varias categorías para su clasificación, entre
ellas, están:
* Colectivos e individuales.
* Generales y particulares.
* Principales y secundarios.
* Largo y corto plazo.
Por su precisión los objetivos se clasifican en:
Objetivos trayectoria. Son de importancia para fijar políticas,
orientaciones hacia donde nos dirigimos y para plantear estrategias
globales, pero para realizar un proceso de dirección en un marco de
tiempo determinado, es imprescindible guiarnos por objetivos tareas.
Expresan un carácter continuo del objetivo en el tiempo y que es una
trayectoria que debemos seguir, pueden convertirse en funciones de
personas o departamentos.
Objetivos normativos. El grado cuantitativo o cualitativo que debe satisfacer un objetivo trayectoria o cualquier otro objetivo que deseamos alcanzar. Expresan cual es el estado deseado del objetivo, el cual garantiza lo que deseamos.
Objetivos tareas. Expresan en tiempo. Cantidad y/o cualidad lo que se quiere alcanzar.
Estos son los más usuales, sin estos no es posible planear, organizar
y controlar un proceso. Algunos pueden ser expresados cuantitativamente,
otros se hacen más difícil y se requiere precisión cualitativa de forma
adicional o solamente de forma cualitativa se pueden expresar.
Desde el punto de vista jerárquico, el primer nivel de objetivo está
definido por la misión de la organización como la expresión más general
de su razón de ser en cuanto a su papel económico y social. El segundo
nivel de los objetivos de una organización son los objetivos generales,
los cuales expresan los propósitos o metas a escala global, y a largo
plazo, en función de su misión, pero también en función de la situación
del entorno y sobre todo de su evolución futura, en especial de las
oportunidades y amenazas que éste presenta, así como de la propia
situación interna de la organización.
Los cuatro principios fundamentales que rigen la previsión y la
planeación de los objetivos pueden ser resumidos de la siguiente forma:
Precisión: Deben ser entendidos por todos los subordinados e implicados y poder ser verificados, cuando no puedan ser cuantificables, deben definirse los criterios para evaluar su logro.
Participación. Uno de los elementos más importantes de la efectividad de la planificación pues entre más participen los subordinados mayor compromiso existirá en el cumplimiento de los objetivos.
Integración: Es necesario integrar el mayor número de aspectos relacionados, de manera que en una formulación se consideren las tareas para el aseguramiento de este.
Realismo: Es necesario que sean decisivos, retadores y factibles, que todos los esfuerzos se orienten hacia ellos, pero que sean posibles de alcanzar.
Por otra parte la teoría del establecimiento de metas plantea que existen cinco principios justificativos de la relación entre objetivos y rendimiento:
1. Rendimiento. El rendimiento de un trabajador que tiene objetivos
definidos es más elevado que el de quien carece de ellos.
2. Especificidad. Los objetivos definidos de forma clara y específica
conllevan un mayor rendimiento que los objetivos mal definidos.
3. Dificultad. Los objetivos que constituyen un desafío de moderada
dificultad conducen a un mayor rendimiento que los objetivos percibidos
como demasiado difíciles de conseguir.
4. Realismo. Los objetivos desafiantes han de ser igualmente realistas o
factibles si se quiere que el individuo decida hacer un esfuerzo para
conseguirlos.
5. Aceptación. Los objetivos desafiantes y realistas se asocian a un
mayor rendimiento siempre y cuando sean decididos, o al menos,
aceptados, por parte de quien ha de cumplirlos. El establecimiento de
objetivos en grupo aumenta su aceptación.
Es importante destacar que independiente de la forma en la cual se
llegan a definir los objetivos generales, resulta necesario que la
participación en su formulación no se limite solo a la alta dirección,
en la medida de participación de los oficiales en la formulación de los
objetivos, así será el nivel de compromiso en el cumplimiento de éstos.
Las intenciones conscientes de la persona (sus metas y objetivos) son
los determinantes primarios de su motivación para el esfuerzo de acción.
Cuando las personas persiguen unos objetivos desafiantes desarrollan un
mejor rendimiento que cuando pretenden la consecución de unos objetivos
más fáciles de obtener.
6 Yañes González, Eugenio [1992]. Dirección Estratégica/ decisiones
estratégicas./ Ed Talleres de impresión del SIME, La Haba Cuba, 239 pp..
7 Lazo Vento, Carlos [1998]. Dirección Estratégica territorial. Carlos
Lazo Vento, Gliceria Gómez Ceballos y Reynaldo Fernández Lorenzo./
Dirección por Objetivos y Dirección Estratégica, la experiencia cubana.
Compendio de artículos, CCED, MES, La Habana Cuba, pp 125 - 156.
8 Rodríguez González, Fermín O. [1998]. Enfoque, Dirección y
Planificación Estratégicos. Conceptos y metodología./ Fermín O.
Rodríguez Gonzáles y Sonia Alemañy Ramos./ Dirección por Objetivos y
Dirección Estratégica, la experiencia cubana. Compendio de artículos,
CCED, MES, La Habana Cuba, pp 10 - 40.
10 Goldsmith, Joan [1997]. Memoria técnica: Taller Dirección por
Objetivos, abril 1997./ Joan Goldsmith y Keneth Cloke. Compilado por:
Esperanza Carballal del Rio, Jorge Rodríguez López y Carlos Díaz
Llorca./ Dirección por Objetivos y Dirección Estratégica, la experiencia
cubana.
11 España [1999]. Cómo elaborar un plan estratégico de la empresa./
ESADE, No 1, pp 1- 36.
El
Dr. Ronda es Profesor Investigador del Centro de Estudios de Gestión
Empresarial de la Universidad de Holguín, Cuba
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