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LA IMAGEN DE SU EMPRESA EN UNA TARJETA

Autor: Manuel Guerrero

PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS, PyME

06 / 2001  

Herramientas

Cuide hasta el último de los aspectos de una presentación, ya sea usted u otra persona, recuerde que ese enviado es la organización ante su cliente, es la empresa ante el consumidor y ese valor agregado puede ser el que active la decisión de compra.

Estas reflexiones son producto de la experiencia personal, esa misma experiencia que me impulsa a confesar ese enorme error que cometí hace ya algún tiempo cuando me encontraba aún en la universidad e iniciábamos un proyecto exportador con otros compañeros y que desde entonces he evitado repetir con un enorme éxito.

Quiero compartir este pasaje poco agradable de mi vida con usted estimado lector y mostrarle como pasé una gran vergüenza frente al gerente de una gran compañía que se perfilaba como un futuro cliente. Afortunadamente el contrato pudo salvarse pero tuvimos que gastar mucho más tiempo y trabajo para no perderlo.

Figúrese usted que nuestra empresa (aún hoy en funcionamiento) pretendía exportar artículos de cuero a Centroamérica. Estos artículos estaban dirigidos a la promoción de las empresas, bien como publicidad o como incentivo. Es decir que en cierta forma creábamos un poco de imagen corporativa.

Todo marchaba muy bien pese a los contratiempos normales de inexperiencia, recursos limitados y todos esos obstáculos que se deben aprender a sortear. Yo estaba encargado de manejar la cuenta de una muy importante empresa de químicos en el país la cual nos podía abrir puertas en las filiales del exterior, además era importante una experimentación en el mercado interno para perfeccionar nuestros procesos.

Como les contaba, por fin habíamos logrado una cita con el gerente de publicidad y todo estaba listo para presentarle un muestrario de nuestros productos. Al principio se mostró algo indiferente, pero conforme se le explicaban las ventajas de nuestros productos se fue interesando al punto de aceptar la opción para su campaña anual de publicidad e incentivos a clientes y proveedores, por supuesto yo estaba un poco nervioso pero con esa muestra de aprobación pude tranquilizarme.

Todo marchaba como lo habíamos previsto, pero entonces sucedió algo tan obvio que lo habíamos pasado por alto. Un craso error que resulta increíble, pero que casi nos cuesta el pedido. Mi interlocutor me pidió mi tarjeta de presentación... yo no la tenía. No tuve mas remedio que confesarle mi olvido, que era mas bien un descuido general ya que ninguno de los socios teníamos tal documento.

Primero me dijo que así no era posible pasar la información a sus distribuidores y que se notaba el desorden en mi empresa, que esta había sido una mala presentación...bueno, en pocas palabras que era mejor que me preparara para otro día. Luego pasó a dictarme una larga cátedra de cómo hacer una presentación, para luego terminar en un análisis de la capacidad de respuesta financiera que teníamos.

Estoy seguro que no lo hizo de mala fe, de hecho creo que lo hizo con el ánimo de ayudarme a mejorar. Lo logró. Desde ese día no me permito salir sin mis tarjetas de presentación, ejemplo que han seguido mis socios con mucho juicio.

Este cuento tiene final feliz porque tiempo después pudimos hacer el negocio, pero la cuenta la tuvo que manejar otra persona, ya que yo no podía con la vergüenza tan terrible de que mi cliente me hubiera dado una cátedra completa por culpa de una tarjetita de 5 x 8 cm.

Estimado amigo lector, mi interés al descubrir ante usted esta pequeña historia, no es el de haberle divertido con mis desgracias, tampoco es para que comprenda que nadie es infalible, mucho menos mi interés fue hacerle perder el tiempo. Mi verdadero interés es mostrarle como los detalles de una presentación son los que hacen la venta, si no hubieran sido las tarjetas, tal vez mi cliente se hubiese molestado si yo no llevaba traje o algo por el estilo.

Cuide hasta el último de los aspectos de una presentación, ya sea usted u otra persona, recuerde que ese enviado es la organización ante su cliente, es la empresa ante el consumidor y ese valor agregado puede ser el que active la decisión de compra.

La imagen de profesionalismo que proyecte a su interlocutor le dará presencia y seriedad a la propuesta que le lleve, además que le podrá otorgar cierto poder de negociación que puede serle de mucha utilidad.

Feliz de haber podido compartir esta experiencia me despido con la esperanza de que usted también haya aprendido algo de ella.

 

Manuel Guerrero

manuelguerreroarrobagestiopolis.com

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