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Es obvio que no necesitamos estar sometidos a una tensión extrema para lograr algo.
Lo que necesitamos es una tensión sana y bien dosificada, que nos permita forzar la frontera de lo que es posible realizar.
Siempre que deseamos descubrir nuestras propias posibilidades, averiguamos dónde esta ese límite y, cuando lo encontramos... lo cruzamos y buscamos otro.
Sin embargo en los deportes competitivos, se alienta la victoria sobre los demás y se focaliza en el adversario, perdiendo la medida de las propias capacidades.
Los deportistas que están pendientes de su rival se ven dominados por la presión, el apuro o el miedo y la obsesión por ganar puede llevarlos a la derrota. La constante preocupación por el éxito también.
La medida externa es el peor enemigo de un buen rendimiento. Un jugador juega mejor cuando intenta convertirse en su propio adversario.
Recuerdo un mundial de fútbol donde, luego del primer tiempo, Hungría vencía a Austria por 2 a 0. Los austríacos se retiraron derrotados, desmoralizados y pesimistas. Pero, a los quince minutos, salieron a enfrentar el segundo tiempo con una confianza increíble. ¿Qué había sucedido durante el descanso? El entrenador les persuadió de que el partido aún no había terminado. Les dijo que estaba dispuesto a perdonarles una derrota ante Hungría, a condición de que dieran un buen espectáculo de lucha y entusiasmo hasta el último minuto. Les estaba diciendo: "Supérense, no se midan ante los húngaros sino ante ustedes mismos."
La superación no es el afán de ser superior a los demás, o esa arrogancia que nos lleva a sobrevalorarnos injustamente. La superación, a la que hacía referencia el entrenador, reside en el hecho de poder responder de manera activa y firme a las circunstancias que se presentan. Es la base de esa "calma" que hace posible disfrutar de un juego a pesar de los resultados.
La práctica del deporte nos obliga a medirnos. El atleta aprende a deleitarse con el esfuerzo y con el riesgo, no sólo con la victoria. El entrenamiento deportivo crea esa tensión que todos necesitamos para exigirnos un poco más, forzar nuestro rendimiento y superarnos. Nos enseña lo que el éxito oculta: la capacidad para crecer en las adversidades y a no darnos por vencidos.
En la vida, como en el deporte, competimos con la realidad, las adversidades y los propios límites. Tener conciencia de nuestra capacidad de resistencia y superación es, en definitiva, tener conciencia de nuestra propia efectividad...
"Un hombre vale y se mide por su capacidad de desestimar y
relativizar
las batallas perdidas, con la mirada puesta en las metas e ilusiones
trazadas.
Sin pesimismos paralizantes"
-Enrique Rojas -
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