Los ciudadanos tomaron conciencia de que el sector público es sólo
otra "empresa" de la que ellos
son clientes y no usuarios.
Esta exigencia de calidad en productos y servicios sólo se logrará si
existe calidad personal. El aspecto humano de la calidad impone a la
calidad personal como la base de todas las calidades.
Los líderes transformadores hacen que la gente se sienta fortalecida.
Capacitan a otros para que tengan un sentido de propiedad y
responsabilidad hacia el éxito de su grupo. Los líderes creíbles saben
que cuando los colaboradores se sienten fuertes, capaces y eficaces es
posible esperar logros importantes.
Los colaboradores que se sientes débiles, incompetentes e
insignificantes tienen pobre rendimiento, desean abandonar la
organización (o se quedan a su pesar) y son propensos al desencanto, e
incluso a la oposición.
El liderazgo es una colección de prácticas y conductas y no tan sólo una
posición jerárquica. Es por eso que se lo definió como el arte de
movilizar a otros para que deseen luchar en pos de aspiraciones comunes.
Lo cual está ligado estrechamente al proceso de innovación,
incorporación de nuevas ideas, métodos y soluciones.
La honestidad y el respeto son valores fundamentales de la nueva cultura
empresarial. Pero... demasiado a menudo los ejecutivos no hacen lo que
dicen, proclaman discursos en un sentido y actúan en otro, demostrando
la existencia de profundas contradicciones entre el pensar, el sentir,
el decir y el hacer, en el seno de la organización. Esos dirigentes no
tienen en cuenta que los colaboradores sólo confían en ellos cuando sus
palabras coinciden con sus actos. Es que los colaboradores:
Necesitan ver que su líder es capaz y efectivo, que su competencia va
más allá de su capacidad tecnológica.
Necesitan ver y creer que su líder es capaz de expresar con confianza
una imagen atractiva del futuro.
Necesitan ver, creer y confiar que posee la capacidad de llevarlos hasta
la meta.
Las situaciones de liderazgo más efectivas son aquellas donde cada
miembro del equipo posee confianza y se compromete con el éxito de
todos.
La confianza es un requisito vital del liderazgo
La confianza no resuelve por sí sola los problemas, la confianza brinda
ayuda. Ayuda a reducir las interferencias, ayuda a potenciar las
comunicaciones al disminuir las barreras que impiden la transmisión y
lograr la comprensión total del mensaje, ayuda a disminuir las
diferencias de opiniones, ayuda a potenciar la adopción de mejores
decisiones. Ayuda a formar aceitados y armónicos grupos de trabajo,
ayuda al logro de resultados.
En una investigación sobre credibilidad y liderazgo se hacían estas
preguntas ¿Cómo sabe si alguien es creíble? ¿Cómo definiría la
credibilidad en términos de conducta? ¿Cómo reconoce a los líderes
creíbles?
Algunas respuestas obtenidas fueron: "Practican lo que predican". "Ponen
manos a la obra". "Sus actos son coherentes con sus palabras". "Hacen lo
que dicen que harán".
En consecuencia la conclusión sería HLQDQH: Haga lo que dice que hará.
Sin embargo esto puede resultar insuficiente. El liderazgo comprende
representar a grupos de personas que tienen necesidades, intereses,
valores y visiones no siempre coincidentes. Por lo tanto para dar el
ejemplo es necesario actuar en un conjunto colectivo de objetivos y
aspiraciones.
La nueva conclusión entonces será HLQNDQH: Hacer lo que nosotros decimos
que haremos. Que impone al líder:
Clarificar los valores personales y creencias de los miembros del
equipo,
Unificar a los colaboradores en torno a valores compartidos,
Prestar atención constantemente al modo en que todos defienden sus
valores, y
Prestar atención al modo que él mismo defiende sus valores.
Lamentablemente es común ver a ciertos dirigentes compitiendo con sus
colaboradores. Esta conducta perturba las comunicaciones y altera las
relaciones: el jefe inseguro no deja opinar o desoye opiniones de quién
tenga menos jerarquía, es autocrático con sus empleados y sumiso con sus
superiores.
Debido a que los empleados prestan más atención a lo que los ejecutivos
hacen que a lo que dicen, esta incoherencia lleva al fracaso de muchas
iniciativas de cambio tanto en los aspectos personales como en los
organizativos. Es que la organización no actúa, la gente que se
desempeña en la organización es la que actúa basada en los distintos
tipos de mensajes que recibe.
La confianza es un requisito previo en la comunicación
Escuchamos a aquellos en quienes confiamos y aceptamos su influencia. El
mayor problema de la falta de confianza es que la gente deja de
comunicarse. Si la comunicación se frena pueden sobrevenir varias
consecuencias negativas tales como confusión, tensión, reducción de la
productividad, resentimiento, frustración e incapacidad de los empleados
para realizar el trabajo.
De continuo interactuamos con personas con las cuales debemos
comunicarnos con éxito y a veces no lo logramos. Posiblemente cambiaría
este estado de cosas si fuese posible establecer relaciones más
armónicas, para lo cual es necesario disponer de dos cualidades:
La empatía. Que es la capacidad de ponerse en situación de la otra
persona, tratando de comprender sus puntos de vista y sentimientos.
La asertividad. Que es la facultad de decir lo que se siente o lo que se
piensa sin herir a la otra persona.
Es conocido que la comunicación franca y sincera se da cuando emisores y
receptores se brindan mutuamente confianza. A pesar de lo cual los
resultados de varios estudios sobre capacidad organizativa y actitud de
los empleados definen carencias en compartir información. Aceptando que
la comunicación es una avenida de doble vía de circulación es posible
comprender que brindar información y buscar intercambio de ideas y
opiniones es un recurso necesario para la comprensión de objetivos y
logro de resultados.
Expresado de otra manera: si se desea el éxito la comunicación nunca es
poca.
Cuando la empatía y la asertividad no están presentes en la relación y
existen otros inconvenientes que dificultan la comunicación es cuando se
afirma que se está tratando con "gente difícil", referido tanto a jefes,
colegas y empleados. Esa gente difícil es posible encuadrarla de la
siguiente manera:
Los dictadores. Que tratan de intimidar y controlar, no admiten
críticas, son rígidos y dados a dictar sentencia y suelen enojarse
fácilmente (a veces imprevistamente). La manera de controlarlos es no
tomando de manera personal sus arrebatos ni discutir. Resulta
conveniente esperar a que terminen su explosión de furia antes de lograr
su atención. Siendo fundamental no ceder, no humillarse ni mostrarse
vulnerable. Teniendo la certeza que no son más duros que el
interlocutor... a pesar de que intentan demostrarlo con su actitud.
Los falsos. Son quienes no actúan de frente y realizan comentarios
humillantes por la espalda, suelen ser envidiosos y cuando atacan buscan
aliados que compartan su opinión, en tanto que se esconden simulando que
no han hecho nada malo. Al respecto tenemos presente la forma de actuar
de un dirigente que cuando se encontraba en reunión solía llamar por
teléfono a colegas y o a empleados para realizarle alguna consulta,
exagerando la comunicación gestual de desacuerdo (aunque no lo
verbalizara) buscando la complicidad de quienes lo acompañaban. La
manera de controlarlos es que no crean que se salieron con la suya. No
reírse de sus salidas, responder en el acto y oír sus protestas de
inocencia. Eso sí: no subvalorizar su poder de destrucción dado que son
malos enemigos y en caso de tratarse de su jefe... comience a buscar
otro trabajo.
Los reservados. Cerrados en sí mismos y habitualmente silenciosos no
expresan por que están callados, responden con monosílabos y suelen
eludir los compromisos. Para controlarlos es conveniente realizar
preguntar abiertas de tal forma que no puedan responder sí o no. Es
conveniente no romper el silencio hasta que no tengan más salida que
definir su postura. No critique su actitud de guardar silencio pero
tampoco pida disculpas por forzarlos a que la abandonen.
Los sabelotodos. Dotados de un aire de superioridad opinan de cualquier
tema como si supieran todo de todo y de todos. Les cuesta admitir
opiniones diferentes y acostumbran ser muy críticos. Consejo: no trate
de superarlos, no lo logrará dado que poseen un inigualado arsenal de
argumentos. Cuando tenga discrepancias pregunte y repregunte para que
ellos mismos lleguen a la conclusión que Ud. busca. De no existir otra
posibilidad más que la oposición, hágalo con argumentos concretos y
demostrables. ¡Ah! Y ríase todo lo que pueda, el humor atenúa el stress.
Los indecisos complacientes. Super amables, inseguros, lentos para tomar
decisiones tratan de no adoptar posiciones extremas. Generalmente
necesitan que la gente los aprecie. Ayúdelos a decidirse, orientándolos
sobre prioridades o en los procesos de toma de decisiones. Una vez
tomada esta, apóyelos reforzando su posición... y vigile que cumpla.
Los críticos. Siempre encuentran fallas a todo lo que lo rodea, su tono
es de reproche, siempre manifiestan la culpa de otros, pero no aportan
soluciones para solucionar los problemas sobre los cuales se quejan.
Enfréntelos y manifieste su desacuerdo, bríndeles poco tiempo. Reconozca
los puntos importantes de la crítica y pida ideas y soluciones. Y si
puede ignórelos: no son buenos compañeros para compartir un café.
Los negativos. Ven los problemas pero no las soluciones, son pesimistas
y abruman convirtiendo en montañas a los granos de arena. Escuche los
inconvenientes y problemas que plantean (a veces son buenos analistas)
pero no les crea que no existe solución.
¿Quién no identifica a gente de su entorno con algunas de estas
características?. Con sinceridad: ¿No actúa Ud. a veces como alguno de
ellos? Todas esas personas poseen cualidades positivas que será
necesario reconocer y aceptar.
La confianza es un requisito fundamental en la capacitación
Cada vez son mayores las exigencias de actualizaciones tecnológicas y la
necesidad de contar con recursos humanos motivados, capacitados y
adecuados en su conformación para afrontar difíciles situaciones
coyunturales, como la actual etapa recesiva. En este tipo de situaciones
es importante el aporte del Departamento de Recursos Humanos de la
Organización.
Cuando existen problemas puntuales la tarea de RR. HH. no debe ser
solucionarlos sino asegurar que los dirigentes posean la capacidad
necesaria para responder efectivamente a inquietudes y demandas y que
los empleados estén capacitados para enfrentar y superar nuevos
desafíos.
Es decir: su valor agregado es desarrollar el capital intelectual de la
organización transformando las capacidades individuales en capacidades
integrales. Ello obliga dinamizar el proceso de capacitación y
desarrollo de los recursos humanos encargados de brindar respuestas
efectivas dirigidas a satisfacer los ritos culturales de calidad y
productividad, de modo de cumplir con el propósito de tener las personas
adecuadas, en el sitio adecuado, en el momento adecuado para alcanzar
objetivos y fines organizacionales. Lo cual demandará indagar: ¿Qué
competencias existen? ¿Qué competencias serán necesarias? ¿Cómo medir el
logro de las nuevas capacidades?
La disposición de los colaboradores a veces no se corresponde con las
capacidades que poseen. Dado que en el plano de los hechos la voluntad y
la capacidad son dos cosas distintas.
Razón por la cual al establecer programas de capacitación impone
definir:
Que es imposible capacitar a todas las personas en todos los temas.
Que el colaborador debe adecuarse a los cambios, teniendo presente que
la estabilidad laboral puede estar ligada a esa adecuación.
Que no toda la capacitación es responsabilidad de la empresa: también el
empleado es responsable de su desarrollo.
Relaciones personales y profesionales
Siendo la calidad personal la base de todos los demás tipos de calidad
resulta imprescindible que los integrantes de la organización observen
la necesidad de:
Cumplir las promesas.
No sólo poner el cuerpo, también el alma, tanto en el trabajo como en el
hogar.
Compartir éxitos y fracasos del grupo al que se pertenece.
Tomar la iniciativa, convirtiendo los pensamientos en acción.
Invertir tiempo en las demás personas, escuchando atentamente lo que
dicen y colaborando en su formación.
No decir nunca "no es mi responsabilidad", y
Hacer lo mejor que se pueda en el empleo actual.... o buscarse otro
Consideramos que para generar valor agregado será necesario que
dirigentes y especialistas hablen menos, hagan más, construyan
organizaciones competitivas, sean pro activos y no reactivos. Y posean
rendimiento positivo.
Bibliografía: El Desafío del Liderazgo. Kim Kouzes y Barry Posner (Ed.
Granica). Recursos Humanos Champion. Dave Ulrich (Ed. Granica). Gestión
de Calidad. Miguel Udaondo Durán (Ed. Díaz de Santos). Calidad Personal.
Clauss Moller (Ed. IMI). Recursos Humanos en la Argentina (Ed. Estrada).
Hugo F.
GonzálezHugo F. González es Especialista en
Recursos
Humanos. Consultor organizacional. Capacitador de mandos medios y
niveles ejecutivos. Director de ALTA GESTION en RECURSOS HUMANOS.
Desarrolló actividades ejecutivas en empresas nacionales y
multinacionales. Miembro de organizaciones empresarias y de servicios.
Autor de numerosos artículos publicados en revistas profesionales y
diarios de negocios. Autor de libros y manuales de su especialidad.
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