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Edward de Bono explica que las mentes mediocres le tienen miedo a la simplicidad, porque no pueden entender que por detrás de una idea simple no haya nada. Pareciera que las personas tienen una necesidad imperiosa de complicar las cosas simples en su afán de justificar una decisión. En el ambiente empresario es común encontrar especialistas, consultores y profesionales que en su afán de mostrar sus conocimientos o brindar consejos, explican todo por medio de términos complejos, diagramas inverosímiles y vagos conceptos. Pero también resulta sorprendente encontrar cómo estos malabaristas de las terminologías se convierten en el apoyo de empresarios que necesitan encontrar - y en especial, escuchar - una solución difícil para un problema fácil, ya que están convencidos que el remedio para todos sus males no puede ser algo simple, sino inmensamente complicado.
Estoy empezando a creer que hay gente que se niega a creer que el camino óptimo para resolver sus problemas es el que tienen delante de sus narices, posiblemente porque esto demostraría su falta de sentido común. Y lo insólito es que en su sana intención de encontrar claridad frente a los problemas, se sumergen bajo la guía de enunciados, misiones, definiciones y presentaciones que sólo aportan confusión al meollo. Porque cuánto más difícil de comprender sea lo propuesto... significa que hubo mucha materia gris por detrás. Para colmo de males, está tendencia a la complicación no sólo es un vicio latino. Inclusive existen famosos autores que lo demuestran. Uno de ellos es Stephen Covey, autor del clásico "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva". Sus propuestas son muy buenas, pero algunos de sus diagramas son una obra maestra de la complicación, ya que hace uso y abuso de los círculos concéntricos, cuadrantes y flechitas que van y vienen. Basta observar sus gráficos, tratar de entenderlos a simple vista y decir: "Este tipo debe ser un genio porque no entiendo nada, seguramente debo ser muy ignorante frente a semejante demostración de sabiduría". Porque hablemos claro: un gráfico se utiliza para explicar mejor - sintéticamente - una idea, pero jamás se ha creado para enredar las cosas. Caso contrario, no sirve.
Ahora bien, transcribo unos maravillosos ejemplos del día a día:
Por eso, sugiero iniciar una cruzada contra la tendencia a complicar las cosas. Empezar a decirle a esta gente: "Sea claro porque no se le entiende nada". O más breve aún: "Hable simple". Podemos empezar por los discursos empresarios y políticos, siguiendo por los profesores universitarios que juzgan tesis en función de la cantidad de hojas escritas, continuando por los profesionales de diversas ramas ( médicos, periodistas, abogados, publicitarios, etc. ) que hacen de las palabras difíciles su pan de cada día, y finalizando con muchos consultores y asesores, que como bien define Peter Drucker, no son otra cosa que traficantes de confusión. La complejidad no debe admirarse. Debe evitarse. Más simple, imposible.
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