En seguida se insistió entonces en el "control" de la calidad y en su
"gestión". Ahora, sin dejar de "hacer las cosas bien" para satisfacción
de los clientes, también hemos de "pensar las cosas mejor" para generar
ideas que nos permitan superar a los competidores. Tal vez hablemos
pronto de la "gestión de la imaginación", como venimos hablando de la
gestión de la calidad, o de la gestión del conocimiento. Sin duda, nos
van a hacer falta buenas ideas.
Sin desplazarnos demasiado al pasado, se reconocen como grandes
innovaciones la máquina de vapor, el ferrocarril, o más recientemente el
automóvil, el teléfono o la aviación. Pero también hemos celebrado, por
ejemplo, la llegada de los electrodomésticos, el pago con tarjeta o la
compra con carrito; ya se ve que unas innovaciones parecen haber
inducido otras, porque, en su consolidación, van abriendo nuevos
caminos. Pero, como sabemos bien, en las empresas la innovación no
apunta sólo a nuevos productos o servicios; también a nuevos métodos y
herramientas, nuevas maneras de gestionar sus recursos y capacidades, o
nuevas formas de llegar a los clientes. Podemos asimismo ser innovadores
u originales a título personal, o sea: en la gestión de nuestro tiempo,
en nuestros métodos de aprendizaje continuo, en la reacción ante lo
inesperado, etc.
Aunque en sí misma la novedad ya produce una cierta satisfacción,
sabemos bien que no se trata de innovar por innovar, sino para mejorar
el negocio; innovamos para aproximarnos a la visión o los objetivos
estratégicos formulados como proyecto de empresa. Es sabido que las
buenas ideas han llevado al éxito a muchas organizaciones de diferente
tamaño; incluso buena parte de estas empresas innovadoras se han podido
permitir intentos fallidos. No siempre se trata propiamente de
investigar o inventar: ni McDonald´s inventó la hamburguesa, ni Sony la
grabación magnética de video o audio, ni 3M el papel; pero estas
empresas, como tantas otras fuera y dentro de nuestro país, tienen un
bien ganado prestigio como innovadoras. Todas son típicamente empresas
en que se cultiva una cultura empresarial abierta a los cambios, las
nuevas ideas, la asunción de riesgos y, por lo tanto, posibles fracasos.
La creatividad individual
Si se dan las condiciones adecuadas, todos ponemos a funcionar nuestra
capacidad de pensar, incluido el pensamiento divergente, característico
de la creatividad. Quizá vale la pena recordar aquí el modelo Herrmann
de funcionamiento del cerebro pensante, para convenir en que hay
modalidades de pensamiento (divergente, sintético, holístico,
conceptual, sistémico, analítico, proactivo…) que deberíamos desarrollar
más, en beneficio de nuestro rendimiento profesional. Todas las
modalidades recogidas en el cuadro, y seguramente otras, son
desarrollables: a ello ayuda, de entrada, la toma de conciencia sobre su
necesidad. El taylorismo parecía no dejar espacio para nuestra capacidad
de pensar y de sentir, pero eso ya está superado.
Pensamiento sistémico
Pensamiento conceptual
Pensamiento crítico
Pensamiento estratégico
Pensamiento holístico
Pensamiento analítico
Pensamiento sintético
Pensamiento divergente
Pensamiento convergente
Pensamiento proactivo
Pensamiento paralelo
Pensamiento conciliador
Algunas modalidades de pensamiento en que puede haber espacio para
mejorar
Siendo buenos pensadores divergentes, o quizá ayudándonos de técnicas al
uso como las propuestas por Edward de Bono, podemos generar elaboradas
ideas originales, con fluidez y diversidad. Si también somos buenos
pensadores convergentes, podremos hacer una primera evaluación de la
validez de nuestras ideas. Pero, ¿de dónde surgen? Si nos dejamos llevar
por la parte más racional de nuestro cerebro, probablemente nuestro
pensamiento resulte lineal, sometido a una especie de autocensura. Por
eso, lejos de la improvisación surgida de la conciencia, en muchos casos
resulta conveniente pedir ayuda a la memoria lejana o preconciencia, e
incluso encargar el trabajo al subconsciente, que se mueve con mayor
libertad.
Si la demanda creativa constituye efectivamente un reto, hemos de
internalizarlo para propiciar la incubación de las ideas. Luego, éstas
pueden surgir en cualquier momento, estemos o no trabajando en el
problema. De hecho -seguramente lo hemos experimentado alguna vez-, si
una idea nos pilla a contrapié, podría esfumarse sin que nos diera
tiempo a registrarla en la conciencia. Todo lo anterior parece obvio,
pero los expertos denuncian que, en las empresas, a menudo apelamos a la
imaginación con alguna superficialidad y aun frivolidad, y cerramos
prematuramente los procesos creativos sin dejar que emerjan ideas
todavía en incubación (Efecto Zeigarnick).
También conviene recordar que hay individuos creativos por naturaleza,
como los hay pragmáticos, resolutivos, conciliadores, calculadores… Un
estudio de Mihaly Csikszentmihalyi viene a concluir que los creativos
son individuos de personalidad compleja, presentando opuestos rasgos de
personalidad en diferentes momentos. Aunque el estudio se desarrolló
sobre personas socialmente reconocidas como creadoras, cabe admitir, por
la experiencia, que los trabajadores de perfil creativo constituyen
generalmente una cierta pesadilla para sus jefes. Naturalmente, es más
sencillo dirigir personas sumisas, previsibles y disciplinadas, pero los
nuevos directivos asumen el reto de gestionar a cada colaborador
conforme a sus características y a su momento.
En realidad todos podemos ser más creativos si nos lo proponemos, y si el trabajo no nos proporcionara las oportunidades, seguramente las buscaríamos fuera de él. Algún grado de realización personal constituye para todos una necesidad, y la creación de novedad valiosa resulta especialmente gratificante, como lo es igualmente el alto rendimiento en lo que hacemos: todo esto ha estudiado también el profesor Csikszentmihalyi. La creatividad personal -viene a decirnos- constituye una satisfactoria canalización de nuestra energía psíquica y contribuye por ello a nuestra felicidad.
Pero hemos de recordar igualmente que la energía creativa no es suficiente para asegurar la innovación; si carecemos de la necesaria formación e información sobre el campo o el sistema al que deseamos aplicar nuestra imaginación, podríamos acabar resultando extravagantes. A un cierto grado de creatividad -natural o adquirida- se ha de sumar una buena dosis de formación e información, de motivación intrínseca, de perseverancia, de capacidad de concentración, de alineación o compromiso con la visión y estrategia formuladas, de sagacidad, y quizá también de atrevimiento, entre otros atributos. Todo ello requiere la innovación en la empresa.
La creatividad corporativa
Sin duda, las empresas están adquiriendo conciencia de la importancia de
su capital intelectual, aunque quede camino por recorrer. En lo que se
refiere al impulso de las ideas en pro de la innovación, hay que
recordar que no se trata sólo de resolver original y eficientemente los
viejos o nuevos problemas; las empresas precisan también de la
creatividad para alcanzar nuevas metas y explotar mejor sus ventajas
competitivas.
Objetivos del movimiento innovador en las empresas
Alcanzar nuevas metas.
Resolver problemas.
Explotar mejor las ventajas.
Crear nuevos elementos diferenciadores.
No descubrimos nada al decir que el movimiento innovador ha de brotar
de la cultura corporativa y del proyecto de empresa; ha de inspirarse en
la visión de la compañía y, consecuentemente, en la satisfacción de los
clientes. De otro modo, podría generar esfuerzos desalineados, y
conduciría a la resultante de creatividades individuales. La alineación
es -lo subrayan Robinson y Stern en Corporate Creativity- un ingrediente
crítico como catalizador de la creatividad corporativa. Así las cosas,
el concepto de tensión creativa -la creada por la distancia entre la
realidad de la empresa y su visión de referencia- nos permitiría esperar
una buena corriente de ideas, si no fuera por algunas resistencias
físicas y psicológicas a menudo presentes. El exceso, por cierto, de
tensión (tanto a nivel organizacional como en en entorno próximo) no
parece recomendable, porque incrementa paralelamente las barreras
psicológicas a la creatividad. A veces, los directivos, no sabiendo cómo
energizar a sus colaboradores optan por presionarles o estresarles en
busca de mayor rendimiento. Puede resultar efectivo a corto plazo, pero
no parece la mejor solución sino la más sencilla.
Creatividad y trabajo en equipo
Se diría por otra parte que, en general, hemos venido cayendo en la
tentación de asimilar la creatividad corporativa a una especie de
creatividad en equipo: quizá por la difusión de diferentes modalidades
del brainstorming que concibió Alex Osborn. Lo cierto es que la
innovación precisa de la adecuada combinación de trabajo individual y
trabajo en equipo; o, dicho de otro modo, de trabajo en el puesto y
trabajo en reunión. La dosis depende, obviamente, del tipo de reto
creativo y de la etapa del proceso: identificación del problema,
incubación de las ideas-soluciones, aparición y formulación de las
mismas, evaluación, y puesta en práctica. En el caso más sencillo,
parecería que la primera mitad del proceso es individual y divergente, y
la otra mitad en equipo y convergente; pero los retos no son siempre
sencillos y puede que haya que trabajar en equipo ya desde la propia
identificación del reto, problemas subyacentes incluidos.
Por concretar, resultaría más asequible el encargo de simplificar y
hacer más didácticos los manuales de instrucciones de ciertos
electrodomésticos (a veces malas traducciones de otros idiomas), que el
abordar con originalidad y eficiencia la tarea de mejorar el clima
laboral, o por ejemplo, mejorar la satisfacción de los clientes en
empresas de servicios. En estos últimos casos, la solución buscada
depende de diversos factores que pueden relacionarse de manera compleja:
podría ocurrir que al mejorar un factor, se debilite otro. Aunque este
pensamiento de oposición nos recuerda el método TRIZ (teoría para
solución creativa de problemas, surgida en la Unión Soviética en 1946),
puede resultarnos más familiar el método Osborn-Parnes (Estados Unidos,
1941). Estos métodos, y las variantes surgidas luego, vienen a destacar
la importancia de identificar el problema en profundidad. En esto han
seguido insistiendo muchos expertos, entre ellos Jacob Getzels; desde
luego, si no hemos analizado rigurosamente el problema, tenemos que
dudar del proceso posterior.
1. Formular el reto creativo.
2. Recopilar información al respecto.
3. Analizar y definir el problema.
4. Generar ideas.
5. Seleccionar y concretar la solución.
6. Establecer el plan de acción.
Etapas generales del método Osborn-Parnes
Hay que decir que, en mayor o menor grado, todas las etapas del método
de Alex Osborn y Sidney Parnes (ver cuadro) hacen uso de la técnica del
brainstorming, y tienen su propia fase divergente y su complementaria
fase convergente. Nos puede servir de referencia en retos creativos
complejos, que han de ser abordados por equipos idóneos de personas.
Papel de los directivos intermedios
John Kao nos recuerda que el líder debe crear un clima que permita
convertir las dificultades en energía creativa. Los directivos han de
consolidar una cultura propiciadora de la creatividad que, en ocasiones,
supone comenzar neutralizando las barreras físicas y psicológicas.
Muchas empresas llevan ya ventaja en la cultura innovadora, pero las
demás se aproximan. Al margen de que ellos también pueden tener ideas
valiosas, los directivos intermedios, cuyo papel ha evolucionado
sensiblemente en los últimos años, gozan de una situación de privilegio
para identificar áreas necesitadas de innovación.
En la creatividad corporativa podemos distinguir entre iniciativas
ascendentes (sugerencias de los trabajadores, por ejemplo al estilo
kaizen teian japonés), iniciativas horizontales (de ámbito individual o
grupal) e iniciativas descendentes; estas últimas consisten típicamente
en la identificación de focos necesitados de imaginación. De este modo,
los directivos intermedios encargan el trabajo creativo a los
profesionales más próximos al reto planteado. El cuadro recoge algunas
de las tareas que corresponden a los nuevos directivos intermedios, en
lo relacionado con la innovación.
· Creación de climas propicios.
· Informar y desarrollar a los colaboradores.
· Difusión de la creatividad como valor.
· Receptividad a las sugerencias.
· Identificación de focos de innovación.
· Análisis y definición de problemas.
· Cuidar la deseada alineación y · sinergia.
· Evaluación de las propuestas innovadoras.
· Puesta en práctica de las ideas valiosas.
· Reconocimiento de los esfuerzos creativos.
· Consolidar la experiencia innovadora.
Funciones del directivo intermedio en la innovación
Conclusión
Los beneficios de la innovación (podría quizá hablarse más propiamente
de los perjuicios de la complacencia y el inmovilismo) se manifiestan
cuando se apuesta por ella con autenticidad, desde un proyecto de
empresa compartido por todas sus personas. A partir de esa disponible
reserva de energía emocional (motivación intrínseca), pueden surgir
ideas que añadan sensible valor a la empresa. Surgirán, si establecemos
y alimentamos los cauces convenientes, y desarrollamos el potencial
intelectual de la organización, tanto en la capacidad creativa como en
el resto de dimensiones competenciales. Guardábamos una frase leída en
The Daily Telegraph, para los lectores que nos hayan acompañado hasta
aquí: "Creatividad significa cuestionar lo establecido, y buscar nuevas
y mejores formas de hacer las cosas, en beneficio de la organización".
Nos sirve para recordar a esos empleados que se plantean repetidamente
el porqué de las cosas dentro de las empresas: primero son identificados
como críticos y quizá "puestos en observación", pero antes o después
aparece su vena creativa.

Consultor de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training & Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso, Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red".
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