Observaron que los niños del primer grupo (los más inteligentes) eran
más convencionales y su motivación más extrínseca, y que los del segundo
(los más creativos) eran más rebeldes y su motivación más intrínseca.
Obviamente, los profesores preferían al primer grupo. Nosotros no
sabemos si el estudio se ha hecho también para adultos, pero nos
atrevemos a pensar que los jefes se quedarían asimismo, muy
probablemente, con el primer grupo. Sin embargo, la creatividad es un
valor al alza, y además, hemos de admitir que el CI no es tan buen
predictor del éxito como el CE (cociente emocional).
Cuando Peter Drucker -hace casi 50 años- nos hablaba del marketing y la
innovación como funciones básicas de la empresa, nos alertaba sobre la
contribución de la misma a las novedades que el mercado demanda, espera
o celebra. En la empresa, la innovación apunta, por consiguiente, a
nuevos productos y servicios que ofrecer al mercado; aunque también a
nuevos métodos o procedimientos que permitan mejorar la productividad. Y
la generación de nuevos productos o nuevos procedimientos pone a prueba
nuestra creatividad. Podemos crear como consecuencia de un trabajo de
investigación, de un descubrimiento casual o de una buena idea -o de
todo a la vez y alguna cosa más-, por eso los directivos han de impulsar
o propiciar la investigación, la serendipidad y el brote de buenas ideas
en sus organizaciones. Goran Ekvall, de la Universidad de Lund (Suecia),
que durante años ha estudiado la relación entre la innovación y el clima
organizacional, sostiene que la mayor parte de los catalizadores de la
creatividad en la empresa (reto, apertura, debate interno, buen humor,
asunción de riesgos, etc.) están directamente relacionados con el
comportamiento del líder. Es como si el potencial creativo de las
personas estuviera esperando que alguien lo alentara o, tal vez, que
alguien levantara el tradicional bloqueo.
El concepto de creatividad
Recordemos brevemente que el interés por la creatividad creció
sensiblemente en la segunda mitad del siglo XX, con Joy Paul Guilford
-que ya entonces relacionó la creatividad con el pensamiento divergente-
como iniciador del fenómeno; pero, sin detenernos en su historia,
avancemos en el concepto. Al intentar definir la creatividad -capacidad
de generar novedad valiosa-, nos alineamos con su concepción sistémica.
No basta con que nuestro hallazgo o nuestra idea nos parezca valiosa a
nosotros mismos: hablaremos de creatividad cuando nuestra aportación al
campo correspondiente sea reconocida e incorporada por el sistema (la
organización y su entorno). Así, la sanción de nuestra creatividad
corresponde a las autoridades del campo en que trabajamos. El hecho es
que, vinculado en la empresa el concepto de creatividad con el de
innovación, no cabe detenerse en considerar que una idea es creativa si
no se implanta y funciona.
La personalidad creativa
También conviene recordar que hay individuos creativos por naturaleza,
como los hay pragmáticos, resolutivos, conciliadores, calculadores… Un
estudio de Mihaly Csikszentmihalyi viene a concluir que los creativos
son individuos de personalidad compleja, presentando opuestos rasgos de
personalidad en diferentes momentos. Este prestigioso psicólogo
americano, de origen húngaro y residente en California, habla de los
creativos como individuos a la vez, y según el caso, agudos e ingenuos,
extravertidos e introvertidos, humildes y orgullosos, agresivos y
protectores, realistas y fantasiosos, rebeldes y conservadores,
enérgicos y pausados, integrados y diferenciados... Son personas que en
sus reflexiones cotidianas no sólo se preguntan el qué y el cómo:
también se preguntan por qué, incluso varias veces.
Aunque el estudio se desarrolló sobre personas socialmente reconocidas
como creadoras, cabe admitir, por la experiencia, que los trabajadores
de perfil creativo se caracterizan igualmente por la complejidad y
constituyen generalmente una cierta pesadilla para sus jefes.
Naturalmente, es más sencillo dirigir personas sumisas, previsibles y
disciplinadas; pero los nuevos directivos asumen el reto de gestionar a
cada colaborador conforme a sus características y a su momento, en
beneficio de su contribución. Hablando ya con lenguaje empresarial,
Mitchell Ditkoff apunta rasgos de comportamiento de los más creativos:
véase el cuadro siguiente.
Suelen cuestionar el statu quo.
Investigan nuevas posibilidades.
Se automotivan.
Se preocupan por el futuro.
Ven posibilidades en lo imposible.
Asumen riesgos.
Tienden al movimiento y la interacción.
No temen parecer tontos o infantiles.
Ven conexiones ocultas.
Se concentran en retos y problemas.
Se muestran perspicaces.
Resisten la ambigüedad y la paradoja.
Aprenden continuamente.
Concilian la intuición y el análisis.
Se comunican de forma efectiva.
No se desalientan fácilmente.
Su individualismo no les impide trabajar en equipo, si se les deja
espacio.
Características de comportamiento de los más creativos, según M. Ditkoff
Creatividad y atención
Aunque hay, efectivamente, personas más creativas que otras, todos
podemos elevar nuestra creatividad, mediante la mejora de todos o
algunos elementos facilitadores de la misma: imaginación,
información/formación, automotivación, tesón, y concentración. Cabe
pensar que es difícil mejorar la imaginación, aunque algo puede hacerse;
pero en los otros facilitadores hay bastante más capacidad de maniobra.
Así es: por mucha imaginación que tengamos, si se nos oculta información
o se nos impide concentrarnos, poco podemos hacer. La concentración
supone focalizar la atención y no dispersarla. Vale la pena detenernos
en el tema de la atención.
Podemos entender la atención como aplicación del entendimiento (“estar
atentos”); pero, interpretando la atención más activamente como “toma en
consideración de algo, reflexionando sobre ello”, observemos que unas
personas tienen tendencia a distribuir o dispersar su atención y otras a
concentrarla; unas personas tienen tendencia a centrar su atención en
las cosas positivas y otras en las negativas; unas personas atienden a
detalles o matices que resultan inapreciables para otras. Pues, como la
atención determina lo que aparece en nuestra conciencia -y los
optimistas son probablemente más felices que los pesimistas-, cabe
recordar, por ejemplo, que nuestra felicidad depende, en alguna medida,
de cómo manejamos la atención. De ello nos habla igualmente el profesor
Csikszentmihalyi, que identifica la atención con la energía psíquica, y
que, también en su libro Creativity, nos recuerda que muchas de las
personas creativas concentran su atención en un campo determinado. La
atención es un recurso limitado: cuando prestamos atención, también la
restamos; hemos de restar atención a unos campos para prestársela en
mayor dosis a otros.
Aunque suene a comentario digresivo, es cierto que los individuos
creativos, muy atentos a su campo pero poco al resto de cosas, son a
menudo considerados raros, extraños e incluso egoístas. Algo parecido
puede suceder a muchos directivos que, condicionados por su
responsabilidad, se muestran extraños a los ojos de los trabajadores. El
hecho es que personas que orientan su atención a destinos bien
distintos, se ven bien distintas unas a otras y ello afecta a las
relaciones.
El papel de los directivos
Nos parece que, en la empresa, la creatividad pasa más por personas
especialistas que por personas generalistas. De aquellas y de estas
necesita la empresa, pero, crear en un campo, exige dedicarle mucha
atención y concentración. Hay algunos directivos que piensan que la
creatividad es cosa suya y no de sus colaboradores; que no consideran
buena ninguna idea que no se les haya ocurrido a ellos. Pero,
lógicamente, también hay directivos que alientan, y no sofocan, la
creatividad de sus colaboradores, y son bien conscientes del papel que,
como directivos, les corresponde en la innovación (sin descartar la
propia generación de buenas ideas): lo recogemos en el cuadro siguiente.
Creación de climas propicios.
Informar y desarrollar a los colaboradores.
Difusión de la creatividad como valor.
Receptividad a las sugerencias.
Identificación de focos de innovación.
Análisis y definición de problemas.
Atención a la deseada alineación y sinergia.
Evaluación de las propuestas innovadoras.
Puesta en práctica de las ideas valiosas.
Reconocimiento de los esfuerzos creativos.
Consolidación de la experiencia innovadora.
Papel de los directivos en la innovación
Conclusión
Los beneficios de la innovación (podría quizá hablarse más propiamente
de los perjuicios de la complacencia y el inmovilismo) se manifiestan
cuando se apuesta por ella con autenticidad, desde un proyecto de
empresa compartido por todas sus personas. A partir de esa disponible
reserva de energía emocional y motivación intrínseca, pueden surgir
ideas que añadan sensible valor a la empresa. Surgirán, si la Dirección
establece y mantiene los cauces convenientes, y desarrolla el potencial
intelectual de la organización, tanto en la capacidad creadora como en
el resto de dimensiones competenciales. Guardábamos una frase leída en
The Daily Telegraph, para los lectores que nos hayan acompañado hasta
aquí: “Creatividad significa cuestionar lo establecido, y buscar nuevas
y mejores formas de hacer las cosas, en beneficio de la organización”.
Nos sirve para recordar a esos empleados que se plantean repetidamente
el porqué de las cosas dentro de las empresas: primero son identificados
como críticos y quizá “puestos en observación”, pero, antes o después,
se reconoce su vena creativa.

Consultor de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training & Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso, Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red".Contacto autor jose.enebralarrobafycsa.es
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