Hace algunos días mantuve una conversación con una conocida mía en la que discutíamos sobre la actitud de la mujer que limpia su casa una vez por semana.
Pepi, la mujer que limpia los martes la casa de mi amiga, limpia bien
la casa pero tiene la habilidad de dejarlo todo descolocado una vez la
ha limpiado, esto parece exasperar a mi amiga.
Precisamente quedamos en vernos en su casa un martes. Encontré a mi
amiga totalmente enfurecida con el “desorden” de la limpieza. Al
escuchar sus lamentaciones le propuse que buscara otra “mujer” que
hiciera las tareas de Pepi. Su respuesta fue rotunda: “no, no voy a
buscar a otra, Pepi no deja la casa impecable, desordena todo pero es
buena persona. Y eso es lo importante porque hoy día es difícil
encontrar buenas personas”.
Su respuesta me sorprendió. Me esperaba que dijera que sí, que buscaría otra persona que no fuera tan desordenada en su trabajo, pero no me esperaba que las razones de seguir contando con Pepi se basaran en la bondad de su persona.
En aquel momento me paré a pensar en la coincidencia que tenía su teoría con la realidad del mundo empresarial.
He sido testigo por mi trabajo en diversas empresas que lo que
importa no es lo que sepas hacer, sino el cómo lo sepas hacer, que lo
importante no sólo es la aptitud sino también la actitud, que lo que se
busca es el talento de las personas, o lo que es lo mismo la suma del
talento y del talante.
Encontré apoyado este paralelismo en el estudio anual que realiza la
firma The Washington Quality Group en el que se destaca entre otras
características la honestidad que los directivos deben tener. Se trataba
de un minucioso estudio que versaba sobre la capacidad de liderazgo y la
forma en la que es percibido el directivo español.
En este estudio realizado a 153 directivos de 18 empresas españolas,
se revela que el directivo español 2001 es un jefe honesto y respetuoso
con sus empleados, empieza a dar importancia al aspecto emocional,
intenta proporcionar una formación adecuada y mejorar el trabajo en
equipo. Sin embargo, aún debe reforzar su capacidad para delegar y
ajustar mejor su liderazgo a las necesidades de cada individuo.
Otra de mis reflexiones se centró en las palabras de Alberto Terol,
máximo responsable europeo de una de las llamadas <<big five>> al
afirmar que: “Hay que rodearse de gente sincera, capaz de decirte lo que
no quieres oír”. Gente que te diga la verdad. En definitiva predicar con
el ejemplo.
Recordé incluso las famosas 3 H que solía predicar Juan Carlos
Cubeiro sobre las cualidades ideales de los líderes, Humildad, Humor y
Honestidad.
Finalmente me vino a la memoria un chiste de Maitena publicado en el
diario “El País” cuando hacía referencia a las seis cosas más difíciles
de encontrar, una buena “asistenta” (conversación entre dos mujeres):
”¿Porqué si cocinan bien, limpian mal..., si saben comprar, son
lentas..., si planchan bien, odian a los niños..., si son de confianza,
hablan mucho... y si son eficientes, te dejan colgada?. No sé, qué raro
¿no?, un trabajo tan bonito”.
El caso de Pepi es el caso de muchos trabajadores, no realizan
trabajos espectaculares en términos de productividad pero están ahí, en
ocasiones sonriendo, en ocasiones ayudando a otros, otras veces,
simplemente escuchando y, en definitiva esto es lo importante, “limpiar
cada día la casa hacia dentro y hacia fuera”.
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