Por un lado están los capitales que buscan un buen sitio para desarrollarse, por otro lado, están las situaciones particulares de los estados y que decir de las situaciones de los individuos. En fin, esta es la discusión de la globalización. Un producto de las tesis neoliberales? o un plan estratégico diseñado por quienes deciden?. Es difícil que lo averigüemos en el corto plazo, sin embargo, pretender reinventar la historia de la mano invisible, dándole una conciencia de dominación es simple terrorismo. No nos subestimemos ni subestimemos el entorno.
La modernidad trae consigo nuevos retos, retos que en poca medida
hemos asumido con cultura empresarial. Muchos de nosotros, insistimos en
que podemos salir adelante cerrando los ojos y creando “nuestros propios
modelos de desarrollo”. Esto suena a economía mas que a ejercicio de
emprendedores, pero el momentum lo amerita. Hace pocos días terminó la
cumbre de presidentes en Guayaquil. Ahí se definieron muchos acuerdos,
acuerdos que quedarán en el papel si no hacemos nada por impulsarlos.
Digamos que pudimos ver a nuestros dirigentes dando una imagen de unidad
y de acuerdo entre intereses nacionales. Eso es una buena señal, ojalá
no sea solo eso. Lo más interesante, es que por fin se habló de lo
inapropiado del modelo neoliberal a ultranza, se criticó el
intervensionismo económico y se dió un paso más hacia la libertad de
nuestras economías.
Los empresarios latinoamericanos podemos entonces aportar, para que se llenen los vacíos de política y de seguro, que a partir de ahora se pondrán en marcha o se acelerarán los programas de reindustrialización de América Latina. La esperanza es sobrevivir al ALCA. El Acuerdo De Libre Comercio De Las Américas, es una situación que vendrá a cambiar radicalmente nuestro nivel de negocios en la región, pero la idea es aprovechar esa oportunidad, para beneficio de la región y no solo para beneficio de la inversión norteamericana.
Por si no se habían dado cuenta, la idea es estandarizar el mercado
de todo el continente americano, es la respuesta de la economía más
grande del mundo ante la actual unificación del mercado europeo. Lo malo
es que se planea hacerlo aceleradamente y a la fuerza. Que debemos
esperar entonces los empresarios latinoamericanos?, definitivamente no
va a ser un paraíso si no somos lo suficientemente maduros, para
responder con altura en el nuevo escenario.
Estamos a años luz de ser economías desarrolladas, pero sabemos trabajar
bien, debemos defender nuestros mercados, pero no cerrando las
fronteras, sino con calidad, compitiendo desde una posición agresiva,
muchos ya lo han logrado. Son miles las firmas que han defendido su
posición en el mercado y que no se han dejado desplazar, estas empresas
inclusive han obligado a colusionar a las multinacionales.
El reto ya está en nuestro camino, si no seguimos adelante, seremos
atropellados por la competencia. Los empresarios pequeños, los medianos
e inclusive los grandes debemos entender de una vez por todas, que la
guerra esta próxima, ¿quien ganara? El mas fuerte.
Recuerdo con preocupación, cuando en al secundaria, hablábamos de la
conquista y nos aclaraban que en aquel entonces, las tropas europeas
encontraron divididos a los indígenas suramericanos y que por tal
motivo, les fue mucho mas fácil dominar nuestro territorio. Será que eso
se va a repetir?. El presidente Perón de Argentina ya lo dijo hace 50
años; el siglo XXI nos encontrara más unidos o más dominados. Es
lamentable que después de la cumbre se reporte la segunda opción como la
actual.
No se trata de despreciar los capitales y la tecnología que llegará de
los países desarrollados, se trata de no ser dominados, esta vez en el
mercado, por las potencias comerciales, es difícil y ya vamos tarde a la
preparación, pero de seguro que se podrá hacer algo antes que la amenaza
se cumpla.
Contrario a lo que se pueda creer, todavía hay voces que reclaman el
total aislamiento de cada país para desarrollarse, esas son voces
inconscientes, son voces que deben ser desatendidas, sin embargo, es
obvio que la unidad empresarial latinoamericana es una utopía para
lograr en 3 o 4 años.
En otras oportunidades he defendido la tesis que dice que cuando el
estado no planea, son las empresas las que lo hacen, eso preocupa cuando
para rematar se trata de multinacionales extranjeras. Entonces no es
maldad de ellas, sino falla de nosotros por permitir que eso suceda.
Para este momento, ya son muchas las que conocerán nuestro mercado,
mejor que nosotros mismos, tienen misiones comerciales y adelantan
programas de acuerdos multilaterales, para lograr asegurarse un corte
del pastel de nuestro mercado.
Los gerentes latinoamericanos tienen la obligación de pelear esta guerra con todo lo que tienen, una visión cortoplacista solo facilitará las cosas a las nuevas empresas y acarreará que nos convirtamos en un continente de empleados y dejemos de ser empresarios.
Es lo que queremos para nuestros hijos? Es el sueño que perseguíamos
cuando fundamos nuestras empresas?, no. Entonces a trabajar, a planear,
es hora de ampliar nuestra visión y enraizarnos lo que más podamos en
nuestros nichos, basta de desperdiciar insumos o de hacer malos cálculos
de costos, basta de pensar que la publicidad es un gasto y no una
inversión. El enfoque al cliente, el cálculo mesurado de los márgenes de
utilidad y la capacitación de la mano de obra son fundamentales.
Los estados subsidiarios o paternalistas deben sobrevivir en cierta
medida, beneficiando a todos y no solo a los grandes consorcios
industriales, la política de desarrollo de los países debe estar
sustentada en una política industrial firme de largo plazo y la
corrupción debe dejar de ser el cáncer que nos carcome por dentro.
Entonces muchos dirán al leer estos párrafos “utopías, sueños,
pensamientos y palabras bonitas”, sigan pensando así y no tendremos
producción nacional, el empleo caerá aún más, y seremos una colonia de
nuevo, si es que dejamos de serlo alguna vez.
Esto hay que hacerlo, no hay opción, ya tuvimos el experimento de las
economías abiertas, este es un acuerdo de libre comercio, es decir que
es mucho mas profundo. Si no fuimos capaces de aprender nuestra lección
hace 10 años, entonces nos merecemos el futuro alquilado que nos espera.
Si actuamos con rapidez, fortaleciendo nuestro aparato productivo,
competitivamente, entonces hay esperanza.
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