La ética de la ciencia

Autor: Gregory Carrizales

ÉTICA Y VALORES ORGANIZACIONALES

04 / 2002  

La investigación es un proceso indagatorio que le ha permitido a la humanidad incrementar sus conocimientos acerca de hechos concretos, situaciones determinadas, en definitiva, le ha permitido precisar aspectos sobre la realidad.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que el término realidad no debe limitarse en su entendimiento a un contexto exclusivo, sino que mas bien debe asumirse en todo lo amplio de su definición. Así pues, gracias a la amplitud de pensamiento y a la búsqueda de soluciones la humanidad ha alcanzado grandes desarrollos en astronomía, física, biología, medicina, genética, computación, economía, y en otras ciencias y disciplinas.

Es de destacarse, que este proceso indagatorio se ha venido presentando desde tiempos remotos en todas las culturas u organizaciones sociales que han existido sobre la faz del planeta.

En este sentido, las primeras civilizaciones se enfrentaron a los dilemas fundamentales de existencia y a la búsqueda de solución de esas necesidades (comida, vestido, hábitat, entre otros) con procesos indagatorios que aunque no pudiesen definirse como investigación en el sentido estricto del término, en cierta medida esos procesos permitieron obtener conocimiento nuevo sobre la realidad.

Ha sido en este proceso de búsqueda de conocimiento y de beneficios (satisfacción de necesidades), a través del tiempo, que la humanidad ha moldeado su condición social, política, económica, cultural y ética y a su vez ha potenciado su capacidad creativa y destructiva. 

En este aspecto, lo relevante es que para la humanidad las necesidades y percepciones sobre la realidad han ido tomando matices más complejos en función de los niveles de abstracción que ésta ha alcanzado, es decir, que en la medida que se han estructurado conceptos y definiciones la humanidad ha abordado la realidad de una forma determinada. Este abordaje ha respondido no sólo a la intención de describir, analizar e interpretar los fenómenos y situaciones sino que a su vez ha respondido a finalidades concretas supeditadas a una valoración particular de dicha realidad. 

En este sentido, es claro afirmar que los niveles de abstracción alcanzados por la humanidad no sólo han representado mayores grados de complejidad y sistematización en el conocimiento, sino que a su vez se han visto influenciados por una orientación una carga valorativa y una ética particular propia de las culturas y sociedades. Asimismo, es importante destacar que estos aspectos valorativos y éticos de las culturas también se ha venido desarrollando a la par de los procesos indagatorios. 

En otros tiempos -y aun en lo días presentes- el sentido ético y valorativo de los procesos indagatorios de la ciencia, era particularmente minimizado en aras del conocimiento y de la solución a las interrogantes que cada día se manifestaban en la realidad. El afán y extremismo científico por abordar y solucionar problemas devino en una falta de responsabilidad en cuanto a los efectos y resultados obtenidos en los procesos indagatorios. Este descuido hizo posible que la ciencia se pusiera al servicio de intereses absolutistas y particulares, que en cierto modo terminaron por degenerar los fundamentos de la ciencia y de la academia. 

Asimismo, el hacer irresponsable de la investigación ha permitido que aflore la idea de la ciencia como un arma de destrucción de la vida y de la humanidad. El extremismo científico motivado por posturas éticas y valorativas particulares devino en nocivas aberraciones como los experimentos del médico Joseph Menguele en seres humanos, durante la segunda guerra mundial; o los experimentos del Gobierno Norteamericano con soldados y retrasados mentales tras las primeras pruebas nucleares realizadas en Nuevo México. En estos y otros muchos casos debidamente documentados la ciencia ha perseguido el conocimiento y ha buscado soluciones a problemas puntuales, que bien pudiesen haber redundado en beneficios sociales y de otra índole, pero cabría preguntarse si ¿el valor científico de un descubrimiento podría, en algún momento, compensar la violación y vejación de la condición humana y hasta el derecho a la vida? 

Es por lo anterior y por muchas otras consideraciones valorativas del conocimiento, que en la actualidad se hace imperioso precisar las motivaciones éticas y las valoraciones culturales y sociales que están detrás de todo proceso investigativo. Hoy en día la ciencia y la academia no pueden considerarse desde una posición meramente altruista, es importante tomar en cuenta que en sus actos existen implicaciones de tipo político, económico y cultural, puesto que los científicos aparte de liderizar investigaciones también forman parte de la sociedad, poseen una ética particular y se ven sujetos a las presiones y posiciones institucionales, que generalmente se mueven tras intereses específicos. 

El plano de la ética toca muy de cerca a la ciencia, la academia y sobretodo a la investigación, porque no es suficiente con establecer una ficción normativa acerca de cómo y qué investigar, con ello no se resuelve el dilema sino que por el contrario se fomenta el desarrollo de investigaciones y centros de investigación paralelos a la norma, o se buscan otros contextos nacionales con regulaciones más permisivas, ejemplo: las investigaciones sobre la clonación humana y las investigaciones sobre el manejo genético de alimentos. Todo estos aspectos traen a la discusión una nueva reflexión: ¿cuál es la ética del investigador? 

En todo caso, el dilema de la ética en el contexto de la ciencia, y particularmente en la investigación, no se resuelve a través del establecimiento de normas y códigos, sino a través de una comprensión ética más amplia de las implicaciones y efectos futuros de los resultados en todos los contextos y ámbitos del hacer humano. En este sentido, la postura ética de cada hacedor de ciencia debería conjugar una capacidad de visualización y percepción del impacto de los nuevos conocimientos, una actitud más responsable y respetuosa para con la humanidad y los valores sociales de esta. 

Finalmente, es de considerarse que la ética como disciplina del ser en sus múltiples dimensiones y estadios (en devenir, en relación, en situación, en comunicación) no es un fin último y acabado. La ética es parte indisoluble del proceso de vida del ser humano y del la humanidad como totalidad, esto quiere decir, que en la medida que las sociedades avancen en el tiempo consumando nuevos conocimientos y conjugando nuevas formas de abordar la realidad siempre estará implícita una valoración ética de esos conocimientos, de la finalidad de los mismos y de cómo se adquirieron. Y si esta noción ética se fundamenta en el respeto y en la comprensión humana el desempeño de la ciencia siempre estará en pro de la humanidad.
 

 

Gregory Carrizales

mailto:cheiskaarrobahotmail.com

 

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