La instauración de la competitividad como un objetivo de desarrollo
latinoamericano presupone tener alguna idea sobre cómo se promueve y
apoya a los países en la elevación sostenida de la productividad de sus
diversas actividades.
De acuerdo con Michael Porter [1], cuatro factores pueden ser
determinantes en la competitividad :
1. La dotación del país, en términos de cantidad y calidad de los
factores productivos básicos (fuerza de trabajo, recursos naturales,
capital e infraestructura), así como de las habilidades, conocimientos y
tecnologías especializados que determinan su capacidad para generar y
asimilar innovaciones.
2. La naturaleza de la demanda interna en relación con la oferta del
aparato productivo nacional; en particular, es relevante la presencia de
demandantes exigentes que presionan a los oferentes con sus demandas de
artículos innovadores y que se anticipen a sus necesidades.
3. La existencia de una estructura productiva conformada por empresas de
distintos tamaños, pero eficientes en escala internacional, relacionadas
horizontal y verticalmente, que aliente la competitividad mediante una
oferta interna especializada de insumos, tecnologías y habilidades para
sustentar un proceso de innovación generalizable a lo largo de cadenas
productivas.
4. Las condiciones prevalecientes en el país en materia de creación,
organización y manejo de las empresas, así como de competencia,
principalmente si está alimentada o inhibida por las regulaciones y las
actitudes culturales frente a la innovación, la ganancia y el riesgo.
En su conjunto, estos cuatro actores determinantes de la competitividad
de una nación forman una suerte de sistema dinámico que no se limita a
la sumatoria de sus partes, y que funciona como un todo.
En la actualidad, uno de los comunes denominadores más notorios entre la
inmensa mayoría de los países en las esferas económica y política es que
en mayor o menor grado éstos se hallan empeñados en las tareas
conceptuales, políticas y programáticas para redefinir el papel del
Estado en la promoción y regulación de la actividad económica.
Se necesita formular e instrumentar una política industrial que permita
a su aparato productivo generar las ventajas competitivas requeridas
para una inserción exitosa a la dinámica de la economía mundial.
Conviene asimismo, erradicar el malentendido que identifica fomento con
protección. En un entorno de profundos rezagos estructurales y de
numerosos problemas de competitividad, la carencia de mecanismos de
fomento ha sido una de las principales deficiencias de la estrategia
modernizador.
Las características actuales que afrontan los países en desarrollo son:
· Competir por la localización de la producción inversión extranjera,
donde las multinacionales tienen cada vez más poder, por lo que la
soberanía de los estados se hace vulnerable a los deseos de las
multinacionales.
· Acuerdo en la necesidad de entrar en el sistema de competencia global.
De allí buena parte de su energía la han dedicado a desmontar los viejos
modelos de desarrollo y por supuesto, como esos planes se basaban en la
acción del estado paternalista, entonces lo prioritario ha sido su
reestructuración y modernización. a ideología liberal con su estrategia.
· Millones de medianos, pequeños y microproductores encuentran que el
mercado en el cual sus capacidades productivas eran pertinentes ha
desaparecido. Producían y comercializaban en y para mercados locales que
fueron destruidos o mejor, expropiados.
· Lo que era competitivo en un mercado regional o nacional no está
resultando serlo en el nuevo mercado globalizado, lo cual está
implicando la destrucción masiva de las capacidades productivas que se
encuentran en manos de la gran mayoría de los productores y trabajadores
de los países menos avanzados.
Las condiciones, por lo tanto en toda América Latina no son muy
favorables, y son pocas las empresas que logran insertarse adecuadamente
en la dinámica de crecimiento, configurando pocos grupos empresariales,
con perfil ganador.
Generalmente con perfil familiar, que conservan el liderazgo de las
industrias que operan en los países y representan el núcleo de los
grandes grupos industriales - financieros nacionales [2].
Ante estas realidades mundiales, los diferentes bloques económicos,
aplican diferentes políticas para afrontar los retos de la competencia
global. En un extremo del espectro se encuentran países que han logrado
superar en el curso de pocos decenios los obstáculos a la convergencia
de ingresos y productividad con el mundo desarrollado y, en el otro,
aquellos que aun no logran identificar la manera de librarse de los
obstáculos del atraso relativo y absoluto.
Los primeros están preocupados por generar sus propias fuentes de
innovación y cambio tecnológico y consolidar la marcha hacia actividades
de cada vez mayor valor agregado. Los segundos deben aun experimentar
con formas socialmente viables de progreso institucional y social,
identificar actividades sostenibles que permitan acumular recursos en
una economía abierta, instituir mercados y crear las capacidades
necesarias para el cambio estructural.
América latina puede experimentar dicho cambio estructural, si es capaz
de administrar su potencial, junto a políticas más activas de
desarrollo...
Notas, fuentes y recursos
[1] PORTER Michael. "The Competitive Advantage of Nations", Free
Press, Nueva York, 1990.
[2] GARRIDO Celso. El Liderazgo de las Grandes Empresas Industriales
Mexicanas. En "Grandes empresas y grupos industriales latinoamericanos".
Siglo veintiuno. Primera edición 1998.
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