A esta altura de las circunstancias, ya el MERCOSUR no puede ser
cuestionado en su bondad o continuidad, ha soportado todo tipo de
embates por parte de sus grandes integrantes, cambios políticos,
tendencias, idas y vueltas, y sigue allí incólume. Ello nos daría a
pensar que bien podemos proyectar negocios en su marco con la casi
seguridad de que al menos esta regla de juego no cambiará.
Más allá de estos vaivenes políticos, el tráfico interno del MERCOSUR,
mínimo respecto del concierto mundial, y solo midiendo la balanza
comercial de estos dos grandes, sigue siendo positivo para la República
Argentina, sea por dimensión de mercado, expectativas u otros factores
no estrictamente comerciales.
El intercambio entre estos dos países, aún desde la época de la vieja
ALALC, siempre ha sufrido altibajos, cierres y aperturas, casi siempre
en función de reproches y enojos políticos, y principalmente por el
comportamiento del tipo de cambio errático y no siempre concordante en
ambas plazas.
Algo por este estilo es lo que está ocurriendo en la actualidad. Si
observamos nada más que un año y medio hacia atrás, observaremos un
gobierno argentino muy preocupado en mirar hacia adentro, en tanto
Brasil de Cardozo miraba hacia EE.UU.., lo cual no incentivaba
precisamente el tráfico de nuevos productos, en tanto que EE.UU.
enfatizaba su posición de darle prioridad al ALCA, ya por estos días
olvidado.
Luego el desastre argentino, y un tipo de cambio favorable incrementado
en un 250% casi de un día para otro que provocó un alud de compatriotas
tratando de vender en Brasil lo que no teníamos. Mientras tanto a pocos
meses Brasil nos siguió en la paridad, por lo que casi llegamos a estar
en un 1 a 1 en nuestras monedas y la ventaja comparativa se esfumó para
muchos productos.
Así transitando, sin poder estrategiar nuestro ingreso o permanencia,
sube Lula al poder en nuestro socio comercial y nuevamente el MERCOSUR
vuelve a ser noticia y privilegiado porque la expectativa aparente pasa
por este bloque pero, con un plan de "fome zero" y trabajo que
obviamente privilegiará a la mano de obra e industria brasilera frente a
la extranjera, y entretanto el real mantiene alto al dólar, en Argentina
la divisa cae casi un 20% en 30 días y además no sabemos quien será el
futuro jefe de gobierno, su tendencia y política comercial.
Todo ello ayudado porque Bush dejo de hablar del ALCA y sus supuestas
ventajas comerciales para la zona y se dedico a jugar a los soldaditos
con los muslims que aparentemente le dejaran mejores ganancias que
América Latina del cono sur.
Con este panorama, comprenderán que es un tanto difícil hablar de un
tráfico comercial no solo entre Brasil y Argentina o su inversa, sino
entre Argentina y cualquier otro país del mundo.
No obstante, se supone que debemos dar algunos datos. Bien, los datos
macro que manejamos pasan porque, ayudado por la caída del consumo en
Argentina, fenómeno que no ocurre en Brasil, la balanza comercial sigue
siendo favorable a nuestro país, por la exportación de ciertos rubros
exitosos o estrella de relativo bajo valor agregado, dentro de los
cuales se pueden mencionar los combustibles, los plásticos, frutos del
mar, algunos alimentos y ciertos textiles.
Obviamente que no podemos salir a competir eficientemente en la
exportación con factores cuantitativos adversos, desde que el país había
transitado una década de importación, sin práctica alguna en la
exportación, excepción hecha de productos primarios y commodities, es
decir que una de los temas principales de freno de las exportaciones fue
sin duda a falta de insumos locales y una industria oxidada que recién
ahora se está poniendo a punto.
Creo que más que mirar el pasado inmediato del tráfico debemos diseñar
una estrategia comercial, ahora que vamos a tener plataformas políticas
estables y a cuatro años vista en ambos países, y supuestamente ambos
haciéndose guiños de aprobación hacia la integración, lo que nos
permitiría planificar a mediano plazo un crecimiento sostenido.
Una de las tendencias que está marcando Brasil respecto de los negocios
con Argentina y que debiéramos considerar, es la asociatividad y
complementación empresaria en diversos rubros, de los cuales la
informática pareciera ser la primera.
Entiendo que podríamos decir que se está abriendo ya un nuevo capítulo
en las relaciones comerciales entre ambos países que no pasaría ya por
la simple importación y exportación, sino por la formación de alianzas
regionales flexibles o no, con objetivos comerciales que pueden llegar a
exceder el marco del MERCOSUR.
© Copyright 2003, by Carlos A. Ledesma
Director de Heller Consulting.
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