La principal causa de la descentralización en los diferentes países
de América Latina se da como consecuencia de la crisis presentada a
comienzos de la década de los ochenta, en la que los gobiernos centrales
se ven imposibilitados para responder de manera menos que eficiente a
las crecientes demandas de la sociedad civil, es entonces cuando deciden
aceptar la propuesta de trasladar gran parte de las responsabilidades a
los gobiernos subnacionales, propuesta esta, presentada por una
reestructuración de la economía en el ámbito mundial, que propone una
redistribución del poder de gestión y financiero, acompañado por una
democratización en la escogencia de los gobernantes regionales y
locales, en busca de una mejor asignación de los recursos en favor de la
equidad. Por esta razón los países de América Latina comienzan, cada
uno, a implementar una serie de reformas políticas (nuevos sistemas de
representación y de participación de la sociedad civil), administrativas
(dotar a los municipios y las regiones de mayores atribuciones,
funciones y competencias) y presupuestarias (incremento de recursos
propios para los gobiernos subnacionales o de nuevas transferencias del
gobierno central), que inician el proceso de descentralización,
rompiendo con una fuerte tradición centralista proveniente desde épocas
de la independencia.
Pero la descentralización, especialmente en países en vía de desarrollo,
no es un proceso sencillo, exige una serie de condiciones, que de no
tenerse en cuenta, pueden hacer que el proceso se revierta y se llegue a
una situación totalmente opuesta de la que se está buscando.
Descentralización
Los procesos de descentralización en América latina toman fuerza con la
crisis de la década de los ochenta.
Dentro de las principales condiciones se cuentan las siguientes:
1. Que se hayan reconocido a cabalidad las diferentes necesidades de las
regiones, para poder formular programas con formas y ritmos diferentes
que sean efectivos en la búsqueda de respuestas acordes con los
problemas de cada territorio.
2. La democracia tiene que ser fortalecida y respaldada por las
respectivas instituciones de seguridad, que le garanticen a los
electores poder ejercer el derecho del voto sin ningún tipo de
influencia perjudicial en su elección y que una vez haya hecho su
elección, no tema por posibles represalias que puedan tomarse en su
contra. Esta condición cobra mayor importancia en países que tienen
problemas con movimientos alzados en armas y que pueden ejercer una
fuerte influencia tanto sobre la ciudadanía como sobre los dirigentes.
3. Que el grado de corrupción sea mínimo, de lo contrario, los recursos
destinados a los municipios y demás gobiernos subnacionales se verán
desviados o disminuidos, para aumentar las arcas de funcionarios
acostumbrados al clientelismo, el soborno y otras muchas más formas de
corrupción, impidiendo que el destino de los fondos sea el que realmente
se le propuso o que estos no lleguen en su totalidad y como consecuencia
impidan el logro de los objetivos en cuanto a una mejor asignación de
los recursos y un mejor nivel de vida.
4. Que los gobiernos subnacionales se encuentren fortalecidos, de manera
que puedan soportar la carga de las nuevas responsabilidades y funciones
que se les atribuirán y así puedan tener un eficiente desempeño en sus
nuevas tareas como proveedores de servicios básicos, responsables del
gasto público y recaudadores de sus propios impuestos. Esto es visto por
la CEPAL en su libro “Descentralización Fiscal en América Latina:
Balance y Principales Desafíos” no como una condición necesaria sino
como una consecuencia del proceso de descentralización, lo que en mi
concepto es un grave error porque, si es una consecuencia, quiere decir
que las personas que van a asumir nuevas responsabilidades irán
aprendiendo sobre la marcha y, lo más probable, de manera empírica, lo
que significaría un lapso de tiempo en el que se perdería en la
eficiencia y eficacia respecto a la recaudación y asignación de los
recursos.
Teóricamente la descentralización mejora la equidad en la repartición de
los recursos. En América Latina se han presentado siempre problemas de
regionalismos y mal manejo de recursos por parte de los entes
descentralizados.
Una vez iniciado el proceso de descentralización hay ciertas tareas que
deben tenerse en cuenta:
1. Se debe llevar a cabo una profesionalización de la gestión[1] pública
y local para que cuenten con la habilidad necesaria para administrar
recursos de toda índole (técnicos, administrativos, económicos, humanos,
políticos, jurídicos, etc.). Se puede lograr mediante capacitación,
asesorías, etc., en cuanto a planificación, manejo de recursos,
generación y manejo de proyectos, organización administrativa y
participación.
2. Renovar los partidos y demás actores políticos, ya que estos en
América Latina crecieron y se desarrollaron vinculados al crecimiento de
un estado centralista. Renovarse en cuanto a estructura organizativa,
pensamiento, metodología, etc.
3. Definirle límites a la descentralización y articularla, no como un
agregado de pequeñas unidades locales, sino como una totalidad que tiene
que adaptarse constantemente a un entorno en permanente cambio. Esto es
muy necesario tenerlo en cuenta, porque sino se definen con claridad los
límites, se corre el riesgo de que una tarea sea realizada tanto por el
gobierno central como por los gobiernos locales, incrementando los
gastos; por otra parte los gobiernos subnacionales tienen que estar
perfectamente articulados y coordinados para que sus programas sean
acordes con el objetivo de equidad.
4. Analizar los ingresos no tributarios de los gobiernos subnacionales
como una de las herramientas fundamentales para fortalecer la autonomía
financiera local. Esto hará que los gobiernos locales no dependan tanto
del volumen de las transferencias y tengan así un mayor poder de
decisión sobre sus gastos e inversiones, lo que puede favorecer acciones
en pro de soluciones a problemas locales prioritarios agilizando la
gestión.
5. Crear una adecuada estructura de incentivos económicos y/o
financieros, que puedan estar directamente relacionados con la
asignación de ingresos y responsabilidades de inversión, por parte de
los entes territoriales. De esta manera se fomenta el surgimiento de
nuevas sugerencias e iniciativas que ayudarán a los gobiernos locales en
la búsqueda de soluciones a sus problemas y así, en un ambiente
competitivo, ganar en eficiencia.
6. Restringir la deuda de los gobiernos subnacionales. Esta es una
actividad de carácter obligatorio en el proceso de descentralización,
para evitar una explosión en el nivel de deuda y de gastos corrientes
que genere desequilibrios fiscales a nivel global, promueva la
ineficiencia en el gasto y conduzca a la quiebra de los gobiernos
subnacionales y por consiguiente al deterioro del proceso. Mas aun en
los países de América Latina que afrontan un grave problema de deuda.
7. Crear mecanismos de control social, para dar una mayor transparencia
de la gestión municipal. En algunos países se han creado figuras para
encargarse de dicha labor como lo son las juntas administradoras, las
personerías y las veedurías ciudadanas; también para asegurarse que los
proyectos que se emprenden, realmente corresponden a las necesidades de
la comunidad y esta diseñe, lidere y gestione su propio desarrollo.
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