ANÁLISIS REFLEXIVO
La política económica de los últimos años se interpreta como la
puesta en marcha de un proceso de apertura que pretende la
estabilización de la producción y transformación de la estructura
productiva.
Como bien se sabe, los procesos de apertura económica constituyen hoy en
día una gran tendencia internacional, de la cual no ha escapado
Colombia. Y como ha ocurrido en muchos otros países, en éste se ha
desatado una amplia controversia respecto a la oportunidad,
procedimiento y conveniencia de adoptar dicho modelo de desarrollo.
Esta polémica sea ha generado puesto que, si la economía de un país no
se encuentra suficientemente preparada para la globalización mundial,
entonces no protege determinados sectores de la producción, lo cuál
ocasiona ruinas en algunas empresas, desempleo, retardo en procesos de
industrialización y siguen siendo dependientes de productos primarios de
exportación.
Resulta triste y desalentador pensar, que las políticas aperturistas de
principio de década, más, que un aliciente para el desarrollo,
resultaran perversas para la industria nacional, generando grandes
perdidas, que se manifestaron en deterioro general de bienestar. Así,
ahora que nuestro sector productivo se ve debilitado, con poco poder de
competencia en los mercados, ¿ Cuales serían las propuestas más
acertadas para conformar un marco de política industrial y comercial que
logre llevarnos a nuestros objetivos de desarrollo?
La situación que atraviesa Colombia ha inspirado, o mejor dicho, ha
revivido el debate sobre la importancia de una política industrial
firme, acompañada de una política comercial activa, que sirvan como
plataforma para el desarrollo de la industria y el aprovechamiento de su
potencial en los diferentes mercados.
Por otra parte no podemos concebir nuestros problemas, como algo
meramente económico, y sustraerlo quirúrgicamente del contexto social,
que implica la nación entera, por lo tanto, es responsable aceptar que
las cuestiones de mercado, no descansan sobre planteamientos modelados a
la luz de la mera teoría económica, sino, que son una manifestación de
la cotidianidad.
Los planes de desarrollo y la política industrial
En lo que respecta al caso colombiano, la generación de las ideas de la
política industrial, obedece a los lineamientos generales, de la
política económica, es decir, que las posiciones se repartían entre los
proteccionistas a ultranza, y los inclinados a la liberalización de los
mercados, siendo esta última la postura más asumida luego de los 80.
Las aspiraciones del plan de desarrollo del Presidente Cesar Gaviria,“
La Revolución Pacífica”, lo que pretendía, era crear el ambiente
institucional adecuado para que el mercado fuera el medio por el cual se
asignaran los recursos; Pero la falta de estímulos reales por parte del
Estado, hizo que no se lograran los objetivos de agilizar la industria.
Posteriormente el gobierno de Samper, aborda los compromisos que le
hicieron falta a la administración Gaviria y propone no solo un marco
institucional, sino que lo acompaña de acciones estatales de apoyo a la
competitividad como: diseños de estrategias que permitieran un mejor
desarrollo de las empresas, supliendo al mercado en ciertas áreas donde
era ineficiente. No obstante la realización del plan chocó contra las
posibilidades económicas que dificultaron su realización.
Actualmente, el gobierno del Presidente Pastrana retoma la importancia
de desarrollar una Política Industrial, esta vez mediante de la
promoción de las exportaciones.
Se propone consolidar el modelo de apertura, mejorando la
infraestructura institucional y creando una infraestructura social que
responda a las necesidades de los nuevos retos, es así como se proponen
de manera más puntual las prioridades en educación y capacitación de
mano de obra calificada para las necesidades de las empresas, la
participación de las pymes es relevante en toda la propuesta, y la
oferta de apoyo crediticio es un instrumento que se pone al alcance de
los nuevos empresarios, la creación de zonas especiales, y el interés
por descentralizar la producción es uno de los caminos propuestos para
el desarrollo regional. Todo esto debe llevarnos a la ampliación de la
oferta exportable y a un crecimiento industrial del país, lo que nos
dejará en una mejor posición para enfrentar las situaciones que nos
plantea el momento.
Sin embargo la propuesta no es clara en lo que respecta a la inversión
extranjera, se limita a señalar su importancia, y que serán necesarios
los cambios en la estructura para acoplarnos a las necesidades, pero no
se llega a propuestas de procedimiento, ni señalamiento de prioridades
como en los otros temas. Tal vez la razón sea por que la mayor garantía
que podrían ofrecer los empresarios de todo los países del mundo y a los
capitales forasteros es el logro de la paz.
Reorganización de la Industria y Apertura en Colombia
El país que no se modernice, que no adopte las nuevas tecnologías, que
no se adapte rápidamente a las circunstancias cambiantes del comercio
internacional, que no tenga como objetivo prioritario en el campo
económico el aumento constante de su productividad que no compita
internacionalmente de manera eficiente, es un país condenado a perder
importancia relativa en el contexto internacional, a quedar aislado de
las corrientes del comercio mundial y a pagar un alto precio a mediano y
largo plazo por semejante miopía.
Pero lo paradójico es que se anuncie que las posibilidades de
crecimiento de los países subdesarrollados se encuentran en la apertura
económica, cuando al mismo tiempo los países industrializados son cada
vez más proteccionistas. La moda de la globalización tiene que ser
general para que tenga éxitos, no puede quedarse en los países
subdesarrollados. Este proceso exige y reclama un mercado internacional
transparente.
El proceso de modernización de la economía no debe entenderse como un
simple programa de liberación de importaciones que supuestamente tenga
la mágica virtud de hacer automáticamente más eficiente al sector
productivo. No, la modernización de la estructura productiva es un
proceso mucho más complejo que requiere un programa integral, concertado
y gradual.
Integral en el sentido que es necesario abarcar todos los escenarios que
afecten actualmente la productividad industrial. Esto es, un manejo
macroeconómico adecuado y estable, una política laboral que haga más
flexibles las leyes laborales, una mayor eficiencia del sector
financiero, una modernización en la infraestructura vial y de
transporte, tanto interno como externo, y una mayor eficiencia y
agilización de las funciones del Estado que no entraben el desempeño de
sector privado.
El programa de modernización de la economía también debe ser concertado
entre el Estado y el sector privado para que cada una de las partes
asuma compromisos que hagan posible el logro de una meta común de mayor
eficiencia del sector productivo. Porque la apertura económica es un
tema al que no tiene que enfrentarse solamente el gobierno, las empresas
están llamadas a participar efectivamente en ella, debe de haber
conciencia de parte y parte, que lo que les interese en primera
instancia sea el país. Para lo cuál, el sector privado, debe modernizar
sus elementos gerenciales, utilizar la creatividad en la administración,
romper con los esquemas del pasado, entender que el mundo no está
circunscrito a las cuatro paredes nacionales, sino que es el universo el
objetivo a ser alcanzado.
El país tiene aún mucho campo de acción para su industrialización;
cuenta con valiosos recursos naturales, con un excelente capital humano,
con una situación geográfica privilegiada, equidistante entre los países
del norte y del sur de Suramérica, con salida a los océanos Atlántico y
Pacífico, que lo sitúa en condiciones especialmente favorables para
atender los mercados de exportación, ¿por qué no se aprovecha
adecuadamente esas riquezas?
Una de las principales causas del porque la apertura económica no ha
dado resultados económicos efectivos, en nuestro país, son las
preferencias proteccionistas que manejan nuestras empresas privadas; la
burocracia y la ineficiencia del sector público. A esto se debe que no
estemos preparados para confrontar la competencia de compañías
extranjeras; generando así, en el mayor de los casos, que las empresas
nacionales se arruinen, y se forme una cadena de dificultades
económicas, sociales y políticas; como el desempleo, el contrabando,
entre otras.
Bibliografía
Revista ANDI, julio - agosto 1990, No. 105, Pag. 3 - 10
Revista ANDI, nov. - diciembre 1998, No. 155, Pág. 53 -64
Revista Universidad EAFIT, julio - septiembre 1992, No. 87 Pág. 15
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