El impuesto “ TOBIN”
09 / 2001
El impuesto "TOBIN" es
una herramienta creada por James Tobin, profesor americano de la universidad de
YALE, en 1978, contra la especulación financiera. Consiste en una tasa que se
cobra sobre todas las acciones de cambio de divisas, con el ánimo de disminuir
la velocidad del capital especulativo. Su base tributaria consiste en
transacciones de muy corto plazo, de doble dirección especulativa y de arbitraje
financiero en el mercado interbancario ya que quien adquiere monedas para
especular realiza un número muy elevado de transacciones y generalmente opera
con un margen reducido de beneficio. A mayor frecuencia de las transacciones,
mayor carga supone el impuesto. Así, se pretende desincentivar las transacciones
a corto plazo, sin perjudicar el comercio internacional, los flujos de capital a
largo plazo, ni los ajustes en el valor de las monedas como consecuencia de
cambios en la economía real.
El problema consiste en el gran poder que ha adquirido el capital
especulativo. Los movimientos de capital que se hacen diariamente a nivel
mundial son increíbles, superan el PIB anual de Francia; en dólares, el valor
del total del comercio de bienes y servicios en 1995 se equipara con tres días y
medio de los movimientos sobre el mercado de cambios; las reservas de cambio de
todos los bancos centrales del planeta llegan a 1.2 billones de dólares, de los
cuales casi el 50% corresponden a los países del G-7, mientras diariamente se
mueven alrededor de 1.5 billones de dólares especulando sobre las variaciones en
la cotización de las divisas. Entre 1975 y 1994 las transacciones en el mercado
de divisas se habían multiplicado por 80, mientras el comercio internacional lo
había hecho solamente por 2,5 veces. Este poder es muy superior al que pueden
utilizar los bancos centrales de manera individual o colectiva para defenderse
de este capital.
De estos movimientos se calcula que un 80% son movimientos cuya
frecuencia es inferior a una semana, 40 por ciento de las transacciones de
divisas tiene un horizonte temporal de menos de dos días, mientras que entre el
3 y el 8% se hacen con motivos de inversiones productivas o cerrar transacciones
comerciales.
Estos capitales especulativos pueden, por diversos mecanismos, adueñarse
de una parte de la riqueza generada por los productores de bienes y servicios,
pueden incluso llevar empresas a la quiebra, estando desvinculados de la
economía real.
Los movimientos intempestivos y masivos de capital pueden en determinado
momento apreciar la moneda de una nación afectando su competitividad o sumirla
en una crisis de la que generalmente se sale en condiciones muy desfavorables en
cuanto a pobreza y desempleo.
En un entorno donde la soberanía económica de los estados-nación se ve
reducida, la idea de implantar el impuesto ofrece la oportunidad de recuperar
algo de la pérdida del poder fiscal de los Gobiernos. Al mismo tiempo, abre la
posibilidad de una política supranacional de impuestos y de redistribución de
los ingresos entre la comunidad internacional. Cabe señalar que los impuestos
sobre las transacciones de divisas no son la única opción impositiva susceptible
de coordinación internacional, pero sí la más lucrativa.
EL IMPUESTO EN SÍ
La idea es crear un impuesto sobre las operaciones de cambio cuya tasa
debe ser baja, para penalizar solamente las operaciones puramente especulativas
de ida y vuelta a muy corto plazo entre monedas, y no a las inversiones.
Supongamos, por ejemplo, que una tasa de un 0,1% se aplique sobre toda operación
de cambio y que el especulador tenga un horizonte mensual. Como cada transacción
destinada a obtener una ganancia de cambio implica una ida y vuelta entre dos
monedas (dos operaciones de cambio), para que la operación sea ventajosa el
especulador debe esperar un rendimiento superior a un 0,2% durante ese mes (en
caso contrario, la ganancia obtenida con la especulación quedará absorbida por
la tasa). El razonamiento sigue siendo el mismo si el horizonte especulativo es
un día (lo que es frecuente). Dicho de otra forma, con una tasa del 0,1% la
mayor parte de estos arbitrajes especulativos a corto plazo serían
desincentivados, por deber tributar en cada movimiento, mientras que las
operaciones a más largo plazo (un año o más) no serían tan perjudicadas, ya que
sólo tributarían al principio y al final de la operación.
Según el FMI, diariamente se mueven 1.9 billones de dólares, con una
tasa del 0.01% (el 1X10.000), el recaudo por este impuesto sería de 190 millones
de dólares diarios. Obviamente que de ser implantado, el recaudo sería menor por
la disminución en las transacciones, pero aún así, con una tasa muy baja, el
recaudo seguiría siendo una suma considerable.
Mediante el impuesto tobin se conseguiría entonces frenar la velocidad
de los capitales de corto plazo y además, con su recaudo se generaría una buena
fuente de recursos.
En cuanto a quien debería recaudarlo y que uso se le daría a esos
recursos es otra fuente de debate internacional. Se dice que podría ser
utilizado con fines humanitarios, en un fondo de desarrollo de los países de la
periferia, etc. La ONU y el Banco Mundial estimaron en 1997 que el costo de
erradicar las peores formas de pobreza y de proveer una básica protección
medioambiental rondaría los 225 mil millones de dólares anuales. Suponiendo una
reducción en los movimientos de capital del 50% debido a la implantación del
impuesto, lo recaudado en un año (con la misma tasa de 1X10.000) serían 34.200
millones de dólares, lo que significa que en aproximadamente seis años se
recogería la suma propuesta por la ONU y el BM.
Una limitante de este impuesto es que la moneda (y sus efectos
monetarios) es solo uno de los tres elementos empleados por los inversores
financieros, a saber los siguientes: La moneda (y sus efectos monetarios), las
obligaciones (deuda pública) y las acciones.
Los opositores dicen que es irrealizable dado que una vez instalado en
impuesto sería esquivado y que solo sería eficaz si fuese adoptado por toda la
comunidad internacional. De lo que surgió la propuesta de instalar medidas de
control sobre la entrada de capitales como las de Colombia o Chile, lo que sería
posible dada la interconexión mundial y el alto grado de concentración de los
movimientos de capital (82% de las operaciones se realizan en Londres, Nueva
York, Tokio, Francfort, París, Singapur, Hong-Kong y Zurich).
También se argumentó en su contra que podría frenar el comercio mundial,
pero por ser una tasa tan baja es improbable que frene la demanda comercial en
los países y más aun teniendo en cuenta que el comercio es fundamental para el
crecimiento económico. Por otra parte, la implantación del impuesto tobin
ayudaría al comercio, dado que conlleva a una mayor confianza en el tipo de
cambio lo que permitiría una mejor planificación y pronóstico de las
transacciones comerciales.
Un reciente estudio de la CEPAL en prevención de crisis, apoya la
creación de un impuesto sobre las transacciones financieras internacionales, sin
mencionar a Tobin. Es de esperar que las organizaciones de la ONU se mantengan
favorables al impuesto, principalmente debido al atractivo de los ingresos.
Obviamente el signo más alentador llegó en marzo de 1999, cuando el Parlamento
Canadiense aprobó, por gran mayoría, una moción presentada por un diputado, a
título personal, en la que se señalaba: "En opinión del Parlamento, el gobierno
debería promulgar y liderar la creación de un impuesto sobre las transacciones
financieras en coordinación con la comunidad internacional".
Se dice del impuesto que va en contra de la libertad al querer imponerle
reglas al mercado, pero es que para ser libre hay que respetar la libertad de
los demás. Como se pude hablar de libertad cuando se están dejando naciones
enteras subordinadas a los intereses de los capitales financieros y si estos
intereses no concuerdan con la situación de una nación, pues, fácilmente la
pueden dejar en una desalentadora pobreza en la que se cohíbe la libertad de sus
habitantes al quedar desempleados y sin recursos (con una capacidad adquisitiva
mínima); además, bajo reglas impuestas por el FMI (incapaz para corregir las
crisis) que conllevan al desmejoramiento del sistema social del país.
FUENTES:
"Encuesta de la BRI". Le Monde, Mayo de 1999.
"L'économie mondiale 1999". CEPII, Collection Repères.
"Tobin or not Tobin : une taxe internationale sur le capital" François
Chesnais. L'esprit Frappeur n° 42.
"Une frénésie spéculative qui ébranle les économies réelles". Michel
Chossudovsky, Le Monde Diplomatique.
"Les taux de change". Dominique Plihon, Collection Repères.
"¿Que es la tasa tobin?". Fabienne Dourson. Iniciativa Socialista #56,
2000.
"Ponencia al presidente de Chile sobre un impuesto tobin a las
transacciones financieras". Jorje Lavandero. Chile, Julio 2000.
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Andrés
Fernando Ruiz
anferrufoarrobagestiopolis.com