Desde el último trimestre de 1997 los países de América Latina han
aumentado la aplicación de políticas de austeridad. El primero fue
Brasil, afectado por el ataque especulativo provocado por la crisis
internacional del momento.
Los analistas afirmaron que esta medida no sería suficiente si no se
tomaban medidas paralelas. Dado que el déficit de las finanzas públicas
es el talón de Aquiles de la economía brasileña el presidente Cardozo
lanzó un programa trienal de saneamiento que debía hacer aprobar por el
congreso y que preveía un ahorro de 84.000 millones de dólares en la
totalidad del periodo empezando por 23.000 millones en 1999 para reducir
el desequilibrio presupuestario del 8% del PIB al 4,5% aceptando a la
vez un costo en términos de crecimiento (-1% en 1999). El programa
parecía bastante realista ya que concentraba esfuerzos en el aumento de
los ingresos y no en la reducción de los gastos
Por una parte, en Diciembre el congreso rechazó el aumento de las
cotizaciones al sistema previsional lo que le permitiría ahorrar al
estado unos 35.500 millones de dólares. Y por otra parte, se había
aplazado para Marzo la aprobación de la reforma tributaria para las
transacciones financieras que iba a significar un incremento de la
recaudación equivalente a 5.000 millones de dólares. Solo se lograron
sacar adelante algunas medidas que contribuyen con la meta del ajuste
fiscal, como la modificación del impuesto a la renta que significará un
recaudo adicional de 1.800 millones de dólares.
Estos hechos hicieron que aumentara la desconfianza de los inversores
con relación a la capacidad de las autoridades brasileñas para poner en
marcha el plan de austeridad. Por ello las tasas de interés tuvieron que
permanecer altas afectando la situación por tres razones principalmente:
Fragilizaban el sistema bancario: Mientras que los préstamos al
sector privado no cesaban de caer desde finales de 1997, el monto de los
créditos dudosos y morosos seguía aumentando.
Porque las tasas reales exorbitantes penalizan seriamente la actividad
económica e impiden la reactivación de las inversiones productivas, ya
muy modestas desde los años 80: Lo que expresó claramente el director de
relaciones exteriores y comercio exterior de la Fiesp, Maurice Constin,
"Los intereses en Brasil son criminales, ninguna empresa puede subsistir
con ese nivel de intereses".
Agravaban el peso en el presupuesto de las cargas financieras resultantes de la deuda pública interna: La baja de los tipos de interés internos constituía una condición indispensable para impedir que los ahorros realizados gracias al nuevo plan de austeridad fueran anulados por el aumento de los gastos financieros. Considerando que la deuda era cada vez más de tipo variable, indexada sobre las tasas de interés a corto plazo con vencimientos importantes en el transcurso del primer trimestre de 1999.
El seis de Enero de 1999 Itamar Franco, gobernador del estado Minas
Gerais, el segundo estado más grande del país (Itamar Franco fue
presidente del Brasil entre los años 1992 y 1994), declaró la moratoria
de noventa días para el pago de sus compromisos de deuda, como
consecuencia de la decisión del Gobierno Federal de reducir las
contribuciones a los estados y de exigir a éstos mayor equilibrio en sus
cuentas. Este compromiso equivalente a 67 millones de dólares era la
cuota correspondiente para una deuda que en su totalidad suma 15.000
millones de dólares. Estas cuotas forman parte de un arreglo que se hizo
con 24 estados brasileños para la cancelación de su deuda con la unión
mediante mensualidades por un periodo de treinta años.
La credibilidad y la confianza de los inversionistas para con el país
estaban sobre un pilar tambaleante debido a la pugna entre los dos
hombres más fuertes en el banco central: Gustavo Franco y Francisco
López, Gustavo era partidario de mantener la estrecha banda de
flotación, mientras López promovía la devaluación que acompañada con
ajustes en las tasas de interés (hacia la baja) reactivarían la economía
del país.
Cardozo se había comprometido con el Fondo Monetario Internacional (FMI)
a mantener la política monetaria del país a cambio de una ayuda de
41.500 millones de dólares. Después de la salida de 1.200 millones de
dólares y una gran pérdida de las reservas internacionales de
aproximadamente 30 millones de dólares, no pudo seguir cumpliendo con su
compromiso y finalmente tuvo que dar la razón a López, quien se quedó
como presidente interino del Banco Central tras la renuncia de Franco.
Esta situación golpeó fuertemente la confianza de los inversionistas.
Con la declaración de moratoria del gobernador de Minas Gerais, creció
entre los inversionistas el temor de que tal situación se repitiera en
los demás estados. El golpe fulminante lo dio el gobernador de Río
Grande Do Sul el 11 de Enero al expresar la incapacidad para cumplir con
el pago de su cuota por un monto de 47.5 millones de dólares. Este hecho
espantó a los inversionistas y tras las grandes retiradas de capital la
devaluación se hizo inminente; además, porque las reservas
internacionales ya estaban llegando a un punto crítico.
El primer paso fue dado por López al ampliar la banda de flotación lo
que produjo una devaluación inmediata del 9% que representaba la
cotización del dólar en el tope de la banda (1,32 reales). Tras este
hecho, las reacciones no se hicieron esperar, las tasas de interés que
se encontraban en un 39% llegaron al 52%; el índice Bovespa registró una
baja del 5,5 %; Estados Unidos y Europa ordenaron la venta de todos los
papeles de deuda latinoamericanos afectando principalmente a Brasil,
México, Venezuela y sobretodo a Argentina en donde le Merval tuvo un
retroceso de 10,41% y en general las bolsas de estos países también
registraron bajas; el Dow Jones bajo en un 1,32% y el dólar perdió un
punto porcentual con respecto al Euro dado que América Latina representa
más del 20% de las exportaciones de Estados Unidos.
Lo anterior sumado con la moratoria de los dos estados y la posibilidad
de la declaración de mas moratorias por parte de otros estados
conformaba un panorama que no convencía a los inversionistas de que no
habría posteriores devaluaciones. Según los analistas, el límite
temporal para esperar los resultados de las medidas adoptadas debería
estar entre una semana y un mes, al cabo de dicho límite se deberían
adoptar nuevas medidas.
Efectivamente, el real sobrepasó los límites fijados, obligando a los
poderes públicos a anunciar la flotación de la divisa brasileña que cayó
a más de 2 reales por dólar a principios de marzo de 1999. Al 5 de
Marzo, la devaluación del real estaba en el entorno del 85%.
Dentro de las medidas concretas adoptadas en Brasil, y que el presidente
Cardozo había intentado lograr aprobar por el Congreso hace varios
meses, se destacan, por su significación en la reducción del déficit, el
incremento transitorio del "impuesto a los cheques" (Tasa de
Contribución Provisoria de Movimientos Financieros); el aumento en la
contribución de los funcionarios federales a la previsión social y el
establecimiento de aportes para jubilados y pensionistas del sector
público.
Cardozo también anunció que el Gobierno Central colaboraría con el
Estado de Minas Gerais para hacer frente a la deuda externa estadual y
accedió a escuchar personalmente los planteamientos de otros
Gobernadores inconformes con la decisión del Gobierno Central de
disminuir los aportes a los Estados.
La devaluación del real, que es una consecuencia natural de la variación
del sistema cambiario de Brasil, no agotó ni solucionó la crítica
situación económica y financiera de ese país. La misma fue simplemente
el reconocimiento del Gobierno de su fracaso en la implementación de su
plan de reducción del déficit fiscal y, en último término, de corrección
de los desequilibrios macroeconómicos.
Y termino citando a Carlos J. Moneta en su discurso de apertura de la segunda reunión anual del foro América Latina-Caribe / Asia-Pacífico: "Parece evidente que la instrumentación de "buenas prácticas" monetarias y bancarias dentro de los países es una condición necesaria pero no suficiente para amparar a las economías emergentes ante las turbulencias que genera la globalización. Es preocupante constatar que los serios y costosos esfuerzos de estabilización y crecimiento que han venido realizando los gobiernos de Asia-Pacífico y de América Latina y el Caribe pueden ser afectados por factores totalmente ajenos a sus realidades económicas, sin que existan mecanismos internacionales que los prevengan y los eviten".
FUENTES:
· "Adiós Carnaval". Carla Horta. Revista ¿Qué Pasa?
· "América Latina en la Crisis Financiera Internacional". Junio 1999.
SELA.
· Palabras del Embajador Carlos J. Moneta, Secretario Permanente del
SELA, en la apertura de la II Reunión Anual del Foro América
Latina-Caribe / Asia-Pacífico y Mesa Redonda Internacional. 11-12 de
enero de 1999.
· "América Latina en la Crisis Financiera Internacional". Eva Holtz,
directora del Centro de Estudios Financieros del Uruguay. Revista
Capítulos # 56.
· Periódico publi.COM Viernes 6 de Noviembre de 1998. # 422.
· Periódico publi.COM. Lunes 9 de Noviembre de 1998. # 425.
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