Internet: realmente una herramienta de cambio social
08/2001
Hace unos meses tuve la curiosidad de buscar en el diccionario
general de la lengua española la definición de una palabra que siempre
me ha cautivado. La palabra:"Idea" Encontré 10 definiciones distintas.
Pero hubo una en especial que me llamo la atención y fue la que
finalmente adopté. Dícese de idea: "Concepción en el espíritu humano de
una cosa por realizar".
Si observamos detenidamente, la historia nos muestra sin excepción que
el hombre por encima de todo se ha diferenciado de las demás especies
por una singularidad fundamental. Su capacidad de pensar, de razonar y
de generar ideas.
Cada centímetro escrito acerca de las realizaciones humanas no son más
que una sucesiva creación, transformación y renovación de ideas.
Nuestros antepasados las generaron para alimentarse, para vestirse, para
protegerse y para mejorar sus primitivas sociedades.
Podemos deducir entonces que desde ese lejano momento hasta hoy las
ideas constituyen la materia prima y el activo numero uno del hombre.
Ciertamente hemos avanzado, vivimos un tiempo y una época absolutamente
competitiva. Es un poco duro decirlo, pero para sobrevivir, una simple
idea ya no basta. Hemos dado el segundo paso. Nos encontramos en el
siglo 21 y ya, nos autodefinimos como una "Civilización Informatizada".
Si viajáramos un milenio al futuro y pudiéramos vernos
retrospectivamente, no cabe la menor duda que encontraríamos una época
de la humanidad tecnológicamente hablando tan espléndida y halagadora
que no seríamos capaces de asimilar su fuerza innovadora. No hay duda
alguna, que somos testigos vivos de un invento que esta transformando
estructuralmente nuestra manera de vivir.
La realidad es que hace 7 años hablar de Internet en Colombia y en
nuestros países vecinos no tenía eco alguno. Con excepción de algunos
curiosos relacionados con la informática, eran muy pocos los que sabían
de su existencia.
Nadie sospechaba la fuerza oculta que se escondía en Internet como canal
receptor y emisor de información. Mucho menos habría nadie imaginado su
potencial como negocio y como industria.
Los hechos hablan por si solos. Internet en Colombia y en América Latina
despegó superando los pronósticos más exagerados y optimistas emitidos
hacia 1994 y 1995.
Obviamente el interés de todos los presentes en esta sala, pero más allá
de ustedes los cientos de miles de usuarios en Colombia, los millones de
usuarios hispanohablantes, las comunidades de habla hispana en Estados
Unidos y Europa ratifican sin excepción que estamos viviendo un cambio
muy profundo.
Miremos entonces el por qué de este fenómeno. Qué es lo que ocurrió?
Independientemente del gran boom punto.com, de los grandes
inversionistas, de los nuevos ejecutivos millonarios de 20 años y de
toda la fantasía financiera que cobijó este fenómeno, existe un hecho
fundamental: Internet es precisamente lo que necesitábamos.
Pensemos en esto. América Latina históricamente ha compartido una
tragedia común, los grandes cambios y las grandes innovaciones sociales,
económicas y tecnológicas del mundo desarrollado nos han llegado con
años y décadas de retraso. Hemos logrado grandes avances pero aún así el
70, 80 o 90% de nuestra gente sigue a la espera de una oportunidad.
El individuo como eje y soporte matriz de nuestros países no ha podido
desempeñar un rol protagónico, no ha podido desarrollarse como motor
individual en la creación de valor agregado de nuestras economías,
nuestro ciudadano común es en el mejor de los casos un eslabón más de la
cadena productiva que se concentra en los grandes grupos económicos. Sin
embargo nuestra verdadera tragedia reside en que nuestra sociedad apenas
ha tenido tiempo de pensar en el pan de su familia y buscar una manera
digna de vivir.
La naturaleza de Internet ofrece una gran cantidad de campos para el
mejoramiento de la vida de los pueblos. Por lo tanto es urgente
concentrarnos en cuales son los que América Latina realmente demanda si
queremos atenderlos con precisión.
Nuestra gente lucha con problemas básicos cotidianos de salud, falta de
educación, y la dificultad de lograr que las cuentas ajusten. No es muy
probable que los menos favorecidos puedan adquirir un computador y una
conexión a Internet y si así fuera, no pueden comer información ni ésta
los mantendrá abrigados.
A pesar de que los adelantos de la tecnología digital son
impresionantes, no debemos olvidar que la tecnología en sí misma no es
un determinante de cambio, es sólo un facilitador. Como con cualquier
otra tecnología, es el contexto social en el cual estas tecnologías son
introducidas y, sobre todo implementadas lo que determina su uso y su
impacto. De acuerdo con esto, no estamos envueltos fatalmente en una ola
de cambio histórico, somos los que estamos protagonizándolo. La
revolución de la información en los países en vía de desarrollo tiene
que ver con los bits y los bytes, pero debe así mismo lidiar con las
realidades y las aspiraciones de la gente común. Por lo tanto es
pertinente preguntarnos lo siguiente:
¿Estamos actualmente construyendo una "Sociedad de la Información
Global" no excluyente, o un mundo estratificado de "ricos en
información" y "pobres en información"? ¿Quiénes tendrán acceso a la
sociedad de la información y quiénes quedarán atrás? ¿Serán sólo los
jóvenes, ricos, educados y expertos en computación que sepan inglés, los
que calificarán como miembros de esta nueva sociedad?, y si fuera así,
¿en qué situación queda el remanente constituido por los menos
favorecidos?
¿Cómo puede la tecnología de la información atender los muchos problemas
que América Latina enfrenta hoy, una América Latina caracterizada por
crecientes brechas entre ricos y pobres, inequidad, guerrilla, y
disrupción social? ¿Estamos actualmente encaminándonos hacia un nuevo
Renacimiento, una era de la Ilustración, o es probable que continuemos
en el sendero actual de la marginalidad y la desintegración social?
¿Están las desigualdades existentes siendo rediseñadas, o se están
reforzando, esta vez con el agregado del acceso y el no acceso a la
información?.
Internet está jugando un rol muy importante en la evolución de la
tecnología digital, pero a pesar de que ha sufrido un crecimiento
notable en los últimos años, su distribución permanece altamente
asimétrica en nuestros países
¿Cómo entonces, puede Internet alcanzar a los menos favorecidos y
ayudarlos en su lucha cotidiana?
Tenemos que explorar el acceso basado en la comunidad estableciendo
puntos de conexión en centros comunitarios y bibliotecas públicas, deben
crearse cafés Internet asistidos y gratuitos en los estratos mas bajos
de las grandes ciudades e implementarse puntos de conexión en las
alcaldías locales o en las telefónicas de cada pequeño municipio.
La revolución digital e Internet son lo suficientemente fuertes para
ayudar a América Latina a saltar etapas y cerrar la brecha con el mundo
desarrollado, pero esto solo será posible en la medida que los grupos
sociales más débiles y menos privilegiados puedan tomar tajada y ser
participes activos de esta revolución.
Internet nos da la oportunidad de romper con nuestra atadura histórica a
la ignorancia, la misma que ha mutilado por décadas nuestra capacidad
como individuos y como pueblos de crear, de innovar, de desarrollar pero
mas que nada de soñar. No hemos tenido la oportunidad de soñar. Por que
aún para concebir los sueños se necesitan oportunidades.
Dadas las herramientas disponibles, está en nosotros, los que tenemos la
oportunidad de acceder a Internet bien sea desde nuestra casa, trabajo o
universidad determinar qué tipo de cambio tendrá lugar, y a quienes
afectará. Esto es algo que no debemos perder de vista.
Es evidente entonces, que las palabras que a continuación vienen serán
dirigidas y perceptibles a quienes en efecto han contado y cuentan con
el privilegio de acceder a Internet.
Internet no es un fin ni una aplicación. Es un medio que facilita la
interacción entre los individuos, dinamiza las relaciones entre las
empresas y redistribuye el conocimiento entre las sociedades. Por ser un
mecanismo multidireccional posibilita que todos interactuemos con todos
permitiéndonos redefinir a todo nivel nuestra relación con el mundo.
La palabra revolución se utiliza tanto que ya es una especie de cliché.
Pero volvamos a su concepto fundamental: Una revolución es un cambio en
la esencia o marcha habitual de las cosas. Es un momento de la historia
en que lo que venía sucediendo y lo que empieza a pasar se hacen
realidades desconectadas.
Deducimos entonces que en efecto, sí estamos viviendo una revolución.
Una revolución para el individuo porque por primera vez rompe con su
situación marginal. Es un individuo que ahora puede publicar su
información, puede compartir sus conceptos, puede generar opinión y
puede tomar posiciones. Es la primera aproximación al concepto de
superciudadano, aquel que esta informado y que puede informar en
segundos, aquel que genera dinámicas propias y desempeña roles
importantes.
Es una revolución para las empresas, mas allá de crear nuevas punto.com,
tema que retomaremos al final, los empresarios tienen ahora la
posibilidad de crear nuevos canales de distribución, de fidelización y
de creación de marcas. Ya existe un volumen de pequeños y audaces
empresarios colombianos que no están midiendo su potencial de empresa
por la dinámica de su mercado local, sea pueblo, municipio, ciudad o
país sino lo están midiendo como un mercado global.
Y aparentemente es muy fácil decir a los cuatro vientos mercado global,
eso es obvio. Pero les confieso que si tuviera el espacio de contarles
lo que algunos pequeños empresarios están logrando, se sorprenderían
bastante. Lo cierto es que para aquellos que realmente tienen ideas
grandes esa posibilidad ya es un hecho y no son pocos quienes la están
explotando. (Y las ideas grandes son la clave para crear negocios
importantes en la red.)
Lo que es un poco menos obvio es la realidad de nuestras pequeñas y
medianas empresas. Históricamente nuestro sector empresarial ha estado
aislado de la tecnología y el acceso al capital. Por lo tanto debemos
encontrar maneras en que nuestros gobiernos nos ayuden a crear esas
plataformas de escala.
Como siempre sucede, la historia es el mejor lente para contemplar el
futuro.
Durante siglos el mundo fue concebido, entendido y dominado entre muchos
otros por la antigua Alejandría, por Atenas o por Roma. Todos ellos sin
excepción se nutrieron de la misma sustancia para lograrlo, conocimiento
e información. Sin duda alguna, estos son los ejes que sustentan el
poder de toda civilización.
El gran fenómeno que acompaña el desarrollo y despegue del Internet en
América Latina responde a esa necesidad latente de conocimiento de la
que habíamos adolecido por décadas Se ha desatado una dinámica sin
paralelo donde la información y el poder que esta conlleva se esta
redistribuyendo dramáticamente entre las sociedades.
Es lo que llamamos una legitima revolución. Y como toda revolución, esta
sujeta a fuertes tropiezos y grandes contratiempos. Pues bien, hemos
asistido al primero.
La caída de la industria del Internet. Muchos aún se preguntan que pasó,
cuando pasó y cómo pasó.
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Federico
Durán Soto
duranarrobacolombialink.com