Ajustes fiscales: consideraciones de política
06 / 2001
El déficit de los gobiernos centrales en América Latina en la última
década ha tenido como una de sus principales causas el crecimiento del
gasto muy por encima del crecimiento real del producto y superior al
aumento de los ingresos; por otra parte la política de descentralización
implantada en los países del continente, ha hecho que las regiones de
esos países reciban transferencias considerables del gobierno central,
con el agravante de que las regiones también han comenzado a presentar
déficit fiscales. Esta situación distorsiona las perspectivas
financieras de mediano y largo plazo. Sin embargo, los gobiernos han
seguido haciendo un especial énfasis en el aumento de la carga
tributaria al sector privado y en algunos casos extremos, se argumenta
que existen inflexibilidades irremediables en el sistema.
En primer lugar, es necesario deshacernos de las ideas keynesianas que
predicen que un ajuste fiscal vendrá seguido de una recesión ya que se
afecta la demanda agregada nominal. La evidencia empírica demuestra que
la reducción del déficit fiscal influye positivamente en las
expectativas de los agentes de la economía y en las tasas de interés;
también mejora la estructura de oferta de trabajo.
Pese a lo anterior, los gobiernos tienden a hacer ajustes fiscales
recortando gastos de inversión y de operación o mantenimiento de la
estructura física, para así evitar el costo político que significa la
reducción del empleo público, de los beneficios de la seguridad social o
sencillamente de menores salarios al sector público. Estas decisiones
afectan gravemente a mediano y largo plazo el desarrollo y la salud de
las finanzas públicas.
Volviendo a las transferencias el problema es claro. Los ingresos del
gobierno pierden dinamismo con todo y reformas tributarias. Por otro
lado los pagos no restan de intensidad. Por su parte las regiones se
despreocupan de hacer esfuerzos tributarios ya que los dineros llegados
del centro cubren sus necesidades, sin embargo no se crea ahorro y por
el contrario la eficiencia en el manejo de los recursos es demasiado
baja e inconsecuente. (aumento de los gastos fijos , de nomina y
funcionamiento).
El control del gasto y el aumento en la eficiencia parecen ser los
elementos que se necesitan aplicar para que las finanzas públicas estén
de nuevo en equilibrio. Estos puntos están respaldados por diversos
estudios empíricos en los que se compararon las reformas fiscales de
varios países desarrollados y se consideró su éxito o fracaso. Se
encontró que las reformas que se circunscribían en el recorte del gasto,
incluidas las transferencias, en el recorte de los beneficios de la
seguridad social y por supuesto la reducción del salario y la demanda de
trabajo en el sector público. Tuvieron mucho mas éxito que aquellas que
enfatizaron en el aumento de impuestos, y de los aportes a la seguridad
social pero que recortando la inversión no discute con las
transferencias a las regiones, ni con los salarios, ni el empleo en el
sector público.
Es imperante que las reformas fiscales que buscan eliminar el déficit
fiscal entren en funcionamiento lo más pronto posible, pero que
igualmente, a la luz de las razones aquí expuestas, y de muchas más que
por motivo de espacio no se enseñan, sean consecuentes con el desarrollo
de largo plazo de la economía del país con la buena salud de las
finanzas públicas y sin importar los costos políticos que puedan
acontecer durante la aplicación del ajuste.
De los párrafos anteriores se deduce que la ciencia económica conoce las
posibles combinaciones de política para sacar adelante un déficit
fiscal, pero así mismo, se deben tener en cuenta las intervenciones de
los entes políticos de decisión quienes son, a la postre, los que
aprobarán la aplicación del ajuste.
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Manuel
Andrés Guerrero
manuelguerreroarrobagestiopolis.com