Mala dirección = mal ambiente = malos resultados

Autor: Oscar Javier Salinas

CLIMA LABORAL

05 / 2001  

Aquellas personas que generan un mal ambiente de trabajo están destinadas a jamás sobresalir y vivir solas para siempre. La misión de un buen líder es guiar a sus trabajadores para que exploten sus potencialidades y las pongan al servicio de la organización.

Es ineludible. En cualquier momento de nuestra vida nos toparemos con alguna persona indeseable. Ya sea un mal profesor, un mal individuo o dentro de una organización, un mal jefe. Desafortunadamente en el caso de éstos últimos, los ejemplos abundan y hacen que la gente que se encuentre bajo su mando o supervisión, viva una verdadera pesadilla por los incorrectos procedimientos de dicha persona.

Lo peor de todo es que estos individuos no caen en cuenta de su error y creen que su proceder es el indicado, producen un mal efecto en toda la organización y causan innumerable perjuicios para la misma. La mayoría de estas personas no tienen ni idea de las responsabilidades que implica tener el mando, tales como la correcta dirección, administración o liderazgo, y cortan las buenas intenciones que puedan tener sus subordinados.

Así mismo, conocemos muchos casos de personas aburridas con sus jefes, pero no levantan su voz de protesta por miedo a perder el empleo o a que los juzguen mal. Unas, por el contrario, tratan de buscar nuevos y mejores horizontes en otras organizaciones que sí valoren su esfuerzo y las traten de una buena manera y donde puedan desarrollar todas sus habilidades y potencialidades.

Algunos de estos individuos por su afán de poder y prestigio ven a los empleados como poco dignos para entablar una relación con ellos. Su ego no les permite ver más allá de sus narices y harán hasta la imposible para que ningún subordinado sea mejor que ellos. Se aliarán con compañeros de su misma clase o con personas a las cuales puedan pisotear sin temor a que éstas tomen represalias.

Esta clase de individuos siempre creará un clima malsano dentro de la organización y harán de la crítica, la amenaza, la ofensa y la orden a la obediencia ciega, su carta de presentación ante eventuales reclamos que puedan hacer los sufridos subalternos. Todo esto creará que el mal jefe tenga una pésima reputación en la empresa y ocasionará que se le odie, se le tenga como una persona impopular y en algunos casos, hasta se le tema.

Sumado a lo anterior, algunos de estos "personajes" tienen en su mente un alto grado de ambición, lo que les llevará a cumplir sus propósitos por encima de cualquier norma establecida y pueden hasta elaborar tácticas que les permitan la adhesión de muchas personas (promesas, mentiras, encanto disfrazado, etc.) para consolidar su "grandeza" y ver sus sueños de poder realizados. Ejemplos de esto los encontramos en muchos de nuestros dirigentes latinoamericanos.

Estar en un puesto de mando, implica poner todo el empeño necesario para que los colaboradores realicen bien el trabajo y se sientan parte integral de la empresa como tal.

Para evitar que personas inescrupulosas sigan al mando en muchas empresas, debe existir, como primera medida, un grado de autocrítica que le permita a un mal jefe, darse cuenta de su error y entender que un nivel jerárquico alto es un medio necesario para lograr resultados y no algo a lo cual deban aferrarse para sentir poder y hacer daño a aquellas personas que tiene bajo su mando.

Además, es necesario que la estructura organizativa siempre esté abierta al cambio y a las nuevas necesidades y tendencias empresariales. Esto requiere en los jefes, una mentalidad madura y un carácter firme para ser los primeros en aceptar los modernos procedimientos a que haya lugar y a propender porque su implantación arroje excelentes resultados, beneficiando tanto a los trabajadores como a la empresa en general.

En segundo lugar, un jefe debe luchar porque las personas bajo su cargo puedan desarrollarse integralmente, ayudando a minimizar sus dificultades y colaborándoles siempre en lo que necesiten, mostrándoles la visión y valores de la empresa y generando ansias de servir y trabajar para que todos los objetivos se lleven a buen término y se alcancen las metas deseadas.

El saber escuchar a los demás es un don que poseen muy pocas personas. Muchos jefes no dejan que sus colaboradores se expresen, causándoles desconfianza y confusión. Esto hará que no se sientan comprendidos y la motivación por realizar las labores diarias desaparecerá, al sentir que no son escuchadas sus demandas y que, por el contrario, la soberbia y el autoritarismo de su jefe va en aumento.

En tercer lugar, para lograr efectividad en una organización, los jefes deben propender porque su gente se desarrolle tal como es y no haga cosas que no está en capacidad de realizar o vayan en contra de su principios. Ganar el respeto y el aprecio de los colaboradores es la tarea que deben asumir todos los buenos líderes con la intención que todos los individuos se sientan comprometidos a trabajar de la mejor manera, para el bienestar de todo el equipo y toda la organización.

Para Finalizar: El reto en estos tiempos es tratar de ser buenos líderes. Sólo así lograremos que nuestros empleados se esmeren por hacer un trabajo mejor y se genere un ambiente favorable en la empresa que derive en buenos resultados tanto productivos como organizacionales.

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Oscar Javier Salinas

osjasayaarrobagestiopolis.com

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