Había algunos muebles que no le gustaban nada y no sabía qué hacer
con ellos. Por un lado representaban algo que había tenido mucho valor
para sus padres, pero a ella le resultaban engorrosos y poco prácticos,
y por otro lado llevan tanto tiempo en la casa que le parecería un
sacrilegio deshacerse de ellos.
Algunas veces, cuando iba a la cocina se golpeaba las espinillas con esa
figura que le habían regalado a su madre el día que cumplió veinte años.
Tenía más de una cicatriz a causa de esa figura pero, ¿qué iba a hacer?.
A su madre la había gustado tanto ese regalo.
La casa estaba casi siempre a oscuras; las cortinas de terciopelo
atenuaban la poca luz que osaba entrar y hacía tiempo que la instalación
eléctrica había dejado de funcionar. Algún día se arreglaría, pensaba
ella, luego lo podría ver todo mejor.
Con el paso del tiempo las habitaciones habían ido almacenando tantas
cosas que apenas si había espacio para moverse en ellas. La mayoría de
esas cosas llevaban mucho tiempo sin ser usadas, pero ¿qué otra cosa
podía hacer con ellas? Después de todo, hacía tanto que la acompañaban.
Un buen día, mientras dormía tubo un sueño espantoso. Estaba andando por
un camino cuando vio como un cuervo escondía un diamante muy grande en
un agujero en el tronco de un árbol. Luego el ave le dijo: "Si quieres
puedes quedarte con la joya, es tuya".
Ella se acercó al árbol y metió la mano en el agujero para sacar el diamante. A pesar de tener una mando pequeña no le fue fácil puesto que el agujero era estrecho. Luego, al tacto, encontró el diamante, lo asió fuertemente entre sus dedos e intentó sacar la mano del agujero. Imposible.
El agujero era demasiado pequeño para dejar pasar a su mano con el diamante. Intentaba forcejear pero lo único que lograba era hacerse daño. Mientras tanto el cuervo reía sin parar. Cuanto más fuerza hacía ella más encajada quedaba en el agujero del árbol. De repente escuchó al cuervo advertirla. "Ahí llegan los lobos, más vale que hagas algo o te van a morder".
Eso la paralizó del todo, ¿qué debía hacer?. Ella quería el diamante,
pero no podía sacar la mano del árbol si no lo soltaba, por otro lado si
no sacaba la mano la morderían los lobos. Ya los veía avanzar hacia ella
a toda velocidad. De repente despertó.
A la mañana siguiente se decidió a hacer algo con la figura que le había
regalado a su madre. La movió de sitio. La puso en una sala en la que
nunca entraba. Por la tarde se decidió a hacer algo con el resto de
muebles del comedor: aparto la mesa a un lado, movió las dos sillas
estropeadas y vació el contenido del baúl. Luego arrastró el baúl hasta
la calle.
Al día siguiente, se decidió a mover el sofá y a sacar a la calle las
dos sillas estropeadas. Apartó la mesa grande de la cocina y se deshizo
de la cama de la abuela.
Parecía mentira como el hecho de haber eliminado algunas cosas le daba
un aire tan distinto a la casa. Había más espacio para moverse y todo
parecía más harmonioso.
Dos días más tarde arrancó las cortinas de terciopelo y abrió todas los
ventanales. La casa de llenó de aire nuevo y su vida también.
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