Puede decirse en términos generales que las personas, en su gran
mayoría tienen la intención de triunfar, de tener éxito, de lograr metas
y objetivos significativos que los beneficien de muchas formas. Para
arribar a ese éxito, se han establecido muchos caminos que van desde la
gerencia lógica hasta fe espiritual. En todos los casos, sin embargo, se
menciona como denominador común un ingrediente que resulta indispensable
para llegar hasta donde se desea: ese ingrediente es la acción, factor
que definiremos en términos muy sencillos, como toda actividad
perceptible realizada por un sujeto cualquiera.
La acción aparece, en el tema del logro, como el elemento más
fundamental; como pieza clave para la concreción o cristalización de los
deseos. No es posible lograr algo sin acción, pues somos habitantes del
cuerpo, y eso que llamamos experiencia tiene que ver con lo que el
cuerpo siente, con el movimiento ... con la acción.
A pesar de la demostrada importancia de actuar, es común que tendamos a
posponer acciones importantes, en la mayoría de los casos por temor a
equivocarnos, a fracasar o ser desaprobados. Debemos recordar que el
temor (preocupación e inquietud), o su fase superior, el miedo
(alteración psicofísica defensiva notable), surgen en el organismo como
mecanismos de autoprotección ante lo que consideramos amenazante,
desconocido o incontrolable. En estos casos, nuestras respuestas más
típicas aunque limitantes son: paralizarnos, negar el malestar, o
agredir al estímulo que vemos como amenaza.
Puede hablar de inacción temporal o permanente. La una es fugaz, la
otra, una tendencia de carácter frecuente. El tránsito por malos
momentos como accidentes, despido del trabajo o pérdida de seres
queridos, pueden sumir a algunos en estados emocionales bajos. Y se
entiende que desde la depresión, movernos no sea nuestra decisión
favorita. Sin embargo, millones de seres "se quedan en el aparato", como
actitud existencial. Esperan que las cosas" caigan del cielo", que "Dios
provea". Asi, pues, la dependencia, la flojera, el facilismo, son
actitudes asociadas con la inacción. La actitud del mantenido, del
chulo, del recostado, es bien conocida por todos.
Por fortuna, el miedo a actuar puede ser derrotado y sustituido por la
determinación y la ejecución inteligente de acciones productivas. Para
dar este salto de calidad de vida, podemos apoyarnos en aliados
actitudinales como: confianza, responsabilidad, voluntad, creatividad y
fe.
Se requiere confianza para moverse, para avanzar, para arriesgarse. Si
creo que puedo ganar lo intento, si no lo creo, ¿para qué intentarlo?
Confiar es creer que se dispone del potencial o los recursos para
obtener lo que se busca.
La responsabilidad es un detonante crucial, pues si no tomo el control
de mi vida, entonces espero que otro controle, proponga y decida. ¿Quién
responde por ti? vida? ¿Quién decide por ti? ¿Quién asume los riesgos y
las consecuencias de tus actos?.
En cuanto a la voluntad, diremos que es una piedra angular, pues
representa la capacidad de insistir en la acción hasta lograr lo
propuesto. Muchos no inician, otros inician y abandonan a mitad de
camino, para luego culparse o culpar a otros. Tener voluntad es poder
combinar la paciencia con la perseverancia, es insistir y esperar; es no
renunciar ante los obstáculos que surgen al transitar el camino.
La creatividad es una llave maestra, pues nos conduce a las acciones más
adecuadas e inteligentes. Desde la creatividad evitamos acciones
rutinarias e ineficientes. Cuando la acción es creativa, se hace
adaptable, flexible, adecuada, inteligente. Ser creativo es pintar un
mismo dibujo con diferentes colores.
Y nos queda revisar el ingrediente metafísico de la acción: la fe.
Cuando nos faltan razones para confiar; cuando vemos demasiados riesgos
o no vemos el camino o el final del camino; cuando la confianza para
moverse se debilita, es tiempo de voltear al cielo, de abrir el alma y
apoyar la lógica con la certeza de que la vida, Dios, La Providencia, el
Universo o como lo llames, te apoyará positivamente en los momentos
críticos.
De manera que, resumiendo: la vida es movimiento, es acción. No es
posible lograr nada consistente o durable sin acciones concretas y
adecuadas. Tendemos a paralizarnos, negar, evadir o agredir, por temor,
confort o negligencia. Es posible aprender a ser más activos apoyándonos
en la confianza, la responsabilidad, la voluntad, la creatividad y la
fe.
Nos resta preguntarnos si es momento de quedarse o actuar; cuáles son
las áreas en las que estamos "dormidos" y requerimos despertar la
actividad; de valorar todo lo que podríamos lograr, aprender o avanzar
si superamos la inacción, la resignación, la abulia. Tú puedes hacerlo;
debes hacerlo. Es tu deber con la vida. Hazlo aunque sea en gratitud por
los dones recibidos.
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