Una de las características, tal vez una de las más importantes que se
percibe en la actividad productiva, es la sencillez con la que se puede
acceder a tecnología de producción de bienes, que en otras épocas estaba
sólo al alcance de las grandes organizaciones. Este hecho ha permitido
que empresas sin capital ni estructuras de magnitud compitieran
exitosamente en la elaboración y, especialmente, en la comercialización
de bienes de última generación.
El acceso a la tecnología no es la única causa de esta paradoja. Hay una
segunda razón, de igual trascendencia que la primera, y se llama
organización.
En otros tiempos, la organización se concentraba esencialmente en la
actividad productiva. Bajando costos y brindando el mejor producto, las
empresas ganaban mercados y clientes con cierta facilidad. La carrera
competitiva consistía en producir con el menor costo y la mayor calidad,
lo que en sí era un logro de importancia.
Hoy los mercados han cambiado, agregando algunas exigencias que, a la
hora de sobrevivir, se vuelven esenciales para las empresas.
La primera condición que debe tener una empresa es flexibilidad, vale
decir, capacidad de adaptación. Esto significa estructuras ágiles y
sencillas que puedan ser adaptadas, sin demasiado esfuerzo, a los
cambios que continuamente impone la realidad para seguir compitiendo con
éxito.
La segunda condición es integrar los esfuerzos como equipos de trabajo,
donde lo más competitivo de una persona o grupo es la capacidad de
colaborar con el entorno. Antes, cada sector de la empresa trabajaba
para sus propios objetivos, tratando de ser coherentes con las metas de
la empresa, pero sin dejar de rivalizar con las demás áreas. Esto era
parte de lo que se consideraba la competencia interna. El problema de
esta actitud, vigente aún hoy en muchas organizaciones, es que impide
integrar esfuerzos, haciendo que la actividad de quienes actúan según
estos principios favorezca a los verdaderos rivales de la empresa: sus
competidores en el mercado.
El último aspecto, determinante en la supervivencia de una empresa, es
que toda ella se comporte como un servidor atento a los requerimientos
de su benefactor, a saber, el cliente, tratando de satisfacer sus
necesidades, en la medida que sus propios recursos se lo permitan y, en
caso de no poder hacerlo, buscar la colaboración de otros que sí sean
aptos para la tarea.
La organización tiene como objetivo coordinar los recursos de una
empresa para que sea permeable a los requerimientos de la realidad, y
que a la vez utilice todo su potencial para adaptarse a esos
requerimientos. La organización será efectiva en la medida en que sea un
medio que permita a las empresas ofrecer bienes que se adapten a las
necesidades y prioridades de los mercados.
Existe la creencia de que organización y orden son conceptos semejantes.
La diferencia es que el orden generalmente es un fin en sí mismo, o bien
responde a hábitos que muchas veces no tienen en cuenta el entorno. En
cambio la organización es la manera más sencilla de integrarse al
entorno. Cuando no ocurre así, la empresa deja de ser parte del mercado
y ya no cumple su principal objetivo: satisfacer sus intereses.
Licenciado en Sistemas, especializado en Recursos Humanos. Autor de Claves para Orientar su Desarrollo Laboral y de Claves para Acceder a su Próximo Empleo, el desafío del Siglo XXI. Es, además, Consejero de Ejecutivos de Desarrollo de Carrera de varias de las más importantes empresas de la Argentina.
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