¿Quién no tiene en su familia una persona actualmente desempleada?,
la respuesta es muy probable sea afirmativa en la mayoría de los casos,
quizá poco sabemos acerca de lo que significa perder el empleo, aún
cuando resulta ahora una situación muy común, que llega a ser argumento
de fondo para algunas series televisivas.
La pérdida del empleo es considerada por los psicólogos como uno de los
más fuertes y perturbadores eventos vitales, calculándose que afecta
cada año a 10 millones de personas en el mundo.
Los efectos psicofísicos que afrontan las personas que se encuentran en
esta situación, se presentan en forma de ansiedad, fuerte daño a la
autoestima, sentimientos de culpa, deterioro del autoconcepto, síntomas
psicosomáticos, irritabilidad, hipertensión, tensión, depresión,
abandono y que puede ocasionar patologías más severas, tales como el
alcoholismo u otra adicción a sustancias psicoactivas. En general afecta
el deterioro de la salud psicológica, la pérdida de bienestar y la
insatisfacción con la propia vida.
Estos y otros más son signos comunes para las personas que han sido
cesados de una empresa. En el Plano familiar, si se trata del despido
del jefe de familia, las relaciones familiares, se tornan paulatinamente
tensas, frías o distantes, aumentan los roces y discusiones, la falta de
tolerancia, las fricciones sociales y el cambio de roles que
eventualmente obliga a la esposa si es que trabaja a afrontar ella el
sustento del hogar o que buscar un empleo si es que la edad y la
calificación exigida lo permite, el varón por tanto estará obligado en
tanto, a ocuparse de las cuestiones domésticas. Las perturbaciones
alcanzan incluso a los niños en edad escolar. Los padres, se verán
obligados a cambiar de colegio o universidad su hijos, del particular en
el cual estaban a un estatal, porque simplemente la situación económica
no es la misma. Se han descrito casos en los desempleados, incluso
reacciones extremas frente al despido, tales como, la agresión (Quemar
al centro de trabajo) u otras de carácter intrapunitivo (Suicidio). El
caso es más grave, es si el jefe del hogar pasa de los 40 años de edad o
más, no será muy fácil conseguir un empleo pronto y peor aún, si no
cuenta con la competencias profesionales y técnicas exigidas, tendrá que
conformarse con incursionar en actividades u oficios menores a los que
nunca estuvo acostumbrado o que un primer momento pueda representar un
trabajo digno ante su medio social.
En el caso del cese de altos ejecutivos, según refiere, Temple (2001),
la gente, piensa que quienes dejan estos cargos o posiciones de poder,
lo hacen con tanto dinero y contactos, que no deben tener problemas para
continuar su vida profesional. La dura verdad, es que a más poder y
posición perdida, es aún más difícil adaptarse a situaciones nuevas y
lógicamente a vivir sin poder. Sucede que a muchos ejecutivos, les
resulta difícil situarse y replantearse su nueva identidad, volver al
llano y enfrentar llamadas telefónicas no respondidas, invitaciones y
saludos que no llegan, puertas que no se abren como antes; y darse
cuenta de que uno tiene menos amigos de los que creía. Es importante
para ello, mientras se tiene poder y posición, evitar el aislamiento y
la vanidad, que ello puede traer; no acostumbramos a escuchar sólo a
aquellos, nos dicen lo que queremos oír o a quienes siempre dicen ser
nuestros fieles colaboradores.
La soledad en estas posiciones, puede lograr desconectarnos de la
realidad del mercado, de la organización y de nuestra propia vida; peor
aún convertirnos en inflexibles víctimas de nuestro propio éxito. Muchas
veces, la “falta de tiempo” e interés nos lleva a no emplear tiempo real
a nuestra familia, para dedicarnos a protagonismos y reuniones sociales;
al mismo tiempo olvidar a los amigos de siempre, cada llamada no
devuelta o un amigo desatendido, les será cobrado más adelante y con
intereses.
Entre las razones que han motivado la desvinculación laboral en los
últimos años, en primer lugar, se explican, en que el mundo laboral
realmente está cambiando significativamente, como consecuencia de la
globalización de la economía, el desarrollo tecnológico; La fusiones de
las empresas, los cierres, las reducciones, las reestructuraciones, el
outsourcing (Tercerización de servicios ), la reconfiguración de los
puestos de trabajo, el cambio en los perfiles de cargo, la reducción de
la nómina de personal; éstas son algunas de las consecuencias de este
fenómeno mundial que afecta a todos los países del mundo. La innovación
tecnológica y la adecuación al mundo moderno, constituye hoy en día un
imperativo estratégico de vida para todas las organizaciones, en la
cual, se deben comprometer firmemente, para asegurar su subsistencia en
un entorno cada vez más competitivo y cambiante; ello inevitablemente
exige a las empresas la necesidad de optimizar la eficiencia del
personal y por ende la calidad de sus productos y/ o servicios.
En segundo lugar, las causas que originaron este cambio, se encuentran
las recesiones económicas de los años 80-90, que aún sigue en la
actualidad agudizándose, unida al largo deterioro en la competitividad
global de las empresas, provocando, que muchas firmas al innovar
tecnología, se vieran sobrecargadas de personal, sintiéndose lentas e
ineficientes.
En tercer lugar, una razón fundamental constituye la falta de visión de
futuro de algunos trabajadores que, amparados en la “Tradicional
estabilidad laboral” o de sus contactos o afinidad con ejecutivos
prominentes, hicieran pocos esfuerzos para actualizarse y capacitarse
permanentemente, optimizando sus competencias profesionales, personales
y laborales, condición sine qua non para mantenerse en el empleo,
enfatizando la necesidad de mantener un marketing personal, que
favorezca un comportamiento asertivo y relaciones interpersonales
favorables a todo nivel, proyectando confianza, lealtad y compromiso
dentro de su equipo de trabajo y frente a sus superiores.
En cuarto lugar, consideramos que la alta competitividad y oferta de los
mercados, con la consiguiente imposibilidad de mantener los precios en
los productos y/o servicios, generando cada vez menores márgenes de
utilidad, es otra de las razones que han conducido a que muchas
empresas, se hayan visto obligadas a disminuir los costes de personal
para mantener e incrementar sus beneficios, lo que ha dado lugar a que
el Downsizing (Reducción de la estructura y costes de personal), sea una
de las alternativas a implantar, por tanto; estos programas, no han sido
un mero fenómeno coyuntural, sino una tendencia que aún sigue vigente en
todos países del mundo, con grave repercusión en los países en vías de
desarrollo como Perú; donde se aplicó masivamente a partir de la década
del 90, sin tener en cuenta un efectivo programa de outplacement tanto
en las instituciones y empresas públicas como en las privadas,
incrementando cada vez más el número de desempleados y con tendencia a
ser cada vez mayor.
En la última década, surge en muchos países norteamericanos, europeos y
latinoamericanos, una herramienta gerencial con gran énfasis
psicológico, llamado “Programas de Outplacement”, para hacer frente al
trauma del despido y hacer que sea percibido por el trabajador, no como
una situación fatal sin solución, sino como un nuevo desafío que
afrontar hacia la búsqueda de un nuevo empleo u ocupación.
Las organizaciones deberán considerar en nuestro país, en un futuro
próximo esta técnica, como una respuesta real a sus inquietudes morales,
haciendo un mea culpa y tratando de hacer “UN ADIOS SIN DOLOR” O “CON
MENOS DOLOR”, tratando que el impacto del despido, no sea traumático
tanto para aquellos trabajadores que se desvincule, como para aquellos
que continuarán en la organización, afectando lo menos posible la
atmósfera psicológica empresarial actual, que seguramente en éstas
condiciones, estará cargada de tensiones, incertidumbres y temores.
Los programas de Outplacement (OPC), reúnen una serie de estrategias de
apoyo, orientación psicológica y técnica, para aquellas personas sujetas
a una desvinculación laboral. Primigeniamente, recibió el nombre de
decruiment o dehired, se atribuye a North, el haber acuñado la expresión
“Outplacement”, la que no tiene una traducción concreta en español. La
definición más aceptada se le atribuye a R.Kabana (1987) quien define a
esta técnica como: “Un proceso de asesoría, apoyo, orientación y
capacitación dirigida a la persona, por egresar o ser transferida para
la búsqueda de un nuevo empleo o actividad similar en nivel o
condiciones a las de su anterior ocupación en el menor tiempo posible”.
El aporte de la psicología a estos procesos de transición laboral es
significativamente importante, especialmente en las etapas iniciales del
proceso, tanto en el apoyo psicológico, como en las evaluaciones
psicométricas de las capacidades, orientación ocupacional, consejo
psicológico y búsqueda del mercado de empleo. El énfasis de esta tarea
también está dirigido a aquellas personas que están por jubilarse ya sea
en forma natural o anticipada, brindándoles entrenamiento, asistiendo en
compañía de un familiar, permitiéndoles establecer una estrategia para
planificar su plan de vida extra laboral y desde luego a prepararse a
vivir, con un nivel de calidad de vida deseable y en la cual
indudablemente juegan un rol importante el núcleo familiar.
Los beneficios del OPC para la organización que desarrolla este programa
con la respectiva asesoría psicológica externa, son muchos, resumiremos
los más importantes:
Reconocer que el factor humano es realmente importante, como principal activo estratégico del desarrollo organizacional.
El proceso de OPC que se desarrolla en la organización, constituye en si mismo un compromiso moral, que engrandece y realza los valores de la organización.
Mantener la credibilidad y confianza del personal hacia los ejecutivos ejecutores del programa, al haber actuado con un adecuado criterio moral y con respeto a la clase trabajadora.
Asegurar y mantener en la empresa, la continuidad del compromiso, motivación, dedicación y lealtad de los trabajadores que continúan laborando.
Flexibilizar y sensibilizar al personal para aceptar y afrontar los nuevos cambios que el entrono exige, en cuyo proceso su participación es ineludible como principal “asociado estratégico” y colaborador principal.
Ofrecer apoyo para una transición exitosa, ayudando al trabajador a aceptar los planes de “Retiro voluntario y conciliado”, permitiendo además, una desvinculación sin trauma para la organización y para el personal, minimizando los conflictos laborales y dignificando al colaborador.
Fortalecer y mantener la buena imagen de la organización ante sus clientes, proveedores, entidades financieras y opinión pública en general.
Los beneficios del OPC para los trabajadores desvinculados:
Con la participación del trabajador en un programa de OPC, logra superar en corto tiempo la crisis personal y familiar y el trauma que puede haber ocasionado el despido intempestivo; trasformando la crisis en una oportunidad de desarrollo profesional y personal.
Brindar a los participantes, la oportunidad de analizar todas las opciones para la planificación de su vida profesional, familiar y social, con la posibilidad de desarrollar y emprender un plan de nuevas actividades.
Reducir el tiempo de desempleo, logrando una más rápida reubicación en el mercado laboral, teniendo entrenamiento en las técnicas más efectivas para la búsqueda de un nuevo trabajo, desenvolverse apropiadamente en las entrevistas de empleo, elaborar un currículo vitae ganador y sobre todo fortalecer su autoestima y personalidad.
Dar a conocer que habilidades posee, para poder emprender un negocio propio.
En nuestro país mencionaremos los trabajos desarrollados por DBM del
Perú, organización que viene desarrollando con éxito programas de
Outplacement, dirigido fundamentalmente a ejecutivos peruanos.
Un aporte adicional en el país, constituye los hallazgos de la
investigación cuasi experimental desarrollada en el año 2000, por el
autor de esta nota, que le permitiera optar el grado de magíster en
psicología Organizacional.
En dicha investigación se estudió las diferencias en los niveles de
depresión, autoimagen y adaptación en un grupo de trabajadores
desvinculados laboralmente que participaron en un programa de OPC (Grupo
experimental), comparativamente con otro grupo de trabajadores
igualmente desvinculados, que no intervinieron en dicho programa (Grupo
Control).
Los resultados obtenidos de acuerdo a los estadísticos aplicados en los
tests y retests administrados, fueron altamente satisfactorios para los
trabajadores que participaron en el programa de OPC, observándose una
mejora sustancial en los niveles de depresión autoimagen y adaptación,
comparativamente con los que no intervinieron en dicho programa.
Sirvieron con fuentes de diagnóstico El Cuestionario Tetradimensional
para la Depresión de Alonso Fernández (CET-DE), La Escala de Autoimagen
de Morris Rosemberg y el Cuestionario de Adaptación de Hugh M. Bell.
Psicólogo Organizacional
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