Abraham Maslow tiene en común con el faraón Keops que
ambos se han hechos famosos por una pirámide.
Fue Maslow quién reprochó a Freud el haber aprendido la psicología a
través de la mitad enferma de la humanidad.
Pero son sus estudios y teorías sobre la motivación los que provocan mi
actual intervención. Recordemos primero lo que es la motivación: un
estado emocional que impulsa a una persona a adoptar un comportamiento
determinado cuando recibe un impulso o incentivo que satisface una
necesidad. Por tanto, no habría motivación sin necesidad por
satisfacer.
Entre las más importantes aportaciones de Maslow al estudio de las
motivaciones, destacaría las siguientes:
1. el hombre es un ser global. Si tiene hambre, no es sólo su estómago
que protesta, sino todo su ser, y cuando satisface su hambre, es toda su
persona que se queda contenta.
2. las necesidades están interrelacionadas y cuando una está satisfecha,
aparece otra que pide satisfacción.
3. las necesidades no pueden expresarse en forma absoluta, sino
relativa, es decir que la persona establece una jerarquía de prioridades
entre las mismas.
4. las prioridades son variables y se modifican con cierta facilidad en
función de la situación, del contexto y las satisfacciones anteriores.
5. el hombre no es un ser totalmente racional: puede reaccionar frente a
incentivos de forma (aparentemente) ilógica, sin que sea ningún
comportamiento patológico.
Comprendemos entonces que no se puede motivar a la persona por rodajas,
como si fuera un salchichón. Si algo lo hace sentir insatisfecho, puede
perder la motivación, aunque otra necesidad suya quede satisfecha. Esto
implica que si no está a gusto en su equipo de trabajo, no por subirle
el sueldo se verá motivado (el primer mes, tal vez)
Tampoco podemos considerar un motivador como definitivo,
porque cuando la persona ve una necesidad satisfecha, otra sube en la
escala de prioridades y la sustituye.
¿Significa esto que es imposible mantener a un trabajador motivado?
Afortunadamente no. Pero no se puede contar ni con motivadores
universales, ni con motivadores permanentes, los motivadores son
personales y perennes. Por lo tanto para motivar a tus propios
trabajadores, primero debes de conocer cuáles son sus necesidades, y
aplicar los motivadores en función de cada persona, contando el estado
actual de la misma.
Es una de las razones de desconcierto de algunos jefes o empresarios,
ver que un colaborador que solicitó algo tan importante que le fue
acordado (puede ser un aumento de sueldo, una promoción, unos días de
vacaciones, etc.) parece hoy haber perdido el impulso. O bien que en el
despacho todos parecen satisfecho por las nuevas ventajas adquiridas
menos uno que sigue con la misma desgana.
Visitando la pirámide
La pirámide desarrollada por Maslow tiene dos méritos: proponernos una
clasificación de todas las necesidades en sólo cinco categorías, – más
fácil ¿no? – y mostrar como estas necesidades viene jerarquizadas, de
tal forma que las superiores sólo se intentan satisfacer cuando las
inferiores son suficientemente cubiertas.
El primer nivel de la pirámide corresponde a las necesidades básicas
relacionadas con las funciones vitales, como alimentarse. Están
satisfechas en la gran mayoría de las personas. Pero Abraham apuntó las
necesidades adquiridas como muy próximas a las biológicas. En ellas se
hallan las necesidades de educación, de comodidad, de higiene, etc. No
dudaré en citar como ejemplo la costumbre Española del almuerzo a media
mañana. Es una costumbre adquirida que no creo que ninguna empresa
podría pensar suprimir sin provocar una fuerte oleada de protestas
probablemente graves.
Después vienen las de seguridad y protección. Cuando no se tiene, la
búsqueda de seguridad constituye un importante motivo de la conducta de
las personas.
En el tercer nivel vienen las de integración social, sentirse aceptado
por el grupo.
Después vienen las necesidades de reconocimiento y estima donde cabe
independencia, libertad y prestigio.
Coronan la pirámide las necesidades de crecimiento, desarrollo y
realización personal.
Un nuevo trabajador
Llega la candidatura de una persona, actualmente desempleada. Es de
esperar que su necesidad más imperiosa sea la de encontrar trabajo.
Cuanto más tiempo haya estado desempleado, menos se fijará en las
condiciones del trabajo, solo por conseguirlo estará ilusionado. Sus
necesidades de seguridad son prioritarias.
A continuación intentará integrarse en el grupo de colegas, sentirse
aceptado por todos, lo que al principio le parecía secundario. Hará
esfuerzos y si se siente rechazado, le molestará. Si la situación
persiste, su rendimiento se verá afectado por ... pérdida de
motivación.
Una vez satisfechas sus necesidades socioafectivas, es de esperar que
buscará un reconocimiento personal, recibir un buen trato por parte del
jefe y adquirir un status.
Si no se siente justamente reconocido, si sus necesidades de status
quedan frustradas, no solo más dinero no lo motivará (aunque lo acepte),
sino que puede provocarle sentimientos de autocritica ("me estoy
vendiendo") y de agresividad para con quién intente motivarlo de esta
manera ("no entienden nada"; "me intentan comprar"; "es que no les
importa la gente").
Y más tarde esperará que el trabajo le mejore como persona, aprender,
desarrollarse, tener iniciativas e independencia.
A cada nivel de necesidades corresponden diferentes incentivos y en un
grupo de trabajadores, no todos estarán en el mismo nivel. La siguiente
pregunta sería como identificar el nivel en el cual esta cada uno de los
trabajadores. Pienso, que buscar los incentivos puede ser relativamente
fácil, aunque lo realmente difícil es identificar en que estatus de la
pirámide de Maslow se encuentran.
Motivación o manipulación
Algunos consideran que motivar a otro es una manipulación, y me consta
que en casos, tienen razón. Conseguir que otro haga, bien y mucho, lo
que queremos que haga y usar incentivos para influir en su conducta
podría ser una manipulación.
¿O bien consideramos que hay manipulación si la intención es egoísta y
va a perjudicar al otro? ¿Desean los trabajadores ser incentivados, y
tener una emoción positiva, o prefieren no serlo? Y vosotros ¿qué
opináis?
Economista de formación inicial, Michel Henric-Coll tiene una trayectoria profesional larga y variada, pasando por la informática, las negociaciones internacionales y el marketing para culminar en los recursos humanos. Con más de 15 años formando a personas y a grupos, y más de 5 en acompañamiento del desarrollo profesional (coaching), MHC pone su gran experiencia al servicio de las empresas y organizaciones.
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