El entorno actual exige a las empresas, unos niveles de
competitividad cada vez mayores. Esta presión competitiva requiere estar
constantemente reinventando nuestras propuestas, mediante el análisis de
nuestra cadena de valor.
Para enfrentarnos a los nuevos retos deberemos desarrollar nuevas
estrategias y comportamientos, ya que enfrentarnos al presente con
métodos del pasado seria hipotecar el futuro.
Consecuencia de lo anterior, es obvia la necesidad de potenciar
regularmente las competencias de nuestro equipo humano. En este
contexto, la formación juega un papel fundamental, la buena formación es
capaz de potenciar la eficacia y eficiencia de los participantes, pero
en el adjetivo está la clave del éxito. Reunir a un grupo de personas en
un aula e impartir un programa más o menos ajustado a sus necesidades no
garantiza el éxito. La formación mal planificada puede conllevar incluso
resultados contraproducentes.
Es destacable, el aumento de protagonismo que la formación está teniendo
en las empresas en estos últimos años. La presión competitiva, las
subvenciones, los cambios de paradigma en las relaciones con el cliente,
las nuevas tecnologías, etc., son sin duda factores que han favorecido
este aumento de protagonismo. Pero la tendencia a pasar a la acción sin
invertir el tiempo necesario en la planificación, hace que en muchos
casos el resultado no sea el deseado. Como digo muchas veces en mis
clases;
"Si tenemos cinco horas para cortar un árbol, hay que invertir una en
afilar el hacha"
La "buena" formación conlleva tener en cuenta una serie de factores, que
nos ayudarán a conseguir los resultados deseados.
En todo proceso de mejora siempre hay un antes, un durante, y un
después. Por lo que clasificaré los factores de influencia por este
mismo orden.
ANTES
1. Si queremos que la formación actúe como motor del cambio, no
deberemos contemplarla como algo puntual y aislado. Esta deberá estar
integrada en el plan estratégico de la compañía. El responsable de
formación necesita disponer de todo el apoyo y recursos necesarios. Para
ello la formación debe formar parte de la propia cultura de la compañía.
2. Las acciones deberán diseñarse teniendo en cuenta las necesidades
globales, departamentales y personales. Identificar claramente la
situación actual y la situación deseada, nos ayudará enormemente a
seleccionar los recursos necesarios para el cambio. Para realizar un
buen análisis de necesidades es fundamental medir como lo estamos
haciendo, en muchos casos esta medición no se lleva a cabo o se hace de
forma incorrecta. Herramientas como las auditorias de calidad (externas
o internas), entrevistas y pruebas de evaluación de rendimiento, la
observación directa, evaluaciones de la calidad de atención al cliente
(mistery phoning, mistery shoping, encuestas, etc.) reuniones con los
receptores, etc. son acciones que nos proporcionarán información muy
valiosa sobre como lo estamos haciendo (situación actual), y sobre como
tenemos hacerlo en el futuro (situación deseada). Esta información será
fundamental para la identificación de las áreas de mejora y para el
posterior diseño del programa formativo. En esta fase es fundamental la
participación de los receptores en el diseño del programa, ya que si
formamos para el cambio, necesitaremos contar con la implicación de las
personas que tienen que cambiar, y no hay implicación sin participación.
3. La buena formación es la que consigue cambios positivos: " Si quieres
resultados nuevos, haz cosas diferentes". En realidad este es el gran
reto, conseguir que las personas cambiemos. Lograr que las personas
salgamos de la zona cómoda y cambiemos nuestras rutinas y estrategias de
comportamiento, es algo que demanda la máxima profesionalidad, en las
personas encargadas de llevar a cabo el diseño e impartición del
programa.
El aumento de protagonismo que la formación está teniendo es debido, en
gran parte, a la creación de fondos para la subvención de los planes.
Estas subvenciones han hecho aflorar como setas multitud de empresas que
"venden" formación con una filosofía, que en muchos casos se podría
definir como la de "toma el dinero y corre".
Los buenos profesionales invierten muchas, muchísimas horas en su
formación; cursos, libros, revistas especializadas, congresos nacionales
e internacionales, conferencias, preparación de materiales, etc. Todo
esto representa una inversión de tiempo, esfuerzo y dinero, que este
tipo de empresas no está dispuesta a pagar. Su propia ambición y la
miopía empresarial del negocio a corto plazo, les impide invertir en
auténticos profesionales de la formación orientada al cambio o mejora
del rendimiento.
Por ello es fundamental que las empresas que subcontraten la formación y
que quieran obtener resultados positivos, analicen con detalle la
calidad del proveedor. Solo así podrán comprobar que la "buena"
formación no es un gasto inútil, sino una inversión necesaria y
rentable.
DURANTE
Durante la impartición de un programa formativo para el cambio, son
muchas las áreas a considerar, detallarlas aquí conllevaría monopolizar
el contenido de este cuaderno, libro entero, por lo que abordaré solo
algunas líneas generales a tener en cuenta.
Partiendo del supuesto, de que el diseño del programa se apoya en un
correcto diagnóstico de necesidades y en una adecuada selección de los
recursos. Los siguientes factores a considerar son:
1. En los momentos iniciales, hay que orientar nuestras acciones a la
creación de un clima facilitador del aprendizaje, (antes de sembrar, hay
que preparar la tierra). Esto pasa por el logro de un entorno que
fomente la confianza y apertura mental del grupo (no se puede aprender
lo que ya se cree saber). Este primer objetivo es indispensable para que
se pueda establecer el nivel de comunicación necesario, entre el
formador y los participantes.
2. Es fundamental sintonizar con el grupo, empatizar con sus
inquietudes, estado interno, creencias, actitudes, etc. esto nos
permitirá posicionarnos en la "línea de salida", para comenzar el
entrenamiento en sintonía con el grupo.
3. La metodología de entrenamiento, debe ser capaz de generar en los
participantes auténticas experiencias de aprendizaje. Recordemos un
axioma de formación que nos dice lo siguiente; oigo y olvido, veo y
recuerdo, hago y aprendo.
Por lo que la inmersión del participante en experiencias de aprendizaje,
será fundamental para la comprensión y posterior puesta en práctica de
lo aprendido.
Estas experiencias deben estar diseñadas teniendo en cuenta su entorno
de trabajo, con la finalidad de acercar al máximo la situación de
entrenamiento al día a día del participante.
4. El sistema "socrático" o utilización de las preguntas, permite al
monitor exponer los diferentes conceptos implicando al participante en
la búsqueda de las respuestas, lo que conlleva una mejor aceptación y
comprensión de las mismas.
Las preguntas direccionan el pensamiento del oyente, por lo que la
presentación de nuestros puntos clave utilizando preguntas facilita la
consecución de nuestros objetivos.
5. El formador debe procurarse un feedback eficaz, por lo que es
fundamental tener claro que información de retorno, nos permitirá
verificar el nivel de comprensión y aceptación de los diferentes
conceptos. A quedado claro, habéis entendido, etc., NO es un feedback
eficaz. En los puntos clave de nuestra exposición puede ser necesario
acceder a la estructura profunda, mediante preguntas (metamodelo de
lenguaje) o ejercicios que nos permitan verificar la consecución de los
objetivos y aclarar las posibles dudas.
6. El objetivo nunca debería ser cumplir con el programa en el tiempo
previsto a toda costa, la flexibilidad es necesaria para adaptar el
ritmo a los participantes. Siempre será mejor desarrollar un 80% del
programa previsto de forma eficaz, que intentar "endosar" el 100% a toda
costa.
7. El ritmo de trabajo también debe de tener en cuenta la curva de
Sheldon o curva del rendimiento humano. Es muy recomendable la
realización de descansos cortos pero regulares (cada 60 ó 90 minutos).
En ellos podemos aprovechar para revisar alguna evaluación parcial (ver
apartado "después" punto 2º).
8. La buena formación es divertida. Un programa puede ser muy serio en
sus planteamientos técnicos, sin embargo, esto no impide que la
implementación del mismo sea divertida. Las personas aprendemos mejor y
más rápidamente en entornos distendidos y agradables. Para ello el
formador podrá utilizar dinámicas de grupo, metaplan, ejercicios,
dramatizaciones, simulaciones, música, etc. Estos recursos fomentan el
entusiasmo y el buen humor en los participantes.
9. En todo programa orientado al cambio, es necesario tener en cuenta la
forma de facilitar las transferencias de lo aprendido al lugar de
trabajo. Para lo cual, durante el entrenamiento es necesario que cada
participante vaya trabajando en su propio plan de mejora personal. Este
documento reflejará las áreas de cambio en forma de objetivos (
M.E.T.A.S.), así como la identificación de los posibles obstáculos y
recursos a utilizar. Este plan debe representar para el participante, un
compromiso consigo mismo en el logro de los objetivos.
Ejemplo de acrónimo para una correcta especificación de objetivos:
M - otivador
E - specífico
T - emporizado
A - lcanzable
S - eguible
DESPUÉS
Al finalizar una acción formativa se suele decir que el curso no acaba
ahora, sino que en realidad empieza ahora. Es un hecho en el que todos
coincidimos, pero las acciones no siempre son consecuentes con este
principio. Veremos algunas consideraciones que facilitarán la puesta en
práctica de lo aprendido, y la rentabilidad de la inversión efectuada.
1. Cuando finalizamos un programa formativo, solemos pensar rápidamente
en como vamos a evaluar la acción, lo cuál es correcto, pero no
deberemos olvidar que tenemos unos participantes a los cuales hemos
"invitado" a salir de su zona de confort o comportamiento habitual, para
implementar cambios. Por lo que si queremos ver plasmados estos cambios
en forma de resultados positivos, deberemos diseñar un plan de
seguimiento formativo, a poder ser en combinación con el formador que ha
llevado a cabo la acción. Este plan se encargará de prestar el apoyo
necesario al participante, verificando los progresos y aportando la
ayuda necesaria en la superación de posibles obstáculos. En el mismo
deberán estar implicados el participante, el mando del cual depende (que
juega un papel fundamental) y el propio formador.
2. La persona que se responsabilice del seguimiento, deberá estar
preparada para facilitar el apoyo que precise el participante. Sus
capacidades deben permitirle realizar "coaching" no solo a nivel de
entorno, comportamientos y capacidades, también en el nivel neurológico
de creencias. En este nivel es donde se genera el auténtico poder del
cambio personal. El "coach" deberá identificar posibles creencias
limitantes y saber desafiarlas adecuadamente. Enriqueciendo los modelos
mentales del participante y facilitando la generación de creencias
impulsoras.
"Tanto si crees que puedes como si crees que no, en ambos casos estás en
lo cierto"
Henry Ford
3. Es importante destacar que en los procesos de mejora del rendimiento
hay que fomentar la cultura del elogio o reconocimiento. Este afirma a
la persona y la motiva para seguir avanzando en el proceso de cambio.
4. En los aspectos relacionados con la evaluación, tenemos los cinco
niveles clásicos; satisfacción, conocimientos, transferencia, impacto
organizacional y retorno de la inversión (R.O.I.). A estos cinco yo
añadiría otro, a mi modo de ver imprescindible; la evaluación parcial.
Las evaluaciones parciales son aquellas que debe realizar el formador
durante el desarrollo del programa, estas evaluaciones nos permiten
saber si estamos manteniendo el rumbo previsto, o si por el contrario
nos estamos desviando del mismo. También nos permitirán efectuar
correcciones "a tiempo". Para llevarlas a cabo, podemos utilizar el
metaplan o un breve cuestionario diseñado a tal efecto.
Todo lo anterior es necesario para que un programa de formación sea un
éxito, y aunque el diseño e implementación de algunas de las acciones
propuestas nos demanden más tiempo y esfuerzo, no hay que olvidar que no
se nos valorará por lo que hagamos, sino por los resultados obtenidos.
" La finalidad de la formación no es el conocimiento, sino la acción"
Director-Gerente de Comunicación Objetiva S.L.
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