Las empresas, sus directivos y sus planes estratégicos, por lo
general, tienen preconcebido un discurso aquel en el que exaltan a "su
gente" y "su cultura" como sus activos más valiosos, pero es raro
encontrar una compañía en la que realmente le den a la gente la
importancia que se merece.
Pocas son las firmas en donde los empleados se encuentran realmente a
gusto y ven sus trabajos como una fuente de alegría y satisfacción que
les impulse a entregar su máximo para el bien de la organización. El
discurso no deja de ser meramente retórico y en mucha medida irónico
porque el común denominador del empleado es la queja y la
insatisfacción. Se sienten desaprovechados, desvalorados, desmotivados y
lógicamente no desarrollan sentimientos que los lleven a brindar todo de
sí por la organización.
Aunque no es tarea exclusiva del área de talento humano de la empresa,
si le cabe mucha responsabilidad del descuido en que se mantienen los
empleados. Los departamentos o secciones de recursos humanos se remiten
a tareas como la gestión de nómina o la seguridad industrial, que a
pesar de ser muy importantes, no tienen el potencial de generar un sitio
de trabajo apasionante.
La cultura organizacional se construye con base en las fortalezas
individuales
Hay preguntas de todo tipo, uno podría pensar que no es muy novedoso o
que esas preguntas no se relacionan con el desempeño personal y
corporativo, pero esta prueba ha sido aplicada en varias empresa
internacionales que le han permitido a su gente responder abiertamente y
de esta manera han conseguido mejorar sus desempeños, ya sea en ventas,
utilidades, satisfacción del cliente o rotación de personal.
Aunque parece que no hay nada excepcional en el cuestionario, se
convierte en un extraordinario punto de partida para conocer a la gente,
al activo más valioso de la empresa, lo que se debe hacer es identificar
debilidades y fortalezas, no hay que tratar de cambiar a la gente, lo
mejor es dejarla ser como es, no es necesario estandarizar su
comportamiento, más bien hay que tratar de aprovechar lo que llevan
dentro y dejarlo fluir. El talento es escaso y tratar de normalizarlo es
un error imperdonable.
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