Para una persona, sufrir un accidente puede convertirse en una
experiencia indeseable si éste ha sido grave y además del sufrimiento
propio, está el de la familia y demás conocidos. A esto se suma el temor
de posiblemente perder el empleo, acarrear con gastos altos o quedar con
alguna lesión permanente.
Si por ejemplo, el siniestro ocurre en una empresa muy pequeña, ésta
podría enfrentarse a una crisis económica ya que no cuenta con los
recursos necesarios para cubrir cualquier eventualidad. Pero como lo
dijimos antes, la peor parte es aquella que no se puede compensar con
dinero como lo es el sufrimiento de un empleado o el de su familia.
Dentro de los gastos en que debe incurrir una empresa están el de pagar
por un trabajo no realizado, medicamentos, cuentas hospitalarias,
indemnizaciones, reparación de máquinas o equipos averiados, etc., sin
contar que se puede presentar una baja en la producción y por ende en la
calidad del trabajo.
Así mismo, cuando ocurre algún incidente se debe buscar una persona que
reemplace a la que sufrió el percance, de tal modo que se debe buscar y
capacitar a posibles candidatos substitutos sin haber planeado nada, ya
que los accidentes llegan sin avisar.
Públicamente, la imagen de la compañía puede resultar deteriorada ya que
se le reconocerá como una compañía que no ha tenido la intención de
propender seguridad a sus empleados y en materia de higiene y salubridad
quedará muy mal parada frente a sus competidores.
El gran desafío es luchar porque se minimicen las malas condiciones de
seguridad e higiene y se prevengan los posibles accidentes que puedan
presentarse, teniendo especial énfasis en hacer el trabajo con todas las
garantías necesarias y en un ambiente favorable para su desarrollo. Los
programas que se implanten de salubridad y seguridad serán los que
permitirán que en un futuro no se presente ninguna clase de incidentes
con riesgos que pueden incluir hasta la muerte.
Tanto empleados como empleadores deben ponerse de acuerdo para implantar
excelentes medidas que conduzcan a no sufrir inconvenientes. Para
prevenir en vez de lamentar, lo ideal es que se obedezca siempre el
programa que se va a implantar.
De nada sirve tener lo último en seguridad si un empleado hace caso
omiso a las recomendaciones que se le hagan, poniendo en riesgo su salud
y las de sus compañeros de labores quienes deben colaborar para que todo
siga su curso óptimo.
Es indudable que unas empresas necesitan prestar más atención que otras
en aspectos de prevención de desastres. Aquellas cuyos empleados manejan
máquinas, están expuestos a sustancias tóxicas, etc., deben esforzarse
por cuidar que nada malo les ocurra a sus trabajadores. Sin embargo, lo
mejor es que todas lo hagan para no tener posibles lamentaciones.
Para finalizar, no debemos olvidar que en muchos accidentes el dinero no
lo resuelve todo. Existen secuelas morales difíciles de borrar que sin
embargo pueden prevenirse si se adopta bien y de una manera eficiente un
buen programa encaminado a mejorar la salubridad y buen ambiente
empresa.
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