Se oye y lee mucho sobre la calidad del servicio, la atención
centrada en el cliente, el servicio personalizado y muchos otras frases
que sirven para hacernos ver que el cliente es importante. Muy
importante. Tanto que sin clientes no hay negocio. Así de fácil.
Cuando de niño iba por mis propios pies a la peluquería de mi barrio un
alegre y bajito japonés me recibía con una enorme sonrisa: ¿que dice
Jaime cortao pelo?. Y me invitaba a sentarme en el sillón de cuero rojo,
empezando su trabajo intercalando preocupaciones por mi familia y
saludos para todos. Al final una despedida con mucha cordialidad y
gratitud además de un caramelo para el regreso. Ese es mi recuerdo de
una buena atención.
Quién no sabe sonreír que no ponga un negocio dicen los chinos. Deben
tener razón no sólo por ser muchísimos sino porque hace miles de años
que lo vienen diciendo. No hay pues nada nuevo bajo el sol. Los clientes
esperamos al ser atendidos por lo menos una sonrisa. Una sonrisa que nos
haga ver que nuestra presencia es bienvenida. Que somos importantes. Que
existimos. Que le interesamos al dependiente de la bodega, del
supermercado, de la oficina pública. Que le interesamos al que nos
atiende.
Luego de sentirnos bienvenidos los clientes esperamos se nos atienda, es
decir se nos escuche con atención en nuestro requerimiento. Que se nos
escuche como si fuera la primera vez que escucha el que nos atiende una
solicitud como la nuestra. Algo que nos siga haciendo sentir
importantes. Especiales.
El toque profesional viene dado por el grado de conocimiento que muestre
el dependiente sobre el producto que solicitemos. Esto se llama asesoría
y va desde los ingredientes para una sencilla comida, las llantas
pertinentes para nuestro automóvil, la opinión honesta sobre la ropa que
nos probamos, etc.
Los clientes, en suma, esperamos de un dependiente que nos reciba con un
saludo afectuoso, nos escuche con entusiasmo, nos trate con sonrisa y
frases amables, resuelva a nuestro favor lo que solicitamos, nos
agradezca y despida con un “gracias y vuelva pronto”.
Los clientes estamos aprendiendo. Estamos aprendiendo a exigir. A darnos
cuenta que podemos obtener más por nuestro dinero. A exigir rapidez,
confiabilidad, seguridad, calidad y muchas otras cosas. Este aprendizaje
cruza todos lo sectores aunque se crea que sólo es válido para los
negocios lo es también y mucho para la empresa pública. Así que ojo con
el cliente porque es quien al final decide.
El Sr. Lértora es Ingeniero, Consultor en Comunicación Empresarial, profesor universitario, Director de Lértora Consultores, publica en el Diario Liberación de Lima, Perú, dos veces por semana su columna PALO ENCEBADO. Dicta Talleres de Expresividad y temas relacionados: Motivación, Atención al Público, Calidad de Servicio, Expresividad Oral y Corporal, por ejemplo. Su formación de actor de teatro y conductor de radio y televisión le permite dirigirse a los estudiantes y participantes en las charlas que dicta de manera animada y lúdica logrando una efectiva comunicación.
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