Calidad y el síndrome del ajuste continuo

Una forma de ver la generación de mayores niveles de rentabilidad es bajo la perspectiva de la reducción en los tiempos destinados a las actividades de ajustes. Poco productiva es la empresa o el profesional cuya actividades llevan a una relación entre los tiempos de ajustes y los de producción primaria (la generación original del producto o servicio) superior a la unidad.

Pensemos en quien redacta una carta y luego esa u otra persona deben destinar entre control y sucesivas correcciones igual o superior cantidad de tiempo a la destinada a la redacción original. Tal vez aquí pueda comprenderse la famosa frase de Napoleón Bonaparte cuando decía: “vísteme despacio que quiero llegar temprano”. Sin lugar a dudas que mejorando la ortografía y la gramática, y poniendo bien en claro las ideas desde un principio es factible elaborar la carta con un mínimo de ajustes.

Pero ciertamente no se trata de que tan rápido se haga el trabajo original, sino de que tan bien se haga la misma, tomando en consideración la planificación, la persona asignada a la dicha labor, el material e instrumentos asignados, como así también la metodología de trabajo y control.

Muchos tienen la creencia, la costumbre y el paradigma de considerar que un trabajo sí o sí está sujeto a sucesivos ajustes, que nunca puede lograrse el producto bien a la primera, y ni siquiera allegarse a ello.

Esta idea debe ser totalmente erradicada.

Muy común es observar lo antes comentado en los programadores de software, quienes luego de instalar el programa en la empresa pasan a ejecutar una amplia cantidad de sucesivos ajustes. Estos sucesivos ajustes tanto en ésta actividad como en otras desvía inútilmente recursos a actividades no generadoras de nuevos ingresos, sino más bien destructora de recursos y generadoras de conflictos con los clientes.

Hoy existe un sin número de métodos y herramientas que permiten evitar tales inconvenientes, entre ellas tenemos el análisis negativo, el poka yoke, los sistemas de prevención, los mapas mentales, el diagrama de Ishikawa, el análisis paretiano y las estadísticas aplicadas entre muchas otras.

Lo principal es tomar conciencia no sólo de la necesidad, sino también de la posibilidad de lograr productos y servicios libres de errores “a la primera” o con niveles muy cercanos a ellos (defectos de partes por millón).

Para la persona que recibe una transfusión de sangre infectada con HIV el error no es del 1%, el error es del 100% y significa muerte. Tolerar errores es abrir el camino a nuevos y peligrosos errores. Tal vez en muchas actividades los errores no lleven a una muerte biológica, pero sí pueden llevar a la muerte de la empresa como proyecto económico.

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Lefcovich Mauricio. (2007, mayo 18). Calidad y el síndrome del ajuste continuo. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/calidad-y-el-sindrome-del-ajuste-continuo/
Lefcovich, Mauricio. "Calidad y el síndrome del ajuste continuo". GestioPolis. 18 mayo 2007. Web. <http://www.gestiopolis.com/calidad-y-el-sindrome-del-ajuste-continuo/>.
Lefcovich, Mauricio. "Calidad y el síndrome del ajuste continuo". GestioPolis. mayo 18, 2007. Consultado el 4 de Septiembre de 2015. http://www.gestiopolis.com/calidad-y-el-sindrome-del-ajuste-continuo/.
Lefcovich, Mauricio. Calidad y el síndrome del ajuste continuo [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/calidad-y-el-sindrome-del-ajuste-continuo/> [Citado el 4 de Septiembre de 2015].
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