1. Introducción
La valorización social, económica y ambiental es un limitante al momento de desarrollar procesos de planificación y mas aun la estructura que pudiera dar soporte y sostenibilidad a los recursos naturales y biodiversidad, la falta de “percepción” sobre la necesidad de asignarle un “valor” a los recursos naturales es un “enemigo latente” que redunda en la poca efectividad de las “estrategias de conservación”.
Considerando los puntos anteriores y bajo el modelo de “planificación” se ha venido implementando desde el año 2004 en el proceso de formulación de los Planes de Manejo de la Cordillera Central, se considero de importancia el desarrollo del “Sondeo de Valorización Hídrica” del Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier (Valle Nuevo), habiéndose desarrollado durante los meses de septiembre, octubre y diciembre del año 2005 en su fase de campo y a nivel de gabinete durante los meses de enero y febrero del año 2006. Utilizando para su elaboración la metodología desarrollada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en su Fase 1 “Sondeo”, permitiendo de esta forma cimentar la base para posibles acciones a mediano plazo que aseguren la viabilidad de las propuestas presentadas en el Plan de Manejo que será nutrido de la información compilada a nivel de campo y gabinete.
La Fase 1 “Sondeo”, busca establecer el marco hidro-geográfico del territorio a valorizar, los diferentes nexos socioambientales y productivos, en tres niveles local, regional y nacional, con el fin de establecer patrones de uso, así como además estimar la población que es favorecida con la producción hídrica del territorio.
El Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier (PNJBPR), con sus 910
Kilómetros Cuadrados, alberga el nacimiento de total y parcial de cinco
cuencas hidrográficas, de importancia social, económica y ambiental para
Republica Dominicana, que lamentablemente debido a la poca información o
al recelo con que se guarda no se puede dar a cáncer con efectividad el
estado de conservación y sobre todo los beneficios directos e indirectos
que aportan a nivel local, regional y nacional.
La estabilidad de los recursos bosque y suelo dentro de los perímetros
administrativos del PNJBPR, se hacen imperativos si consideramos que
tanto la Cuenca Hidrográfica del Rio Yaque del Norte, Rio Nizao, Rio
Yuna, Rio Grande del Medio y Rio Las Cuevas, aportan caudales de
importancia para la producción e energía hidroeléctrica, regadío de
valles de altura, medio y bajos, el consumo humano y en área específicos
para el esparcimiento de turistas nacionales e internacionales.
2. Objetivos del “Sondeo de Valorización Hídrica”
Objetivo general
Desarrollar a nivel conceptual y operativo un “Sondeo de Valorización
Hídrica” del Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier, que permita
identificar las estrategias y líneas de acción a ser incluidas en el
Plan de Manejo para su implementación y en especial la creación de un
enfoque de Pago de Servicios ambientales a través de la operativización
de un “Modelo de Compensación Ambiental” basado en el “Recurso de Agua
Dulce.
Objetivos específicos
Identificar los beneficiarios directos e indirectos que se benefician
del agua colectada, filtrada, almacenada y producida por las “Cuencas
Hidrográficas” ubicadas en el Parque Nacional Juan Bautista Pérez
Rancier;
Establecer los usos prioritarios y principales del recurso hídrico
provenientes de las “Cuencas Hidrográficas” del PNJBPR;
Aportar las bases conceptuales de la generación de un modelo de Pago
de Servicios Ambientales, como herramienta para lograr la
autosostenibilidad financiera del Parque Nacional Juan Bautista Pérez
Rancier;
Brindar información primaria y secundaria para el desarrollo de la
propuesta de “Zonificacion” hacer integrada en el Plan de Manejo del
area protegida.
Presentar las estrategias y líneas de acción que deberán de ser
integradas al “Plan de Manejo” del PNJBPR, dentro de la estrategia,
metas y actividades propuestas por los programas y subprogramas de
manejo.
Introducir el tema de “valorización hídrica” a los actores claves
políticos para cambiar la percepción sobre el aporte económico y social
que el Área Protegida brinda a la región y al país.
Presentar a nivel de estudio de caso el valor del recurso de agua
dulce producida por los ecosistemas del PNJBPR para la comunidad de
Monte Llano.
Brindar información general y específica sobre los beneficios a nivel
de producción de energía eléctrica, irrigación agrícola y toma de agua
para consumo humano, en forma de estudio de caso de la cabecera
municipal de Constanza.
3. Alcances del estudio de “Sondeo de Valorización Hídrica”
Durante el desarrollo del “sondeo de valorización hídrica” han surgido
una serie de preguntas por parte de técnicos de las diferentes
instituciones con las cuales el equipo de investigadores se ha
entrevistado, como además miembros del equipo de la Dirección de Areas
Protegidas, sobre el alcance del estudio.
La falta de percepción por parte de beneficiarios, actores claves y
técnicos involucrados en el manejo y conservación del Parque Nacional
Juan Bautista Pérez Rancier, ha dado como resultado dos consideraciones
básicas:
La falta de interés o valor sobre el estudio de “sondeo de
valorización hídrica”;
Confusión con otros tipos de investigaciones sobre los “resultados” a
obtener producto de la colecta y analisis de información producto del
“sonde de valorización hídrica”.
Sobre el primer punto identificado, se debe resaltar que al considerar
el “agua” como un recurso finito y considerando las fluctuaciones
ambientales que en la actualidad estan ocurriendo y según pronósticos
seguirán incrementándose, el factor “hídrico” será el de mayor
incidencia, tanto por su escasez o por exceso. El “sondeo de
valorización hídrica” es de importancia ya que permitira hacer un primer
esfuerzo a nivel del “sistema nacional de áreas protegidas” de definir
con claridad una ruta que logre establecer el grado de uso de uno de los
varios bienes, servicios y funciones que los ecosistemas contenidos en
las áreas protegidas brinda a la sociedad dominicana.
A existido una confusión metodologica sobre el “sondeo de valorización
hídrica”, en primer termino el sondeo busca datos y parámetros
cualitativos, que permitan orientar a los planificadores que elaboran el
“Plan de Manejo”, sobre las estrategias y líneas de acción a
incorporarse en los programas y subprogramas de manejo que se
implementaran en el área protegida.
Además el “sondeo” en forma unitaria no es funcional, debe de contar con
otros estudios que permitan el cruce de información para lograr
establecer con claridad cuales podrían ser los “ejes transversales” y/o
“enfoques” que podrían convertirse en la columna vertebral del “Plan de
Manejo” del PNJBPR. Aunque de antemano se proponga el desarrollo de un
modelo integral de “Pago de Servicios Ambientales” que podría dirigirse
en forma prioritaria al bien más tangible del área protegida que es el
“agua”.
Es importante considerar que el fin principal del “sondeo” es lograr
identificar la “ruta critica” por la cual la valorización del “agua”
podría utilizarse como una herramienta de autososteniblidad financiera
para el Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier y posiblemente de
otras áreas protegidas de Republica Dominicana.
El primer problema con la valorización de agua es la limitación al
traducir el valor en un (posible) financiamiento. El valor intrínsico
puede ser relativamente bajo, pero el valor indirecto, por ejemplo
cuando hay una sequía total o una inundación desastrosa, es enorme.
También el valor no monetario (para la salud, el bienestar, etc.) es
extremadamente difícil, sino imposible, de expresar el monto de dinero
que se necesita para asegurar su presencia. Relacionado con esto esta el
problema de la simplificación; por el afán de dar un precio al agua, no
se detallan los diferentes conceptos o relaciones indirectas que dan
valor al agua, no se considera que un ecosistema contenido en una “àrea
protegida” es mas que solo agua.
Por ejemplo, se podría estimular el valor de los bosques del PNJBPR
midiendo el caudal de agua que sale de una quebrada que nace de él y
esta valor se puede aplicar a la conservación del mismo bosque,
utilizando para esto el enfoque de “manejo integral de microcuencas.
Un problema importante a considerar en el desarrollo del actual estudio
que es común en la Republica Dominica es la falta de información sobre
el tema de valorización hídrica, lo cual debe de ser subsanado dentro
del mismo proceso de implementación del “Plan de Manejo” a través del
desarrollo de investigaciones e implementación de modelos de PSA con
beneficiarios directos e indirectos del agua producida en el PNJBPR.
La UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza)
establece una serie indicadores a ser considerados al momento de
proponer como eje transversal o enfoque del “Plan de Manejo” un modelo
de “Pago de Servicios Ambientales” (PSA) basado en la “valorización
hídrica”. Indicadores que han servido de guía para desarrollo del
presente “sondeo” de valorización hídrica:
Se recomienda que las “Areas Protegidas” ubicadas en las partes altas
de la montañas o cabeceras de cuencas hidrográficas, posean como enfoque
el “Pago de Servicios Ambientales” basado en la colecta, almacenaje,
filtrado y producción de agua dulce.
El principal bien susceptible a ser valorizado en forma cualitativa y
cuantitativa para efectos de la creación de modalidades de pago es el
“agua”, para ello es importante considerar tres niveles geográficos a
analizar:
1. Nacional;
2. Regional y
3. Local.
Los proyectos exitosos de PSA basados en “agua” en APs, se debió ha la
incorporación de una “estrategia” clara dentro de “Plan de Manejo” que
permitió orientar un líneas acción a mediano y largo plazo para el
desarrollo de la “línea base” y “operativización”.
No existe éxito en el desarrollo de PSA basados en “agua” en APs, si
no existe desde el inicio la participación proactiva de las comunidades
asentadas dentro y en la periferia del àrea protegida.
Contrario a la mayoría de propuesta y/o sugerencias, el PSA basado en
agua, debe de iniciar con modelos generados a nivel de microcuencas y
subcuencas donde se integren las comunidades, a través de la creación de
proyectos que promuevan la “compensación ambiental” basados en acciones
de mitigaciòn física y la creación de fondos de compensación ambiental,
estos últimos primero creados a través de pagos internos, para en
futuras fases colectar fondos provenientes de usuarios de la cuenca
media y baja.
Para el desarrollo exitoso de un “Plan de Manejo” basado en un enfoque
de PSA (agua), debe de seguir la siguiente secuencia lógica de
investigación e implementación (ver figura 1):
Fase 1: (Sondeo)
1. Identificación de problemas sectoriales del “Area Protegida” ,
asociados a la valorización de àrea protegida;
2. Colecta de información primaria y secundaria referente a la
protección, conservación y manejo del recurso hídrico de las cuencas
identificadas dentro del àrea protegida;
3. Analisis y cruce de información.
4. Desarrollo de “estrategia” a utilizar dentro del marco del “Plan de
Manejo” para ser utilizados en programas y subprogramas de manejo
(dirigidos en primer termino a la investigación y su posterior
operativización).
Fase 2: (Selección del modelo investigación y operativización de PSA
basado en agua)
5. Selección de modelo de investigación deterministico o estocástico
para valorización económica del recurso hídrico del àrea protegida,
basado en la líneas de investigación y acción social determinadas para
programas y subprogramas de manejo, entre las investigaciones y estudios
sugeridos se encuentran:
a. Estudio socioeconómico de la cuenca;
b. Estudio y mapificación del medio hidrológico físico;
c. Estudio y balance hídrico;
d. Valorización contingente y estudio de la disposición de pago o
voluntad de pago;
e. Identificación de las áreas de cuencas, subcuencas y microcuencas con
mayor importancia para el mantenimiento de los recursos hídricos;
f. Estudio de figuras institucionales para la operativización de modelos
de PSA basado en agua (se recomienda manejo integral de microcuencas);
g. Estudio de figuras legales a utilizar;
h. Diseño de modelo de transferencia de pagos, consumidor- productor.
i. Diseño de manuales de procedimientos.
Fase 3: (Operativización de enfoque de PSA basado en agua).
6. Desarrollo de estructura social e institucional soporte del modelo de
PSA;
7. Establecimiento de modelos de PSA a nivel de microcuencas
priorizadas, utilizando modelos de “compensación ambiental”;
8. Diseño de un sistema de seguimiento y evaluaciòn.
Para el presente “sondeo” de valorización hídrica, los investigadores
tienen como meta y referencia el desarrollo de la “fase 1” propuesta por
UICN para la inclusión como eje transversal o preferentemente como
enfoque de implementación para un modelo de Pago de Servicios
Ambientales en el Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier.
El documento de “sondeo” de valorización hídrica del Parque Nacional
Juan Bautista Pérez Rancier (PNJBPR), se encuentra dividido en cinco
capítulos, cada uno conteniendo puntos que convergen para presentar los
resultados del “sondeo” basados en la “Fase 1” propuesta por UICN. El
contenido de los capítulos se resume a continuación:
Capitulo 1 “Marco referencial”
El capitulo presenta la información colectada por el equipo de
investigadores sobre las bases conceptuales afines para el desarrollo
conceptual y operativo del enfoque y modelo de Pago de Servicios
Ambientales basado en los recursos de “agua dulce” provenientes de los
ecosistemas de las Areas Protegidas. La información permitirá a la
“Dirección de Areas Protegidas” y el equipo de planificación del “Plan
de Manejo” adquirir el marco de conocimientos generales sobre el proceso
requerido para la valorización hídrica y la creación de estrategias que
vinculen dicha valorización con la formulación del Plan de Manejo. En
una segunda parte el capitulo brinda la información general sobre el
potencial hídrico de la Republica Dominicana y en especial de la
Cordillera Central.
Capitulo 2 “Metodología del Sondeo de Valorización Hídrica”
El capitulo presenta en forma general y especifica los pasos
metodológicos seguidos para el desarrollo del “estudio”, considerando
que uno de los valores agregados es brindar a la “Dirección de Areas
Protegidas”, investigadores y planificadores una herramienta que
permitira replicar el presente estudio en otras áreas protegidas del
país.
Capitulo 3 “Analisis de información primaria y secundaria”
El capitulo presenta un amplio analisis de la información primaria
generada producto de las investigaciones de campo, como además el cruce
de información realizada con la información secundaria colectada. Puntos
que deben resaltar es la identificación del potencial hídrico del PNJBPR
y de los beneficiarios de los caudales hídricos.
Capitulo 4 “Problemas en el uso y manejo del potencial hidrológico del
PNJBPR”
El capitulo presenta los resultados generales y específicos producto del
analisis cruzado de la información presentada en los capitulo 1, 2 y 3.
La línea principal de Presentación son los problemas identificados, que
pudieran ser “barreras” al momento de la implementación de cualquier
modelo de PSA basado en “agua”. Además establece las líneas estratégicas
geniales propuestas para incorporarse como ejes transversales en los
programas y subprogramas del Plan de Manejo.
Capitulo 5 “Conclusiones y resultados”
El ultimo capitulo presenta las conclusiones y recomendaciones en dos
niveles, el primero en forma general establece el marco teórico y
operativo que permitira la implementación de un enfoque de PSA dentro
del marco del Plan de Manejo. Un segundo nivel presenta recomendaciones
a cambios e inclusiones a poder desarrollarse dentro del documento del
“Plan de Manejo”.
Figura 1: Mapa conceptual para “Sondeo de Valorización Hídrica del
Parque Nacional Juan Bautista Perez Rancier”
Capitulo 1
“Marco Referencial”
1.1 Marco conceptual y operativo en el Pago de Servicios Ambientales.
Los servicios que proveen los ecosistemas de cuencas hidrológicas son
cada vez más valiosos, pero no están bien definidos y no se han evaluado
adecuadamente, para poder justificar el desarrollo de mercados y planes
institucionales, que pudieran pagar por ellos y de así asegurar su
provisión continua. Dada la complejidad e incertidumbre intrínseca a los
procesos de las cuencas hidrológicas para mantener la provisión de estos
servicios y a la especificidad natural de cada sitio en particular, las
acciones a realizarse deberán ser igualmente complejas y lo
suficientemente flexibles para adaptarse a las condiciones cambiantes.
Sin embargo las evaluaciones exhaustivas son prácticamente inexistentes,
por lo que las iniciativas para implementar los convenios de pago por
los servicios ambientales (PSA) se encuentran muchas veces basadas en
mitos sobre las relaciones entre el suelo y el agua, lo que llega a
crear soluciones que resultan parciales o inapropiadas y que no
resuelven o llegan a agravar estos problemas (Kaimowitz, 2001) (UNFAO
2002).
Aunque la percepción de que la ciencia puede indicarnos con seguridad
estas respuestas lleva igualmente a conclusiones erróneas, si se
llegaran a identificar cuidadosamente los problemas y si se organizara
la información necesaria, se podría llegar a tener una mejor idea de la
magnitud y dirección de los impactos. Dado que los servicios ambientales
de las cuencas tienen estas características, la disposición para pagar
por estos servicios de los actuales o potenciales beneficiarios,
dependerá no sólo de la demanda de estos recursos, sino también de la
confianza que tengan las entidades involucradas en la eficacia de las
acciones de manejo propuestas y de si tendrán acceso a los beneficios.
A largo plazo las evaluaciones integradas extensas y específicas de las
características biofísicas para cada sitio, serán críticas para formar
la base de los seguimientos y de las evaluaciones que tengan los
alcances de los servicios que realmente se estén proveyendo. Sin embargo
dada la gran escala temporal y espacial en que ocurren los procesos en
los ecosistemas y en las cuencas hidrológicas, así como de los largos
lapsos de tiempo entre las múltiples causas y efectos, una evaluación
integral provisoria o inicial es generalmente imposible de llevar a cabo
antes de poner en práctica una iniciativa de PSA, a menos que exista de
antemano un programa de investigación de relevancia en el área en
cuestión. Esto no se debe de ver como un impedimento para el desarrollo
de las iniciativas de los PSA (Melgar, M., CATIE 2002.).
El reto clave de la fase de desarrollo, es el ganar la confianza y la
colaboración de las instancias involucradas a pesar de la incertidumbre,
proveyendo información relevante, que incluya el grado de incertidumbre,
que facilite:
el conocimiento de los servicios del ecosistema,
el conocimiento de los usos conflictivos que ponen en riesgo al
suministro,
las implicaciones de la pérdida de calidad de vida y tipo de sustento,
el desarrollo de planes efectivos que aseguren el acceso de los
beneficios a los involucradas y
los pagos equitativos que servirán como incentivo a implementar.
1.1.1 Motivación de las iniciativas de los PSA
Algunos motivos generales que han favorecido el creciente interés en las
iniciativas de PSA son:
La amenazas crecientes ha hecho que aumente una conciencia en los
beneficiarios con respecto a los servicios que proveen las cuencas
hidrológicas, incrementándose también la disposición de pagos;
La creación de incentivos económicos para los usuarios de las tierras
ubicadas río arriba, para realizar esfuerzos de conservación y asegurar
la provisión de los servicios ambientales dentro de las cuencas
hidrológicas (WES);
La existencia de reglamentos inadecuados que por sí solos pretenden
asegurar la provisión de los servicios ambientales dentro de las cuencas
hidrológicas (WES);
El desarrollo de enfoques mas costeables para lograr estándares
reglamentarios • Contribuir a reducir la pobreza y las disparidades
urbanas/rurales, como por ejemplo en dirección a las inequidades en la
distribución de los costos y beneficios de dentro de los servicios
ambientales de las cuencas hidrológicas (WES);
Crear flujos de fondos seguros para el manejo y protección de las
áreas ubicadas en las zonas río arriba. La participación de los
proveedores, depende de si los incentivos ofrecidos son suficientes como
para cubrir los costos de oportunidad. Algunos factores específicos que
han llevado a la acción se han identificado en los siguientes casos de
estudio:
Amenazas al bienestar que han sido directamente percibidas – por
ejemplo:
o Amenazas directas sobre los mantos acuíferos que han sido resultado
del desarrollo inminente, como en las iniciativas de protección de los
mantos acuíferos de Texas- los mantos acuíferos de la Ciudad de Austin a
San Antonio (Trust for Public Land, 2001). Y la protección de los
Pinares de Nueva Jersey los cuales se encuentran extendidos sobre una
región acuífera de suelos arenosos (Collins y Russell 1988; New Jersey
Pinelands Commission );
o La reducción en el suministro de agua en Sudáfrica, asociado la
extensión de vegetación introducida en una zona en general;
o Los eventos catastróficos, como los de Dust Bowl en la década de los
treintas, que llevaron a la formación del Servicio de Conservación de
Suelos, que fue predecesor del Programa de Reservas de Conservación,
organismo encargado en realizar las transferencias de los pagos a los
granjeros con propósitos de conservación (USDA, 2000).
Los cambios en la percepción del público que han estado influenciados
por el conocimiento científico y la educación pública (Macnaghten and
Urry, 1998), lo que ha llevado a cambios en los valores que se han
expresado en varias formas de servicios ambientales de las cuencas
hidrológicas en el aprovechamiento de los recursos. Estos pueden ser
pagados a través de donaciones individuales a organizaciones no
gubernamentales y así ser financiadas.
1.1.2 Fuentes de financiamiento
Cuotas para usuarios: Resulta más eficaz si los beneficios son limitados
a aquellos que los paguen. Sin embargo, las cuotas se pueden diferenciar
por tipos y cantidad de uso, como sea apropiado para cumplir objetivos
sociales como la reducción de la pobreza, así como reconocer que el “uso
de agua” es un derecho fundamental de todo ser humano. Como ejemplo
están las cuotas extras a los cobros por suministro de agua, las cuales
serán asignadas para financiar esfuerzos de conservación (Melga, Marvin,
CATIE-MAG-PAES)
Impuestos: Estos pueden ser necesarios cuando los beneficios no se
limitan a un grupo específico de beneficiarios y como un método de
evitar la evasión de responsabilidades o por razones políticas; como
ejemplos se pueden incluir la reducción en los daños por inundaciones y
la protección de la biodiversidad y sus usos indirectos asociados con
estos. Dado el gran tamaño de las áreas de cuencas hidrológicas altas en
relación con las bajas. En Colombia el manejo de las cuencas
hidrológicas esta financiado con un impuesto del 6% de los ingresos
recabados por impuestos de las grandes plantas hidroeléctricas, de esto
el 3% es transferido a corporaciones autónomas regionales quienes tienen
la autoridad para el manejo de cuencas, y el 3% para los gobiernos
municipales, parcialmente para de protección de cuencas y proyectos
sanitarios. Además de un 1% de los fondos invertidos por las ciudades
para inversión de proyectos en la protección de las cuencas. (Melga, M,
CATIE-MAG-PAES)
Donaciones: Estas iniciativas resultan más apropiadas para crear
beneficios a un nivel más global, como la protección de la
biodiversidad, o para poder encontrar los agentes causales de los
problemas que se encuentren más allá del control de las instancias
involucradas, como son aquellos asociados con la infraestructura
hidroeléctrica y las concesiones comerciales de tala dirigidas por
intereses nacionales e internacionales (Melga, M, CATIE-MAG-PAES)
Los PSA muchas veces son complementarios a otros objetivos (como son, el
almacenaje de carbón, la protección de la belleza del paisaje y del
hábitat para vida silvestre) y pueden ser partes de paquetes de
servicios que pueden atraer fuentes de fondos adicionales. Estas pueden
ser desde iniciativas informales basadas en las comunidades, hasta los
contratos más formales entre las partes privadas, cuando las amenazas
están más allá del control de las comunidades afectadas. (Melga, M,
CATIE-MAG-PAES)
1.1.3 ¿Cuáles son los servicios ambientales que se pagarán en las
cuencas hidrológicas?
Como casos de estudio, los servicios que se pagarán consisten en las
prácticas de manejo necesarias para el mantenimiento de los procesos de
las cuencas hidrológicas asociadas con:
El total del agua suministrada;
El mantenimiento de los flujos durante la temporada de secas;
La disminución de las crestas durante las crecidas;
La protección de la calidad del agua – a través de la reducción del
aporte de nutrientes y de niveles de salinidad, permitiendo que existan
niveles normales de sedimentos;
La protección de la biodiversidad
La protección del hábitat silvestre
Una pregunta clave que casi nunca se responde adecuadamente, es si en
realidad los servicios serán provistos, y qué se requiere para asegurar
futuro. Esto dependerá de los procesos del ecosistema que tengan
relevancia, en la medida en que sus impactos y beneficios tengan un
significado económico; y de como estén ligados a las prácticas de
manejo. Como por ejemplo el de la Cuenca Hidrológica de Río Chiquito en
el Lago Arenal en Costa Rica, en donde una evaluación extensiva fue
llevada a cabo, y en donde fue posible establecer las relaciones de
tierra y agua a un nivel muy general (Aylward and Tognetti, 2002).
Existen ejemplos de este ultimo caso en América Central y el tipo de
variación en la respuesta mencionado, puede ser ilustrado con el caso
descrito por Bravo-Ureta et al (2003), quienes compararon tres proyectos
de manejo de cuencas financiados por el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) en Honduras (El Cajón), Guatemala (Chixoy) y El
Salvador (PAES). Uno de los principales objetivos de este estudio fue el
identificar los factores determinantes conducentes a la adopción de
nuevas tecnologías conservacionistas por parte de los beneficiarios,
todos ellos pequeños agricultores de bajos ingresos trabajando, en su
mayoría, terrenos de ladera bastante inclinados. El proyecto en El
Salvador comprendió tres subproyectos, cada uno de los cuales fue
ejecutado por diferentes contratistas utilizando distintos enfoques (PAES
1, PAES 2 y PAES 3). En cada uno de estos proyectos, se entrevistó a un
cierto número de beneficiarios: 210 en El Cajon, 647 en Chixoy y 530 en
PAES (175 en PAES 1, 177 en PAES 2 y 178 en PAES 3). (Melga, M,
CATIE-MAG-PAES)
La conclusión general a la cual se llegó fue que la probabilidad de
adoptar nuevas tecnologías aumenta a medida que el nivel de educación de
los beneficiarios es mayor, dedican menos tiempo a actividades fuera de
la finca, proporcionalmente controlan más tierra y muestran una mayor
tendencia hacia una forma más intensiva de cultivo. También es
interesante notar que las tasas de adopción fueron mayores en el
proyecto PAES en El Salvador. Los otros programas se basaron mayormente
en mecanismos de asistencia técnica, mientras que en El Salvador se
utilizaron formas más sistemáticas de apoyo hacia los mercados. El
estudio concluyó que, en principio, los incentivos fueron un factor
clave en las tasas más altas de adopción notadas en El Salvador, aunque
esta pregunta no fue explícitamente incluida en los cuestionarios
utilizados durante las entrevistas. El estudio no incluye conclusiones
respecto a la sostenibilidad financiera, ya que tanto El Cajón como
Chixoy son de muy reciente finalización y el PAES estaba en sus últimas
etapas de ejecución. (Melga, M, CATIE-MAG-PAES)
1.1.4 Mitos de agua y tierra
Las iniciativas de los PSA a menudo están basadas en mitos, o en
relaciones que presuntamente existen entre el uso de la tierra y los
cambios hidrológicos, cuando no existen evaluaciones reales de las
relaciones entre el agua y la tierra. Estos mitos se agrupan en 3
categorías principales:
Las generalizaciones inapropiadas de un sitio a otro, y en particular,
el aplicar los conocimientos que se tienen de las zonas templadas en las
zonas tropicales.
Mitos de bosques y agua – por ejemplo, que los bosques pueden prevenir
o reducir significativamente las inundaciones e incrementar los flujos
durante la temporada de secas. Si esto ocurre o no depende de factores
numerosos de cada sitio en específico. Por ejemplo, los suelos que han
sido compactados como resultado de actividades de manejos previos, la
presencia de caminos y otras construcciones asociadas al desarrollo,
puedan afectar negativamente los patrones de drenaje del suelo. Otro es
el que los bosques pueden reducir inundaciones dentro de área de sus
márgenes teniendo un impacto insignificante río abajo donde los derrames
se dan a diferentes grados desde muchas fuentes ubicadas en lo alto de
la cuenca.
Mitos de erosión – las prácticas del uso de la tierra en áreas
limitadas localizadas río arriba pueden llegar a tener un impacto
significativo en las áreas ubicadas río abajo, particularmente dentro de
zonas áridas con altos grados de erosión. Por ejemplo, al modificar las
prácticas de uso de la tierra en áreas donde la erosión es naturalmente
alta no se previene la sedimentación de las presas.
Como lo señala Bruinjzeel (1990) “las condiciones ambientales adversas
observadas tan frecuentemente después de la deforestación en el trópico
húmedo se deben no tanto a la deforestación en sí, sino a inadecuadas
prácticas de uso del suelo después de que el bosque es eliminado.” En el
primer caso, el área deforestada se deja limpia, mientras que en el
segundo, resulta en agricultura de secano y pastoreo, con la
incorporación de prácticas de tala y quema y la construcción de caminos.
En Centroamérica por ejemplo, lo concerniente al manejo de las cuencas
hidrológicas proviene de principios del siglo pasado pero no había
ocupado importancia dentro de las agendas políticas hasta que fue vista
como una amenaza a los grandes intereses prioritarios sobre las áreas
ubicadas río abajo: por ejemplo, en las sedimentaciones de las presas de
las hidroeléctricas, que podía amenazar el suministro energético de las
áreas urbanas - como por ejemplo en los casos de la presa del la
Hidroeléctrica El Cajón en Honduras, y el río Lempa en El Salvador; la
operación del Canal de Panamá, y la reducción de la vulnerabilidad a
desastres como el Huracán Mitch (Melgar, M, 2001).
1.1.5 Efectividad de las iniciativas de los PSA
Dado a que la mayoría de las iniciativas de los PSA son relativamente
recientes, es difícil y puede resultar prematura para ellas al ser
evaluada en su totalidad verificando la provisión de los servicios. Sin
embargo, existe muy poca investigación con respecto a otros aspectos de
su efectividad y son muy pocos o no existen datos referentes a los
costos de transacción reales. Sin embargo los costos de transacción
asociados a las iniciativas de los PSA pueden tener beneficios asociados
que tampoco se han considerado (Landell-Mills and Porras, 2002).
1.1.6 Definición y Enumeración de los Servicios ambientales de las
cuencas hidrológicas
Los Servicios de las cuencas hidrológicas son los productos de las
funciones o procesos del ecosistema que proveen flujos de beneficios a
los seres humanos en forma directa o indirecta, que pueden incluir:
La provisión de agua dulce por:
Uso por consumo (Para beber, uso doméstico, agrícola e industrial),
Usos que no implican consumo (generación hidroeléctrica, refrigeración
y navegación).
Regulación:
Regulación de flujos y filtración – Por ejemplo, el mantenimiento de
la calidad del agua almacenada en los suelos, cuencas y planicies
inundables, y que puede amortiguar los flujos durante las inundaciones y
las sequías, controlar la erosión y la sedimentación, control de los
niveles de los mantos acuíferos que pueden llevar salinidad a la
superficie, el mantenimiento de las cuencas, hábitats, pesquerías y
otros hábitats de vida silvestre importantes para la cacería y para aves
migratorias, y para vareas de cultivos.
Los regímenes de inundación naturales son también elementos
importantes en el desarrollo de los manglares y en el mantenimiento de
los procesos naturales de las zonas costeras y de esteros.
El transporte de cargas normales de sedimentos también protege de la
erosión a las áreas costeras como ocurre cuando los sedimentos se
retienen detrás de las presas, y puede reducir los daños causados por
las tormentas.
Servicios culturales:
Uso de recreación y turismo
Valores por existencia
1.1.7 El balance hidrológico como marco para establecer los esquemas de
los PSA
La estimación del balance hídrico identifica los cambios en la
distribución y almacenamiento del agua en la cuenca. Como resultado,
administradores de cuenca requieren conocimiento de los diferentes
componentes hidrológicos que resultan en el balance hídrico y de los
vínculos de estos componentes con el paisaje.
Planificadores de recursos hídricos pueden usar datos de contabilidad de
agua para calcular, como un ejemplo, la eficiencia del uso del recurso (Mei
et al., 1993) o eficiencia de cuenca e identificar las posibles áreas de
impacto. Por ejemplo, la eficiencia de una cuenca, basado en una
contabilidad de los usos de agua (Molden, 1997) puede servir como un
índice de disponibilidad de pago durante periodos de escasez de agua.
Sin embargo, dado que las cuencas hidrológicas son sistemas naturales
con mucha complejidad que son usados e impactados por el hombre, el
sistema es inherentemente incierto. Así se plantea el reto de establecer
los mercados para los servicios ambientales, los cuales requieren de un
conocimiento adecuado del sistema y expectativas de entrega de un
servicio ambiental.
El objetivo de esta sección es dar un resumen de los procedimientos para
la cuantificación y para obtener un cálculo bruto del balance hídrico
como base para el análisis de la productibilidad de la cuenca (Molden,
1997), y analizar los intercambios asociados con los logros de varios
objetivos de manejo. En general el balance hídrico describe la
distribución del agua como resultado de las características biofísicas
de la cuenca, que son modificadas por los humanos. Cuando se establecen
los PSA, el reto se encuentra en lograr cumplir la tarea de realizar un
cálculo con datos y recursos limitados para hacer una investigación
detallada.
1.1.8 Valor de los servicios ambientales de las cuencas hidrológicas
El enfoque principal de este reporte es sobre los aspectos científicos
de la definición de los servicios de los ecosistemas. Por lo que, esta
sección sobre el valor se limita a una discusión de las implicaciones
especiales de los aspectos biofísicos de los servicios de ecosistema de
las cuencas hidrológicas para determinar los valores y como se unen
entre El valor económico está típicamente asociado con la demanda por un
bien o servicio, indicado por la voluntad de pago que por éste se tenga.
Como regla, esto depende del grado en que los PSA presenten
características de bienes públicos, y por lo tanto, resulta difícil y/o
muy caro el limitar los beneficios de los servicios a aquellos que
paguen por ellos.
Adicionalmente, los PSA dependen de la confianza que las instancias
involucradas presenten en la eficacia de las acciones de manejo
propuestas y que sean necesarias para asegurar que los servicios sean
distribuidos y que tengan acceso para los futuros beneficios. En otras
palabras, el valor depende en mucho del manejo efectivo y de los
desarrollos institucionales así como de determinar el suministro y la
demanda.
En general, no es hasta cuando los servicios se vuelven escasos o
amenazados y se enfrentan dificultades para ser intercambiados, que se
considera su valor (O’Connor, 2000). Los valores menos tangibles como
son aquellos asociados con los valores del no uso de la biodiversidad,
tienden a depender en las medidas políticas y en las fuentes de
financiamiento externo, como son, las ONGs, gobiernos y donadores
multilaterales. La protección de las funciones hidrológicas de una
cuenca también se puede beneficiar de los valores complementarios, como
son el mantenimiento de las áreas boscosas existentes como almacenes de
carbono.
1.1.9 Consideraciones Institucionales
Como se discutió con anterioridad, la disponibilidad para pagar por los
PSA está también conectada fuertemente, a la eficacia de los acuerdos
institucionales necesarios para asegurar el acceso a los beneficios para
aquellos que hayan pagado los costos para su provisión, sin lo cual su
valor no es más que una hipótesis, que no podrá ser capturada.
Consecuentemente no habría incentivos para su provisión. Entre los
elementos cruciales de estos cambios se encuentran los esfuerzos para
mejorar la recuperación de los costos (Saleth y Dinar 1999), ambos para:
la operación y mantenimiento de las instalaciones – lo que
incrementará la capacidad de los gobiernos para el suministros básico
del agua y su saneación, y
la conservación y manejo de las actividades de investigación – las
cuales protegerán la capacidad de provisión del ecosistema.
Un arreglo institucional clave con implicaciones sobre los costos de
recuperación es el de derechos de propiedad, el cual tiene un papel
importante en los incentivos económicos por que estos controlan el
acceso a los beneficios y también define las responsabilidades para las
acciones necesarias para asegurar su provisión. Por ejemplo, cuando los
usuarios de la parte superior de la cuenca no tengan títulos de
propiedad claros, carecerán de autoridad para poder establecer acuerdos
contractuales y por lo tanto no podrán beneficiarse de los pagos (Ostrom,
Gardner, et al., 1994).
Los pagos directos por los servicios ambientales llevan preguntas
fundamentales de quién debería pagar y cuánto, y hasta qué punto el
proveer de estos servicios deberá ser tomada en cuenta como una
obligación inherente a la responsabilidad de no dañar a los otros. Sin
embargo, dada la situación pobre del campo, a menudo se encuentran áreas
ubicadas en las áreas altas de la cuenca, en que se pagan precios bajos
por los artículos agrícolas, los pagos directos por la provisión de los
servicios de mantenimiento del paisaje y la calidad del agua pueden
haber sido tomados en cuenta como un simple reconocimiento del valor de
los servicios ambientales. (Melgar, M., CATIE, 2002)
Cualquier iniciativa para proteger el suministro de agua o de la
biodiversidad en las zonas ubicadas río abajo, o proveyendo compensación
a los dueños de las tierras río arriba por cambiar las prácticas del uso
de la tierra, o intentar responsabilizarlos por los daños, involucra
negociaciones en forma de derechos de propiedad nuevos y apropiados, que
resuelvan los conflictos entre estos objetivos y las prácticas
existentes. Los acuerdos institucionales también se refieren a las
relaciones establecidas entre los compradores, vendedores y
organizaciones intermediarias que a menudo se hacen para reducir los
costos de transacción (Melgar, M., CATIE, 2002).
Los acuerdos de pagos para el agua dulce y otros servicios de
ecosistemas es, por lo tanto, un proceso a largo plazo de desarrollo
institucional que se necesita considerar en el contexto de asuntos más
amplios de gobierno democrático (Lipton, 1985). Este es un reto tanto en
los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo.
Los pasos básicos para organizar la información incluyen:
o Clasificación de las extensiones de tierra individuales en unidades
que reflejen características biofísicas similares y procesos de interés,
por tipos de propiedad, y por uso de tierra;
o Identificar las opciones factibles per el uso y el manejo de la tierra
y los costos de oportunidad,
o Identificar los criterios de decisión que reflejan políticas y
problemas existentes, expresado por los involucrados, por ejemplo, la
distribución equitativa de costos, beneficios, y riesgos;
o Clasificar las opciones en rangos para cada criterio, notando el grado
de incertidumbre y el mejor juicio – el rango puede indicar las figuras
monetarias donde estas existan, u otros valores numéricos apropiados a
los criterios, o cualitativamente (como, alto, moderado, bajo...):
Identificación de los traslapes entre las áreas de alta prioridad bajo
distintos criterios, como pequeños propietarios con bajos costos de
oportunidad, que se localizan sobre pendientes pronunciadas en áreas de
bosque de niebla fragmentados;
Identificar los conflictos, como las áreas altamente prioritarias para
conservación en las cuales los costos de oportunidad son también altos –
estos pueden requerir de mayor negociación entre los involucrados y con
especial consideración de lo que se requiera para resolver los
conflictos en particular.
1.2 Características hidrográficas generales
1.2.1 Contexto nacional
1.2.1.1 Geografía y población
La República Dominicana comparte con Haití la isla de la Hispaniola, la
segunda más grande de las Antillas Mayores con 77,914 km2. Ubicada en la
parte este de la Española, la República Dominicana ocupa una superficie
de 48,730 km2, con una distancia máxima de este a oeste de 390 Km. y 265
Km. de norte a sur. Se localiza entre los 17° 36' y 19° 58' de latitud N
y los 68° 18' y 71° 45' de longitud W. El país limita al norte con el
Océano Atlántico, al sur con el Mar Caribe, al este con el Canal de La
Mona y al oeste con Haití. Su superficie cultivable se estima en torno a
las 2,52 millones de ha, de las cuales en el año 1997 se cultivaban 1,
500,000 ha (1, 020,000 ha de cultivos anuales y 480,000 ha de cultivos
permanentes). Administrativamente, el país lo integran 30 provincias y 1
Distrito (Distrito Nacional).
Cuatro cordilleras principales recorren el país: la Cordillera
Septentrional paralela a la costa del Océano Atlántico en el norte; la
Cordillera Central, con un ancho medio cercano a los 80 Km., que ocupa
la mayor superficie de la parte central del país (Pico Duarte, 3,175
msnm) y dos cadenas menores, la Sierra de Neiba y la Sierra de Bahoruco,
situadas en el suroeste como continuación de las principales cordilleras
haitianas; y la Cordillera Oriental o Sierra del Seybo.
La población total en el 2,000 era de 8,0 millones de habitantes, un
63,2 % poblaciones urbanas y un 36,8 % población rural. La densidad de
población promedio era de 166 hab./km2, variando de 9 hab./km2 en
Pedernales a 1,565 hab./km2 en el Distrito Nacional. El crecimiento
medio anual poblacional en el período 1990-1997 fue del 1,7 %. La
contribución de la actividad agrícola al PIB ha descendido en los
últimos años, pasando del 7,1 % en 1993 al 6,4 % en 1998. En 1997, el
18,8 % de la población activa se empleaba en la agricultura.
1.2.1.2 Clima y recursos hídricos
Clima
El clima de la República Dominicana tiene un carácter marcadamente
tropical húmedo aunque la insularidad y la heterogénea topografía de la
isla determinan los regímenes climáticos locales, que varían desde árido
hasta lluviosos. En la estación lluviosa, las masas de aire frío generan
una bajada en las temperaturas. En los picos altos son frecuentes las
heladas, mientras que en las tierras bajas las temperaturas medias
varían de 23 a 33 ° C a lo largo de todo el año. En la estación seca, la
Zona de Convergencia Intertropical determina el clima en la isla.
Se puede distinguir una estación seca (diciembre a marzo) y otra
lluviosa (mayo a noviembre), con marzo el mes más seco y mayo el más
lluvioso, a excepción de la Cordillera Septentrional donde, debido a los
primeros vientos alisios, la época más lluviosa es de noviembre a enero.
Recursos Hídricos
La precipitación media anual es de 1,500 mm, que suponen un volumen
anual de agua en todo el territorio de 73 Km. De éste volumen total,
cerca del 70 % se pierde en evapotranspiración y evaporación directa de
las masas de agua, por lo que los RHIR anuales son de 21 km3. La
escorrentía superficial total se estima en 19,5 km3/año,
La línea de costa se extiende por 1,570 Km., de los cuales 1,473 Km.
corresponden a la Isla y 97 Km. a sus cayos e islotes. A lo largo de la
costa se desarrollan manglares, humedales, playas arenosas, costas
rocosas bajas o acantiladas, bahías y estuarios. A la zona costera
drenan las aguas de 108 redes fluviales (de la Fuente, 1976) divididas,
según OEA (1967).
Actualmente, la subdivisión de cuencas ha sido refinada y se han
delimitado unas treinta y nueve cuencas y regiones hidrográficas (Tabla
1), sobre la base de la clasificación inicial de la OEA, para las cuales
se estima una disponibilidad de agua superficial ligeramente superior
(20,000 millones de m3/año) a la cual se suman las de agua subterránea
con aproximadamente entre 1,550 a 1,660 millones de m3/año (datos de la
Subsecretaría de Suelos y Agua).
Tabla 1: Nueva subdivisión de regiones y cuencas hidrográficas de la
República Dominicana (según INDHRI).
Fuente: INDRHI, 1999.
En el presente reporte mantendrà la categorización general de catorce
cuencas (Tabla 2) en aras de facilitar nuestro resumen de datos y
nuestro análisis de características e impactos. Que ademàs, son las de
mayor importancia en la Republica Dominicana al encontrarse en ellas las
principales fuentes de aguas que suministra en riego, producción
hidroelectrica, consumo humano, actividades ecoturisticas entre otras a
la población dominicana.
Tabla 2: Subdivisión y características principales de las cuencas
hidrográficas de la
República Dominicana (según OEA, 1967).
*Por el pequeño tamaño de la Península (768 Km²) y su carácter
montañoso,
no existen cursos de agua de magnitud.
Fuente: OEA, 1967.
La cuenca hidrográfica se define como “el área geográfica en la cual
todos los recursos de agua, incluyendo lagos, lagunas, ríos, estuarios y
humedales, así como el agua subterránea drenan a un cuerpo de agua
común. Dado que la cuenca se define por su hidrología natural y tiene
como destino final a la zona costera, deviene en un excelente punto
focal para el manejo de los recursos costeros.”
Tabla 3: Nueva subdivisión de regiones y cuencas hidrográficas de la
República
Un reglamento en 1984 facultaba al INDRHI a la transferencia, de forma
gradual de las actividades de operación y mantenimiento y recolección de
las tarifas de riego a los usuarios. Como resultado de de esto, en 1998
el INDRHI había transferido 10 sistemas de riego, compuesto cada uno por
diferentes asociaciones de usuarios, para un total de 86,840 ha y 28,950
usuarios.
La técnica de riego utilizada fundamentalmente es el riego por
superficie, especialmente por surcos, siendo regado por inundación sólo
el arroz. La superficie con aspersión o riego localizado está limitada a
pequeñas superficies y no alcanza las 2,000 ha. La figura 3 muestra las
catorce divisiones hidrográficas en que se enmarca la Republica
Dominicana.
Figura 3: División hidrográfica de la República Dominicana.
1.2.1.3 Áreas de las cuencas hidrográficas incluidas en el Sistema
Nacional de Áreas Protegidas
En la República Dominicana existen 85 regiones con diferentes categorías
dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas: 33 Parques Nacionales,
2 Parques Históricos, un Santuario de Mamíferos Marinos, 17 Reservas
Naturales (6 Reservas de Fauna Silvestre, 7 Reservas Científicas, 4
Reservas Biológicas y 2 Reservas Antropológicas), 11 Vías Panorámicas, 9
Monumentos Naturales, 5 Corredores Ecológicos y 3 Áreas Naturales de
Recreo (Tabla 3). Las cuencas que poseen el mayor número de Áreas
Protegidas son la Zona de la Costa Norte (17), la Zona de Azua, Baní y
San Cristóbal (15) y la Cuenca del Río Yaque del Sur (10). En la región
de Samaná se localizan 20 Áreas Protegidas coincidentes con la Cuenca
del Río Yuna (9), la Península de Samaná (3) y la Zona de Miches y
Sabana de la Mar (7). La superficie total de los Parques Nacionales es
de 12 586.54 Km2 (95.6% del total) (Banco Mundial, 2002). La Tabla 4
resume diferentes categorías de Áreas Protegidas de la República
Dominicana (según Gaceta Oficial, 1996) y su relación con la subdivisión
de cuencas y zonas hidrográficas. Categorías: PN: Parque Nacional, PH:
Parque Histórico, SMM: Santuario de Mamíferos Marinos, RFS: Refugio de
Fauna Silvestre, RA: Reserva Antropológica, RB: Reserva Biológica, RC:
Reserva Científica, CE: Corredor Ecológico, MN: Monumento Nacional, VP:
Vía Panorámica, ANR: Área Nacional de Recreo.
Tabla 4: Tabla de relación de áreas protegidas vs. Presencia de cuencas
hidrográficas.
*Estimado de la relación superficie terrestre de áreas
protegidas/superficie de la cuenca hidrográfica, expresada en
porcentajes. El valor puede estar sobrestimado en algunas áreas
protegidas donde los datos manejados incluyen parte del área marina.
1.2.1.4 Suministro y demanda
Distribución, tarifas y aspectos económicos del agua
Existen tres instituciones básicas que rigen los aspectos económicos y
de saneamiento del agua de consumo: la Corporación de Acueductos y
Alcantarillados de Santo Domingo (CAASD), el Instituto Nacional de Aguas
Potables y Alcantarillados (INAPA), y la Corporación del Acueducto y
Alcantarillado de Santiago (CORAASAN). Según CEPIS (2000), que
constituye la fuente de la cual hemos obtenido la información de este
epígrafe, existen mecanismos para que la regulación económica del
servicio de agua la ejerzan las propias instituciones operadoras y sus
consejos directivos que están autorizados para proponer las tarifas. De
acuerdo a las estadísticas de la Oficina Nacional de Planificación (ONAPLAN),
la población con acceso al agua potable es de 4, 605,836 habitantes
(65%). El área urbana presenta un porcentaje de cobertura mayor (80.1%),
equivalente a 3, 423,074 personas. En el área rural, solo 1, 611,886
habitantes tienen esta cobertura, lo cual representa un 46.1%. Las
estimaciones en función del número de conexiones servidas arrojan que
existe una cobertura total de agua potable, con conexión instalada, de
42%, aproximadamente, la cual se considera relativamente baja. Lo
anterior significa que en la actualidad, aproximadamente 2, 719,500
dominicanos no cuentan con acceso al servicio de agua potable (35% de la
población total). El área rural es la más afectada; pues 1, 884,614
ciudadanos (53.9% del total rural) carecen de este servicio. En el área
urbana, en especial en los sectores urbanos periféricos marginales, el
total de habitantes que no cuenta con este servicio es de 850,700 (Tabla
5). Respecto al saneamiento, el 11% de la población del país cuenta con
servicios de alcantarillado; 19% dispone de tanques sépticos, 53% usan
letrinas y 17%, unas 1,320,000 personas, practican el fecalismo al aire
libre. Existen 502 acueductos urbanos y rurales; 403 molinos de vientos
y 1,342 pozos excavados con bombas manuales. La producción total de agua
potable, a finales de 1996, era de 33 m3/s. La dotación diaria per
cápita es del orden de 934 litros/persona/día (lppd). Sólo 58% de los
dominicanos que reciben el servicio de agua potable tienen garantía que
ésta sea desinfectada. La micromedición alcanza a 11.5%; la
macromedición, en general, no es confiable y el agua no contabilizada,
aunque no se tienen datos precisos, se estima en un 55% ó más.
Tabla 5: Servicios de agua potable y alcantarillados para las áreas
urbanas y rurales.
Fuente: INDRHI, 1999
Tabla 6: Cobertura de servicios de alcantarillado sanitario por
institución operadora
Fuente: INDRHI, 1999.
Las tres instituciones involucradas en este servicio carecen de
condiciones para planificarse, tanto en el ámbito interno como externo,
dentro de un concepto integral que reúna los elementos tarifarios,
financieros, comerciales, operacionales y de gestión administrativa.
Asimismo, la producción de datos es dispersa y queda bajo el criterio de
cada área, sin homologarse previo a su integración, lo cual perjudica el
sistema de control.
De las tres instituciones prestadoras de servicio, CORAASAN es la única
que dispone de un sistema comercial propiamente dicho. Las otras dos
facturan por cargo fijo a más de 95% de los suscriptores del servicio.
Las tarifas son preparadas por las propias empresas y sometidas a la
aprobación del Consejo de Directores.
En los casos de INAPA y CAASD, éstas deben someterse a la aprobación del
Gobierno previo a entrar en vigencia, no así en el caso de CORAASAN.
Generalmente, no se consideran conceptos técnicos de recuperación de
costos, nivel tarifario, capacidad y disposición de pago de los
usuarios, etc.
A excepción de CORAASAN, por tener niveles de 70.5% de cobertura en
micromedición y 69.7% de eficiencia en la misma, diseña y estructura sus
tarifas. Las otras entidades deben hacerlo de forma empírica por no
contar con las condiciones básicas dada la desactualización de los
catastros y la casi inexistencia de micromedición. En INAPA, la
cobertura corresponde a 6.9%, con 2.7 % de eficiencia. En CAASD es de
13.0% y 0.3 para universos de 281,700 y 165,600 conexiones registradas,
respectivamente. Esta situación los obliga a facturar por cargo fijo.
Ante la escasa micromedición, INAPA asigna valores a facturar entre los
usuarios dependiendo del número de llaves o salidas de que dispongan.
Esto da lugar a la facturación sin considerar los excesos de consumo,
procedimiento que aplica a todas las categorías (residencial, comercial,
industrial, etc.) y lo asocia a consumos básicos totalmente teóricos. La
tarifa actual, incrementó la cuenta del usuario residencial más bajo
(R1) en 50%; la de los tres estratos superiores en 300% y la de los
comerciales e industriales en 200%. Mantuvo la de alcantarillado en 30%
y en 50% la de agua para residenciales y para el resto de usuarios,
respectivamente.
1.2.2 Demandas sobre las cuencas hidrográficas / recursos de agua
La precipitación media anual del país es de 1,500 mm distribuidos en
aproximadamente 110 días, con una variación espacial y temporal
importante que va desde 2,700 mm en algunas zonas del Noreste del país
hasta 450 mm en el Valle de Neiba. Las lluvias producen un volumen de
escurrimiento medio anual de 73 mil millones de m3, de los cuales 51 mil
millones son evapotranspirados. De los restantes 22 mil millones, parte
escurre hacia los ríos, arroyos y lagunas y parte se infiltra en el
subsuelo, quedando finalmente un volumen promedio anual de 14 mil
millones de m3 para los diferentes usos (PNUD, 2000). Los recursos
renovables de agua del país se calculan en 20 mil millones de m3 (20
billones de m3), estimándose que la disponibilidad potencial per cápita
fue de 2,557 m3 en 1995 (WRI, 1996) y de 2,551 en 1996 (World Bank,
1998). Los sectores industriales y domésticos dependen más de los
acuíferos subterráneos mientras que los caudales regulados superficiales
son más importantes para la generación de energía eléctrica y la
irrigación agrícola. De cualquier forma la demanda de agua se considera
que está muy por debajo de la disponibilidad ya que casi 10 mil millones
de m3 quedan sin utilizar.
Las demandas generales sobre las cuencas hidrográficas y sus recursos de
agua dulce pueden dividirse en:
1. Toma de agua para consumo humano; 2. Toma de agua para consumo
animal; 3. Irrigación agrícola; 4. Producción de energía hidroeléctrica;
5. Pesca de especies fluviales, lacustre; 6. Turismo y recreación; 7.
Navegación y usos náuticos; 8. Extracción de arena y grava; 9.
Disposición de desechos; 10 Desarrollo urbano; 11. Desarrollo
industrial; 12. Desarrollo agrícola y pecuario
Datos del INDRHI indican que al menos para cinco de estos usos existen
cifras que revelan la siguiente distribución:
Tabla 7: Distribución de la demanda general de usos del agua.
Estas demandas se manifiestan de manera diferente en cada cuenca, según
sus recursos disponibles y no existe información que permita valorar en
conjunto el valor de cada uno de estos usos a una escala global y/o
particular en cada una de las cuencas. Evidentemente, el sector agrícola
constituye uno de los usuarios más demandantes del recurso.
1.2.2.1 Papel de las presas en la República Dominicana
La República Dominicana tiene construidas dieciocho presas, que atienden
demandas de agua para consumo humano, irrigación de tierras agrícolas y
producción de energía eléctrica. Diez de ellas satisfacen
simultáneamente los tres propósitos (Tabla 8). Además de estos usos,
varias de estas presas juegan un papel importante en el control de las
crecidas, particularmente ante eventos meteorológicos extremos y
constituyen, por su diseño y lugar de ubicación, sitios de atracción
turística. Estas presas pueden almacenar un volumen de agua de 2,178
millones de m3, y el área que se irriga con sus caudales regulados
ascendía en el año 1998 a 62,614 ha, la que puede extenderse a 201,389
ha. Los sistemas de abastecimiento, para consumo humano que dependen de
estas presas, atienden la demanda de agua de aproximadamente 2, 900,000
personas, lo que representa el 41% de la población de la República
Dominicana. La potencia hidroeléctrica instalada en las presas de la
República Dominicana asciende a 396 Mw que generan en promedio 1000 GWh
de energía/año. Existen varias pequeñas centrales hidroeléctricas a filo
de agua o con tomas en canales de riego con una potencia instalada de
2.25 Mw y una generación promedio de energía de 12 GWh/año.
Tabla 8: Características y usos de las presas que dependen de las
cuencas del PNJBPR.
Usos: C: Consumo humano, R: Riego, E: Producción de energía.
Fuente: INDRHI, 1999.
La potencia hidroeléctrica representa el 30%, y la energía generada
anualmente es de 14% aproximadamente de la capacidad instalada, y la
empresa estatal responsable del servicio eléctrico en la República
Dominicana, es la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE).
1.2.2.2 Superficie bajo riego
Datos recientes del INDRHI revelan que el área nacional bajo riego
abarca unas 274, 528 Hectáreas e involucra unos 83,876 usuarios, lo que
ubica al sector agrícola entre los que ejercen una mayor demanda sobre
el recurso agua (Tabla 9). La irrigación agrícola es manejada a través
de distritos de riego, organizados por un departamento del INDRHI,
responsable de establecer los procedimientos técnicos y administrativos
necesarios para lograr una eficiente administración, operación, y
mejoramiento de todos los sistemas de riego del país.
Tabla 9: Datos de la superficie bajo riego y número de usuarios para los
principales distritos de riego del país.
Para el control del uso del agua para riego se ejecutan varias
actividades como levantamiento de estadísticas agrícolas e
hidrométricas, sistematización parcelaria, manejo y distribución del
agua, operación de los embalses y sistemas de riego y evaluación del
riego y drenaje. Como parámetros indicativos del uso de agua y su
eficiencia se controlan: área actual bajo siembra de los diferentes
rubros en los distritos y zonas de riego, área sembrada mensual, área
cosechada mensual y acumulada, porcentaje del área cultivada a las
cuales se le está garantizando el servicio de riego y número de regantes
por sistemas de riego. Estas informaciones permiten programar a nivel
nacional las áreas a sembrar por ciclo de cultivo de acuerdo a los
volúmenes disponibles en los embalses. Además, en éstos se monitorea
diariamente su movimiento, manteniendo una estadística hidrométrica que
indica los volúmenes disponibles y los caudales derivados de cada
embalse.
Los usuarios del agua para la irrigación agrícola se encuentran
agrupados en una Junta de Regantes, organización amparada en la Ley
5852, promulgada por el Consejo de Estado en el año 1962 y la misma se
forma para que los usuarios sean participes de la operación,
conservación y administración de los sistemas de riego, que le vayan
siendo delegados por el INDRHI.
1.2.2.3 Fuentes de contaminación que afectan a las cuencas hidrográficas
Entre los principales factores contaminantes que se mencionan en la
Tabla 10, se citan: desechos sólidos, desechos industriales, desechos
agrícolas, aguas con elevadas temperaturas, desechos de minería,
desechos domésticos, prácticas de pesca inadecuada, introducción de
especies exóticas, extracción de grava y arena, entre otros.
Entre los ríos que se mencionan en esta tabla y que nacen en el Parque
Nacional Juan Bautista Pérez Rancier, ninguno presenta contaminación por
desechos de tipo sólidos, esto por la falta de métodos de separación,
reciclaje, transporte, recolección y disposición final. Excepto, datos
de la cuenca de la Península de Samaná, estiman los vertimientos de
desechos sólidos en 1,430 ton/año en las cañadas de Sánchez, próximo a
la desembocadura del río Yuna (Bautista y Ginebra, 1996).
En el caso de desechos industriales solo cuatro de estos cauces
presentan contaminación de este tipo. La contaminación por desechos
industriales se ha documentado para varias cuencas del país, aunque el
inventario nacional de la ubicación de las fuentes contaminantes
industriales está referido a la zona marina (SEA/SURENA, 1993). En el
Nizao existen granceras que de una u otra manera derraman combustibles;
en las riberas del río Yuboa también existen empresas como Dos Ríos en
la entrada de la Falconbridge Dominicana, en donde se construye una zona
franca para la fabricación de tela, sus desechos que además afectará las
aguas del río Juma, ya que estos dos son afluentes del Yuna; y en el
caso del Camù, la contaminación por desechos de industrias es evidente.
Particularmente, en todas nuestras cuencas son varios los cultivos que
emplean agroquímicos pero el arroz ocupa el primer lugar en área
sembrada en la República Dominicana con 5,978.03 Km², equivalentes al
12.4% del territorio nacional. Las zonas arroceras principales son:
Bonao, Nagua, la cuenca del Yuna, Mao y Sabana de la Mar, por lo que
todas las cuencas con tierras anegadas que se emplean en este cultivo se
encuentran real o potencialmente afectadas por este tipo de
contaminación.
Tabla 10: Principales impactos de contaminación en los principales ríos
Fuente: INDRHI, 2000
Según Barzman y Peguero (1995) el 93.5% de los agricultores ha aumentado
la dosis de agroquímicos en los últimos 10 años debido a las pérdidas de
fertilidad del suelo y el aumento de la resistencia de plagas y
patógenos. En la cuenca del Yuna la tendencia general de 1959 a 1996 ha
sido hacia la conversión de las zonas anegadas y pantanosas en zonas
agrícolas, principalmente arroceras. De un área analizada de
aproximadamente 180 Km², el área agrícola pasó de ocupar unos 17 Km² en
1959 a 66 Km² en 1996, con la conversión de unos 50 Km² de la vegetación
nativa a zonas de cultivo (Sherman, 1998), lo cual presupone un
incremento sustancial en el uso de pesticidas, muchos de los cuales se
catalogan como extremadamente peligrosos y no todos cumplen con las
normas de uso establecidas (Segarra-Carmona, 1992). De hecho, se realizó
un estudio que da valores de contaminación por Heptachlor, Chlordano,
Aldrin, Dieldrin, DDT y sus metabolitos en los sedimentos y tejidos de
bivalvos en el Río Yuna.
Otra fuente de contaminación proveniente de la agricultura lo
constituyen los residuos de la producción agrícola. La producción
cafetalera total de la cuenca del Yaque del Norte, que se estima en unos
200,000 quintales, genera una masa de desechos del orden de las 8,118.8
ton/año.
El cultivo del guineo genera como desechos cantidades considerables de
fundas de polietileno, material no degradadle cuyo tiempo de vida media
se estima entre 30 a 200 años. Los envases de productos químicos
manejados descuidadamente también contribuyen a la contaminación de
sólidos relacionada con la actividad agrícola.
Otra fuente de contaminación proveniente de la agricultura lo
constituyen los residuos de la producción agrícola. Por ejemplo, el río
Blanco, afluente del Yuna esta contaminado por los impactos de la
actividad agrícola de la cuenca del río Tireo en Constanza.
Entre los cauces con mayor contaminación por efecto de un aumento de
temperatura esta el Yuna, ya que su vegetación de sus riberas desde Los
Quemados en Bonao hasta el Bajo Yuna están fuertemente afectadas y por
el aumento de población en las avenidas ribereñas. El efecto de soltar
la escoria en vagones por rieles con materiales contaminantes en
Falconbridge ha provocado la extinción de especies vegetales y un
aumento de temperatura en la ciudad de Bonao y por ende de sus aguas.
En cambio, la actividad minera constituye otra fuente de contaminación
en el país que no ha sido claramente identificada ni estudiada, a pesar
de las alarmas en la Presa Las Lagunas en María Trinidad Sánchez por
vertimiento de los lodos cargados de metales pesados y restos de cianuro
de la minera Rosario Dominicana, que explota el yacimientos oro y que
han contaminado los Ríos Maguaca y Margajita.
En Samaná, se ha planteado que el Yuna está afectado por la actividad
minera (Bautista y Ginebra, 1996). En la Península se explotan minas de
mármol en las localidades costeras de El Cabo, Punta Balandra, El
Francés y el Valle de Lágrimas, con afectaciones conocidas a la
biodiversidad terrestre (Salazar y Peguero, 1994).
Además, la Falconbridge afecta negativamente las aguas del río Yuna al
exponer vertimientos químicos en algunos afluentes del Yuna, como el
Yuboa y Hato Viejo, al desarrollarse en gran escala la minería, muy
especialmente de níquel, oro y plata. La mina de ferroníquel
prácticamente ha arropado o más bien, ha realizado la remoción de la
cubierta vegetal, los suelos y parte del material parental de las lomas
La Peguera, Caribe, sin dudas, la mina a cielo abierto más grande del
país, afectando directamente la cuenca del río Hato Viejo y todos sus
afluentes, e incluso, parte del Yuna, de donde se derivan las aguas para
el enfriamiento de los motores de las plantas procesadoras y de
generación de energía eléctrica (UASD, 2001).
El río que presenta mayores impactos por contaminación domestica es el
Yuna, al estar en casi su totalidad de su cause habitado por poblaciones
humanas. Sin embrago, se encuentra fuertemente invadido por especies
acuáticas introducidas. También que la actividad de extracción de
materiales de arena/grava de su cauce ha mostrado preocupación nacional
al igual que el río Nizao. Todos estos factores de contaminación van
acompañados de una creciente y alarmante deforestación en todas las
cuencas hidrográficas interiores.
Tabla 11: Uso de la tierra y porcentaje de superficie de territorio por
tipo de cobertura de la
República Dominicana en el período 1980- 1998 (modificado a partir de
PNUMA,
2000).
INDRHI, 2000.
Invasión de malezas acuáticas como fenómeno asociado a la contaminación
de las cuencas
Aunque los problemas derivados de la introducción de especies exóticas
serán analizados en el acápite correspondiente a la acuicultura, el caso
particular de la introducción del jacinto de agua (Eichhornia crassipes)
que actualmente ha invadido varios cursos de agua en el país,
consideramos conveniente tratarlo junto con el tema de la contaminación
ya que la proliferación de esta malezas acuáticas está fuertemente
asociado a las altas cargas de nutrientes que reciben algunas cuencas,
especialmente la del Río Ozama.
El jacinto de agua Eichornia crassipes es una planta que flota sobre la
superficie de ríos, arroyos y lagos de agua dulce asociada a cuerpos de
agua ricos en nutrientes. Una alta dispersión por reproducción asexual
vegetativa unido a su rápido crecimiento que excede la producción de
biomasa seca de cualquier macrófita terrestre, salobre o de agua dulce (Wolverton
y McDonald, 1979) con una tasa de duplicación de biomasa de 6 a 18 días,
hace que esta maleza haya llegado a constituir una plaga en varias
cuencas del país (fuentes del Jardín Botánico Nacional) aunque el caso
más crítico es el de la cuenca del Ozama.
Herrera et al. (2000) en una evaluación ambiental de los efectos de esta
maleza acuática sobre la cuenca señalan los siguientes impactos:
• Estorbos a la navegación fluvial al cubrir totalmente parte de los
arroyos y cañadas interiores y varias remansos del curso del río donde
la velocidad de la corriente es menor.
• Destrucción de hábitats naturales de aves y peces con su consecuente
efecto sobre el valor de la cuenca para uso pesquero y como sostén de
vida silvestre.
• Reducción de la calidad del agua para usos recreativos, turísticos y
el consumo humano y animal.
• Tupición de las bombas de irrigación en los canales de toma de agua
industrial o las bombas de achique de las embarcaciones.
• Exacerbación de los problemas con mosquitos y otros vectores al
proveer sitios ideales para su reproducción.
• Cambios indeseables en la estética de los paisajes fluviales y en la
línea de costa inmediata a las desembocaduras de los ríos.
• Reducción de la intensidad luminosa incrementando la turbidez natural
de la cuenca o la asociada a los sólidos suspendidos provenientes de las
fuentes contaminantes.
• Reducción de la circulación de las aguas, con valores por áreas que
varían entre un 40 a un 95%.
• Pérdidas de agua en la cuenca por incremento de la evapotranspiración
ya que las hojas de la lila transpiran mucha más agua hacia la atmósfera
que las pérdidas por evaporación normal (Soderman, 1999).
• Bloqueo de la difusión del oxígeno a través de la interface
agua-atmósfera incrementando el efecto de anoxia derivado de la
contaminación orgánica.
• Incremento de la carga de nutrientes a la cuenca por el aporte de las
plantas cuya tasa de cambio de biomasa foliar se estima entre un 60 a un
70% mensual (McCann et al., 1996), incrementando los problemas de
eutroficación derivados de las fuentes contaminantes.
Deforestación y su relación con la sedimentación en las cuencas
hidrográficas
Los reportes sobre problemas de deforestación y sus impactos sobre los
bosques y consecuentemente sobre los recursos de las cuencas
hidrográficas a ellos asociados, son abundantes. Sin embargo, la mayor
parte de estas apreciaciones son de carácter cualitativo y eventual por
lo que la información cuantitativa y sistemática, necesaria para
establecer regularidades y tendencias en el proceso de deforestación en
las diferentes cuencas del país, está limitada a algunos reconocimientos
y supuestos inventarios de los recursos boscosos realizados en los
últimos 30 años.
Sin embargo, cuando se revisan los resultados de estos estudios existen
obvias diferencias que hacen difícil la evaluación de cambios en la
cobertura vegetal como indicador de problemas de deforestación en
nuestras cuencas. El empleo de diferentes definiciones del bosque (en
cuanto a la altura de su dosel), distintas metodologías de estudio, los
cambios de escalas para la presentación de los datos, criterios diversos
para la interpretación de la cobertura y el uso de distintas categorías
y clasificaciones, son factores que hacen difícil estandarizar los
resultados en la búsqueda de patrones y regularidades. A ello hay que
agregar que dichas evaluaciones han tenido tradicionalmente un enfoque
más forestal que ecológico por lo que su objetivo central han sido los
bosques de importancia económica (pino, mixto, latifolias), quedando
relegados otros bosques nativos de importancia (bosques secos,
humedales), por su extensión de superficie y su biodiversidad (PNUD,
2000).
Las estimaciones de la superficie boscosa del país, desde 1985 hasta el
presente, han aportado valores de coberturas de 22% o 10,770 km² en 1990
(FAO, 1995) y de 32.5% o 15,750 km² en 1995 (FAO, 1997). La evaluación
más actualizada de la cubierta vegetal y uso de la tierra fue realizada
en 1998 por el DIRENA (Departamento de Inventario de la Subsecretaría de
Agricultura de la Secretaría de Recursos Naturales) mediante
foto-interpretaciones de imágenes Landsat TM5 correspondientes a tres
años (1988, 1992 y 1996). De acuerdo a esta evaluación la superficie
actual de bosques es de 13,266 km² o 27.5% del territorio nacional,
comprendiendo las extensiones ocupadas por bosques latífoliados, bosques
de pino, bosques secos, y bosques de humedales (mayormente manglares).
No obstante, se reconoce que la deforestación ha sido la causa más
importante de alteración de los hábitats naturales del país y como
resultado, de los problemas que afectan los recursos naturales
especialmente el agua y los suelos (PNUD, 2000). Desde 1900, cuando se
estimaba que cerca de un 80% del país estaba cubierto por bosques la
cubierta vegetal ha ido disminuyendo progresivamente en un 69% en 1940
teniendo como causas básicas las plantaciones de monocultivo y de pastos
para ganado.
En décadas posteriores la agricultura de tala y quema, la producción de
carbón, explotación comercial de madera y los incendios forestales, se
cuentan entre las causas de reducción de nuestros bosques. La
deforestación ha sido estimada en 351 km²/año con una tasa anual de 2.8%
durante 1981 a 1990 (FAO, 1995), 264 km²/año con una tasa de 1.6% anual
(FAO, 1997) y 256 km²/año en los últimos 15 años (SEA, 1998). Entre 1988
y 1997 se registraron 815 incendios que afectaron 49,145 ha de bosques
con pérdidas estimadas de unos 169 millones de pesos (DGF, 1998).
La erosión de los suelos, signo evidente de la deforestación, se estima
entre 200 y 1,400 toneladas/ha/año, moviéndose a un intervalo de 1 a 10
cm. de espesor de suelo y la reducción del potencial productivo de los
suelos durante las últimas seis décadas ha sido estimada en un 60% (SEA,
1998). La situación de degradación ambiental es crítica en las cuencas
del Yaque del Norte, Nizao y Yuna, entre otras. Se han realizado grandes
inversiones en infraestructura hidráulica para riego y generación de
energía pero la falta de un manejo adecuado ha conducido a un progresivo
deterioro y a una elevada acumulación de sedimentos en los embalses de
las presas y canales disminuyendo su capacidad de almacenamiento (ver
tasa sedimentación en tabla 12), la calidad del agua y reduciendo los
niveles de producción agrícola y energética (PNUD, 2000).
Debido a los altos niveles de erosión de las capas superficiales de
suelo en las cuencas, la prematura sedimentación de presas en el país ha
sido un problema grave desde la construcción de los primeros embalses.
En algunos casos, como en la presa de Hatillo, los niveles de erosión
observados y registrados alcanzan un orden de magnitud 33 veces superior
a los niveles de erosión estimados o proyectados antes de su
construcción (PNUD, 2000).
Tabla 12: Tasas de sedimentación en presas y embalses de la República
Dominicana.
Fuente: PNUD, 2000
En la Cuenca del Dajabón, la deforestación en las riberas del Río
Masacre ha dado lugar a que durante los períodos lluviosos, se produzcan
avenidas que arrastran grandes cantidades de sedimentos, generando una
sedimentación progresiva de la Laguna Saladilla, donde éste drena (Marte
y Luperón, 1997). En la Cuenca del Yaque del Norte estos problemas se
vienen reportando desde hace dos décadas. De la Fuente (1976) comenta
que debido a la fuerte pendiente, las lluvias intensas y la
deforestación que viene sufriendo la zona, el Yaque del Norte acarrea
gran cantidad de material en suspensión durante todo el año, lo que
incide en la turbidez de sus aguas y su aporte de sedimentos a la Presa
Tavera estimada en 190,000 Tm/año. Las elevadas concentraciones de
sólidos en suspensión en la Cuenca del Yuna se atribuyen a las altas
precipitaciones periódicas, la topografía escarpada de sus cuencas
superiores y la cubierta espesa del suelo y además a las prácticas
agrícolas deficientes (de la Fuente, 1976).
1.2.3 Turismo
Durante el período 1980-1990, la tasa de incremento del arribo de
turistas promedió aproximadamente un 15% anual (INFRATUR, 1990). Del
total de extranjeros visitantes, 53% arribaron a Santo Domingo, 32%
arribaron a Puerto Plata, y el restante 15% se dividió entre Santiago,
La Romana, Punta Cana, Jimani, Dajabón y Herrera. En una comunidad
isleña de 7.5 millones de habitantes, una población turística de casi 1
millón anual, o cerca de 13% de la misma, representa un impacto
significativo. Además, cada turista consume casi cinco veces los
recursos que consume un nacional (Brown, 1991), lo que hace que el
efecto potencial de esta población sobre el ambiente equivalga a un
incremento de la población de casi un 66% (TR&D, 1992). El desarrollo
turístico ha tenido lugar en varias localidades de las cuencas, aunque
el mayor peso corresponde al turismo costero.
Al tiempo que crece la oferta turística de playa, en los últimos tiempos
se ha estado promoviendo en mayor escala el turismo de aventura en ríos
y montañas, turismo naturalista ecoturismo. Aventuras del Caribe (2000)
oferta en la Cordillera Central varias modalidades de este tipo de
deportes. Los ríos involucrados en esta actividad son el Yásica, Bao y
Jimenoa, aprovechando sus características naturales de cortos rápidos
seguidos de secciones de calma.
Un resumen de las actividades de turismo en República Dominicana
asociadas a los recursos acuáticos, de bosque y montaña de las cuencas
hidrográficas lo brinda Rancho Baiguate (2000) que ofrece a través de
Internet las siguientes actividades:
Escalado al pico Duarte, el más alto de las Antillas (3,175 m);
Caminatas (“trekking”) a campo traviesa por el Valle de Jarabacoa y su
sistema montañoso;
Descenso en balsa (“rafting”) por los rápidos y cañones del río Yaque
del Norte;
Safaris en jeep a través de zonas boscosas y paisajes intrincados;
Bicicleta de montaña (“mountain bike”) en zonas agrestes;
Paracaidismo (“paragliding parapente”) teniendo como base un vuelo
tándem, modalidad biplaza, acompañado por un piloto-instructor que
despega de una loma de 200 m;
Paseos con motores de cuatro ruedas, todo terreno (“quad-runner”)
atravesando ríos y penetrando en los bosques que rodean los caminos que
llevan al Salto Baiguate;
Descenso sin riesgos, dejándose llevar por la corriente del río con
tubos-flotantes individuales (“tubing”) por el Río Jimenoa hasta su
puente;
Descenso por las laderas del Cañón (“canyoning”) del Salto de Jimenoa;
Paseos a caballo (“horse riding”) a través del bosque y las montañas.
En la zona de la costa Norte, en Puerto Plata, la montaña Isabel de
Torres oferta la modalidad del teleférico, único en el área, el cual
sube casi mil metros de altura, y del cual se valen quienes desean tener
una vista panorámica de toda la ciudad norteña. El país cuenta, además,
con otros tres ríos importantes con potencial turístico, el Yaque del
Sur, el Camú y el Yuna. Este último da lugar, en su desembocadura en la
Bahía de Samaná, reconocida por su abundancia de camarones y su bosque
de manglar.
La Cuenca del Yaque del Norte comienza a tener un desarrollo turístico
de cuenca en la zona terrestre que comprende la ciudad de Mao, que si
bien no ha alcanzado un gran desarrollo económico, posee bellezas
escénicas de gran valor. De todas estas condiciones se destacan las
riberas de los Ríos Mao, Amina, Yaque del Norte, en los cuales se ubican
diversos balnearios para el uso turístico particularmente nacional. Otro
elemento que jugará un papel muy importante en la base del turismo en
esta cuenca es el contraembalse de la presa Mao-Monción, por el gran
interés que el mismo ha despertado en los pobladores de la región.
Con el crecimiento del turismo, la tendencia general es a un incremento
en la presión que se ejerce sobre el ambiente aunque hay que reconocer
que las cuencas no han recibido la misma atención que la zona costera en
cuanto a la evaluación de impactos asociados a este desarrollo. De
hecho, durante el trabajo del Instituto Nacional de Protección Ambiental
(INPRA) actualmente Subecretaría de Gestión Ambiental, el 90% de todos
los proyectos correspondían a complejos turísticos en la zona costera y
solo un 10% a las zonas interiores de las cuencas. La Tabla 13 resume
algunas regiones de las cuencas donde se realizan actividades de
ecoturismo.
Los principales impactos del turismo sobre las cuencas hidrográficas
pueden agruparse en tres categorías: 1) cambios en el drenaje natural
por reducción de la cobertura vegetal e impermeabilización de
superficies, 2) excesivo uso del agua y otros recursos, c) contaminación
de las cuencas y 4) transformación de los hábitats terrestres y
acuáticos.
Tabla 13: Resumen del turismo de aventura para algunas cuencas
Fuentes: Datos de la Secretaría de Estado de turismo.
Capitulo 2
“Metodología del Sondeo de Valorización Hídrica”
2.1 Marco metodológico general
La metodología para el desarrollo del “sondeo de valorización hídrica”
se enmarca en la secuencia lógica de elaboración y/o actualización del
“Plan de Manejo” para Areas Protegidas en la Republica Dominicana,
presentado en la “Guía Metodologica” desarrollada por la Dirección de
Áreas Protegidas. La Guía Metodológica para la Elaboración y/o
Actualización de Planes de Manejo propone las siguientes cuatro fases de
planificación:
FASE I. PREPARATORIA
FASE II. DIAGNOSTICO
FASE III. MARCO TÉCNICO Y LEGAL
FASE IV. PROPOSITIVA
El “sondeo de valorización hídrica” se inserta en la Fase II de la
metodología “Diagnostico del PNJBPR”, es importante resaltar que el
“sondeo” en estudio temático especifico propuesto por el equipo de
planificación considerando el valor intrínsico de los ecosistemas
presentes en el área protegida al colectar, filtrar, almacenar y
producir agua dulce para los habitantes de las comunidades, región y el
país.
Figura 4: Inclusión del “Sondeo de Valorización Hídrica” en la
elaboración y actualización dePlanes de Manejo.
2.2 Pasos metodológicos para desarrollo del “Sondeo de Valorización
Hídrica”
Para la realización de SONDEO DE VALORIZACIÓN HÍDRICA, el equipo de
investigadores desarrolló los siguientes pasos metodológicos:
Tabla 14: Pasos metodológicos
Fuente: Elaboraciòn personal, 2005
Figura 5: Flujograma del Sondeo de Valorización Hídrica
Capitulo 3
“Análisis de Información Primaria y Secundaria”
3.1 Caracterización hidrológica del PNJBPR
3.1.1 Ubicación y límites
El Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier –PNJBPR- (Valle Nuevo)
está localizado en la Cordillera Central, Republica Dominicana, entre
los 18º 35`10” y 18º 57`52” latitud Norte y los 70º 26`56” y 70º 57`52”
longitud Oeste. Esta área protegida comparte territorios de las
provincias de Monseñor Nouel, La Vega, Azua y San José de Ocoa y ocupa
un Área aproximada de 910 Km2. (Modificado por Melgar, M. EEI, 2002).
La Ley Sectorial de Áreas Protegidas, establece los siguientes límites
geográficos:
Valle Nuevo, con los límites y superficie que se describen a
continuación: se toma como punto de partida el muro de la presa de Río
Blanco, se asciende por la divisoria topográfica oriental del arroyo
Juan de Jesús hasta la cota topográfica 1,200 metros, la cual sirve de
límite en dirección Este hasta el nacimiento del arroyo Atravesado, de
donde se pasa al firme de la loma de la Hamaca, luego se pasa en línea
recta hasta el firme de la loma La Bola para proteger la cabecera de los
arroyos Bonito y Masipedrito.
De este punto se asciende por la divisoria topográfica hasta la cota
topográfica de 1,200 metros, la cual sirve de límite (cruzando 12
manantiales), hasta tocar el arroyo Arenosito, el cual sirve de límite
hasta su nacimiento y de aquí se atraviesa la loma El Guano para
descender por la divisoria topográfica hasta el río Tireo en su
confluencia con el arroyo Pinalito.
De este punto se asciende por la divisoria topográfica hasta el firme El
Alto de los Fríos y de aquí se pasa en línea recta hacia la cabecera del
arroyo Palero que baña el Valle de Constanza. Aquí se toma como límite
la cota topográfica 1,600 metros, la cual bordea la loma La Neblina por
su vertiente occidental para cubrir el nacimiento de todos los
manantiales que descienden hacia el Valle de Constanza, hasta descender
al río Grande por la divisoria topográfica que desciende a la
confluencia de éste con el arroyo Primera Cañada, por cuya divisoria
topográfica se asciende hasta la cota topográfica de los 1,700 metros,
la cual se toma como límite en dirección Oeste hasta el arroyo Pinar
Bonito, el cual sirve de límite agua abajo hasta la confluencia con el
río Grande, el cual se toma de nuevo como límite agua abajo hasta la
confluencia con la cañada que desciende desde el firme El Portazuelo.
Desde este punto se sigue la divisoria topográfica hasta llegar a la
cota topográfica de los 1,300 metros, la cual se sigue en dirección
Sureste por la falda de varias montañas muy escarpadas y protegiendo las
cabeceras de los arroyos Hondo, Culo de Maco, Guarico, Los Prietos,
Guayabal.
El Puyón, Blanco, Las Auyamas, Las Canas, Sin Fin, José, La Zurza y
Palero hasta llegar a la divisoria topográfica occidental del arroyo Los
Toritos, por la cual se desciende hasta la confluencia del arroyo Los
toritos con el río Las Cuevas ascendiendo luego por la divisoria
topográfica oriental la cañada Mala, hasta la cota de los 1,300 metros
nuevamente, la cual se sigue hasta llegar al arroyo La Vaca.
Luego el arroyo La Vaca sirve de límite hasta la vertiente Norte de la
loma Barro Colorado. De aquí se desciende por el arroyo Los Corralitos
hasta el río Banilejo, de cuya confluencia se asciende por la divisoria
topográfica hacia la loma de Locario en la cota topográfica de los 1,500
metros, la cual sirve de límite en dirección Sureste hasta la cañada
Loma Atravesada, bordeando toda la vertiente Sur de la loma Tetero Mejía
y protegiendo el nacimiento de 20 arroyos y cañadas de los ríos Banilejo
y Ocoa.
La cañada Loma Atravesada sirve de límite hasta su confluencia con la
cañada El Gallo, donde nace el río Ocoa. Luego se asciende por la cañada
El Gallo, hasta el firme Cañada Honda, el cual se sigue hasta el
nacimiento del arroyo Toro, por el cual se desciende convirtiéndose
luego en arroyo Bonito, el cual se sirve de límite hasta su confluencia
con el río Nizao, el cual se toma como límite aguas arriba su
confluencia con la cañada Desecho Largo, por la cual se asciende para
tomar la divisoria topográfica oriental del río Nizao, pasando por el
Mogote de la Nuez y el firme El Naranjo hasta la cota 1,200 metros, la
cual se sigue bordeando la loma Jumunucú hasta el firme Morroy, por el
cual se pasa al nacimiento del arroyo Azulito, el cual se sigue hasta su
confluencia con el arroyo Blanco.
Siguiendo luego hasta la confluencia de éste con el río Yuna, el cual
sirve de límite hasta su confluencia con la cañada La Piedra, por la
cual se asciende hasta la cota 800 metros, siguiendo por la misma hasta
el arroyo Los Pinitos, por el cual se asciende hasta la cota 1,000
metros para seguir por ella hasta la divisoria topográfica oriental del
río Tireíto, la cual se sigue hasta el muro del embalse Tireíto, del
cual se pasa en línea recta al muro del embalse del Arroyón y de éste
último al embalse del río Blanco que se tomó como punto de partida,
protegiendo de esta manera todo el Complejo Hidroeléctrico de Río
Blanco.
El polígono antes descrito encierra una superficie de aproximadamente
910 Km². (Ley Sectorial de Areas Protegidas, SEMARENA, 2004).
Cetegòricamente, el Parque Nacional Juan Bautista Pèrez Rancier (Valle
Nuevo) es una de las àreas protegidas de mayor importancia ecològica y
natural que posee la Repùblica Dominicana, por sus ambientes, su fauna
su flora y que ademàs la captaciòmn y acumunlaciòn es tan alta que
abastece a mas de un tercio (1/3) de la poblaciòn, ya sea en agua
potable para consumo humano, irrigaciòn agrìcola, aporte en energia
eléctrica, atractivos turísticos y que se respira un ambiente de clima
puro y espiritualmente hablando.
A parte de que el valor turístico como àrea de recreación, permite que
cientos de personas anualmente lo visiten para deleite natural. Ademàs,
que en su máxima altura, Alto Bandera con 2842 msnm, aproximadamente
mantiene la comunicación nacional al existir en este las torres y
antenas de todos los medios de comunicación del país.
Figura 6: Ubicación del PNJBPR dentro del “Sistema Nacional de Áreas
Protegidas”.
Figura 7: Ubicación del PNJBPR a nivel de “Provincias” de la República
Dominicana.
Figura 8: Ubicación del PNJBPR en el contexto de la infraestructura de
distribución.
Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier
Figura 9: Ubicación del PNJBPR en el contexto de la infraestructura
Hidroeléctrica.
Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier
Figura 10: Ubicación del PNJBPR a nivel de las subregiones hidrográficas
de la R. D.
Figura 11: El PNJBPR, en el marco de las regiones hidrológicas de la
Republica Dominicana
3.2 Características hidrográficas del PNJBPR
Este Parque Nacional ha sido reconocido por su capacidad de producción
de agua: 472 Ríos de orden I, 196 de orden II y 101 de orden III.
Algunos de los principales ríos del país inician sus cuencas en esta
parte de la geografía nacional, tales como (reportados en los datos de
la EEI):
Las cuencas hidrográficas para el presente estudio se utilizaran como
las “unidades fisiográficas” a ser evaluadas a través de la información
secundaria, acciones participativas y actividades de reconocimiento de
campo. En la Figura 12 se observa la localización de las cinco cuencas
hidrográficas que se encuentran ocupando determinadas àreas dentro del
PNJBPR.
Figura 12: Cuencas Hidrográficas del PNJBPR
Fuente: Modificado por Melgar, M. 2005. de EEI, 2002.
Algunos de los principales ríos del país inician sus cuencas y cursos de
agua en esta parte de la geografía nacional, tales como:
La cuenca del Rio Yuna, ocupando un àrea dentro del parque de 279 Km2
con una longitud hasta su desembocadura de 209 Km. Esta cuenca tiene una
producción de agua según las precipitaciones de 2000-3000 L/s/Km²,
(reportados en los datos de la EEI).
La cuenca del Rio Nizao que ocupa un àrea dentro del parque de 200.00
Km2 una extensión total de 143.2 Km. La producción de agua en la cuenca
según las precipitaciones es de 1000 L/seg/Km2 (reportados en los datos
de la EEI).
Mientras que la cuenca del rio Las Cuevas cubre una superficie de 280
Km2 dentro del àrea protegida y una extensión hasta su confluencia con
el Rio Yaque del Sur en la Presa de Sabana Yegua de 58.4 Km. En cambio,
la cuenca del Rio Grande del Medio cubre 128.00 Km2 dentro del parque, y
recorre 79.3 Km antes de confluir con el Yaque del Sur en las Presa de
Sabana Yegua, con un caudal aforado de 3.2 m3/seg en promedio según
datos reportados en la EEI.
Y la cuenca del Rio Yaque del Norte que solo cubre una superficie dentro
del parque de 23.00 Km2 determinado solo con unos pocos afluentes (5 a
6) de los cuales se han identificado 3 como efímeros y el resto
permanentes, en la EEI de 1998 no esta identificada como cuenca
hidrográfica, ya que la incluyen dentro de la cuenca del Rio Yuna.
La EEI de 1998 identificó ocho (8) objetos de conservación, y de hecho 2
de los cuales son: cabeceras de ríos sobre 1800 msnm y cabeceras de ríos
bajo 1800 msnm. Los ríos sobre 1800 msnm estan clasificados de la
siguiente manera: Orden I. 151 ríos con una longitud de 301.3 Km; Orden
II. 38 ríos con una longitud de 48.3 Km y de Orden III. 4 ríos con una
longitud de 39.5 Km.
Aquí la cantidad de flujo superficial del agua constituye una
característica variable en el tiempo, sujeta a parámetros que varían
cíclicamente a lo largo del año.
Los ríos bajo 1800 msnm estan clasificados de la siguiente manera: Orden
I. 321 ríos con una longitud de 348.7 Km; Orden II. 158 ríos con una
longitud de 153.9 Km y de Orden III. 97 ríos con una longitud de 81.5
Km.
En este caso, el àrea ha sido fuertemente afectada por alteraciones y
perturbaciones; deforestación, deslizamientos de tierra, erosión que
causan el arrastre de sedimentos y han provocado que los cauces de los
ríos varíen, es decir se agranden, causando cambios en la morfología de
los mismos. Ejemplo de estos, puede observarse en las Cuencas de los
ríos Las Cuevas y Ocoa. A continuación se presenta las características
detalladas de las cinco cuencas dentro del PNJBPR.
3.2.1 Cuenca Del Río Yuna:
En el macizo central, en la vertiente nororiental de los montes
Banilejos, nace el río Yuna. Es la segunda reserva fluvial más
importante del país. Tiene una cuenca que cubre una superficie de 5,630
kilómetros cuadrados, en la cual se forman 23 ríos secundarios
importantes que lo alimentan: Payabo, Cevicos, Chacuey, Maguaca, Sin,
Maimón, Yuboa, Tireito, Blanco, Masipedro, Yujo, Cuayá, Jima, Camú,
Yamí, Licey, Bacuí, Cenoví, Jaya, Guiza, Cuaba, Jaigua y Yaiba.
La cuenca está limitada al Norte por las cuencas de los ríos Yásica,
Boba y Nagua; al sur por la región Ozama –Nizao, al Este por la
península de Samaná y al Noroeste por la cuenca del Río Yaque del Norte.
El cauce principal del Río Yuna, nace en la cordillera Central en la
cota 1640 msnm. entre sus afluentes más alejados, los ríos colorado, rio
Arroyo Caña, Rio Arroyon, Rio Toro Flaco, Rio Tireito, Rio El Capa y el
Río Tireo y desemboca en la Bahía de Samaná. Sus afluentes desde su
nacimiento hasta su desembocadura son 308 cursos de aguas que lo
alimentan (Anexo 6). El Tireo y el Blanco llenan el embalse del complejo
hidroeléctrico de Río Blanco, una de las principales hidroeléctricas del
Cibao Central (Velásquez, A, 2005).
La mayoría de estos ríos se concentran en la parte media y baja de los
cursos de los ríos principales, Yuna y Camú, lo cual ha dado lugar a la
creación en el tramo final del Yuna, es decir, en su zona de remanso,
del área de humedales más extensa del país y a la vez, la más grande del
archipiélago de Las Antillas y deposita en el Océano Atlántico un
volumen promedio de 98 m3/segundo.
De hecho el Yuna, que tiene unos 251 kilómetros de longitud, es el río
más caudaloso entre todas las islas del continente americano. La
precipitación media de la cuenca ronda alrededor de los 2,000 milímetros
anuales, con una variación de 1,170 mm en la parte más seca (microcuenca
del río Verde en el extremo occidental de la cuenca del Yuna) y 3,500
milímetros en la garganta del Yuna (Blanco - Tireito - Yuna).
La estructura hídrica de la cuenca del Yuna presenta un patrón de
drenaje tipo dendrítico. El curso principal Camú - Yuna acusa pendientes
muy suaves en términos generales, contrario a los afluentes de cabecera
del Yuna y el mismo Camú, que tienen pendientes bastantes inclinadas,
las cuales dan lugar a cursos pequeños y torrenciales, muy especialmente
los procedentes de la Cordillera Central, que además es la zona de mayor
precipitación dentro de la cuenca y más propensa a la erosión.
La carga de sedimentos gruesos que presenta el Yuna antes de su
confluencia con el río Maimón, es un claro indicador de la
torrencialidad tan pronunciada de sus afluentes de cabecera: Arroyo
Avispa, ríos La Piedra, Masipedro, Tireito, Blanco, el mismo Yuna y la
mayoría de los arroyos y cañadas que le sirven de tributarios.
La mayoría de los tributarios del Yuna, son escorrentías permanentes,
particularmente las procedentes de la Cordillera Central, las que pueden
presentar flujos intermitentes son las procedentes de la Cordillera
Septentrional. Todas ellas irrigan y dan vida al valle más productivo
del país, el Valle del Yuna o de La Vega Real, considerado como el
granero agrícola del país. También contiene la zona ganadera estable y
más grande del territorio nacional. Su cauce irriga a mas de 22 000 ha,
dedicadas casi exclusivamente al cultivo del arroz. En su desembocadura
se desarrolla casi el 30% de las áreas de bosque de manglares y la mayor
extensión continúa de este ecosistema en la República, con una
superficie estimada entre de 62 km² (Sang et al., 1994) a 77.8 km²
(TR&D, 1992).
El río Blanco que es contaminado por el Tireo y Maguaca, tiene alta
concentración por metales, combustibles y pesticidas. Las familias que
habitan en el entorno del río Blanco no utilizan sus aguas y se
desplazan hacia las cañadas y arroyos cercanos para abastecerse, por
temor a contaminarse. Lo que a su vez se contamina el Yuna, el cual,
èste cruza una llanura de inundación en las provincias de San Francisco
de Macorís, Cotuì y Nagua, la cual inunda periódicamente, haciéndola una
de las áreas de mayor fertilidad donde se cultiva arroz. Sobre el Río
Blanco, está construida la presa de Río Blanco en la cuenca alta y en la
cuenca media las presas de Rincón y Hatillo. En el caso de la Presa de
Hatillo es notorio su efecto positivo en la disminución de las
inundaciones que se producían con frecuencia en la parte baja del Río
Yuna.
Uno de los principales afluentes en la cuenca media alta del Rio Yuna lo
es el Rio Blanco. Las cuencas media y baja de este río Blanco, tiene
diversos comportamientos en sus crecidas, pues fruto de los problemas
citados en su cuenta alta, ha arrastrado una inmensa cantidad de
sedimento que lo han hecho explayarse. En localidades como Los Quemados
de esta provincia, por ejemplo, sus habitantes se mantienen con el temor
de que sus embravecidas aguas entren al pueblo y los arrase, mientras
que de El Verde hacia la presa de Hatillo, su lecho se ha extendido en
algunos puntos hasta en 500 metros de ancho, poniendo en peligro a los
pobladores del lugar. Además de esto, la vida acuática ha desaparecido
casi en su totalidad.
La producción de oro y plata en la provincia Juan Sánchez Ramírez, se
localiza también en la parte media de la cuenca del Río Yuna aguas
arriba de la Presa de Hatillo. Esta presenta focos de contaminación por
metales pesados. Las estaciones sobre la cuenca del río Yuna son las
estaciones. Mechesito en la parte alta de la cuenca de Río Blanco, Juma
y Juan Adrián aguas arriba del embalse de Hatillo.
Las elevadas concentraciones de sólidos en suspensión en la Cuenca del
Yuna se atribuyen a las altas precipitaciones periódicas, la topografía
escarpada de sus cuencas superiores y la cubierta espesa del suelo y
además a las prácticas agrícolas deficientes (de la Fuente, 1976).
En la parte alta de la misma se da uno de los niveles de precipitación
más altos del país y por lo tanto, también se da la zona de drenaje de
mayor concentración fluvial del territorio nacional y la isla de Santo
Domingo. El Yuna deposita 78 metros cúbicos por segundo en el Océano
Atlántico en su época de estiaje y 98 m3/seg en la temporada de mayor
precipitación. Los volúmenes de agua que concentra este río en
temporadas ciclónicas o de fenómenos atmosféricos acompañados de lluvias
intensas y prolongadas, lo cual suele presentarse en períodos bi o
trianuales, rebasan la capacidad de conducción del cauce normal del
mismo, provocando grandes y a veces catastróficas inundaciones en el
Bajo Yuna, las cuales crean la zona de humedales más grande de las
Antillas.
De los 5, 630 Km2, la cuenca del Rio Yuna ocupa un àrea dentro del
PNJBPR de 279.00 km2 con una longitud hasta su desembocadura de 206.6
Km. Esta cuenca tiene una producción de agua según las precipitaciones
de 2000-3000 l/s/Km², reportados en los datos de la EEI, Melgar, M.
2005.
3.2.1.1 Resumen técnico
3.2.2 Cuenca Del Río Nizao:
El río Nizao no tiene una gran cuenca (a penas supera los 1,000
kilómetros cuadrados) y su curso es de corta longitud; pero a pesar de
todo ello es la fuente de agua más intensamente y aprovechada que existe
en toda la región del Caribe. Realmente este es un río muy singular,
pues a pesar de tener un curso muy corto, apenas 143. Kilómetros de
longitud, tiene la mayor inclinación o pendiente entre los principales
ríos del país.
La cabecera de este río se encuentra a 2,400 msnm y en una distancia
horizontal inferior a 100 kilómetros, baja casi al nivel del mar. Esta
información conduce automáticamente a la comprensión de los demás
fenómenos naturales relacionados con la torrencialidad, el potencial
erosivo de los suelos y a los extraordinarios volúmenes de sedimentos
que arrastran sus aguas.
El Nizao es el río más aprovechado, ya que tiene cuatro represas
sucesivas que conservan casi la mitad de sus escorrentías anuales y
genera electricidad. Además riega todo el valle de Baní y Nizao con 100
kilómetros de canales.
Otra característica realmente excepcional del Nizao es la gran variedad
de ambientes que atraviesa desde su nacimiento en el ámbito de
ecosistemas típicos de las regiones templadas del planeta, hasta su
desembocadura, donde los ecosistemas manifiestan con entera claridad la
aridez de los bosques secos de las regiones tropicales del planeta.
Este río tiene una cuenca pequeña, 1,076 kilómetros cuadrados, sin
embargo su potencial natural para el aprovechamiento de sus recursos
hídricos ha sido explotado intensamente. Es el único río del país que
contiene tres presas hidroeléctricas y un contra-embalse, dos canales de
riego y el acueducto más grande de la República Dominicana, pues es la
principal fuente de abastecimiento de agua potable para la ciudad de
Santo Domingo, donde se concentra una tercera parte de la población del
país.
Se trata de las presas de Jigüey, la más alta en toda la región del
Caribe, Aguacate y Valdesia, así como el contra embalse de Las Barías,
de donde se toman las aguas para alimentar los canales de riego Marcos
A. Cabral que irriga las llanuras de la provincia Peravia y el Nizao –
Najayo que irriga las llanuras de la provincia San Cristóbal. Además,
almacenan agua para el consumo humano suministrando más de 6 millones de
m3/segundo al acueducto de Santo Domingo (aporta el 40% de toda el agua
que se consume en Santo Domingo). En tanto, que de la presa de Valdesia
se extraen las aguas para el acueducto Valdesia – Santo Domingo. Este
complejo aporta 700 millones de KW/año al sistema eléctrico nacional.
Posiblemente la mayor parte de la población que habita en la capital
dominicana no sabe que el agua que consume proviene de las montañas de
Constanza, como son Alto Bandera, La Chorreosa y el Pichón, donde impera
un bosque nublado que le hace los mayores aportes hídricos al caudal del
Nizao.
La importancia del bosque nublado queda de manifiesto en el hecho de que
los registros pluviométricos levantados en Rancho al Medio, indican que
allí existe un ambiente típico del bosque seco, menos de 1,000 mm de
lluvia al año, donde no puede nacer ni originarse una fuente acuífera,
sin embargo, junto con el Nizao en la zona se originan además cientos de
manantiales, cañadas, arroyos y otros ríos que como por encanto, se
dirigen hacia los cuatro puntos cardinales para alimentar, además de
este, a los ríos Yuna, Blanco, Tireíto, Grande o del Medio, Pinar
Bonito, Guayabal, Las Cuevas y Ocoa. Los principales afluentes del Río
Nizao son los ríos Mahoma, Mahomita y Banilejo.
El Parque Nacional Juan B. Pérez R. (Valle Nuevo), lugar donde nace el
río Nizao, es una de las mejores reservas de agua que tiene la República
Dominicana y ella depende de la existencia de un bosque nublado, donde
los árboles juegan un papel indispensable, pues cada pino es una trampa
natural para las nubes que pasan cargadas de humedad, la cual es
sustraída o condensada por las hojas, las ramas, el tallo, los líquenes
y hasta por la corteza de esta planta. Todo el cuerpo físico del árbol
participa para recoger el agua de las nubes y pasarla directamente a las
fuentes subterráneas que alimentan los ríos.
De esta labor callada, casi imperceptible, que solamente logran
descubrir los ecólogos que se detienen a estudiar a profundidad el
fenómeno de los bosques nublados, depende la vida de uno de los ríos más
importantes de la República Dominicana: el Nizao.
De los 1076 Km2 que posee la Cuenca del Rio Nizao, dentro del PNJBPR
ocupa un área de 200.00 Km² con una longitud total de 143.2 Km. La
producción de agua en la cuenca según las precipitaciones es de 1000
l/s/Km², reportados en los datos de la EEI, Melgar, M. 2005.
3.2.2.1 Resumen técnico
Figura 14: Vista parcial de la Cuenca del Rio Nizao
3.2.3 Cuenca Del Rio Grande o del Medio:
Este río constituye una de las fuentes de la Presa de Sabana Yegua, en
donde presenta condiciones naturales muy variadas, como resultado del
cambio del clima seco en las tierras bajas al húmedo en las tierras
altas, y forman una zona de pobreza en la que muchos comunitarios
realizan el conuquismo por quema en las áreas de laderas con alta
pendiente, exceptuando el área de Constanza y los terrenos llanos
situados en el alrededor de la citada Presa. Este nace en las
estribaciones del PNJBPR. En la parte alta existe bastante agricultura,
por ejemplo en Monte Llano, Constanza la alta incidencia de la
agricultura con cultivos de papa, repollo, cebolla, habichuela, brócoli,
entre sus principales. Seguido del avance de la frontera agrícola que
afectan los bosques de pinos y charrales naturales están degradando y
erosionando los suelos que conjuntamente con los pesticidas van al cauce
de arroyos y cañadas que fluyen hasta este río contaminando sus aguas y
perdiéndose anualmente toneladas métricas de suelos. El agua que viene
del norte del PNJBPR situado aguas arriba del río Grande del Medio es
aprovechada para el riego del Valle de Constanza. El agua de alrededor
del valle de Constanza también es usada para el riego en laderas a
través de pequeñas tomas de aguas, canales, tuberías, etc. Uno de sus
principales afluentes del Río Grande del Medio es el rio Yaquesillo
comprendiendo gran parte de las aguas tributarias y donde se encuentra
Alto Bandera.
La cuenca del Rio Grande del Medio, se considera una subcuenca, ya que
se intercepta con el rio Yaque del Sur y confluyendo en el embalse de la
Presa de Sabana Yegua. La cuenca del Rio Grande del Medio se subdivide
en 3 microcuencas: 1. Cuenca Baja del Rio Grande del Medio co