¿Cuál es el rol del Estado a la hora de crear un ambiente propicio a
la RSE? ¿Hasta dónde están las empresas obligadas a actuar en beneficio
de la sociedad? ¿Tiene el sector privado un compromiso real, o forma
parte de su estrategia para crearse imagen?
A esta, entre otras preguntas, es interés hacer frente dejando claro que
la Responsabilidad Social Empresarial o corporativa constituye una de
las claves para explicar el necesario devenir del sector empresarial, el
nuevo escenario en que se desempeñan las organizaciones sociales y la
tendencia hacia donde hemos de orientar nuestros pasos.
I. ¿Cuál es el rol del Estado a la hora de crear un ambiente propicio
para la RSE?
Ciertamente el Estado puede y debe hacer mucho por propiciar la RSE. Lo
primero, alinearse con su filosofía asentada en el compromiso y la
democracia, para no imponer sino orientar, sensibilizar y premiar
consistentemente el desempeño de las organizaciones en esta dirección.
Por supuesto, se requiere continuar perfeccionando las herramientas
legales que regulan aspectos clave como la protección medioambiental, la
seguridad en el trabajo, políticas laborales y salariales, etc. Este es
un mínimo reglamentario imprescindible y de interés estratégico.
También el Estado tendrá que continuar apoyando e invitando a la
aplicación de normas y modelos de excelencia en la gestión empresarial,
todos favorecen en mayor o menor grado la responsabilidad social de las
empresas.
Por otro lado, el estimular formas organizativas centradas en la
asociación cooperativa, un antecedente histórico importante de la RSE, a
la vez que se une a un esquema de autogobierno regional, ha sido la
opción estratégica de algunos países donde podrían esperarse buenos
resultados. En verdad se puede ser muy creativo si tenemos los
principios claros.
Convocar a la “Nueva Cultura de Empresa” debiera ser es definitiva el
ingrediente más autentico e insistente del discurso público, y el
distintivo del carácter visionario de la gestión gubernamental que
privilegia la RSE.
II. ¿Es necesario que el Estado regule la actividad de las empresas en
materia de RSE? ¿Dónde quedaría la voluntariedad?
Esta pregunta se conecta a la anterior y la complementa.
“Voluntariedad”, aquí un tema central cuando queremos pensar en la RSE.
Ser responsable en principio es un acto de madurez, un acto de amor, de
comprensión y entrega; nunca será la respuesta que demos a exigencias
externas. Eso lo hemos visto mucho y al instante se desvirtúa la
intención original.
Quizás convenga referirnos a esa lectura que marca un hito en el campo
de la RSE, el Libro Verde de la Comisión de la Comunidad Europea (2001)
donde se manifiesta claramente que RSE es "La integración voluntaria,
por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y
medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con
todos sus interlocutores".
Es imposible prescindir del carácter voluntario de la RSE, es un rasgo
intrínseco a ella, supone el más alto nivel de compromiso y el Estado
debiera trabajar por fomentarlo recordando el viejo proverbio: “Podemos
llevar el caballo al río, pero no hacerle beber”.
III. Dentro de las prácticas de RSE, ¿tiene el sector privado un
compromiso real con el medio ambiente y la sociedad, o forma parte de su
estrategia para crearse una imagen?
Opino que no está en el tipo de propiedad (estatal o privada) el quid de
esta cuestión, aunque podría influir si analizamos la pregunta desde una
perspectiva básicamente teórica. Sin embargo es un hecho que en ambos
casos puede estar ausente el compromiso real. Todos lo habremos visto,
tiene más que ver con el liderazgo que se practica, los valores y
cultura organizacional que definen a la empresa.
Me gustaría traer a colación, aunque existen ejemplos contemporáneos
paradigmáticos, un caso que se cita como memoria histórica importante de
la RSE. Me refiero a la comunidad industrial que R. Owen creó por el año
1820 en New Lanark. Allí, en plena Revolución Industrial, la cooperación
y el apoyo mutuo eran las normas. Este líder empresarial introdujo
múltiples medidas de bienestar, sanidad pública, educación, erradicó el
trabajo infantil. Estaba convencido que el ser humano es un resultado de
las influencias que recibe en el seno social y se esforzó por suprimir
vicios y modificar la conducta de su gente. Aquella comunidad industrial
ha sido declarada con derecho Patrimonio de la Humanidad y es un
monumento a la RSE.
Pero podremos encontrar, paradójicamente, empresas estatales que
intentan apenas “quedar bien” con sus “compromisos sociales” y exhiben
un formalismo escalofriante, además de resentirse. Tengo la certeza que
cuando se impone la RSE se exacerba en el empresariado el afán de lucro
y el sentido meramente especulativo del negocio.
Por otra parte, no parece necesario establecer una dicotomía entre RSE y
“marketing con causa”. La RSE integra medio ambiente, condiciones de
trabajo, calidad… y también por qué no competitividad.
RSE supone el “buen gobierno organizacional”, la extinción de jerarquías
piramidales y rígidas, la autocracia y burocracia empresarial, en favor
de la Democracia Corporativa. Implica un espíritu de cooperación con
clientes, proveedores, competidores, gobiernos; un concepto de
Ciudadanía Corporativa en tanto compromiso de la empresa con la
comunidad a la que pertenece. Todas estas son nítidas variables de
competitividad dentro del mundo empresarial moderno. Además de agilizar
la gestión, viabilizar el cambio y el aprendizaje organizacional,
responden y aprovechan las expectativas que genera la RSC para obtener
ventajas competitivas.
“¿Parecer o ser?” definitivamente no es una pregunta válida cuando
hablamos de genuina RSE.
IV. ¿Hasta qué punto están las empresas obligadas a actuar en beneficio
de la sociedad?
Una empresa debe actuar en beneficio de la sociedad a un 110 %. No deseo
imaginarme la situación de querer ser cooperativo e involucrarme “sólo
un poco, con prudencia”. Las consecuencias serían fatales y la
hipocresía enorme.
Las empresas han nacido con vocación de servicio. No sólo están llamadas
a generar bienes y servicios con un valor social de uso, son comunidades
de personas orientadas a un fin, educan valores y esto es sumamente
importante considerarlo. En una empresa podemos enajenarnos hasta la
enfermedad o despertar con una acción de formación y desarrollo, una
tutoría y retroalimentación que nos lleve a cambiar más allá del ámbito
organizacional mismo haciéndonos mejores personas. En una empresa
podemos encontrar una calidad de vida, compensaciones y un apoyo ausente
muchas veces en otros espacios sociales.
Pero la RSE es una necesidad de mayores magnitudes. Observemos que la
facturación de muchas multinacionales supera el PIB de varios países en
vías de desarrollo. Esperamos de las empresas, no importa su tamaño, el
inicio de acciones serias para resolver tantos problemas de desigualdad
y sustentabilidad social, que pongan en práctica medidas para conseguir
la salvación medioambiental del planeta. Es grave el deterioro
medioambiental del planeta, con algunos de los países más desarrollados
a la cabeza de la contaminación, mientras los más pobres degradan los
recursos naturales que les quedan. Este es un tema cada vez más en la
mira de la opinión pública global y la solución está como nunca en manos
de un nuevo tipo de empresario, un hombre nuevo.
V. ¿Quienes están realizando mayores esfuerzos en lo relacionado con la
RSE?
Atendiendo a que la comprensión moderna de la RSE tiene su origen en
Europa y los estados Unidos, es lógico que miremos en esa dirección,
pero personalmente me entusiasma más lo que acontece en Latinoamérica
donde entre crisis y tradiciones la RSE va forjando un ámbito que se
consolida. Aquí existe una diversidad de comprensiones sobre el alcance
del tema, pero la responsabilidad de la empresa frente a la sociedad
aparece con frecuencia en el lenguaje de los empresarios y en la agenda
de la sociedad.
Este desarrollo al que apunto se pone de manifiesto en objetivos de
trabajo que coinciden en temas como: la ética empresarial, la calidad de
vida (al interior de las empresas), la vinculación y compromiso con la
comunidad y su desarrollo, el cuidado y preservación del medio ambiente,
y la intención de formar un nuevo empresariado más conciente y proactivo
al respecto.
Grupo
Empresarial Maquinaria General, GMG
Con una experiencia de nueve años en el campo del desarrollo de personas, equipos y organizaciones empresariales, ha ofrecido sus servicios como consultor gerencial a múltiples empresas, ubicadas fundamentalmente en el sector de la industria petrolera y la siderurgia.
Se encuentra certificado por Bureau Veritas como Auditor Líder de Sistemas de Gestión de la Calidad y es miembro del Comité Técnico encargado de desarrollar las Normas Cubanas NC-SGICH 3000, correspondientes al Sistema de Gestión Integrada del Capital Humano.
Se graduó en Psicología por la Universidad de La Habana, con Diplomado en Dirección Integrada de Proyectos en la Escuela Superior de la Industria Básica (ESIB) y Administración de Recursos Humanos en el Instituto de Comercio Exterior (INCOMEX)
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