INTRODUCCIÓN
La generación de residuos sólidos es un proceso por demás inherente a cualquier actividad del ser vivo. El ser humano por su parte, ha generado deshechos sólidos desde su formación, alterando el medio ambiente natural ya sea con prácticas agrícolas, ganaderas, mineras, industriales o urbanas, ocasionando con ello la formación de residuos, algunos de origen orgánico biodegradable y muchos mas de origen inorgánico de difícil degradación. El cambio de costumbres, así como el incremento desproporcionado de la población, ha ocasionado el incremento de desperdicios de tal forma, que rebasa el poder degradacional de la naturaleza, ocasionando la estancia de los residuos sin degradarse durante muchos años. Se ha encontrado por ejemplo (A. Deffis Casso), la existencia de papel periódico moderadamente degradado de hace 30 años en tiraderos antiguos, en contraste de rellenos en donde un elemento biodegradable puede descomponerse en escasos días.
Esta diferencia se basa esencialmente en el tipo de residuos y el medio en donde se depositen, ya que el proceso de degradación está en función de la humedad, temperatura, oxígeno, composición y dimensión de las partículas; si bien la mayor parte de los residuos, sean de origen inorgánico u orgánico, son disueltos durante el período de descomposición biológica, este dependerá en mayor proporción del grado de humedad que exista, el cual puede afectarse por el rango de precipitación promedio anual, tipo y espesor de cobertura, terreno y pendiente.
El humano ha tratado desde hace siglos de manejar su basura, ya sea enterrándola como lo llegaron a hacer los griegos, o depositándola en sitios preestablecidos como lo hacían los aztecas. Si bien existen antecedentes para el manejo de residuos desde los siglos XIII y XIV, es a mediados del siglo XX cuando comenzó a manejarse con una mejor técnica, ya que se preparaba el sitio para el depósito de los residuos, compactándolos y cubriéndolos con capas de tierra para evitar la proliferación de fauna nociva y malos olores.
En la ciudad de México desde hace varias décadas ya se hablaba de reciclar o industrializar la basura, para evitar con ello los problemas de contaminación del suelo, aire y agua, y de la necesidad de que los tiraderos quedaran lo más apartados posible de la ciudad sin embargo, la falta de recursos algunas de las veces y en otras, el incremento urbano desproporcionado, ha generado basureros al aire libre y en otras mas, el desarrollo de unidades habitacionales alrededor de estos.
Aun cuando la técnica de confinamiento de residuos ha mejorado, la normal carencia de financiamiento para lograr su correcto tratamiento ha impedido la proliferación de rellenos. A esto hay que agregar un acelerado cambio en los patrones de consumo, de una población a principios de siglo predominantemente agrícola y ganadera con un crecimiento urbano e industrial pobre, a un urbanismo acelerado en el que los productos plásticos desechables proliferan. Para muestra basta recordar que en las últimas tres décadas el incremento de basura ha aumentado en casi siete veces, decreciendo la proporción de elementos biodegradables y aumentado a residuos de lenta y difícil degradación. De estos últimos, se piensa que del volumen total que se genera, el 90% no cuenta con sitios adecuados para su almacenamiento, estimándose que solo el 2% de los deshechos industriales recibe tratamiento.
I. GENERALIDADES
I.1 Antecedentes
De acuerdo al estudio sobre la recolección y tratamiento de la basura en la zona urbana de la CD de México realizado por DIMSA en 1972, se sabe que durante la época prehispánica la limpieza de la antigua Tenochtitlan era total, ya que estaba prohibido comer en las calles, así como tirar cáscaras u otros desperdicios que afectaran el medio ambiente, para lo cual se apoyaban de la educación implantada al indígena de no tirar basura y recolectarla en sitios preestablecidos para que un grupo de mas de mil personas que recorrían la ciudad, se la llevaran.
Los tiraderos se situaban desde entonces, en la periferia de la ciudad; el rápido crecimiento de la mancha urbana los fue absorbiendo, desplazándose continuamente hacia las orillas de las zonas habitadas.
Según se sabe, el virrey Revillagigedo fue el primero desde la conquista, que estableció el ordenamiento de la red de recolección de basura, misma que era recolectada en carretas tiradas por dos mulas y llevada a sitios cercanos, fuera de la mancha urbana. De esta forma proliferaron los tiraderos a cielo abierto, llegando a tal grado que para principios de los ochentas existían cerca de 25,000 tiraderos.
Durante el siglo XX se formaron cuatro de los mayores tiraderos que han existido: Sta Cruz Meyehualco, con una extensión de 160 hectáreas, llegando a presentar montañas de deshechos de hasta 100 metros de altura (A. Deffis Caso); Santa Fe, con más de 50 hectáreas de barrancas y hondonadas; San Lorenzo Tezonco y Santa Catarina.
El estado de Morelos presenta condiciones similares; la proliferación de sitios o tiraderos a cielo abierto son comunes, lo que representa un preocupante problema de contaminación al medio ambiente. Es común la quema de la basura, en la cual incluyen hojas, papeles y plásticos altamente tóxicos que se integran en forma de humo al aire. En otras, tiran llantas, plásticos y materia orgánica en caminos vecinales, proliferando con ello la fauna nociva, malos olores y contaminación al suelo y acuíferos. Al sur de Cuautla se encuentra el tiradero en donde se depositan los residuos domésticos de la ciudad, sitio que representa al igual que todo tiradero a cielo abierto, un foco de contaminación muy preocupante.
Los tiraderos a cielo abierto se caracterizan por contaminar en un grado muy alto al medio ambiente que les rodea. Esto se basa en la premisa de que la basura contiene materiales putrescibles que se descomponen por la acción de las bacterias aerobias y anaerobias, produciendo para el segundo caso, gases altamente tóxicos como el metano, amoniaco y el ácido sulfhídrico.
Puesto que las temperaturas en el tiradero se elevan, llegan a originarse incendios espontáneos que provocan la presencia de humo en grandes cantidades, lo que aunado al polvo y partículas desprendidas arrastradas por el viento, contaminan la atmósfera. Lo mismo sucede con el agua subterránea, ya que el agua de lluvia infiltrada dentro de los residuos arrastra gérmenes patógenos y sustancias tóxicas que pueden dañarlo. Se sabe por ejemplo que a lo largo de estudios realizados por el D.D.F. y la UNAM, se detectó una pluma de contaminación generada en el tiradero de Sta Catarina, la cual se integró en el agua subterránea, afectando a un pozo cercano a este.
Ing. Francisco León Guzmán - leoguz6arrobahotmail.com
Director General de Manejo de Desechos Sólidos SEDAM.
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