Uno de los temas de debate que se están discutiendo en distintos
foros internacionales de estrategia empresarial, tal y como refleja el
artículo escrito por Michael C. Mankins y Richard Steele para la
Hardvard Business Review, titulado “Deje de hacer planes, comience a
tomar decisiones”, es el papel que ha de jugar la planificación
estratégica en el funcionamiento de la empresa actual.
Si bien todos conocemos el dicho que reza “Los planes se hacen para no
cumplirse”, el objeto del presente artículo no es contribuir a la
desmitificación de la planificación estratégica, sino todo lo contrario,
mostrar a la planificación estratégica, no como un conjunto de acciones
que debe desempeñar el ejecutivo de manera ineludible, sino como un
esquema coherente de actuación que debe permitir al empresario definir y
alcanzar unos objetivos razonables para su empresa, salvaguardando a la
misma, en la medida de lo posible, de las inestabilidades del entorno
empresarial.
La evolución del modelo empresarial de productividad al de
competitividad, y la evolución del “management” hacia la gestión por
procesos, donde el objetivo es optimizar cada proceso de la actividad
para satisfacer a la empresa en un mayor rendimiento global, hace que
parezca que el Plan Estratégico, tal y como se estructura en muchos
casos, resulte ineficiente para dar una respuesta adecuada a las
necesidades coyunturales de la gestión.
Sin embargo, modificar la estructura del Plan Estratégico no representa
una solución al problema que se nos presenta, sino más bien, un esfuerzo
inútil, puesto que, como decíamos anteriormente, la misión del Plan
Estratégico debe ser la de formalizar un esquema coherente de actuación,
en el cual los ejecutivos puedan tener la suficiente libertad de toma de
decisiones para garantizar el correcto funcionamiento de la empresa.
Y es en este punto donde surge la controversia, puesto que por un lado
hablamos de libertad de toma de decisiones y por otro de la necesidad de
contar con un Plan Estratégico que debe regir las actuaciones de la
empresa.
El Plan Estratégico es un documento vivo y cambiante, debido a que la
toma de ciertas decisiones hace que las circunstancias sobre las que se
redactó el plan inicial lo varíen hacia otro planteamiento, que podemos
llamar plan estratégico actual, que puede parecerse o no al
planteamiento inicial.
Si nos encontramos en una situación en la que han cambiado de manera
importante los objetivos estratégicos de la empresa, quedará claro que
estamos gestionando por criterios de oportunidad, que puede significar
que no hemos anticipado en el Plan Estratégico inicial una situación
coyuntural que ha podido ser excepcional, o simplemente que la reflexión
estratégica desarrollada por la empresa o no era correcta o ha sido
desestimada o no tenida en consideración por la organización.
Si el planteamiento simplemente ha cambiado el plan de acción de la
empresa, pero ha respetado sus objetivos estratégicos, podremos decir
que la toma de decisiones ha sido congruente con la planificación
estratégica.
Lógicamente, si la empresa en un momento determinado ha realizado el
esfuerzo de planificar su futuro para alcanzar unos objetivos concretos,
a priori es más interesante que haya conseguido mantenerse en el camino
para alcanzarlos, mediante la toma de decisiones adecuadas para ello.
Y es ahí donde radica la fortaleza del Plan Estratégico, en fijar la
importancia de los criterios de decisión, que a su vez es uno de los
aspectos prioritarios que señalan las diferentes técnicas
multicriteriales para la toma de decisiones.
Al manejar criterios de decisión que entran en conflicto entre sí, por
definición, el incremento en la satisfacción de uno puede implicar el
decremento en la satisfacción del otro(s), y en muchas ocasiones es
responsabilidad del ejecutivo el decidir sobre la importancia de unos u
otros, cuando realmente dichos criterios pueden venir definidos, si no
en su totalidad, si en líneas generales, en el marco del Plan
Estratégico, de tal manera que independientemente de las decisiones que
se hayan de tomar, podamos garantizar una orientación de las mismas
hacia el alcance de los objetivos estratégicos de la empresa.
Así, decisiones sobre las que haya que sopesar los valores de la
organización o las políticas de precio, distribución, etc… deben tener
su apoyo en el Plan Estratégico, que debe conformar uno de los pilares
de la dirección de la organización.
Evidentemente, como decimos, no resultará sencillo en todos los casos
fijar los criterios de actuación empresarial desde el marco de la
planificación estratégica y, desde luego, no se trata de facilitar la
toma de decisiones fijando monocriterios de actuación que luego no
conduzcan a la toma de las mejores decisiones.
Debemos ser conscientes de que habrá alternativas que sean incomparables
entre sí y otras que sean indiferentes o equivalentes para la toma de
una determinada decisión, pero está claro que la inclusión de criterios
de decisión en la planificación permitirá aunar los esfuerzos de la
misma con los de la gestión.
De este modo, si bien podemos considerar que la estructura del Plan
Estratégico puede ser la adecuada, también podemos considerar que su
contenido debe ir más enfocado a ser una herramienta que facilite la
toma de decisiones, que a ser un documento que profundice en planes de
acción a largo plazo, muy susceptibles de modificación.
Estrategia y Gestión de Negocios
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