Tarde o temprano quien se proponga triunfar descubrirá que su actividad, negocio y/o profesión lo coloca en la necesidad de tener que ocupar un estrado, un podio, una tribuna o simplemente tendrá que hablar con eficacia desde una mesa de reuniones para que sus ideas sean escuchadas.
Por ello es que cada vez más gente se da cuenta que es sumamente necesario Aprender a Hablar en Público o dicho de otra forma: Expresarse Eficazmente. En definitiva hoy por hoy es imperioso dominar el antiquísimo Arte de la Oratoria. “Habla para que te vea” decía el gran maestro Séneca.
¿Cuántas veces nos sucede que una idea brillante no luce porque no supimos expresarla debidamente? ¿Por qué nos aburrimos ante un discurso de alguien en quien reconocemos gran capacidad y sapiencia?. Las respuestas son muy sencillas: en ambos casos se carece de un verdadero domino de las habilidades que todo buen orador debe desarrollar, el manejo del discurso es nulo y se ignoran por completo las técnicas de acercamiento a la Audiencia. Podríamos decir, ante situaciones como esta, que quien habla no conoce lo que se ha dado en llamar: La Trilogía Oratoria. Es decir el perfecto desarrollo y domino del Orador, el Discurso y la Audiencia. Los tres elementos fundamentales para asegurar que la palabra se convierta en un motivador para la acción. Llegados a este punto podríamos definir a la Oratoria como un instrumento para mejorar la forma de comunicarnos, permitiendo “embellecer” nuestras expresiones y transmitir un mensaje mucho más elegante, claro y entendible. En la medida que el receptor recibe y comprende dicho mensaje la emisión del mismo ha sido exitosa.
Sin perjuicio de lo expuesto, podemos decir que la Oratoria es más que la transmisión de una idea clara, ya que es una herramienta para forjar voluntades, es decir ya no basta con que el receptor de nuestras palabras reciba y comprenda el mensaje, sino que además esperamos provocar una reacción en él, influyendo en su conducta e invitándolo a la acción. Por tanto la Oratoria nos puede ayudar a orientar las decisiones y acciones del escucha, acorde al objetivo que nos hemos propuesto.
Plutarco, al contar la vida de Cicerón (el gran orador y cónsul de
Roma) nos dice que él sostenía que sólo es excelente orador el que a la
vez: Instruye, Deleita y Conmueve. Si ampliamos esta magnífica
definición podemos arribar a lo siguiente:
• Instruir: transmitir conocimientos nuevos a quien los ignora
• Deleitar: proporcionar solaz (descanso placentero) con la palabra, lo
cual puede lograrse con la profundidad o la tenuidad del pensamiento, la
nobleza de los propósitos, la elegancia de las formas, la agudeza del
decir, la novedad del caso o la rareza de la argumentación.
• Conmover: suscitar en el ánimo de los oyentes nuevos sentimientos,
despertar los que están adormecidos o latentes y enfervorizar los
anteriormente despiertos y encendidos.
Sólo nos falta para lograr un concepto terminado la idea de persuasión.
Así a nuestro entender el Buen Orador debería, además de las acciones
expresadas en los tres puntos anteriores, poder persuadir a su
audiencia, entendiendo como tal la capacidad de lograr en el escucha un
convencimiento tal que provoque en él una reacción inmediata. El vocablo
Persuadir deriva de “Suados” que significa: “atraer el alma de quien
escucha”. La Oratoria puede ser una herramienta para lograr llegar hasta
el corazón mismo de los que reciben nuestras palabras.

En síntesis podemos asegurar que la Oratoria nos puede ayudar a:
vencer la timidez, que en no pocos casos es el disfraz con que se
encubre la ignorancia o bien la inseguridad; aprender el método sobre
como desarrollar y expresar una idea, practicar la serenidad y aprender
a escuchar hasta lo que no nos gusta o es considerado inaceptable,
ejercicio de gran utilidad para dominar los impulsos propios negativos y
la tendencia a coartar el libre ejercicio de la palabra de los demás y
finalmente nos permite ejercitar una técnica que asegure una expresión
eficaz y persuasiva.
Para concluir podemos decir que La Oratoria es un arte, práctica
dirigida a persuadir. Y aunque el fin de la misma consiste en la
búsqueda de los medios para persuadir a través de la palabra oral, dicho
arte mejora a quien lo cultiva, desarrolla la inteligencia, da un
señorío verbal y nos permite expresarnos con soltura y elegancia; por lo
tanto de un tímido hace un hombre decidido y en definitiva por la
oratoria el hombre se perfecciona.
Estimados lectores: Parecería que cada vez más se relega la palabra, y
al decir de Jaime Etcheverry la información instantánea y enlatada goza
de un inusitado prestigio, sin embargo, no debemos permitir la “Pérdida
de la Lengua y el Ocaso del Debate”, tengamos presente que una de las
principales características que nos diferencian de los animales es el
don del habla, no permitamos que se pierda, que se mancille o se
lesione, volvamos como los antiguos a hacer un culto de las ideas y un
monumento a su forma más clara de expresión: La Palabra.