En la mítica Universidad de Stanford, corazón intelectual de Silicon
Valley con Jorge Nascimento Rodrigues, en la oficina de Paul Romer en el
Management Center. Versión Web original de la entrevista publicada en
Ideias & Negócios
JORGE NASCIMENTO RODRIGUES:- ¿Qué cambió en el pensamiento económico?
PAUL ROMER: - Mucho. Hubo una Revolución del Soft, como yo la llamo. O
sea, se dio el reconocimiento de que los 'activos' que designamos hoy en
el lenguaje común como 'soft' o 'intangibles' son los bienes económicos
más importantes. ¿Quién era, antes, la niña mimada de los economistas y
de los políticos? Eran la tierra, el petróleo, el acero, las fábricas,
las máquinas, etc.. El caso de la URSS fue típico en este paradigma -
llevó al extremo este pensamiento y creyó que vencería al capitalismo
industrial compitiendo en este campo hasta el límite. Era una manera
tonta de crecer y enriquecerse. Cayó redondamente. Falló. Fue tomada por
sorpresa por la revolución soft. Nosotros ya no pensamos más en términos
de acumulación de más cosas - sean ellas recursos naturales o máquinas
o, incluso, personas - como clave para el crecimiento.
J.N.R.: - ¿Y cuál es el secreto de esa revolución soft?
P.R.: - La lección más importante de este abordaje nuevo es que el
crecimiento económico ocurre cuando las empresas, los emprendedores y
los innovadores en general, descubren e implementan nuevas fórmulas y
recetas. Eso fue un cambio de visión del problema... incalculable. Los
propios economistas, hombres de negocios en general y los políticos
están pasando por este cambio fundamental en la concepción de la
economía.
Presentando al futuro Nobel
Romer es una leyenda en el mundo cerrado de la teoría económica. El
viejo Peter Drucker, el "padre" de la gestión, ya lo catapultó como
candidato al Premio Nobel de Economía y gurús de primera línea, como
Michael Porter, Alvin Toffler, o su polémico colega Paul Krugman, no se
cansan de citarlo. La celebridad que este economista, de poco más de 40
años, tiene entre sus pares, se disparó porque su tesis de doctorado, al
comienzo de los 80, modificó del día a la noche la idea que los
economistas y los políticos tenían sobre la política macro-económica.
Caricaturizando, los hombres de que dirigen los gobiernos y los teóricos
que los influenciaban por detrás reducían la buena gestión de los
negocios públicos a la política monetaria y fiscal, al incentivo a la
acumulación del capital fijo o al fomento de obras públicas en tiempos
de crisis.
En el doctorado que hizo en 1983, Romer argumentó que el descubrimiento
científico, el cambio tecnológico, la innovación y el crecimiento del
factor productividad total (una palabrota que significa más que el
concepto de productividad de las máquinas o de los trabajadores a los
que estamos habituados) debían ser puestos en el centro del análisis
económico y - en lo que más directamente nos toca a nosotros, ciudadanos
que no percibimos nada de las 'economías' - en la médula de la política
económica nacional.
Así nació lo que se designó como 'nueva teoría del crecimiento'. El
término nueva fue usado para subrayar que el entendimiento sobre el
crecimiento económico pasaba a tener como su motor aquello que los
contadores llaman 'intangibles'. O sea, son cosas como nuevas ideas,
nuevos métodos, nuevas fórmulas, nuevas recetas que permitieron, a lo
largo de la Historia Humana, el crecimiento. Este no es provocado por
‘más de lo mismo’, sino por una manera diferente de crear valor, como se
dice ahora en la jerga de la gestión.
Y este nuevo entendimiento ideológico sobre el secreto del crecimiento
al que Romer designó, en esta entrevista, como la 'Revolución Soft'. El
soft finalmente tomó el comando de la economía real emergente (la que
muchos llaman ‘economía digital’ y otros ‘nueva economía’) y de las
ideas económicas que tenemos en nuestra cabeza. "Los economistas, los
hombres de negocio y los propios políticos están pasando por un cambio
fundamental en su visión de la economía", nos resalta este economista,
cuya fama no cambió la simplicidad y la afabilidad que transpiran de una
buena conversación de horas en su oficina en Management Center, situado
casi a la entrada del 'campus' de la Universidad de Stanford, en pleno
Silicon Valley.
Para finalizar esta introducción a la entrevista que nos concedió,
pintemos el perfil académico del hombre en trazos rápidos. Paul Romer se
licenció en la en la Universidad de Chicago donde estudió matemática y
física. Estuvo en el Massachusetts Institute of Techonology, en Boston,
y se doctoró en Chicago en 1983. Un su "paper" de 1990 sobre 'El cambio
tecnológico endógeno' publicado en el prestigioso Journal of Political
Economy (www.journals.uchicago.edu/JPE), y mucho traducido, es una buena
referencia de lectura para quien tenga estómago para la teoría económica
"dura". Dio clases en Chicago, en la Universidad de Rochester y en la
Universidad de California en Berkeley. Desde 1996, es Profesor de
Economía en la Graduate School of Business de Stanford, donde lo fuimos
a encontrar por la segunda vez. Este año recibió el más alto galardón de
la escuela de la escuela de gestión donde enseña, el 1999 Stanford
Business School's Distinguished Teaching Award.
Artículo clave sobre la nueva teoría del crecimiento
'Endogenous Technological Change', publicado en Journal of Political
Economy, Nro.98, de octubre de 1990, pags. 71 a 102 . Acceda al Journal
of Political Economy en www.journals.uchicago.edu/JPE
Obs: Sólo están disponibles on line las ediciones del JPE a partir de
1996
Traducciones en: 'Progrés Technique Endogéne', en los Annales d´Economie
et de Stastistique, n¼ 22, 1991, pags. 1 a 32 'El Cambio Tecnológico
Endógeno', en El Trimestre Económico, LVIII (3), Julio-Septiembre de
1991, pags. 441-480
J.N.R.: - ¿La economía empieza en nuestra cabeza, es eso?
P.R.: - [risas] La parte más profunda de la actividad económica, por más
paradójico que parezca, está en el descubrimiento de las tales nuevas
fórmulas. Y ese 'imput' es puramente humano, fruto da nuestra materia
gris. En Silicon Valley hay dos conceptos que expresan bien este
mecanismo. Aquí se habla de software y de wetware - hardware. Este
último término muy usado por aquí, todo el mundo sabe qué es. El
software son las fórmulas después de codificadas y aplicadas. El wetware
representa el tal 'imput' original humano. El proceso de conocimiento en
general es la transición del wetware al software.
J.N.R.: - Eso es un poco como el pasaje del conocimiento implícito al
explícito, en el lenguaje de los adeptos de la gestión del conocimiento
("knowledge management", en el original)?
P.R.: - En los términos que está usando, sí. Alguien pensó hacer una
cosa de modo diferente – porque en la cabeza de esa persona surgió que
podría hacerlo así. Pero, muchas veces, ni se da cuenta de la
importancia de eso. Eso es una pieza del tal wetware. Pero cuando él y
otros se dan cuenta de la importancia de esa novedad, la codifican e,
incluso, pueden explicarla a otros. Es aquí cuando se transforma en
software, que pode ser usado y reusado, en un mecanismo que crea
continuamente valor. Esta lógica es algo enteramente nuevo.
J.N.R.: - ¿En qué sentido?
P.R.: - Este potencial para ser reusado sin cesar hace del software un
activo con un cariz radicalmente diferente de los otros activos.
Primero, porque aquí no hay escasez. En la realidad, hay un potencial de
descubrimiento ilimitado de nuevas ideas. Segundo, el número de gente
que lo podrá usar es infinito y podrá hacerlo, incluso, en simultaneo.
Se da la oportunidad de una expansión enorme.
Muchos hablan de esa nueva realidad como una ‘nueva economía’, porque,
entretanto, emergieron una serie de nuevos sectores económicos en el que
el tal 'soft' es rey.
J.N.R.: - ¿Aconseja a sus alumnos a usar el término?
P.R.: - En términos generales, no. En rigor, no. Yo no uso el término
‘nueva economía’. Está de moda, pero yo no lo recomendaría a mis
alumnos. Muchas cosas de la tal ‘vieja’ economía continúan – las crisis,
la inflación, etc. Incluso con el rapidísimo cambio tecnológico no
murieron, a pesar de que mucha buena gente lo pretendió. Las
innovaciones y los descubrimientos siempre fueron muy importantes a lo
largo de los siglos en el crecimiento económico. No son un hecho nuevo.
J.N.R.: - Entonces, ¿qué es lo nuevo realmente?
P.R.: - Lo que sucedió fue un proceso ideológico, como ya le referí
antes. Las personas ahora están percibiendo mejor el problema. De lo que
se trata es de que se está imponiendo un nuevo modelo mental. ¡No fue la
realidad económica esencial lo que cambió, sino nuestra cabeza! Pero
esta percepción, este cambio mental, se da, sin duda, más en los Estados
Unidos que en Europa. Es obvio que mucho de lo que los propagandistas de
la 'nueva economía' dicen es pura exageración, pero algunas cosas son
motivadoras y entusiasmantes. Yo diría que cuando escogen la agit-prop
son óptimos, el problema es cuando quieren ser economistas. Cuando se
ponen en economistas, caen en necedades. [risas]
J.N.R.: - ¿La capacidad de tener gente dentro de la empresa produciendo
sistemáticamente ese "wetware" del que hablo y transformándolo en
software es la esencia de lo que hoy se intenta contabilizar como
'capital intelectual'?
P.R.: - El capital intelectual es, más o menos, como la cuestión de la
‘nueva economía’. Está de moda. Yo tampoco aconsejaría a mis alumnos a
usar el término. Pero depende de lo que se entienda. Las empresas más
avanzadas, cuando hablan de gestión del conocimiento, están hablando de
procedimientos internos, los voceros del capital intelectual hablan de
él por otra razón – pretenden movilizar a los inversores y a los
accionistas. Son propósitos diferentes. El primero – de la gestión del
conocimiento - sinceramente me parece más serio. [risas] Hablando ahora
sin bromas: el capital intelectual tiende a sugerir que podremos usar
procedimientos de contabilidad en este campo. El problema es que la
diferencia que hay entre el tal software del que hablo y los otros
activos con que se lidia en la empresa conducen a que mucha de esta
‘artillería’ de contabilidad sea totalmente inapropiada.
J.N.R.: - Una de las nuevas tales ‘leyes’ de las que se habla en la tal
‘nueva economía’, es la de la conveniencia de permitir situaciones de
monopolio a quien consigue ser el primero en controlar ese software
(haya sido o no o su creador original) y tener a los clientes cautivos a
su uso. Además, me viene a la memoria el caso de Microsoft y, en el
futuro, probablemente haya otras. ¿Cuál es su opinión?
P.R.: - Eso tiene que ser bien examinado. Es necesario un análisis no
apasionado. Lo que Microsoft hizo históricamente fue explorar una serie
de innovaciones de otros y masificarlas - y abaratarlas – en el marco de
una plataforma. Ese es el lado positivo del tal monopolio.
J.N.R.: - Eso es lo que ya algunos llamaron, a la teoría de Microsoft
como Robin de los Bosques de la Sociedad de la Información...
P.R.: - [risas] Bueno, el análisis correcto es saber, al final, lo
siguiente: ¿el tal monopolio, alienta o no el cambio, la innovación? Hay
razones para que nos preocupemos con la cuestión pues, el mercado por sí
mismo, podrá no incentivar la innovación. El problema de fondo es saber
si Microsoft se transformó en algo tan dominante que impide la
innovación en el mercado. Creo que siempre es preferible un ambiente en
que varios Bill Gates del futuro puedan nacer. Gente que, por lo menos,
tenga una chance, tenga o no éxito después. Donde no hay entrada de
otros, donde no hay renovación del tejido empresarial [enfatiza Romer],
no hay innovación competitiva, eso es una certeza económica.
J.N.R.: - Lo que nos lleva a la cuestión de la importancia de fomentar
el espíritu emprendedor. La euforia actual de hoy lleva a pensar que es
más fácil hoy ser emprendedor. ¿Es así?
P.R.: - Es verdad que es más fácil hoy lanzar nuevas empresas. Hay
muchos jóvenes salidos de escuelas con el MBA queriendo crear sus
propias empresas en lugar de pensar en mejorar un curriculum para entrar
en una gran empresa o en un banco. Hay señales claras de esta cultura de
la ‘start up’. La propia enseñanza se tiene que adaptar a esa tendencia.
J.N.R.: -¿Pero, cómo?
P.R.: - Lo esencial en un período de estos es formar personas bien
capacitadas para explorar las oportunidades del mercado. La enseñanza
debe volverse hacia la ‘producción’ de este tipo de gente. Y ahí están
fallando las Universidades.
Yo creo que el desafío es crear, en el próximo siglo, nuevas
instituciones para formar esos innovadores y emprendedores. Poner más
dinero en lo que ya existe es errado.
Lo que es indispensable es crear nuevas instituciones.
J.N.R.: - Pero profesor, usted es parte integrante de la actual
Universidad...
P.R.: - Las Universidades actuales fueron creadas, sobre todo parar
formar profesores, no innovadores.
Jorge Nascimento Rodrigues es editor de Gurusonline y de JanelanaWeb. Publicada en Mujeres de Empresa bajo el título Paul Romer afirma que el gran cambio ocurrió en nuestra cabeza 2. Mayo 01 y distribuído bajo una Licencia Creative Commons.
http://www.mujeresdeempresa.com/ebusiness/ebusiness010501.shtml
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