Este hecho que no deja de ser ventajoso nos enfrenta ante la gran
responsabilidad de tener que planificar y prepararnos más para el
futuro. Entonces nos preguntamos ¿qué queremos hacer en los próximos
diez años?, y esta pregunta no implica un mero ejercicio de futurología.
Se podría objetar con absoluta razón que en este mundo tan cambiante e
incierto y particularmente en nuestra Argentina actual, es por demás
difícil imaginar y predecir nuestras actividades y proyectos para los
próximos 6 meses. ¿Cómo podríamos entonces estar planificando a diez
años?. Es cierto, pero también lo es el hecho de que, si no empezamos
por imaginar lo que deseamos, difícilmente sepamos hacia dónde ir.
Cuando uno empieza a pensar en un proyecto, ya está situado en otro
lugar: Pro, hacia adelante, yección, estar en movimiento, no quieto/as.
Es la persona, incorporando sus recursos, sus habilidades, sus
conocimientos, su historia, lo que hace posible comenzar a generar una
visión de futuro creíble, posible.
Conozco el tema, en primer lugar por que lo he experimentado por mí
misma y luego, porque pude acompañar el proceso de muchas mujeres que
nunca imaginaron que algún día realizarían los proyectos que ahora están
emprendiendo.
"Estuve toda una noche sin dormir, dando vueltas sobre lo que quería y
podía realizar y ya lo tengo", me dijo un día Inés, analista de sistemas
y especialista en medio ambiente, quien a los 50 años comenzó con su
proyecto de servicios de consultoría y asesoramiento a empresas sobre
temas de impacto ambiental.
Por supuesto, el camino no fue fácil, tardó más de un año desde que ese
sueño imaginado en una noche de insomnio pudo concretarse.
Que los trabajos cambien no significa que la persona cambie. Quizás
cuando comenzó sus estudios universitarios, Inés pensó que iba a
trabajar en una gran empresa y ahora se encuentra sentada frente a un
pequeño escritorio ofreciendo sus proyectos a clientes.
Esta es quizás una de las diferencias más significativas entre trabajo y
carrera. Trabajo, es lo que uno hace con sus días, carrera lo que uno
desarrolla durante su vida. El título profesional, nos da la señal, la
credencial y el conocimiento, al que luego deberemos incorporar nuestras
habilidades y talentos personales.
Tomar la decisión de anclar la carrera profesional en algo que uno
valora, es el primer paso para comenzar a transitar un camino que tendrá
muchas vueltas y seguramente no será recto ni directo. La mayoría de las
veces, no sabremos qué vendrá después. Algunos pueden actuar en ambos
frentes simultáneamente: "Trabajo en una corporación como asistente
ejecutiva y mi tiempo libre lo dedico a planear mi proyecto de capacitar
jóvenes atletas", comentó Irina, entrenadora y profesora de educación
física.
"Sigo dando clases en la facultad, pero ahora todas mis energías están
puestas en armar la Libroteca, envío de libros por pedido y café
cultural. Es el proyecto al que más tiempo le dedico", afirmó Marcela,
socióloga especialista en educación.
Otras, necesitan abandonar la vieja silla para comenzar a pensar nuevas
alternativas y decidir cuál es la nueva silla que quieren ocupar:
"Después de 10 años de estar alejada de todo, me cuesta imaginar algo
para lo que yo puedo servir y que además me permita ganarme la vida",
señaló Liliana, traductora de inglés dedicada a dar clases particulares
de ese idioma, y fundamentalmente a las tareas del hogar.
Handy, afirma que nos dirigimos a un mundo de elefantes y pulgas. ¿Por
qué no empezamos a pensar dónde queremos anclar nuestras carreras?.
Competir.com Publicado en Mujeres de Empresa 1.Marzo.02 y distribuído bajo una Licencia Creative Commons.
http://www.mujeresdeempresa.com/management/management020301.shtml
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