El mundo en que vivimos está mostrando signos de complejidad a los
cuales no pueden dar respuesta nuestros métodos tradicionales. Del mismo
modo, hay mujeres que están fallando en sus intentos de adaptarse al
cambio.
La solución es incrementar la resiliencia en Ud misma y en aquellas a
quienes Ud dirige, ya sean sus hijos o como gerenta de una organización.
Este patrón de resiliencia lo definimos como la habilidad de
demostrar al mismo tiempo fuerza y adaptabilidad al enfrentar un
desorden que nos amenaza; es decir el sistema interno de orientación que
las personas utilizan para reorientarse cuando pierden el rumbo como
consecuencia de los vientos del cambio.
¿Somos más resilientes las mujeres que los hombres? Tal vez la misma
naturaleza, que nos ha permitido la maravilla de la gestación y el
parto, nos hace más flexibles, más capaces de adaptarnos y resistir los
efectos desvastadores del cambio.
El éxito en los complejos mercados y en los turbulentos escenarios
actuales exige que incorporemos una serie de habilidades a nuestro banco
de recursos personales. Conducir el cambio es sólo una de esas
habilidades, pero se ha transformado en el elemento crucial del
liderazgo.
Muchos especialistas en el tema del cambio coinciden en afirmar que las
líderes que han implementado cambios exitosos en sus familias o en sus
empresas, cualquiera sea el lugar donde vivan o el tamaño de la
organización que dirigen, desarrollan las mismas emociones básicas,
conductas y actitudes frente a la crisis que deben enfrentar.
Cualquiera sea la idiosincracia cultural de una mujer, observan que el
factor más importante para conducir el cambio es dicha flexibilidad de
la cual hablamos, es decir, la habilidad de absorver altos niveles de
cambio desarrollando el mínimo de conductas disfuncionales.
Entonces, en lugar de analizar el cambio como un hecho negativo y
misterioso, nos aproximamos a él considerándolo un proceso comprensible
que puede ser conducido según nuestros propios objetivos. Evitamos
sentirnos víctimas del proceso de transición. Esta perspectiva promueve
la confianza en nosotras mismas y la convicción que el cambio puede ser
planificado y ejecutado con inteligencia.
Lo primero que debemos vencer son nuestros prejuicios frente al cambio,
o las visiones míticas respecto a él. Por ejemplo:
La eficiencia organizacional y la rentabilidad decrecen inevitablemente
cuando una empresa inicia un proceso de cambio;
Aquellos que nos ayudan a implementar los cambios son héroes, y los que se resisten son villanos;
La alta dirigencia empresaria es naturalmente insensible a los problemas causados por la implementación del cambio;
La mujer se adapta a los cambios mejor que el hombre y viceversa;
Los empleados siempre resisten cualquier cambio que sea bueno para el
negocio.
Con respecto a este último mito conviene advertir que la cantidad de
tiempo que una persona invierte en su trabajo y el impacto que su tarea
tiene sobre su vida, transforma el lugar de trabajo en un ámbito ideal
para el desarrollo de las habilidades relacionadas con la flexibilidad.
Efectivamente, la empresa puede transformarse en un aula para el
aprendizaje de la flexibilidad, que luego puede ser aplicada a otros
aspectos de la vida personal.
Para realizar esta tarea se necesitan gerentes con liderazgo efectivo,
capaces de generar conductas diferentes en aquellas personas a quiénes
guían.
Por lo tanto, el desafío que enfrentamos no consiste sólo en determinar
qué aspectos del trabajo deben hacerse de otra manera, sino demostrar
cómo ejecutar las nuevas decisiones de forma que sea posible obtener el
máximo beneficio.
Una líder debe tener siempre presente que una decisión correcta no es
suficiente para compensar una pobre implementación de la misma. Decisión
y ejecución eficiente son dos caras de una misma moneda.
Al mismo tiempo, las mujeres con liderazgo efectivo respetan la
velocidad de cambio de las personas a quienes conducen. ¿Qué significa
esto?
Así como ciertas personas caminan más ligero, piensan más rápido y
muestran emociones con mayor facilidad que otras, también asimilan el
cambio de manera diferente. Cuando tratamos de asimilar mayores cambios
de lo que nuestra velocidad óptima permite, generamos un conflicto y
enfrentamos serias dificultades.
Para cambiar es necesario desaprender y aprender algo nuevo; el ritmo de
aprendizaje de cada persona es diferente, es lo que en educación
llamamos "el tiempo de cada persona". Las organizaciones también tienen
sus tiempos, cambian y aprenden más lentamente que los individuos, y la
humanidad en su conjunto evoluciona a un ritmo aún más pausado. Este es
el sentido de "tiempo histórico", que también es necesario analizar para
comprender el cambio.
Nuestras vidas son más felices y nuestro trabajo más eficiente cuando
cambiamos
a una velocidad que nos permite asimilar correctamente todas las
transformaciones que debemos enfrentar.
La Lic. María Adela Contreras es Graduada en Ciencia Política estudió Ciencias de la Educación y se especializó en Gestión de Salud. Se desempeña en la conducción del Area de Gestión en Salud de UADE Senior y como Coordinadora de Seminarios para Gerentes Argentinos de Salud en la Universidad de Harvard. Publicado por Mujeres de Empresa bajo el título: Gerenciando a la velocidad del cambio 3. Marzo. 00 y distribuído bajo una Licencia Creative Commons.
http://www.mujeresdeempresa.com/management/management000302.shtml
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