Muchas veces, los planes que proyectan las empresas son correctos,
pero existen enormes brechas para su implementación, la forma de llevar
a cabo estas programaciones y el buen plan termina fallando por la falta
de personas que lo ejecuten correctamente. En esta ocasión, quisiera
citar tres hábitos de la dirección que son fundamentales al momento de
implantar un proceso de planificación estratégica y que resultan de gran
valor en la practica cotidiana de la gerencia:
Hábito de los resultados
Fijar metas claras, definir indicadores precisos de los objetivos
trazados y evaluar a las personas por los resultados, es un hábito que
hace más productiva a la gerencia y a los empleados. Frecuentemente, la
aplicación de este hábito se ve minimizada y afectada por el compromiso
y el trabajo de los gerentes, generando un dilema entre el trabajo
intenso cargado de jornadas largas versus la ineficiencia de la gestión.
Muchas veces los directivos no son capaces de definir con claridad un
grupo de objetivos para que su personal los cumpla, ocasionándose la
falsa idea de que definir tres a cinco objetivos es poca actividad
laboral y suele verse por los mismos gerentes como poca exigencia. Sin
embargo, la realidad muestra que muchos gerentes ofrecen escasos
resultados a pesar de los grandes sacrificios laborales que realizan.
Esto termina generando una situación de complicidad entre la alta
dirección que termina aceptando trabajo deficiente de sus gerentes en
cuanto a cumplimiento de objetivos, a expensas de un sacrificio
gerencial que realmente gratifica la improductividad. En otras palabras,
se beneficia a trabajadores esforzados (en tiempo de trabajo y
fidelidad) pero sin resultados tangibles.
Hábito de la delegación
La acción de delegar consiste en facultar a un subordinado para ejecutar
tareas de menor jerarquía y responsabilidad y de esta manera no solo se
potencia al personal en desarrollo, probándolo y apoyándolo para que se
entrene en la toma de decisiones de mayor responsabilidad, sino que
además permite que gerente pueda destinar tiempo para labores que
agreguen más valor a la empresa y que sean más estratégicas.
Lamentablemente, conspiran contra esta práctica la idea de que el
gerente debe controlar todo directamente en un afán de hacerse
impresindible y de cuidar el puesto, ante el temor de que si delega los
aspectos operativos la empresa puede presindir de sus servicios.
Es sobre este pensamiento que muchos gerentes utilizan gran parte de su
tiempo en labores repetitivas, burocráticas de poco valor agregado que
impiden los avances de los planes por el escaso tiempo que disponen los
gerentes en desarrollar los planes definidos en la planificación
estratégica. Es común ver como los planes importantes de las empresas se
detienen o avanzan muy lentamente porque los gerentes están atrapados en
el día a día, en infinidad de aspectos irrelevantes de gran operatividad
y que no se han sabido delegar por los paradigmas que dominan las
empresas.
Hábito de las prioridades
Definir prioridades es un hábito clave para la mejora y el logro de
resultados en el mundo empresarial. Tener cultura de llevar data y
atacar los aspectos vitales y no los triviales es una excelente práctica
que ayudará a la gerencia ha hacerse más eficiente y no distraerse sobre
los aspectos irrelevantes del negocio.
El Dr. Edwards Deming importante consultor de la calidad total decía:
“llevar los hechos a datos” esta expresión que pretendía valorar la toma
de decisiones sobre datos que permitieran no equivocar el rumbo, tiene
una expresión común que es el famoso “Diagrama de Pareto”. Explica que
pocas causas ocasionan la mayoría de los efectos, el famoso 80/20 o lo
que frecuentemente se encuentra en los negocios que por ejemplo el 80%
de la facturación es producto de sólo el 20% de los clientes o por
ejemplo que el 80 % de las fallas es ocasionada por el 20% de las
causas, etc.Muchas veces los planes definidos no marchan al ritmo que se
espera porque la gerencia no trabaja con las prioridades adecuadas y no
existe cultura de información y datos que sustenten las prioridades. El
hábito de las prioridades cada día recobra más importancia, cuando el
tiempo es escaso al igual que los recursos y en consecuencia es muy
importante enfocar sobre aspectos vitales que permitan avanzar a mayor
velocidad y poder cumplir con los planes establecidos.
Finalmente, para que una empresa pueda enfrentar los nuevos rumbos, no
solamente hace falta un plan estratégico que evalúe el mercado y todas
sus oportunidades y amenazas, sino que será tan importante como lo
primero que la gerencia realice las actividades especificas, ejecute las
tareas y se enfoque en los avances de los objetivos. Es en esa medida
que estos tres hábitos gerenciales recobran especial interés para lograr
ir más allá de las palabras y cumplir los programas diseñados en la
planificación estratégica.
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