Tomar decisiones y delegar, es una habilidad que los gerentes están en la obligación de desarrollar.
Cualquier decisión tomada en el universo, mientras exista humanidad,
va estar sujeta a la crítica, al análisis, a la contradicción, a la
burla, a la aceptación o a la diferencia, entre otras muchas reacciones.
El punto es que estos ingredientes siempre estarán allí, no importa que
tan hábil, generoso, carismático o estricto sea el gerente y tampoco
importa si dijo si o no, siempre estará su respuesta expuesta en la
palestra. Sin embargo lo que realmente marcará la diferencia es la
decisión. Esto es lo que realmente lo identificará como líder, me
refiero a una decisión consecuente, una decisión que esté seguida de
acciones. Una decisión incluye riesgo, incluye movimiento, incluye
acción, pero también incluye razones, las cuales no pueden en ningún
momento, por el cargo de liderazgo que se representa, estar soportadas
en un beneficio personal o en un favoritismo individualizado.
El tomarla, me refiero a una decisión, no solo imparte respeto hacia el
subalterno, hacia su tiempo, hacia su corazón, hacia su entorno, hacia
su futuro y hacia su desarrollo profesional, sino que implícitamente se
construye un espiral de construcción o destrucción, el cual si es
construido por la indecisión, no hay lugar a ninguna decisión que pueda
detenerlo.
La falta de decisión, es decir la indecisión, la demora de la misma, en
cualquier aspecto de la vida, empobrece, empequeñece, minimiza, frustra,
desanima, coarta el desarrollo, paraliza, inmoviliza, y desperdicia
sentimientos.
NO!!, también es una respuesta y hace menos daño que la indecisión, en
el caso de que esta no fuera la respuesta indicada o la esperada por la
contraparte. Incluso si el NO fuera la respuesta correcta, después de
demorarla, manejarla o sencillamente enlistarse en el comportamiento de
indecisión, esta tendrá un efecto negativo, incluso, repito, si fuera la
acertada.
Es importante entender que este discurso no significa, no planear, no
analizar, no considerar escenarios y lanzarse sin medida a dar cualquier
respuesta. NO!.
Precisamente el liderazgo integral incluye un ingrediente de experiencia
o intuición, lo que permite actuar al líder de manera rápida, valorando
el tiempo de todos. Un líder también es responsable del tiempo, no solo
suyo, sino el del entorno al que afecta, por lo tanto su decisión debe
incluir velocidad.
En los estudios realizados, he descubierto que algunos líderes,
(posiblemente no este bien usado el término en este caso), cuando se
trata de decisiones que no comparten, prefieren disipar la decisión,
evadirla, obviar a sus subalternos y aparentemente delegar
responsabilidades en terceros que no vienen al caso, pero sin acción
consecuente.
Este comportamiento, no solo hace daño al mismo líder, sino a su entorno
y a su comunidad, por la posición que este representa.
Sin embargo, aunque considero la indecisión o evadir una respuesta, de
las causas más dañinas de las estructuras gerenciales, algo que puede
causar un daño tan igual o mayor es el cambiar de opinión con
frecuencia, es decir el SI y NO simultáneo, el asignar mismas
responsabilidades a diferentes subalternos y algo realmente dañino, el
expresar verbalmente una respuesta y con las acciones demostrar lo
contrario.
Históricamente se ha podido demostrar que son las acciones no
consecuentes, no soportadas o dilatadas en el tiempo, una causa
fundamental del origen de movimientos de oposición en cualquier estadio
de la vida.
Me permito concluir y resaltar este texto, expresando que el decir NO,
de manera consecuente, ante una solicitud de respuesta, también es una
respuesta, posiblemente en esta se cargue un ingrediente adicional de
coraje y valor que la actitud de evadir la misma.
Es entonces la integridad, carácter y habilidad del líder o gerente, las
que serán expuestas en una situación de este tipo.
El líder no es el que más sabe, es el que tiene la habilidad de saber en
donde esta el conocimiento que necesita y tomarlo en el momento
apropiado.