La dilapidación de los recursos naturales y creciente deterioro del medio ambiente, el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono, las lluvias ácidas, la contaminación atmosférica transfronteriza, la pérdida de la biodiversidad y la pérdida de la diversidad cultural son los temas de mayor relevancia en la gestión medioambiental de las empresas y de los gobiernos.
Las lluvias ácidas (NOx y SOx), el cambio climático (CO2, CFC, CH4,
O3 y NO2) y la destrucción de la capa de ozono (CFC,
clorofluorocarbonados) generan el cambio ambiental global que amenaza
con destruir el planeta tierra; hogar de la humanidad: el hombre estaría
destruyendo su propio hogar.
Perú es uno de los países con mayor diversidad ecológica en el mundo,
ecología que estamos contaminando con los gases contaminantes. Los gases
contaminantes y de efecto invernadero más comunes son el dióxido de
carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O ), perfluoro carbonados
(CxFx), hidrofluorocarbonados (HFCs) y el hexafluoruro de azufre (SF6).
Obviamente, la contaminación afecta el suelo, el agua y el aire.
Perú; país dotado de un extenso y variado territorio con una enorme
cantidad de recursos naturales es rico en diversidad ecológica además de
su diversidad cultural; activos valiosos de la nación peruana que
estamos obligados a preservarla y desarrollarla. Sin embargo, estos
recursos no han sido usados para desarrollar una economía sostenible y
diversa. Históricamente, siempre tuvimos un patrón según el cual un
determinado recurso desencadena un auge económico que es rápidamente
seguido por la reducción de los recursos y el colapso: guano de las
islas (1850-1870); salitre (1860-1870); el caucho (1980-1910); la
anchoveta (1960-1970); el sector agroindustrial (1890-1969), hasta la
reforma agraria de 1969 que redistribuyó la propiedad de la tierra que
destruyó la agroindustria. Las actividades mineras permanecieron como el
pilar de la economía nacional desde la colonia hasta la fecha no exenta
de problemas como el caso de la reducción de la producción a fines del
siglo dieciocho o la caída de los precios en otros casos.
Los retos ambientales para Perú son reducir la frecuencia de males
transmitidos por el agua, enfermedades causadas por la contaminación
atmosférica urbana y minimizar la vulnerabilidad a los desastres
naturales. Estas categorías de daños al medio ambiente tienen un costo
económico del 3,9% del PBI.
Los impactos en la salud ambiental a menudo tienen repercusiones más
severas para los más pobres que para los que no los son; así como que
los impactos y desastres naturales pueden generar pérdidas de ingresos o
de bienes más perjudicial para los más pobres. Así; la degradación
ambiental constituye una barrera creciente para reducir la desigualdad
en la sociedad; a mayor degradación, mayor desigualdad social en la
nación.
La contaminación atmosférica urbana tiene severos y negativos impactos
en los ingresos de los más pobres; alcanzan el 75% y 300% de impacto
negativo en los pobres que en los que no lo son; al igual que las
enfermedades transmitidas por el agua no tratada o contaminada son más
altos para los más pobres.
SOSTENENIBILIDAD Y RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL
El desarrollo regional y lucha contra la pobreza dependen del grado de
competitividad de las empresas regionales. La sostenibilidad o
precariedad de las acciones de gerencia así como la gestión y dirección
empresarial, sea en el ámbito público o privado, dependen de la
eficiencia y eficacia de de las prácticas de un buen gobierno
corporativo y de las responsabilidades sociales empresariales
desarrolladas en la organización (empresa o burocracia). Es decir; el
desarrollo de una visión de la sostenibilidad empresarial depende de las
prácticas de un buen gobierno corporativo y de la responsabilidad social
empresarial.
Allende, en décadas pasadas; la responsabilidad social de la empresa
podía medirse en el nivel de su rentabilidad así como en la generación
del empleo. Hoy y, mucho más en el futuro, la responsabilidad social de
la empresa se miden y medirá en sus prácticas de buen gobierno
corporativo y en la sostenibilidad, ambos aspectos ligados a la lucha
contra la pobreza.
Que una empresa tenga garantizada una sostenibilidad en el tiempo
supone: 1) contar con personas competentes, hábiles y eficientes en sus
responsabilidades y puestos (desterrando el departamentalismo y
funcionalismo); 2) logística eficaz e inteligente; 3) procesos
operativos simples, ágiles y flexibles (eliminando reglamentos y
manuales formales, rígidos, ampulosos y obsoletos); 4) marketing
estratégico y operativo innovadoras y creativas (máxima atención y
satisfacción a las demandas y necesidades del usuario y público); 5)
gestión ágil, responsable e innovador de las finanzas corporativas (el
desarrollo del mercado de capitales y alta volatilidad exigen mayor
agilidad); 6) estructuras y modelos organizacionales flexibles,
inteligentes y ágiles (comportamiento y desarrollo organizacional
innovadores); 7) inversión en capital humano privilegiando el desarrollo
del personal por competencias y por resultados; 8) inversión en
educación competitiva; entre otros. No obstante, esto no basta para
garantizar la sostenibilidad de la empresa. Aquello es importante desde
la perspectiva endógena pero aún falta incorporar variables exógenas que
permitan integrar el contexto micro y macro ambiental a la dirección y
gestión. Es decir; incorporar las prácticas del buen gobierno
corporativo y la responsabilidad social empresarial en nuestras empresas
así como en nuestras organizaciones. ¿Cuáles son aquellas prácticas del
buen gobierno corporativo? ¿Cuál la responsabilidad social? ¿Cómo
aportan o pueden aportar a la lucha contra la pobreza?
Prácticas del buen gobierno corporativo. Sistema por el cual las
empresas son dirigidas y controladas además de armonizar diversos
intereses que en ella confluyen que a su vez sean capaces de generar
valor.
Por un lado están la confianza de los inversionistas y/o accionistas
(shareholders) y sus expectativas en el capital invertido y; por otro
lado están los intereses y expectativas de cada uno de los distintos
grupos de interés (stakeholders) entre los que destacan: los
trabajadores, los proveedores, acreedores, bonistas, clientes, la
sociedad, el Estado, entre otros.
Un buen gobierno corporativo no sólo cubre las expectativas de tales
(shareholders y stakeholders) grupos de interés y las armoniza sino que
crea valor a partir del aporte e interés de cada uno de ellos lo que
supone diseñar estructuras, políticas y practicas que velen por el
respeto de los derechos de todos los accionistas sin distinción, sean
estos grandes o pequeños, nacionales o extranjeros, contralores o no
contralores, informados o no informados; además de velar por la
transparencia, veracidad y oportunidad de la información de la empresa
que garantizan el desarrollo de una imagen corporativa positiva.
Responsabilidad social empresarial. Cultura empresarial que incorpore
las expectativas e intereses de los stakeholders además de incluir los
aspectos de ecología y de medio ambiente.
Si una empresa no practica un buen gobierno corporativo y de
responsabilidad social expone su reputación y pone en grave riesgo la
confianza de sus accionistas, trabajadores, clientes y de la sociedad en
general que en nada aportan a la imagen corporativa positiva.
Antes que una redistribución desde el Estado, en nuestros pueblos, hace
falta desarrollar la distribución primaria, esto es, la que ocurre como
resultado directo de la actividad productiva privada a partir del logro
de las expectativas e intereses de los shareholders y stakeholders.
Obviamente; para ello necesitamos incrementar la productividad y
competitividad de nuestras empresas y que ésta sea reflejada, por buen
gobierno y responsabilidad social, en mayores remuneraciones para los
propietarios de los factores y en impactos positivos para los demás
grupos de interés; fenómeno que ahora aún no ocurre de ahí el malestar
en la población expresada en reclamos y protestas.
La lucha contra la pobreza pasa por generar riqueza para el que
necesitamos poner en valor todos nuestros recursos y activos: suelos,
tierras, aguas, bosques, praderas, camélidos, productos alto andinos y
nativos, productos exóticos de la selva, arte, cultura, monumentos
arqueológicos, entre otros activos a partir de una gestión empresarial
individual, asociativa o de gestión empresarial comunal. Es decir, mayor
inversión; pequeña o grande, pública o privada, nacional o extranjera.
Comercio, inversión y desarrollo, basada en una competitividad
sistémica, son la rueda y el círculo virtuoso para la lucha contra la
pobreza; para el que son activos importantes la paz y la seguridad
ciudadanas, sin ellas no será posible la inversión y el desarrollo. No
existe otro camino. No son el mercantilismo de derecha o de izquierda la
alternativa.
Mientras sindicatos y otros sectores de la población tengan cifradas sus
expectativas en un Estado sobredimensionado, ineficiente, endeudado,
oneroso y sometido a presiones poderosas poco o nada podrá lograrse en
el camino redistributivo. No se trata de redistribuir pobreza. No
obstante; es legítima una exigencia por mayor inversión pública en
infraestructura, educación y en salud; así como exigir mayor voluntad
política pro agro y a favor de la pequeña y microempresa que promuevan
mayor competitividad microeconómica y desarrollo regional, pero sin
violencia.
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